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martes, 6 de octubre de 2015

LOS CRETENSES.

VIDA Y COLOR 2
(Colección de Cromos de 1968).


Las tierras que bordean el mar Egeo y las numerosas islas que lo salpican abandonaron la Prehistoria entre el tercer y el segundo milenio a.C. Hasta ese momento todos esos territorios estaban habitados por pueblos que desconocían el metal, utilizaban herramientas de piedra pulimentada, poseían unos pocos animales domésticos y practicaban una agricultura muy rudimentaria. Su entrada en la historia coincidió con la llegada de grupos y tendencias culturales desde Oriente, gracias a los fructíferos intercambios comerciales. La isla de Creta se convirtió en la cuna de una civilización esplendorosa cuyos destellos iluminaron los rincones más recónditos del mar Mediterráneo. Los arqueólogos han desenterrado palacios en Cnossos, Gurnia, Faistos y Mallia, cuya suntuosidad prueba el poderío alcanzado por quienes los edificaron. A partir de estos vestigios podemos entrever una civilización que se basaba en una economía sólida, dirigida por los propios monarcas y administrada por un gobierno perfectamente estructurado. La sociedad cretense fue de gustos refinados, como vemos en las pinturas murales que se han conservado, el deporte favorito de la aristocracia era una forma de tauromaquia que consitía en saltar por encima de la res, volteando el cuerpo con agilidad en el momento de producirse la embestida.


Las ciudades cretenses fueron edificadas en la cima de las colinas de la isla. En la cúspide se alzaba el palacio, morada del rey, de la corte y de los funcionarios que trabajaban para la administración. Este palacio se rodeaba de terrazas en las que se plantaban cipreses y olivas, y contaba también con graneros para almacenar trigo. La población artesana y mercantil vivía en casas de uno o dos pisos, agrupadas en barrios que se desparramaban por la ladera de la colina. Las fachadas de las casas eran muy simples y presentaban una decoración formada porfranjas de colores oscuros. En cada área de la ciudad se agrupaban los trabajadores de una profesión determinada (barrios de campesinos, de mercaderes, de artesanos). El núcleo urbano estaba cercado por un recinto de murallas, al exterior de las cuales, en la llanura se extendían campos de cultivo, viñedos y olivares.


Conocemos muchos elementos de la religión cretense, pero muy poco acerca de su significado. Se han hallado numerosas figurillas de toros, imágenes femeninas y hachas de doble filo. Lamentablemente desconocemos los significados que los habitantes de la isla daban a tales representaciones. Lo que si parece seguro es que los cretenses adoraban a una diosa madre, de la cual dependía la fertilidad de los campos y la continuidad de la especia humana. Se trataba de una religión naturista propia de un pueblo de pastores y campesinos que buscaban ganar el favor de un ser supremo y conseguir así la prosperidad. En los ritos cretenses, el culto tenía un papel fundamental la sacerdotisa, cuya imagen fue plasmada por pintores y escultores de Creta. En la lámina podemos ver a una mujer que realiza extrañas ceremonias empuñando en cada mano una serpiente, animal que al igual que la paloma y el toro se consideraba sagrado.


El cretense, como el del retrato, obligado por las circunstancias, llevaba una vida nómada y aventurera. Gran parte de la población de la isla estuvo encuadrada en el ejército real y tomó parte en numerosas campañas que tuvieron por escenario los territorios del mar Egeo. Los griegos del siglo V mantenían vivo el relato de sus gestas, Tucídides escribe: “Minos es el personaje más antiguo conocido por la tradición. Tuvo una flota poderosa con la que conquistó casi todo el mar que hoy es grigo, estableció su dominio en las Cícladas y fundó colonias en ellas, expulsó a los carios y puso como jefes de los territorios conquistados a sus propios hijos. Trabajó con todas sus fuerzas para purgar el mar de piratas y asegurar así la recogida de sus impuestos”. El guerrero cretense, especialista en el combate naval y la lucha en tierra firme, recorrió todas las islas egeas y las sometió a la voluntad de su rey.


La talasocracia – o dominio del mar – establecida por los cretenses les abrió todos los puertos comerciales del antiguo Oriente y les proporcionó pingües beneficios a través del fluido intercambio comercial de los productos. Los navíos mercantes arribaban frecuentemente a los puertos egipcios en la época del Imperio Nuevo, y a cambio de vino, aceite, cerámica y metales labrados, los cretenses obtenían papiro, vasos de alabastro, esclavos, plantas medicinales y objetos de adorno personal, como collares, brazaletes o diademas con las que se engalanaban las mujeres de la aristocracia.


La expansión cretense alcanzó la península de los Balcanes, en la que acababan de irrumpir una serie de pueblos procedentes del Danubio, que conocemos por el nombre de Aqueos. Su asentamiento en estas tierras se consiguió a costa de la destrucción de algunas ciudades, utilizando para ello una nueva arma de guerra: el caballo. Hacia el 1800 a.C. cretenses y aqueos compartían pacíficamente la isla de Melos, en la que existían importantes yacimientos de obsidiana. La fusión entre los recién llegados desde Grecia y la población cretense se realizó poco a poco, pacíficamente. Los jinetes aqueos, divididos en diminutos principados, reconocieron la soberanía cretense y comenzaron a admirar los logros de su refinada civilización.


Como no podía ser de otra manera, la coexistencia pacífica entre cretenses y aqueos no fue duradera. Los recién llegados construyeron ciudades fortificadas – como Micenas y Tirinto – y prepararon a toda su población para hacer la guerra. La sociedad aquea estaba dirigida por una aristocracia militar que vivía en palacios fortificados, que incluso poseían un sistema de conducción de aguas. Los artesanos aqueos se especializaron en el arte bélico, y consiguieron perfecionar la espada, dando a su hoja mayor longitus y corte para que pudiera utilizarse como estoque y como sable, y también crearon un poderoso carro de guerra tirado por cuatro caballos. Estos dos elementos dieron a los aqueos la superioridad militar suficiente para acometer la conquista de Creta.


Las circunstancias geográficas del mundo egeo obligaron a sus habitantes a especializarse en las artes de la mar. La hegemonía cretense se basó en una flota bien armada y pilotada por expertos marinos. Por otro lado, en los puertos era necesaria la existencia de astilleros, donde los carpinteros se dedicaban a construir y a reparar navíos comerciales, de pesca y de guerra. Cada tipo de navío tenía características especiales de acuerdo a su función: para el comercio se necesitaban barcos con grandes bodegas, para la guerra bajeles velocres y para la pesca pequeñas embarcaciones que permitiesen fondear en las playas y adentrarse por los estrechos pasos. Tras la destrucción de las ciudades cretenses, el Mediterráneo se convirtió en un mar fenicio.


A través del arte conocemos el aspecto que debían tener algunas ceremonias religiosas. La lámina reproduce una procesión ritual celebrada en el palacio de Cnossos. Un sacerdote que enarbola una palma abre la comitiva, seguido de varios músicos semidesnudos, mientras el público se agolpa en la terraza de palacio. La ceremonia tendría como finalidad festejar la recogida de la cosecha de cereales o de aceitunas. Homero, en la Ilíada describe una de estas ceremonias, a las que tan aficionados eran los miembros de la aristocracia: “Los mancebos y las vírgenes...de las manos cogidos danzaban y se divertían. Ellas iban vestidas con telas sutiles de lino, y ellos con túnicas muy bien tejidas brillantes de aceite; muy hermosas guirnaldas ceñían las frentes de aquéllas, dagas de oro y tahalíes de plata llevaban los jóvenes....”


El habitante de la isla supo sacar el máximo provecho del mar que le rodeaba por todas partes. La pesca fue una actividad económica de primer orden, en la que se especializó buena parte de la población isleña. Se practicó con redes, ya fuera en el litoral o en mar adentro, por medio de embarcaciones de vela y remo, que formaban flotillas muy numerosas. Todas las especies de peces que viven en el Mediterráneo fueron capturadas por los cretenses que aprendieron a adobarlas o salarlas en grandes tinajas, un sistema que aseguraba una conservación prácticamente indefinida. En lugares poco profundos expertos buceadores practicaban la pesca de esponjas.


En sus travesías los barcos cretenses, dominadores del Mare Nostrum, eran seguidos de cerca por bandas de delfines que brincaban sobre las olas mientras esperaban los suculentos desperdicios que los marineros tiraban por la borda. Este espectaculo de cetáceos voladores entusiasmó a los navegantes, que quisieron inmortalizar la escena en los muros de las casas. Los pintores cretenses elaboraron maravillosos frescos policromos en los palacios, reproduciendo con maestría y fidelidad a los delfines en su hábitat. Los delfines que decoran el palacio de Cnossos siguen sorprendiendo por su dinamismo: el delfín en movimiento, con su cola en forma de media luna, la aleta erguida sobre el lomo oscuro y el simpático morro picudo. A los antiguos cretenses estos frescos ejecutados con vivos colores sobre la pared les tuvo que sugerir una imaginaria ventana abierta al mar.


domingo, 5 de octubre de 2014

MOSAICO DE ARIADNA Y TESEO.



El valeroso Teseo llegó a Creta para liberar del laberinto del Minotauro a la inteligente Ariadna. Este mosaico romano encontrado en Austria ilustra su historia. A la izquierda Ariadna entrega a Teseo la madeja que le permitirá encontrar la salida del laberinto. En el centro del mosaico, que también los es del laberinto, el héroe lucha con el monstruo. Una vez muerto el Minotauro, Teseo siguió el hilo hasta los brazos de Ariadna, y juntos huyen de Creta.  

miércoles, 30 de enero de 2013

LA ISLA DE CHIPRE

durante el Calcolítico y la Edad del Bronce 
(3000 a.C. - 700 a.C.)


El nacimiento de la Civilización prehistórica de Chipre se remonta al Neolítico, hacia el 7000 a.C. Los restos más antiguos son los hallados en el yacimiento de Khirokitia, a escasos kilómetros de Nicosia. 


Reconstrucción de viviendas de Khirokitia 
El número de chozas de Khirokitia debió de ser abundante, pudiendo dar cabida a más de un millar de personas. Sobre una basamento circular de piedra, se disponían paredes de adobe, cubiertas por un techo en forma de cúpula. Sus habitantes criaban ovejas, cabras y seguramente cerdos, y practicaban la agricultura. 

Los inicios del III milenio a.C. se corresponden con la expansión del Calcolítico, particularmente en el suroeste de la isla, donde se produjeron importantes evoluciones culturales. 

En yacimientos como Kissonerga-Mosphilia (el mayor yacimiento Calcolítico de la isla) y Lemba-Lakkous, aparecen asentamientos dotados de estructuras circulares, algunas con más de diez metros de diámetro. 

El Cobre natural se utilizaba para fabricar pequeñas herramientas y adornos; y es que las transformaciones sociales y económicas que experimentó la isla, estimuló la faceta creativa y artística de la población.


Cerámicas decoradas con pinturas en tonos rojo y negro, y especialmente, las vasijas antropomorfas y zoomorfas denotan una gran imaginación y destreza por parte del artesano que las confeccionó. 




Se practicaban ritos relacionados con la fertilidad y el parto, como parece demostrar el hallazgo en tumbas, santuarios y otros lugares sagrados, de figurillas de mujeres embarazadas e incluso algunas dando a luz. 


Hacia el 2.300 a.C. comienza en Chipre una fase cultural (y material), la Edad del Bronce. Cronológicamente se divide en Bronce Antiguo (2.300 - 1900 a.C.), Bronce Medio (1.900 - 1.600 a.C.) y Bronce Final (1.600 - 1050 a.C.) 

Durante el Bronce, los chipriotas empezaron a explotar extensivamente los recursos cúpricos de la isla y a producir bronce de estaño. 


De la primera época tenemos importantes restos en la bahía de Morfu, en Nicosia y en Sotira-Kaminoudhia, edificios con paredes rectilineas, cerámicas afines a las de Anatolia y cementerios situados a las afueras de los asentamientos. 


En las necrópolis se disponen tumbas de cámara que cuentan con un rico, y variado ajuar; herramientas y armas de bronce, pendientes de oro y de plata (que recuerdan a los tipos anatólicos), cuencos y figurillas que simbolizaban a divinidades de la fertilidad. 




En algunas tumbas, se ha encontrado maquetas de arcilla que representan santuarios. Se trata de santuarios circulares a cielo abierto, donde una serie de personajes masculinos, celebran una ceremonia ritual en honor a dos divinidades representadas por un toro y una serpiente. Estos rituales se han relacionado con la vida y la muerte.


El Toro, como símbolo religioso, procede, casi con total seguridad, de Anatolia. 


La Edad del Bronce Medio fue un período breve de tiempo, en que la isla estaba considerablemente poblada, con importantes asentamientos diseminados por todo el territorio. 

Los habitantes de Chipre habitaban en viviendas formadas por un número variable de habitaciones dispuestas alrededor de un patio abierto; un tipo de construcción típicamente mediterránea. 


Si aceptamos la equivalencia Chipre = Alashiya, la primera mención que tenemos de este próspero reino data del siglo XVII a.C. en un documento hallado en el Palacio de Mari. Alashiya aparece como un importante centro productor de cobre, que viviría su máximo esplendor durante esta época, antes de desaparecer con la irrupción de los Pueblos del Mar. (No obstante no queda muy claro - ni para arqueólogos, ni para historiadores - que Alashiya se refiera a Chipre). 


Chipre fue un importante enclave comercial; en la isla aparece cerámica cretense y mercancías procedentes de Egipto. Y de la misma manera, los productos chipriotas, como la cerámica, llegaron hasta Oriente Medio, Egipto y Creta. 



Durante el Bonce Medio ocurrieron una serie de agitaciones, de las que conocemos sus origen y desarrollo, que obligaron a fortificar diversas zonas de la isla. La construcción de estas fortalezas pudo deberse a la necesidad de protegerse de peligros extrainsulares, o tal vez estuvo motivada por antagonismos locales entre las diferentes regiones de la isla. 


Figurilla femenina del Bronce Final 
El Bronce Final coincide en el tiempo con el clima de paz que vivía el Mediterráneo tras las expulsión de los hicsos de Egipto, y que trajo consigo la intensificación del comercio y los intercambios culturales. 

Por otro lado, la riqueza de cobre de la isla sirvió para estrechar los lazos comerciales de Chipre con el mar Egeo, con Creta y con Ugarit, situada en la costa sirio-palestina, justo enfrente de la Isla de Afrodita. 


En Chipre se adoptó una de las escrituras alfabéticas cretenses, usada para transcribir su propia lengua y que conocemos como escritura chiprominoica; lamentablemente aún no ha podidoser descifrada. 


El gran desarrollo de la economía y el comercio, propició el establecimiento de importantes núcleos urbanos, especialmente destacados los de Enkomi, Kalavassos y Maroni, cerca de las costas Este y Sur. 


A partir del siglo XIV a.C. se hacen más intensas aún las relaciones con el Egeo, a partir del momento en que los micénicos sustituyeron a los minoicos como "dueños" del comercio con Oriente. Mercancías micénicas llegaban a la isla y los estilos artísticos micénicos inundaron Chipre. 


En yacimientos como Kalavassos y Maroni aparecen palacios monumentales construidos con grandes bloques de piedra, y que serían centros que regulaban las relaciones comerciales marítimas. 




Hacia el 1.200 a.C. Chipre sufrirá las consecuencias (culturales y políticas) de las agitaciones que sacudieron todo el Mediterráneo Oriental, cuyos principales protagonistas fueron los misteriosos Pueblos del Mar. Muchos de estos pueblos terminaron asentándose en Asia Menor y en la Costa Siria, y algunos de ellos arribaron a las soleadas playas chipriotas. Muchos centros de la Edad del Bronce fueron destruidos y abandonados. 

Un par de siglos más tarde, 1050 a.C. aproximadamente, llegaron a la isla nuevas oleadas desde el Egeo. Algunas ciudades fueron reconstruidas incorporando elementos típicos de los recién llegados. A partir de esta fecha, Chipre inició su progresiva helenización, pues los elementos griegos que llegaron en esta época (lengua, tradiciones, formas de vida), arraigaron profundamente y ya jamás abandonaron la isla. 


La población chipriota incorporará costumbres funerarias micénicas y la escritura griega, en concreto el dialecto arcadio. La prueba más antigua de este tipo de escritura es una inscripción sobre una estela de bronce del siglo XI a.C. 


La tradición oral, y mítica, recoge historias de héroes griegos que fundan ciudades en Chipre tras la caída y destrucción de Troya. 


El periodo comprendido entre 1050 a.C. y 700 a.C. es conocido, para el ámbito del Egeo, como Dark Age; pues bien, para Chipre, gracias a las relaciones comerciales que había sido capaz de establecer, esta época, no tuvo nada de oscura. 

A finales del IX a.C. entran en acción los intrépidos navegantes fenicios, que comienzan su expansión hacia el lejano y tenebroso Occidente y van a establecer en Chipre su primera factoría comercial, Kitión. Desde el mismo momento de su fundación, Kitión se convirtió en un hito obligatorio en el camino desde Tiro hasta las Columnas de Hércules. 


La influencia fenicia se hizo patente en el arte de la isla, aunque las poblaciones más conservadoras, del interior principalmente, preservaron el fondo de una cultura muy antigua. 


En la costa este destacó la ciudad de Salamis (o Salamina), de gran importancia estratégica, amplias riquezas y un alto grado cultural, cuyos primeros hallazgos arqueológicos datan de la Edad del Bronce. 


viernes, 23 de noviembre de 2012

CIVILIZACIÓN DEL EGEO


 A lo largo de toda la historia el mar Egeo se convertirá en el articulador del espacio y principal vía de comunicación de todo el ámbito griego. Con el nombre de Civilización del Egeo nos referimos en conjunto a las culturas prehelénicas antecedentes de lo que será el Mundo Griego. Durante más de mil años se van a suceder la Cultura Cicládica, la Cultura Minoica y la Civilización Micénica; se trata de tres de las culturas históricas plenamente europeas más antiguas.


Los rapsodas y poetas griegos, y más adelante los escritores de la Grecia Clásica, hacían referencia una y otra vez a un legendario pasado remoto, la "Edad de los Héroes", para referirse a estas Civilizaciones del Egeo. Mas no será hasta finales del siglo XIX, cuando gracias a excavaciones y hallazgos arqueológicos, de lugares hastas entonces legendarios, como Troya, Micenas, o Cnossos, empecemos a tener datos más concretos y fidedignos de este período prehelénico.


Gracias a la arqueología se han conseguido pruebas materiales de una progresión cultural en la zona, que iría desde los últimos siglos del Neolítico hasta la Edad del Bronce, que comienza aproximadamente hacia el año 3000 a.C., y de la que podemos indicar tres fases:


Bronce Primitivo.
Hacia el 3000 a.C. aparecen en el Egeo pueblos que procedían del Asia Menor y portaban armas y objetos de bronce, poblando Creta y las Cícladas.


Bronce Medio
Entre 2200-1800 a.C. otra ola de pobladores indoeuropeos se asentaron en la zona, dando origen en Creta a la Civilización Minoica.


Bronce Final.
Durante el bronce final se desarrolló la floreciente Civilización Micénica.


Poco después del año 1.200 a.C. se produjo el derrumbe definitivo de la Civilización Egea, con la caída de Micenas, multitud de estudios e hipótesis intentan explicar el fenómeno, siendo la invasión de los dorios y algunos desastres naturales, como erupciones volcánicas, las más aceptadas hasta la fecha. Personalmente no creo que un acontecimiento de tales magnitudes sea debido a un único factor explicativo, más bien es un cúmulo de causas, llegada de los dorios, comienzo de la Edad del Hierro, problemas internos, competencia económica, los propios desastres naturales, etc... las que provocaron el fin de la Civilización del Egeo, y el comienzo de la "Dark Age" - Edad Oscura - en Grecia.
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