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lunes, 19 de agosto de 2019

SÓCRATES.




Varias ciudades peleaban de uno y otro lado. Pero esta guerra griega, la que más griegos mató, fue sobre todo la guerra de Esparta, oligarquía de pocos orgullosos de ser pocos, contra Atenas, democracia de pocos que simulaban ser todos.
En el año 404 antes de Cristo, Esparta demolió, con cruel lentitud, al son de las flautas, las murallas de Atenas.
De Atenas, ¿qué quedaba? Quinientos barcos hundidos, ochenta mil muertos de peste, una incontable cantidad de guerreros destripados y una ciudad humillada, llena de mutilados y de locos.
Y la justicia de Atenas condenó a muerte al más justo de sus hombres. El gran maestro del Ágora, el que perseguía la verdad pensando en voz alta mientras paseaba por la plaza pública, el que había combatido en tres batallas de la guerra recién terminada, fue declarado culpable. Corruptor de la juventud, sentenciaron los jueces, aunque quizá quisieron decir que era culpable de haber amado a Atenas tomándole el pelo, criticándola mucho y adulándola nada.
Eduardo Galeano. Espejos. 



sábado, 12 de mayo de 2018

ATENAS VERSUS ESPARTA




El Mundo Griego se nos aparece en demasiadas ocasiones excesivamente polarizado entre Atenas y Esparta. No se que resorte de la historia nos hace percibir todo lo Ateniense como positivo y todo lo Espartano como negativo. Absurdos maniqueísmos que intentan organizarlo todo, pintarlo con un barniz dual, el blanco y el negro, olvidándose que el mundo tiende a ser gris, un infinito número de posibilidades entre dos polos irreales e imaginarios.

domingo, 28 de enero de 2018

NATURALEZA Y HECHOS DE ARES.



El Ares tracio ama la batalla por sí misma y su hermana Eris provoca constantemente ocasiones para la guerra mediante la difusión de rumores y la inculcación de celos. Como ella, él nunca favorece a una ciudad o una facción más que a otra, sino que combate en este o en aquel lado según la inclinación del momento y se complace en la matanza de hombres y el saqueo de ciudades. Todos sus colegas inmortales le odian, desde Zeus y Hera para abajo, con excepción de Eris, Afrodita, quien abriga una perversa pasión por él, y el voraz Hades, quien acoge de buen grado a los jóvenes y valientes combatientes muertos en guerras crueles.


Ares no siempre salía victorioso. Atenea, guerrera mucho más hábil que él, lo venció dos veces en combate. En una ocasión los hijos gigantes de Aloco lo derrotaron y mantuvieron prisionero en una vasija de bronce durante trece meses, hasta que, medio muerto, lo puso en libertad Hermes; en otra ocasión Heracles le hizo huir presa del pánico al Olimpo. Sentía un desprecio tan profundo por los pleitos que nunca se presentó ante un tribunal como demandante y sólo lo hizo una vez como acusado, cuando los otros dioses le inculparon del asesinato voluntario de Halirrotio, hijo de Posidón. Se justificó alegando que había salvado a su hija Alcipe, de la casa de Cécrope, de ser violada por dicho Halirrotio. Como nadie había presenciado el incidente, excepto el propio Ares y Alcipe, quien, naturalmente, confirmó la declaración de su padre, el tribunal lo absolvió. Esta fue la primera sentencia pronunciada en un juicio por asesinato; a la colina en que se celebró la causa se la llamó Areópago, nombre que todavía lleva.
Robert Graves.
Los Mitos Griegos.  

martes, 28 de abril de 2015

ANTE LEÓNIDAS EN EL LOUVRE.



Poeta guerrero, con trescientos hombres, más amigos que soldados, controlaste en las Termópilas a un millón de persas. Tres días de Sol, lucha y sangre, pero ninguna lágrima derramada. Llorar es un lujo que un espartano no puede permitirse. Por coraza la piel, y por escudo únicamente un corazón henchido de libertad. Tres días aguantaron los valientes, mas un dedo traidor señaló el camino al enemigo. Saetas y flechas persas oscurecieron el cielo y como una aciaga tormenta de destrucción y muerte, cayeron sobre Leónidas y sus trescientos guerreros. Aquella jornada se abrieron las puertas del cielo para ellos.


Leónidas en las Termópilas es un cuadro de Jacques Louis David, y se encuentra en el inabarcable Museo de Louvre.

lunes, 19 de noviembre de 2012

LISÍSTRATA

HUELGA DE PIERNAS CERRADAS.
Uno de los más críticos escritores de la Atenas Clásica fue Aristófanes, y en su obra de teatro Lisístrata, hace gala de su sátira y mordacidad.

En esta comedia del año 411 a.C., Aristófanes cuenta la curiosa idea de la ateniense Lisístrata, para poner fin a la cruenta guerra que durante años enfrentaba Esparta contra Atenas.


Esta mujer ateniense, secundada por la espartana Lámpito, proponen al resto de las mujeres de ambas ciudades, de los bandos contendientes, llevar a cabo una huelga de sexo, hasta que los hombres decidan poner fin a la guerra, cosa que finalmente sucede. De esta forma, Aristófanes retrata de una forma cómica y simpática el cansancio de una guerra que se estaba extendiendo demasiado en el tiempo.


Este es un ejemplo más, de como el legado griego sigue muy presente en la actualidad, y que ni la comedia, ni la sátira, ni las situaciones surrealistas, son inventos del Hollywood, la televisión, ni las novelas del siglo XX.

CLEONICE. Mujeres, dejadme jurar a mí la primera.
LISÍSTRATA. No, por Afrodita; cuando te llegue el turno. Tocad todas la copa, Lampito, y que una en vuestro nombre repita exactamente lo que yo diga. Vosotras declararéis esto bajo juramento de acuerdo conmigo y lo mantendréis firmemente: «Ningún hombre, ni amante, ni marido»...
CLEONICE. «Ningún hombre, ni amante, ni marido»...
LISÍSTRATA.... «se acercará a mí descapullado». Dilo.
CLEONICE. ... «se acercará a mí descapullado». ¡Ay, ay!, se me debilitan las rodillas, Lisístrata.
LISÍSTRATA. «En casa pasaré el tiempo sin mi toro»
CLEONICE. «En casa pasaré el tiempo sin mi toro»...
LISÍSTRATA.... «con mi vestido azafranado y muy bien arreglada»...
CLEONICE. ... «con mi vestido azafranado y muy bien arreglada»...
LISÍSTRATA.... «para que mi marido se ponga al rojo vivo»...
CLEONICE. ... «para que mi marido se ponga al rojo vivo»...
LISÍSTRATA.... «y nunca le seguiré la corriente a mi marido de buena gana».
CLEONICE.... «y nunca le seguiré la corriente a mi marido de buena gana».
LISÍSTRATA. «Pero si me obliga por la fuerza contra mi voluntad»...
CLEONICE. «Pero si me obliga por la fuerza contra mi voluntad»...
LISÍSTRATA.... «me dejaré de mala gana y no le seguiré en sus meneos».
CLEONICE. ... «me dejaré de mala gana y no le seguiré en sus meneos».
LISÍSTRATA. «No levantaré hacia el techo mis zapatillas persas».
CLEONICE. «No levantaré hacia el techo mis zapatillas persas».
LISÍSTRATA. «No me pondré a cuatro patas como una leona encima del rallador de queso».
CLEONICE. «No me pondré a cuatro patas como una leona encima del rallador de queso».
LISÍSTRATA. «Si mantengo firmemente estas cosas, que beba yo de aquí»...
CLEONICE. «Si mantengo firmemente estas cosas, que beba yo de aquí»...
LISÍSTRATA. «Pero si las violo, que se llene de agua la copa».
CLEONICE. «Pero si las violo, que se llene de agua la copa».
LISÍSTRATA. ¿Declaráis todas vosotras esto bajo juramento de acuerdo conmigo?
TODAS. Sí, por Zeus.
LISISTRATA. Hala, yo haré la ofrenda de ésta. (Coge la copa para bebérsela.)
CLEONICE. Tu parte y gracias, querida, para que resultemos en el acto todas amigas unas de otras. (Van bebiendo todas. Se oye un griterío de mujeres a lo lejos.) 
Aristófanes. Lisístrata. 
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