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domingo, 17 de noviembre de 2019

SUINTILA, REY VISIGODO.




Suintila un rey visigodo famoso por su fogosidad. Yerno de Sisebuto para su coronación utilizó la famosa pieza del tesoro de Guarrazar. Fue el primer monarca visigodo que consiguió reunificar la Península Ibérica después de expulsar a los bizantinos de ella, a los que ya había combatido durante el reinado de Sisebuto. 

Cuando Suintila se sentó en el trono tuvo que hacer frente a un incómodo enemigo, los vascones, que se resistían al dominio germano. Tras penetrar por el Valle del Ebro, los derrotó y construyó una fortaleza en Navarra para intentar tenerlos controlados. Eligió como enclave Oligicus, donde con el tiempo surgió la fantástica y bellísima Olite, con su castillo de ensueño. 

Controlada la amenaza vascona se lanzó a por los restos bizantinos para devolverlos al mar por el que vinieron. Apresó a los principales generales bizantinos y arrasó su capital Cartagena. Tal fue su destrucción que dejó de ser sede episcopal. A diferencia de otros reyes godos, Suintila murió de causa natural. Eso sí, destronado y desterrado. 


jueves, 9 de mayo de 2019

JUAN DE VILLANUEVA.




Juan de Villanueva, nacido en Madrid, fue el Arquitecto Principal (Maestro Mayor) de la Corona Española en tiempos de Carlos III y de su hijo Carlos IV, y el máximo exponente del neoclasicismo en España. Como parte de su formación viajó por Italia, visitando Roma, Parma, Nápoles y Hércules, y una vez instalado en Madrid, contribuyó al rediseñó de la ciudad siguiendo los patrones que marcaban las ideas ilustradas. Su estilo ha sido definido como un síntesis entre el estilo herreriano y el neoclasicismo. Entre sus obras podemos citar el Real Jardín Botánico, el Museo del Prado, el Canal del Gran Pior en Argamasilla de Alba, la Escuela de Guardamarinas en Cartagena, el Observatorio Astronómico, los Jardines del Retiro y la reconstrucción de la Plaza Mayor de Madrid.

sábado, 22 de septiembre de 2018

ALICANTE, UNA CIUDAD LLENA DE LUZ.



Alicante es una población arqutípica del Viejo Mediterráneo, el mismo que recorrió Odiseo, donde las omnipresentes montañas que escribiera Fernand Braudel, se precipitan para besar el mar, y en esa región donde la Madre Tierra se fusiona con los dominios de Poseidón se desarrolla la urbe histórica



A medio camino entre Valencia y Cartagena, históricos y dinámicos puertos marítimos, la Akra Leuka fundada por Amílcar Barca, la Leukante ibera, la Lucentum romana y la Medina Alaqant musulmana, antecedieron a la ciudad cristiana que formó parte del Reino de Castilla y más tarde de la Corona de Aragón. Precisamente el rey aragonés Fernando II le concedió el título de ciudad en 1490.


Una rambla urbanizada como avenida, una montaña coronada por el castillo de Santa Bárbara, un concurrido paseo marítimo que discurre junto a la playa y un interesante puerto comercial son los elementos que definen esta brillante ciudad.
 
 


 
Plaza del Mar, actualmente Plaza del Ayuntamiento, el corazón del barrio de Santa Cruz en Alicante. 
 


Pequeñas callejuelas, calles y plazoletas se arremolinan alrededor de la plaza de abastos, lugares ideales para disfrutar de las delicias gastronómicas de la tierra. 
 

 


Una calle céntrica de cuyo centro brotan unas simpáticas y coloridas setas. ¿Serán venenosas?.




La Concatedral de San Nicolás, levantada sobre la antigua mezquita mayor, es el principal templo cristiano de la ciudad.



Desde tiempos remotos el toro es uno de los animales más representativos del ámbito mediterráneo.



Entre el cerro del castillo y la ciudad queda enclavado el pintoresco barrio de Santa Cruz, especialmente colorido y festivo cuando llega Mayo.




sábado, 23 de mayo de 2015

CASTILLO DE LA CONCEPCIÓN Y LA HISTORIA DE CARTAGENA.



El infante Alfonso arrebató Cartagena a los musulmanes. Sentado ya en el trono de Castilla, Alfonso X ordenó levantar una Torre del Homenaje en el Cerro de la Concepción, que en pocos años se transformó en un pequeño castillo, desde el cual se dominaba toda la ciudad y se controlaba el puerto, auténtico pulmón de la vida económica de Cartagena.


El Castillo de la Concepción fue un punto de suma importancia para la ciudad, como lugar estratégico hasta su abandono en el siglo XVIII. Desde principios del Tercer Milenio alberga un centro de interpretación de la milenaria historia de Cartagena.


Para el origen de los sistemas de abastecimiento de agua se han planteado dos hipótesis: su revestimiento de mortero hidráulico y su tipología hacen pensar en un origen romano, pero según otros planteamientos estos depósitos pudieron formar parte de una construcción defensiva levantada por los bizantinos.


En el año 209 a.C. el brillante general romano Publio Cornelio Escipión "el Africano" arrebató la ciudad a los cartagineses, empezando a inclinar a su favor los destinos de la Segunda Guerra Púnica. En época del primer emperador, Augusto, Cartago Nova experimentó una intensa transformación urbana, cuyo elemento más espectacular, y mejor conservado en la actualidad, es su teatro.

Aunque los visigodos destruyen la ciudad en el siglo VII, durante el periodo islámico irá recuperando poco a poco su importancia en el ámbito mediterráneo. Las fuentes árabes se refieren a Cartagena como Qartayana al - Halfa, la traducción del nombre latino-bizantino, Cartago Spartaria. Desde el siglo X, viajeros y geógrafos musulmanes destacan la importancia de su puerto.


En torno al Cerro de la Concepción, se asentaba la medina amurallada, muy próxima a la dársena. En la parte más alta se dispone el recinto fortificado más importante, la Alcazaba. Los textos hacen referencia a la existencia de mezquitas.

De los territorios dependientes de Cartagena se obtienen los recursos necesarios para el abastecimiento de la ciudad. Además el puerto permite la llegada de las más variadas mercancías. Al -Umari (ss XIII - XIV) escribe que "los víveres abundan en ella y siempre están a buen precio".

En el centro de interpretación se exponen una serie de reproducciones de armas y armaduras medievales.


Casco de tiras con nasal, siglos VI - X.


Yelmo de tonel de de calva plana del siglo XII.


Chapelina de los siglos XIII - XV.


Barbute o celete del siglo XV.


Capacete del siglo XIII.


Sugar loaf, siglos XII - XIV y cota de malla desde época romana hasta el siglo XVI.



En el año 1245 las huestes del infante don Alfonso (el futuro rey Alfonso X) conquistaron Cartagena. Algunos años después, en 1264, los pobladores de origen musulmán de todo el Reino de Murcia se rebelan ante la nueva situación política. Las tropas reales vuelven a tomar la ciudad y es en este momento cuando comienza el auténtico asentamiento cristiano.

A finales del siglo XIII, Jaime II de Aragón invade el adelantamiento murciano y Cartagena no se volverá a integrar en la Corona de Castilla hasta los Tratados de Torrellas- Elche (1304 - 1305).


Privilegio rodado de Fernando III concedido a Cartagena según el Fuero de Córdoba, el 16 de Enero de 1246 en Jaén.


Sello de Alfonso X como "Rey de Romanos", aspirante al Sacro Imperio, de 1266.


En el momento de su incorporación a Castilla, Cartagena queda, como el resto del Reino de Murcia, en un estado de frontera en permanente hostilidad con Granada, Aragón y el Norte de África. En la práctica esto se traduce en una vida llena de dificultades para los nuevos colonos cristianos. Por ello, las leyes que otorgan los reyes castellanos, los fueros de la ciudad, pretenden incentivar el asentamiento de población gracias a beneficios fiscales, y a la posibilidad de ascenso social y económico. El gobierno municipal es ejercido por el concejo que ejercía su jurisdicción sobre un amplio territorio.


La reinstauración del Obispado de Cartagena fue un proyecto de suma importancia para relanzar la influencia de la ciudad y beneficiarla de las ventajas que supone alojar al poderoso gobierno episcopal. La nueva diócesis abarcaba buena parte del sureste peninsular incluyendo toda la extensión del reino de Murcia. Pero pronto se hace patente la peligrosidad de la nueva sede y el proceso de despoblamiento, que se traduce en el traslado del obispo a la capital del reino en 1291.

Alfonso X, aspirante al trono imperial como hijo de Beatriz de Suabia, patrocinó en 1272, la creación de la Orden Militar de Santa María de España, con una clara vocación marinera y cuya sede conventual se instaló en Cartagena. Su puerto es un acceso privilegiado (y seguro) al mar Mediterráneo, desde el que se puede controlar todo el ámbito europeo.


El constante estado de beligerancia provoca que la mayor dedicación económica de los habitantes de Cartagena fuese la ganadería, pues siempre es posible poner a salvo los rebaños detrás de las muralla. Además, la situación desértica convierte al Campo de Cartagena en un gran pastizal donde vienen a pastar reses de otras tierras. Precisamente la exportación de la lana castellana por el puerto cartagenero es con toda probabilidad su movimiento comercial más destacado, llevado a cabo por mercaderes genoveses y castellanos. La pesca es otra de las actividades claves para el cartagenero de la Baja Edad Media.

El agotamiento castellano, la emigración mudéjar y el continuo contexto de guerra en el territorio ayudan a explicar el proceso de despoblamiento que sufre el Reino de Murcia a lo largo de toda la Baja Edad Media. Los pocos vecinos que residen aquí, lo hacen militarizados y armados, parapetados detrás de las murallas de las ciudades, mientras que el campo se va convirtiendo en un auténtico desierto. Cartagena queda aún más expuesta, ante la incertidumbre del Mediterráneo medieval.



En 1313 el nieto de Fernando III, don Juan Manuel, adelantado mayor del Reino de Murcia, y uno de los hombres más influyentes de su tiempo, consigue titularse señor de Cartagena. En 1346 después de una dramática crisis la ciudad vuelve al patrimonio de la corona. En 1465, el desentendimiento castellano sobre las cuestiones mediterráneas provoca que don Pedro Fajardo, también adelantado mayor del Reino de Murcia, logre el señorío de Cartagena. Habrá que esperar hasta 1503 para que la ciudad revierta definitivamente a los dominios de la Corona Castellana.  


sábado, 21 de marzo de 2015

CATEDRAL VIEJA DE CARTAGENA



Desde el cerro de la Concepción las ruinas desnudas de la Antigua Catedral sufren en silencio el abandono y el reuma de siglos expuesta a las brisas del mar Nuestro.


La historia de la Catedral de Cartagena es la historia misma de la decadencia y el sufrimiento. Cuando la ciudad fue conquistada durante el reinado de Fernando III, el papa aceptó la restauración de la antigua diócesis de Cartagonova, y parece ser, aunque los documentos conservados nada aclaren al respecto, se construye la Catedral. Poco duró el episcopado a orillas del Mediterráneo, puesto que el siglo XIII, el obispo es trasladado a la ciudad de Murcia. El templo cartagenero quedaba de esta manera degradado a simple parroquia. 


Tras varios avatares y reconstrucciones, en 1936 en el contexto de la Guerra Civil fue asaltada y saqueada. Finalmente en 1939 fue bombardeada y abandonada definitivamente. 

domingo, 8 de marzo de 2015

CASA DE LA FORTUNA.



Cartagena, a orillas del soleado Mediterráneo, cuenta con una milenaria historia desde época de los señores de Cartago. Conquistada por Roma se convirtió en uno de los puertos más transitados del Mediterráneo Occidental. De la presencia romana en la ciudad quedan muchos vestigios, que poco a poco se están poniendo en valor y abriendo al público. Tal es el caso de la Casa de la Fortuna. 



La Casa de la Fortuna alberga los restos de una vivienda romana perteneciente a una familia acomodada. La domus se estructuraba a partir de un atrio en torno al cual se distribuyen las diferentes estancias: los cubicula o dormitorio, el triclinium, el tablinum o sala de representaciones, el jardín y la zona de servicios. 


La arqueología permite reconstruir el urbanismo de la Cartagena romana, en el que se pueden reconocer dos áreas residenciales, concentradas al pie de los montes Sacro (Saturno) y San José (Alites) lugar donde se ubica la Domus de la Fortuna, y en la ladera del Cerro de la Concepción (Monte Esculapio). La elección de estas zonas estaba motivada por las condiciones orográficas del terrno. 

La casa conocida como Domus de la Fortuna fue construida a finales del siglo I a.C., coincidiendo con un proceso de profunda renovación urbana, cuando la ciudad pasó a llamarse Colonia Urbs Iulia Nova Cartago. La domus, con una extensión aproximada de 200 metros cuadrados, pertenecía a una familia acomodada. La vivienda fue reformada a finales del siglo I d.C. y fue abandonada definitivamente a finales del siglo II d.C. 


El acceso a la domus se realizaba a través de una puerta principal, protegida por el dios Jano. La fachada estaba construida con piedra volcánica procedente de los cerros cercanos a la ciudad. 


El Triclinium era la sala destinada a la celebración de banquetes. 


La pared de la sala de recepción estaba decorada con un zócalo en negro y grandes paneles con motivos decorativos como cisnes y vegetales. Los romanos ricos y pudientes gustaban de este tipo de decoraciones alegres y coloristas.

miércoles, 4 de febrero de 2015

TEATRO ROMANO DE CARTAGONOVA



Toda la magia del teatro clásico a orillas del soleado Mediterráneo levantino ibérico, un enclave que aglutina a su alrededor el casco histórico de la milenaria Cartagonova; capital cartaginesa y decisivo puerto romano.

Hace unos años se proyectó la recuperación, rehabilitación y puesta en valor del teatro romano y en la actualidad ofrece un espectacular centro de interpretación diseñado por Rafael Moneo, que incluye un museo y un didáctico corredor de la historia del entorno constituyendo el propio teatro la última y más preciada pieza del museo. En definitiva un marco idóneo para acercarse a la cultura romana. 


Este teatro fue construido a finales del siglo I a.C. cuando la civilización romana se encontraba perfectamente asentada en la costa levantina peninsular, tras haber expulsado ciento cincuenta años antes a sus antiguos señores cartagineses. Su construcción fue pieza esencial en el proyecto de renovación urbana y emblema del proceso de monumentalización experimentado por la colonia romana. 

El teatro de Cartagonova cuenta con todos los elementos definitorios del teatro romano que lo individualizan de su antecesor griego, siendo muy similar al teatro de Marcelo en Roma. Fue inaugurado hacia el 5/4 a.C. y dedicado a Cayo y Lucio.

Su cuidada perfección arquitectónica es comparable a los teatros de Marcelo en Roma, Volterra, Ostia o Arles . Sus elementos constructivos, como capiteles y cornisas, fueron elaborados con mármol procedente de las canteras de Carrara y labrados por artesanos procedentes de la metrópoli.


En el corredor de la historia se cuenta la evolución urbana del espacio donde se emplaza el teatro desde el siglo I a.C. hasta prácticamente la actualidad. 


Durante el Bajo Imperio, el teatro que había perdido sus funciones, quedó transformado en mercado. El antiguo espacio lúdico se convierte a mediados del siglo V en un importante complejo comercial, vamos, lo que viene a ser un CC de nuestro tiempo. El antiguo graderio acoge en estos momentos quince tarbernae o tiendas. La reestructuración del espacio es un síntoma de la reactivación de la ciudad. 


En época bizantino el barrio portuario se construyó en el interior del teatro, utilizando las gradas como murallas protectoras. 


Maqueta del teatro en su época de mayor esplendor. Construir un teatro de estas características necesita un estudio previo del terreno donde se va a situar y un importante proyecto arquitectónico, que permita su adaptación al medio físico. 

Vitrubio es la principal fuente escrita que tenemos para el conocimiento del diseño teórico del edificio. En su obra "De Arquitectura" describe los elementos que componen el edifico y como se van proyectando a partir de la "orchestra" hasta dar forma al recinto.


Un teatro romano estaba compuesto de tres partes esenciales, la escena, la orchestra y la cavea, todas ellas trabadas entre sí dando forma a una estructura completamente cerrada. Otros elementos necesarios para el desarrollo y disfrute de la actividad teatral eran los siguientes.


Cavea: espacio subdividido en tres sectores destinado a los espectadores. La distribución de los espectadores respondía a una estricta jerarquía social. La lex Iulia theatralis regula esta distribución en el graderío. 


Praecinctio: un pasillo semicircular que separaba longitudinalmente los diferentes sectores de la cavea. 


Pórticus in summa gradatione: galería anular porticada que coronaba el graderío.


Vomitorios: accesos al graderio por medio de rampas.


Orchestra: tenía forma semicircular, a escasos metros de la escena, era el lugar reservado y destinado a las altas esferas de la política, la sociedad y la religión: magistrados, sacerdotes y élites locales. 


Escenario: un entarimado de madera sobre el que se desarrollaban las obras teatrales.

Hyposcaenium: un ancho foso situado debajo del escenario que albergaba los mecanismos necesarios para accionar decorados.


Parascaenium: eran habitaciones que cerraban lateralmente el escenario y que comunicaban directamente con éste. 

Porticus: espacio porticado situado detrás del escenario servía para acoger a los espectadores durante el entreacto.

El museo expone una colección de esculturas y otras piezas halladas en el recinto o en el entorno.

La calidad, y cantidad, del programa ornamental recuperado en el teatro de Cartagonova, lo han convertido en uno de los más completos que existen. Escultura, epigrafía y revestimiento forman un conjunto unitario y homogéneo que dan sentido a la función emblemática del edificio. La riqueza decorativa se hacía especialmente presente en los lugares más representativos del teatro; la escena y la orchestra. Esculturas de divinidades y retratos imperiales eran visibles prácticamente desde cualquier punto del teatro. 

En origen los teatros fueron creados para celebrar juegos dentro del marco de las festividades religiosas, en especial en honor de la Triada Capitolina. En el teatro se han encontrado tres altares relacionados con estos dioses: Júpiter, Juno y Minerva.



Altares circulares del siglo I a.C. donde aparecen labrados los símbolos de la Triada Capitolina. El pavo real, símbolo de Juno, aparece acompañado por un cortejo de tres jóvenes muchachas con las manos entrelazadas. 



El águila, emblema de Júpiter, está acompañado por unas mujeres, interpretadas como las Musas.



La lechuza, animal totémico de la diosa Minerva, aparece en el altar junto a unas jóvenes, las Gracias. 


Togado Capite Velato. Esta escultura presidía la curia del senado local en el foro de Cartagonova. El modelo parece inspirado en el Augusto de la vía Labicana que se utilizó para representar al emperador como Pontifex Maximus.

Una de las salas del museo ofrece al visitante una visión de la función e importancia del teatro para la sociedad romana. El teatro constituye un marco idóneo para la propaganda política y religiosa de Augusto. Los propios príncipes, Cayo y Lucio, nietos del emperador, participaron, muy probablemente, en la financiación de las obras. 


Apolo Citardeo, dios de las letras, la música y divinidad protectora de Augusto. Esta imagen sacraliza el edificio evocando al propio emperador.


A pesar de su estado de conservación, este relieve de Rea Silvia no puede esconder su innegable belleza. Rea Silvia fue la madre de Rómulo y Remo tras su unión con Marte, el dios de la guerra. Una leyenda vinculada a los orígenes de la ciudad y utilizada por Augusto para legitimar su poder personal.


El recinto de Cartagonova tenía capacidad para alojar a unos 7000 espectadores, y era el escenario ideal para exaltar la figura del emperador, e incorporaba además todo un ciclo escultórico y epigráfico relacionado estrechamente con la familia imperial. Estas imágenes y altares cumplían una función más propagandística que estética. 

Las clases adineradas de la ciudad conseguían a través de la financiación del edificio y su ornamentación promocionar sus carreras políticas. Pagando de su bolsillo obras y espectáculos se ganaban el favor de los ciudadanos. 

Desde época muy temprana el teatro era escenario para la representación de diversos géneros teatrales y el espacio para celebrar ceremonias sacras, reuniones políticas o procesiones rituales.

Entre los géneros teatrales heredados de Grecia están la comedia y la tragedia, y aunque dejaron de escribirse en el siglo I a.C., se siguieron representando. Los poetas y escritores vendían sus obras a las compañías de teatros o a los promotores. 

La atelana era una forma de mimo, similar a la comedia del arte, donde los personajes se definen por estereotipos fijos. Habitualmente representaban escenas cómicas entre un marido, su mujer y el amante de ésta. Quizá por la temática fue el género más popular entre los romanos.


El mimo era un compendio de música, expresión corporal, acrobacias y bailes, sobre temas populares, un lejano precedente de la Revista o el Cabaret. Se parodiaban escenas de la vida cotidiana, la sociedad, la política o la religión. (Algo así como hacen en la actualidad los cómicos de televisión).


En la pantomima participaban dos personajes, un narrador y un actor que representaba con gestos todo aquello que recitaba la voz principal. La importancia de la pantomima estaba precisamente en la habilidad del actor de representar con su cuerpo una historia. 


Los actores desempeñaban una profesión con mala consideración y por ese motivo tenían vetados ciertos derechos, como el acceso a los cargos públicos. Aunque a mi no me entra en la cabeza que un actor, sea de la época que sea, tenga el menos interés en participar en algo tan falso como la política. 


Las compañías de actores eran itinerantes y eran contratados ocasionalmente por los promotores de las obras. Algunos alcanzaron gran fama y gozaron del favor del emperador, pero otros eran esclavos, mientras sus dueños eran propietarios de la compañía. Las mujeres solo podían actuar como mimos, los papeles femeninos eran representados por hombres disfrazados para la ocasión.


Los romanos utilizaron los espectáculos públicos para distraer y mantener controlada a la masa. Pasaron los siglos, el cine sustituyó al teatro clásico y el fútbol a los combates de gladiadores. Y entre ambos surgió una nueva forma de teatro, para intelectuales y clases altas, olvidando, en ocasiones, sus orígenes entre las clases más populares.



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