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lunes, 21 de abril de 2014

POSTRADOS ANTE DARÍO I EL GRANDE



El rey persa Darío I el Grande hizo decorar las monumentales escaleras que conducían a su gran sala de audiencias, conocida como apadana, en su palacio de Persépolis, con una enorme representación de sus súbditos llevándole tributos y presentes, como parte del ceremonial persa. 

Los relieves, que podemos disfrutar en el Museo Británico, forman un interminable desfile compuesto por pueblos vasallos y sometidos, que acuden a postrarse ante el Gran Rey de Reyes, posiblemente en el contexto de la celebración del Año Nuevo.


Los lidios, ataviados con largas túnicas y sombreros cónicos, portan boles y brazaletes, y transportan metales preciosos en sus carros. 


Capadocia, situada en el centro de Anatolia, envían una embajada para ofrecer al rey los magníficos caballos criados en estas tierras.



Los representantes de las ciudades jonias, vestidos con largas túnicas, llevan ricos presentes, como copas de metal, boles preciosos y preciados ropajes. 




Los bactrianos, procedentes del Asia Central, ofrecen al monarca un espléndido camello, que lleva una campana colgada del cuello. Llevan una diadema en el pelo, atada con un nudo y pendiente en las orejas. 


La riqueza en oro de la India es legendaria, por tanto es de suponer que sus embajadores ofrecen el precioso metal al gran Rey, para que pueda aumentar su extraordinario patrimonio. Los indios llevan un faldín corto y el torso desnudo. Los platillos iban cargados de oro en polvo y además van acompañados de un asno.


En total aparecen representados al menos 23 pueblos pertenecientes al Imperio, desde la India hasta Egipto. 

lunes, 5 de noviembre de 2012

CIETAS


Indomable pueblo de Capadocia que se rebeló siempre que pudo contra los dominadores romanos. La piratería en Cilicia era endémica y proverbial, y los cietas, si bien no eran marinos, si que aprovechaban las zonas montañosas para dedicarse a sus actividades depredatorias.


En cierta ocasión,  un grupo de cietas que se negaban a pagar tributo al rey Arquelao de Capadocia, se retiró a la cima del Tauro, lugar propicio para lanzar rápidos ataques contra las indolentes tropas del rey. El legado, Marco Trebelio, enviado por el gobernador de Siria, al frente de cuatro mil legionarios, cercó a los cietas y convirtió sus colinas en una auténtica ratonera de la que pocos pudieron escapar. 

"Por aquel entonces, el pueblo de los cietas, sometido a Arquelao de Capadocia, como se les exigía, según el sistema romano, declarar su patrimonio y pagar los tributos, se retiró a las cimas del monte Tauro, donde la naturaleza del lugar lo protegía contra las tropas poco belicosas del rey, hasta que el legado Marco Trebelio, enviado por Vitelio, gobernador de Siria, con cuatro mil legionarios y tropas auxiliares escogidas rodeó de fortificaciones las dos colinas en las que los bárbaros se habían establecido - la menor se llama Cadra, y la otra Davara -. Contra los que se atrevían a salir empleó la fuerza de las armas, contra los restantes la sed, para obligarlos a la rendición"
Tácito. Anales VI, 41


Durante el imperio de Claudio, Troxoboro se puso al frente de los cietas y se dedicó a cometer actos de rapiña sobre las tranquilas poblaciones enclavadas en los valles y en la costa, para posteriormente huir hacia los riscos montañosos. Mas como todo rebaño se dispersó tras la muerte de su pastor.

"No mucho después, los pueblos salvajes de Cilicia llamados cietas, que se habían sublevado en diversas ocasiones, al mando de Troxoboro acamparon sobre unas arriscadas montañas; desde allí bajaban a la costa o a las ciudades y osaban atacar a campesinos y ciudadanos, y las más veces a mercaderes y barqueros. Pusieron sitio a la ciudad de Anemurio (actual Anemur, en la costa, frente a Chipre), y la caballería enviada desde Siria en su ayuda con el prefecto Curcio Severo fue desbaratada, pues los ásperos lugares circundantes, apropiados para un combate de infantería, no se prestaban a una batalla ecuestre. A continuación, Antíoco, rey de aquella región costera, empleando halagos con la plebe y el engaño con su jefe, consiguió dispersar las tropas de los bárbaros; y, tras haber dado muerte a Troxoboro y a algunos otros, aplacó a los demás con la clemencia."
Tácito. Anales XII, 55


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