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martes, 11 de marzo de 2014

ÚSIPOS.



Los bravucones y valientes úsipos, hartos de sus Germania natal se enrolaron en el ejército romano y se trasladaron con el general Agrícola a la conquista de la inconquistable Britania. Una cohorte formada por úsipos embarcó en varios navíos ligeros y subieron por las peligrosas costas de la Gran Bretaña, luchando con arrojo contra los britanos. Cuentan que llegaron a tal punto de indigencia, quizás por haber subido a bordo demasiado alcohol y pocos víveres, que no tuvieron más opción que comerse a los más débiles de la tripulación. Según Tácito fueron capaces de completar la vuelta entera a Britania, para ser tomado por auténticos piratas por los suevos. Muchos de estos úsipos alcanzaron fama gracias a su charlatanería y al relato de sus aventuras en bares y tabernas. Aunque muchos otros fueron vendidos como mercancía esclava. 

"Durante el mismo verano una cohorte de úsipos, reclutada en Germania y trasladada a Britania osó cometer una fechoría grande y memorable. Muerto un centurión y ciertos soldados que, incluidos en los manípulos para enseñar la instrucción actuaban como modelo y guía de los demás, subieron a tres naves libúrnicas llevando a la fuerza a sus timoneles; uno de ellos consiguió volver remando, los otros dos se hicieron sospechosos y fueron asesinados. Aún no se había divulgado la noticia y ya navegaban junto a la costa como algo milagroso. Después, cuando desembarcaron en busca de agua y provisiones, como trabasen combate con numerosos britanos que defendían sus bienes, saliendo vencedores las más de las veces, derrotados otras, llegaron a tal extremo de indigencia que se comieron a los más débiles para terminar todos entrando en el sorteo. Así rodearon Britania; perdieron las naves por su desconocimiento de la navegación. Tomados por piratas, fueron capturados primero por los suevos, después por los frisios. Hubo algunos que, vendidos como mercancías y yendo a parar a nuestra orilla tras sucesivos intercambios de mercaderes, se hicieron famosos con el relato de sus aventuras"
Tácito. Agrícola 28. 

lunes, 19 de noviembre de 2012

AMPSIVARIOS

LA ESTIRPE ERRANTE.
Los ampsivarios, o angrivarios como aparecen en otras traducciones, fueron una tribu germana, expulsada de sus tierras en el valle del Amisia (actual Ems) por sus hostiles vecinos y obligada a errar penosamente por Germania.
En tiempos del emperador Nerón, los ampsivarios, encabezados por Boyocalo intentaron un acercamiento a Roma, suplicándoles tierras donde poder asentarse y vivir en paz. Los romanos se negaron a entregar tierras y Boyocalo contestó que "puede faltarnos una tierra para vivir, pero no una para morir", tras lo cual levantó en armas a diversas tribus germanas. El legado de Germania Inferior, Avito, penetró en tierras de los tencteros, y el legado de la Superior mostró sus armas en la retaguardia. Tras esta demostración de fuerza y poder, la coalición germana se desgajó.

Los ampsivarios, solos y rodeados de enemigos, continuaron su vagar hasta que finalmente fueron aniquilados y borrados de la faz de la tierra.

"Esas mismas tierras fueron ocupadas por los ampsivarios, que gozaban de más valimiento no sólo por su número, sino por la compasión que despertaban en los pueblos limítrofes, porque, expulsados por los caucos y privados de un asentamiento, suplicaban un lugar de exilio seguro. Tenían de su parte a un hombre ilustre entre aquellas gentes y también fiel a nosotros, llamado Boyocalo; recordaba éste que, durante la rebelión de los queruscos, había sido encadenado por orden de Arminio, que luego había militado bajo el mando de Tiberio y de Germánico, y que a sus cincuenta años de obediencia se sumaba además el mérito de haber puesto a su pueblo bajo nuestra hegemonía. ¿Qué inmensas campiñas se dejaban de baldío para que de vez en cuando cruzaran por ellas las manadas de ganado menor y mayor del ejército?. Bien está - añadía - que reserven refugios para los rebaños en medio de hombres hambrientos, pero no que prefieran la destrucción y la soledad a la amistad de los pueblos. Los camavos habían poseído en otro tiempo aquellas labranzas, luego los tubantes y después los usipos. Lo mismo que el cielo había sido confiadas al género humano, y las que estaban vacías eran propiedad pública. A continuación, mirando al sol e invocando a los demás astros, les preguntaba, como si los tuviera delante de él, si querían contemplar un suelo despoblado; sería preferible que hiciesen desbordarse el mar, anegando a quienes usurpaban las tierras.

Conmovido por estas palabras, Avito declaró que había que soportar el poder de los mejores; esos dioses a los que imploraban habían querido que poseyesen los romanos la libertad de dar y de quitar, sin tolerar otros jueces que ellos mismos. Esto respondió en público a los ampsivarios, pero a Boyocalo, en recuerdo de su amistad, prometió darle tierras, ofrecimiento que rechazó por considerarlo el precio a su traición, agregando: "Puede faltarnos una tierra en que vivir, pero no una en qué morir". De este modo, con ánimo hostil por ambas partes, se separaron. Áquellos llamaron a los bructeros, téncteros e incluso a pueblos más alejados como aliados para la guerra. Avito, después de escribir a Curtilio Mancia, legado del ejército superior, que atravesara el Rin y mostrara sus armas al enemigo por la retaguardia, condujo las legiones al territorio de los téncteros, amenazándoles con el exterminio si no abandonaban aquella causa. Así que, al desistir éstos, con igual advertencia se logró disuadir a los bructeros; y cuando los restantes pueblos también rehuyeron los peligros de una lucha ajena, el pueblo de los ampsivarios, al quedarse solo, se retiró a la región de los úsipos y tubantes. Expulsados de aquellas tierras, tras dirigirse a las de los catos y luego a las de los queruscos, al cabo de largo peregrinaje, convertiros en extranjeros, mendigos, enemigos en tierra ajena, los jóvenes fueron aniquilados y los que por su edad no podían luchar fueron repartidos como botín".
Tácito. Anales, XIII, 55- 56

viernes, 26 de octubre de 2012

GERMANIA DE TÁCITO (XI)




31     Una usanza poco frecuente entre los restantes pueblos germanos y que se debe a la valentía individual se convierte en los catos en algo comúnmente aceptado: cuando llegan a la adolescencia, se dejan crecer el pelo y la barba y sólo tras haber matado a un enemigo se despojan de este adorno facial ofrecido y consagrado al valor. Sobre la sangre y los despojos descubren su frente y sólo entonces creen haber pagado el precio de su nacimiento y ser dignos de su patria y de sus padres. Los cobardes y malos guerreros continúan con su feo aspecto. Los más valientes se colocan, además, un anillo de hierro (cosa ignomiosa para esta gente) y lo llevan como una atadura hasta que se liberan de ella con la muerte de un enemigo. Este hábito gusta a la mayoría de los catos, y al envejecer aún conservan este distintivo, que es objeto de admiración para los enemigos y para los suyos. En ellos está la iniciativa de todos los combates. La suya es siempre la primera línea, de extraño aspecto, y ni siquiera en la paz adoptan maneras más suaves. Ninguno posee casa, campo o alguna ocupación, siempre que llegan a casa de alguien, se les alimenta; pródigos de lo ajeno, menosprecian lo suyo, hasta que la vejez, con su debilidad, los hace incapaces para afrontar tan duras pruebas de valor.

32   Próximos a los catos, los úsipos y tencteros habitan las zonas del Rin donde su cauce ya se ha afianzado y constituye una frontera suficiente. Los tencteros, aparte de la común gloria guerrera, sobresalen por la destreza de su arte ecuestre. No es mayor la fama de los infantes de los catos que la de los jinetes de los tencteros. Así lo establecieron sus antepasados y así lo mantienen sus descendientes. De este tipo son los juegos infantiles y las competiciones juveniles; incluso los ancianos continúan practicándolo. Los caballos se transmiten junto a los esclavos, los penates y los derechos sucesorios; nos los obtiene el hijo primogénito, como los demás, sino el más arriesgado y el más aventajado en la guerra.  

33   Junto a los tencteros se hallaban en otro tiempo los brúcteros. Se cuenta que los camavos y angrivarios emigraron allí, tras ser expulsados los brúcteros y exterminados de raíz por una coalición de las naciones vecinas, bien por odio a su orgullo, bien por el incentivo del botín, o bien por una cierta protección de los dioses para con nosotros, pues ni siquiera nos hurtaron el espectáculo de la batalla. Cayeron más de sesenta mil, y no por las armas romanas, sino para deleite de nuestros ojos, lo que supone un triunfo más brillante. ¡Ojalá permanezca y se mantenga en estas naciones, si no el afecto hacia nosotros, sí, al menos, el odio entre ellas, puesto que a los atormentados destinos del imperio nada mejor puede proporcionar Fortuna que la discordia entre sus enemigos!. 
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