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lunes, 17 de junio de 2019

BATALLA DE SIMANCAS. DOS CRÓNICAS. DOS VISIONES.



“Luego Dios afligió a Abd al-Rahman y le sometió a prueba con la batalla en que padeció duro trato a manos del enemigo de Dios, Radmir, el día 11 del mes sawwal del año 327, frente a la ciudad de Sant Mankas, en el país de los cristianos […]. Los musulmanes experimentaron una derrota inaudita por culpa de un grupo de hombres del ejército de Abd al-Rahman, envidiosos de los favores que Dios le había acordado. No le aconsejaron lealmente acerca de la conducción de la lucho. Huyó abandonando sus campamentos, de los que se apoderó el enemigo y perdió su Corán y su coraza (…).

Al llegar a Córdoba castigó con la muerte a 300 hombres, con una proclama que decía: “Este es el castigo que corresponde a los traidores del Islam”. Más tarde, Dios le favoreció con victorias sobre los reyes cristianos como no lo había hecho en beneficio de sus predecesores”.
Ibn Al-Khatib: Kitab amal al-alam, siglo XIV.

“Abd al Rahman, rey cordobés, con un gran ejército se acercó con rapidez a Simancas. Nuestro católico rey Ramiro, al oír esto, dispuso ir allí con un gran ejército (…). El señor dio la victoria al rey católico en la segunda feria, muy próxima a la festividad de los santos Justo y Pastor; de ellos fueron muertos ochenta mil (…).

Los que quedaron se dieron a la huida, pero fueron aprisionados y aniquilados por los nuestros. El mismo rey Abd al Rahman escapó semivivo. El rey, ya seguro, se dirigió en paz a su residencia con una gran victoria. Después dispuso ir hasta la ribera del Tormes y allí pobló ciudades que habían sido abandonadas.
Crónica de Sampiro, siglo XI. Obispo de Astorga.



miércoles, 21 de noviembre de 2018

BADAJOZ, UNA BELLA DESCONOCIDA.



Desde la orilla opuesta del Guadiana, Badajoz, con su imponente alcazaba protegiendo uno de los extremos, adopta la forma típica de las antiguas ciudades árabes. Las torres cúbicas de las iglesias se fueron superponiendo poco a poco a los esbeltos minareres de las mezquitas. Badajoz extiende su influencia sobre la próspera y fértil vega del Guadiana a ambos lados de la frontera. 


Fue Marwan, árabe o bereber tanto da, quién fundó la ciudad en 875 y construyó la alcazaba para vigilar de cerca un punto estratégico junto al antiguo río Anas. Con el tiempo Badajoz se convirtió en el centro neurálgico de una poderosa Taifa que era gobernada por los Aftasíes. 


Ibn Marwan, enfrentado a los emires cordobeses, se estableció aquí y convirtió Badajoz en un estado prácticamente independiente hasta que fue ocupado en 929 por Abd al Rahmán. Tras la caída del glorioso Califato de Córdoba se funda la dinastía de los aftasíes que gobernará la Taifa de Badajoz (una de las más poderosas que surgieron de la fitna) a partir de 1031. Los almorávides vencen cerca de Badajoz, batalla de Sagrajas, a Alfonso VI de León en 1086 y poco después, 1094, conquistan Badajo finiquitando el Reino de Taifa. 


No fueron los únicos en conquistar la ciudad, pues en 1148 cayeron bajo el poder de otra dinastía norteafricana, los almohades. 


En la mitad del tablero de la interminable guerra entre los reinos cristianos del norte y los estados musulmanes del sur, Badajoz sufrió las vicisitudes del conflicto. En 1230 volvió a ser conquistada, esta vez por Alfonso IX de Castilla que rápidamente transforma la Mezquita Mayor en la primitiva catedral de Santa María del Castillo. Entre 1232 y 1284, para dar cabida a un número mayo de fieles, se construye una catedral nueva fuera de los muros de la ciudad: San Juan Bautista. 


Acabaron las luchas entre moros y cristianos, pero no las guerras en suelo extremeño, el siglo XIV fue testigo del enfrentamiento entre castellanos y portugueses. Y a Badajoz también le tocó sufrir los ataques de los reyes de Portugal Alfonso IV el Bravo y Juan I el Grande. Fue en esta ciudad donde se celebró el matrimonio entre Juan I de Castilla y Beatriz de Portugal. 


La población judía de Badajoz llegó a tener unas 800 personas que vivían diseminadas por la ciudad, hasta que en 1480 por orden de sus católicas majestades se les obligó a concentrarse en torno a la calle de San Lorenzo, en las inmediaciones de la Plaza Alta. 


Esta Plaza Alta y la Plaza de San José, comunicadas a través del Arco del Peso Colodrazgo, fue el centro social y comercial de la ciudad medieval. 


Badajoz presenta una cuidada estructura urbana concéntrica alrededor de la alcazaba. 


Desde la Plaza Alta descienden, con cierta parsimonia, las calles donde se ubicaban los comercios y los talleres de los antiguos gremios.


 En la actualidad muchos de ellos siguen cumpliendo una función social, como cafeterías, bares y librerias. 


La plaza alta, junto a la alcazaba, con sus arcos y fachadas policromadas es un ejemplo de buen gusto y de respeto por el patrimonio urbanístico, auténtico corazón de la vida social pacense. 


Badajoz no es una ciudad especialmente conocida, ni suele incluirse en los itinerarios turísticos al uso, pero sorprende por su belleza una vez que penetras en sus calles . . . 



lunes, 29 de octubre de 2018

LAS RAZZIAS DE ALMANZOR



“Por causa de los pecados del pueblo cristiano, los sarracenos aumentaron en gran número. Su rey, que se impuso el nombre de al-Mansur, ayudado por los sarracenos del otro lado del mar, entró en tierras cristianas para devastarlas y matar a muchos con su espada.
Entró en el reino de los francos, en el de Pamplona e incluso en el de León y destruyó ciudades y castillos, haciendo huir a sus habitantes.
Llegó también hasta las zonas costeras de Occidente y destruyó la ciudad donde está enterrado el cuerpo del beato Jacobus [Santiago*].”
Crónica de Sampiro, siglo XI.
Obispo de Astorga.

martes, 13 de febrero de 2018

MUSA IBN MUSA.



Musa Ibn Musa fue un destacado miembro de la dinastía de los Banu Qasi del valle del Ebro. una de las primeras familias de muladíes (cristianos conversos al Islam) de Hispania. Lazos de sangre lo emparentaban con el primer rey de Pamplona. Musa era medio hermano de Íñigo Aritza y el navarro le entregó la mano de su hija, Assona Aritza.

A lo largo de su vida Musa mantuvo intensas relaciones con los emires cordobeses – Abderramán II y Mohamed I – que le fueron entregando territorios y también con los monarcas pamploneses. Fue gobernador de Tudela y de su comarca, y más tarde de toda la Marca Superior. Tal fue el poder que llegó a acumular Musa ibn Musa, que no dudó en autoproclamarse “tercer rey de España” (tertius regem d'Isbaniya), un claro desafío a la autoridad cordobesa. Para defender sus posesiones construyó la fortaleza de Albelda al sur de Logroño.

Hombre de armas, su primera participación destacada en batalla fue en el 824, cuando ayudó a su medio hermano Iñigo a derrotar a los ejércitos carolingios en la Segunda Batalla de Roncesvalles. Más tarde luchó a favor de Córdoba contra los cristianos y ayudó a expulsar a los piratas vikingos de Andalucía.

En el enfrentamiento entre cristianos y musulmanes, Musa apostó a caballo ganador, y se fue alejando de Pamplona conforme se acercaba a Córdoba. En cierta ocasión se enfrentó al rey asturiano Ordoño I. Los cronistas cristianos otorgan la victoria a Ordoño, mientras que las fuentes musulmanes recogen el triunfo de Musa. Dos caudillos guerreros que tenían que mantener su reputación de grandes militares.

Gran militar pero mal diplomático, al final de sus días acabó enfrentándose con el emir de Córodoba, no supo conservar su posición (ni sus posesiones) y acabó dilapidando todo el poder que había acumulado su familia.



domingo, 17 de abril de 2016

AL HAKÉN II



Califa cordobés, hijo del gran Abderramán III, culto e instruido convirtió su capital en un enorme centro de estudios. Se cuenta que su biblioteca reunía unos quinientos mil volúmenes de manuscritos dedicados a las más variadas disciplinas del conocimiento. Durante su reinado consiguió cierta tranquilidad al concertar las paces con leoneses, navarros y castellanos. Tanto dedicarse al estudio y la sapiencia le hicieron descuidar los asuntos de estado y a su muerte el Califato entró en una galopante crisis de la que ya nunca se recuperaría.  

viernes, 8 de enero de 2016

BAÑOS DE LA ENCINA.



Al amparo del castillo surgió Baños de la Encina, una aldea antigua que se yergue por encima de un inabarcable mar verde de olivos. 


Aunque su origen como lugar de asentamiento se remonta a la Edad de los Metales, es en época andalusí cuando Baños de la Encina nace como localidad en relación con el castillo, seña de identidad del pueblo. 


Objeto de disputas entre moros y cristianos, pasó definitivamente a manos castellanas bajo el reinado de Fernando III. En 1458 fue cedida (junto al castillo) al condestable Lucas de Iranzo y comenzará su desarrollo urbanístico a partir del siglo XVI.


La plaza mayor se constituye desde la Baja Edad Media en el espacio protagonista de la vida social de la aldea y lugar de mercado público. Con la expansión urbana que se desarrolla a partir del siglo XV los diferentes poderes aldeanos van cercando mediante casonas un espacio regular presidido por la parroquia.


La parroquia de San Mateo de época renacentista, y estilo plateresco, es el principal templo católico de la localidad jienense.


Imitando el estilo de la parroquia, la Casa Consistorial de la villa, construida con ladrillo rojizo, data del siglo XVI.



La Virgen de la Encina, patrona de la villa jienense, preside la plaza mayor, y mira de frente la fachada de la parroquia.


Entre Andalucía y la Mancha, el trazado urbanístico de la villa es herencia directa de la Baja Edad Media de Castilla. Una villa castellana en la puerta de Andalucía que no olvida su reciente pasado musulmán.




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