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sábado, 2 de marzo de 2019

LA NAVEGACIÓN POR EL RÍO MIÑO.




La vida de Tuy y su existencia misma está estrechamente unida al río Miño. Cuenta una antigua leyenda que cuando los romanos llegaron a Gallaecia creían que el Miño era un río embrujado. Pensaban que tras él, escondido entre la niebla, se encontraba el Finis Terrae, un enorme acantilado que los arrojaría al vacío.

El Miño desagua en el Océano Atlántico y durante 76 kilómetros dibuja la frontera entre España y Portugal. Los últimos 33 kilómetros, entre Tui y La Guardia, son navegables.


Desde hace milenios los ríos se han utilizado como vías de comunicación, contacto e intercambio entre las diferentes sociedades humanas. Desde la Antigüedad las aguas del Miño fueron aprovechadas para el comercio de productos como la madera, la sal, que llegaban a diferentes puntos de Galicia, Castilla y Portugal.

Cerca del convento de Santo Domingo en Tui existía un importante embarcadero. En su entorno proliferaron los almacenes de Sal, una muestra de la importancia del monopolio de este producto para la ciudad.


De orilla a orilla circulaban mercancías, pero también personas; los viajeros, caminantes y peregrinos que iniciaban su recorrido en tierras portuguesas debían atravesar el Miño en barca. La vía romana, las rutas medievales, los caminos reales y el Camino de Santiago utilizaron las infraestructuras disponibles hasta que en el siglo XIX se construyó el Puente Internacional.

El tramo del Bajo Miño forma una estrecha ría, rica en depósitos de sedimentos, un ambiente ideal para mejillones, lampreas, angulas y salmones, así como un sinúmero de aves: patos, avefrías y otras especies.


Embarcaciones del Miño, una autovía sobre las aguas.
El Vaigel, que ya en el siglo XV se utilizaba para el transporte de vino, es uno de los barcos más antiguos de los que se conocen. La Pinaza, dedicado a la pesca tenía capacidad para una tripulación de 10 a 12 hombres. De todas formas, el Carocho es la embarcación tradicional y habitual del Miño.


jueves, 17 de enero de 2019

BARCA EGIPCIA.




Los antiguos egipcios se convirtieron en expertos marineros de agua dulce, el río Nilo era su principal arteria de comunicación. Las barcas, construidas con madera, fueron utilizadas como medio de transporte esencial para personas y mercancías por las aguas del río. La maqueta de barca expuesta en el Museo Arqueológico Nacional nos muestra el traslado de un animal llevado por varias personas que se sitúan en la cubierta.

domingo, 4 de noviembre de 2018

LEKEITIO, LA ESENCIA DE UN PUEBLO MARINERO.



La iglesia gótica, dedicada a María, es el edificio más curioso, y a la vez sugerente, del puerto de Lekeitio. Un pueblo de origen medieval, construído alrededor de su puerto, en la acantilada costa vizcaína. Tabernas, pescaito frito y gaviotas, actores típicos de las ciudades marineras. 



El puerto y villa de Lekeitio recibió el título de villa en 1325 de manos de la Señora de Bizkaia, María Díaz de Haro. Unos años después se levantaron las murallas para proteger a su población marinera, su puerto original no tenía buenas condiciones para el atraque y por ello fueron necesarias sucesivas reformas. 


Profundas playas arenosas, allí donde la montaña viene a morir al mar. El lugar donde se encuentran dos mundos diferentes, cada uno con sus señas de identidad. Leñadores convertidos en marineros o pescadores metidos a labriegos. Formas de vida distintas, que se miran desde sus respectivas atalayas pero sin atreverse a fusionarse (no querer dejar de ser). 


Ríos que nacen en las cercanas montañas y tras recorrer unos pocos kilómetros arrojan sus aguas al mar. Y junto a ellas las esperanzas de cientos de hombres y de mujeres. Son las primeras autopistas utilizadas por el ser humano. 


Estrechas, entrevesadas, grises y sombrías son las calles de Lekeitio. Todas terminan en el puerto que se convierte en el lugar donde convergen todos los caminos. Arriba el monte, abajo el mar. Estas típicas localidades, precisamente lo que uno espera encontrar cuando viaja a Euskadi, nacen y crecen de abajo hacia arriba. Son los hombres de mar los que conquistan y colonizan la montaña. Puede ser Lekeitio mi más preciado descubrimiento en tierras vascas. 


¿Cuántas historias tremebundas habrán oído los taberneros del puerto?. Lluvias, tempestades, tormentas y tifones habrán intentado borrar este pueblo del mapa. Pero sigue ahí, a punto de zozobrar, pero manteniendo siempre el tipo. Goza de protección divina. Poseidón y Zeus, respectivos dioses del mar y del cielo, jamás han podido (ni podrán) derrotar a la Diosa Madre, a la gran madre primigenia. Y a su gloria eterna los vecinos de Lekeitio levantaron en el siglo XV la impresionante iglesia del mar. Un canto a la resistencia y en cierto sentido, a la invulnerabilidad. Bajo su enorme pórtico protector, mercaderes, pescadores, feligreses, comerciantes, y alguna meretriz, buscaban cobijo de la lluvia, el viento y el frío húmedo que cala hasta los huesos. 


El olor a sal y a pescado impregna el ambiente. Cada piedra, cada ladrillo, rezuman historia. Cada edificio narra la historia de una familia: de los pobres y de los ricos, la ventura y las desgracias, las cuitas de las veduleras y los tejemanejes de expertas alcahuetas. De prodigios mágicos y de temibles monstruos marinos. De reyes y de hombres (pues un hombre deja de serlo cuando se convierte en rey), de señores y plebeyos, de burgueses y braceros. De artesanos y pescadores, de taberneros y de aventureros. 


Camina con paso firme el capitán por el puerto. Atracado en el muelle el velero busca nueva tripulación en Lekeitio. A la caza de ballenas, para abrir nuevas rutas y llegar a mundos desconocidos. ¿Cuántas historias y aventuras comienzan con un barco zarpando de puerto?. Julio Verne y Robert Louis Stevensson, un Long John Silver cualquiera, a la caza de una ballena, a la búsqueda de un tesoro o en pos de una hazaña. De Elcano a Ned Land, pasando por el inigualable capitán Nemo, el único hombre que alcanzó el conocimiento absoluto sobre los Océanos. El arrojado arponero acepta encantado. El mar, siempre el mar, una promesa eterna de libertad y aventura. Las olas como obstáculos, los delfines como aliados, la Atlántida como meta, tiburones, piratas y sirenas los más peligrosos enemigos. Y a todos hacen frente los valientes marineros y los capitanes intrépidos (mi pescadito, no llores ya más). 




viernes, 23 de septiembre de 2016

GRENEN



La punta más septentrional de Jutlandia. Dunas, arena fina, gaviotas, amplitud y viento, Grenen es un mágico lugar donde se funden el Báltico y el mar del Norte. Desde la lejana época de los vikingos (y más atrás incluso) circunnavegar esta península entraña gran dificultad, por ello se abrieron rutas terrestres, para atravesarla en vez de rodearla.


El sosegado mar de Kategat choca bruscamente con las embravecidas aguas de Skagerak.




jueves, 21 de abril de 2016

LA BODEGA DE MAGALLANES.



“22.000 libras de galletas (perfecto sustituto del pan), bolsas de harina, bolsas de arroz (no puede faltar el cereal), 5.700 libras de carne de cerdo salada (única forma de comer carne), 200 toneladas de sardinas (imprescindible el pescado azul), 1000 quesos, 500 ristas de ajo y cebolla, 1.400 libras de miel (para endulzar las largas noches en alta mar), 3.000 libras de pasas, uvas y almendras (fuente inagotable de calorías y lo más parecido a la fruta), gran cantidad de azúcar, 7 vacas vivas (leche fresca cada mañana), 417 odres y 250 barriles de Jerez (hay que mantener entusiasmada a la tripulación)”. Magallanes hizo provisión de todo esto para encarar una larga travesía y poder alimentar a 260 hombres. La clave estaba en el despensero, hombre sufrido, con una complicada tarea, repartir los víveres, intentando dar salida a los alimentos que empiezan a pudrirse, calcular lo que queda de viaje y asegurarse que todos los marineros tuviesen su ración. Pese a todo, el escorbuto causaba estragos durante estos largos y agotadores viajes.  

martes, 6 de octubre de 2015

LOS CRETENSES.

VIDA Y COLOR 2
(Colección de Cromos de 1968).


Las tierras que bordean el mar Egeo y las numerosas islas que lo salpican abandonaron la Prehistoria entre el tercer y el segundo milenio a.C. Hasta ese momento todos esos territorios estaban habitados por pueblos que desconocían el metal, utilizaban herramientas de piedra pulimentada, poseían unos pocos animales domésticos y practicaban una agricultura muy rudimentaria. Su entrada en la historia coincidió con la llegada de grupos y tendencias culturales desde Oriente, gracias a los fructíferos intercambios comerciales. La isla de Creta se convirtió en la cuna de una civilización esplendorosa cuyos destellos iluminaron los rincones más recónditos del mar Mediterráneo. Los arqueólogos han desenterrado palacios en Cnossos, Gurnia, Faistos y Mallia, cuya suntuosidad prueba el poderío alcanzado por quienes los edificaron. A partir de estos vestigios podemos entrever una civilización que se basaba en una economía sólida, dirigida por los propios monarcas y administrada por un gobierno perfectamente estructurado. La sociedad cretense fue de gustos refinados, como vemos en las pinturas murales que se han conservado, el deporte favorito de la aristocracia era una forma de tauromaquia que consitía en saltar por encima de la res, volteando el cuerpo con agilidad en el momento de producirse la embestida.


Las ciudades cretenses fueron edificadas en la cima de las colinas de la isla. En la cúspide se alzaba el palacio, morada del rey, de la corte y de los funcionarios que trabajaban para la administración. Este palacio se rodeaba de terrazas en las que se plantaban cipreses y olivas, y contaba también con graneros para almacenar trigo. La población artesana y mercantil vivía en casas de uno o dos pisos, agrupadas en barrios que se desparramaban por la ladera de la colina. Las fachadas de las casas eran muy simples y presentaban una decoración formada porfranjas de colores oscuros. En cada área de la ciudad se agrupaban los trabajadores de una profesión determinada (barrios de campesinos, de mercaderes, de artesanos). El núcleo urbano estaba cercado por un recinto de murallas, al exterior de las cuales, en la llanura se extendían campos de cultivo, viñedos y olivares.


Conocemos muchos elementos de la religión cretense, pero muy poco acerca de su significado. Se han hallado numerosas figurillas de toros, imágenes femeninas y hachas de doble filo. Lamentablemente desconocemos los significados que los habitantes de la isla daban a tales representaciones. Lo que si parece seguro es que los cretenses adoraban a una diosa madre, de la cual dependía la fertilidad de los campos y la continuidad de la especia humana. Se trataba de una religión naturista propia de un pueblo de pastores y campesinos que buscaban ganar el favor de un ser supremo y conseguir así la prosperidad. En los ritos cretenses, el culto tenía un papel fundamental la sacerdotisa, cuya imagen fue plasmada por pintores y escultores de Creta. En la lámina podemos ver a una mujer que realiza extrañas ceremonias empuñando en cada mano una serpiente, animal que al igual que la paloma y el toro se consideraba sagrado.


El cretense, como el del retrato, obligado por las circunstancias, llevaba una vida nómada y aventurera. Gran parte de la población de la isla estuvo encuadrada en el ejército real y tomó parte en numerosas campañas que tuvieron por escenario los territorios del mar Egeo. Los griegos del siglo V mantenían vivo el relato de sus gestas, Tucídides escribe: “Minos es el personaje más antiguo conocido por la tradición. Tuvo una flota poderosa con la que conquistó casi todo el mar que hoy es grigo, estableció su dominio en las Cícladas y fundó colonias en ellas, expulsó a los carios y puso como jefes de los territorios conquistados a sus propios hijos. Trabajó con todas sus fuerzas para purgar el mar de piratas y asegurar así la recogida de sus impuestos”. El guerrero cretense, especialista en el combate naval y la lucha en tierra firme, recorrió todas las islas egeas y las sometió a la voluntad de su rey.


La talasocracia – o dominio del mar – establecida por los cretenses les abrió todos los puertos comerciales del antiguo Oriente y les proporcionó pingües beneficios a través del fluido intercambio comercial de los productos. Los navíos mercantes arribaban frecuentemente a los puertos egipcios en la época del Imperio Nuevo, y a cambio de vino, aceite, cerámica y metales labrados, los cretenses obtenían papiro, vasos de alabastro, esclavos, plantas medicinales y objetos de adorno personal, como collares, brazaletes o diademas con las que se engalanaban las mujeres de la aristocracia.


La expansión cretense alcanzó la península de los Balcanes, en la que acababan de irrumpir una serie de pueblos procedentes del Danubio, que conocemos por el nombre de Aqueos. Su asentamiento en estas tierras se consiguió a costa de la destrucción de algunas ciudades, utilizando para ello una nueva arma de guerra: el caballo. Hacia el 1800 a.C. cretenses y aqueos compartían pacíficamente la isla de Melos, en la que existían importantes yacimientos de obsidiana. La fusión entre los recién llegados desde Grecia y la población cretense se realizó poco a poco, pacíficamente. Los jinetes aqueos, divididos en diminutos principados, reconocieron la soberanía cretense y comenzaron a admirar los logros de su refinada civilización.


Como no podía ser de otra manera, la coexistencia pacífica entre cretenses y aqueos no fue duradera. Los recién llegados construyeron ciudades fortificadas – como Micenas y Tirinto – y prepararon a toda su población para hacer la guerra. La sociedad aquea estaba dirigida por una aristocracia militar que vivía en palacios fortificados, que incluso poseían un sistema de conducción de aguas. Los artesanos aqueos se especializaron en el arte bélico, y consiguieron perfecionar la espada, dando a su hoja mayor longitus y corte para que pudiera utilizarse como estoque y como sable, y también crearon un poderoso carro de guerra tirado por cuatro caballos. Estos dos elementos dieron a los aqueos la superioridad militar suficiente para acometer la conquista de Creta.


Las circunstancias geográficas del mundo egeo obligaron a sus habitantes a especializarse en las artes de la mar. La hegemonía cretense se basó en una flota bien armada y pilotada por expertos marinos. Por otro lado, en los puertos era necesaria la existencia de astilleros, donde los carpinteros se dedicaban a construir y a reparar navíos comerciales, de pesca y de guerra. Cada tipo de navío tenía características especiales de acuerdo a su función: para el comercio se necesitaban barcos con grandes bodegas, para la guerra bajeles velocres y para la pesca pequeñas embarcaciones que permitiesen fondear en las playas y adentrarse por los estrechos pasos. Tras la destrucción de las ciudades cretenses, el Mediterráneo se convirtió en un mar fenicio.


A través del arte conocemos el aspecto que debían tener algunas ceremonias religiosas. La lámina reproduce una procesión ritual celebrada en el palacio de Cnossos. Un sacerdote que enarbola una palma abre la comitiva, seguido de varios músicos semidesnudos, mientras el público se agolpa en la terraza de palacio. La ceremonia tendría como finalidad festejar la recogida de la cosecha de cereales o de aceitunas. Homero, en la Ilíada describe una de estas ceremonias, a las que tan aficionados eran los miembros de la aristocracia: “Los mancebos y las vírgenes...de las manos cogidos danzaban y se divertían. Ellas iban vestidas con telas sutiles de lino, y ellos con túnicas muy bien tejidas brillantes de aceite; muy hermosas guirnaldas ceñían las frentes de aquéllas, dagas de oro y tahalíes de plata llevaban los jóvenes....”


El habitante de la isla supo sacar el máximo provecho del mar que le rodeaba por todas partes. La pesca fue una actividad económica de primer orden, en la que se especializó buena parte de la población isleña. Se practicó con redes, ya fuera en el litoral o en mar adentro, por medio de embarcaciones de vela y remo, que formaban flotillas muy numerosas. Todas las especies de peces que viven en el Mediterráneo fueron capturadas por los cretenses que aprendieron a adobarlas o salarlas en grandes tinajas, un sistema que aseguraba una conservación prácticamente indefinida. En lugares poco profundos expertos buceadores practicaban la pesca de esponjas.


En sus travesías los barcos cretenses, dominadores del Mare Nostrum, eran seguidos de cerca por bandas de delfines que brincaban sobre las olas mientras esperaban los suculentos desperdicios que los marineros tiraban por la borda. Este espectaculo de cetáceos voladores entusiasmó a los navegantes, que quisieron inmortalizar la escena en los muros de las casas. Los pintores cretenses elaboraron maravillosos frescos policromos en los palacios, reproduciendo con maestría y fidelidad a los delfines en su hábitat. Los delfines que decoran el palacio de Cnossos siguen sorprendiendo por su dinamismo: el delfín en movimiento, con su cola en forma de media luna, la aleta erguida sobre el lomo oscuro y el simpático morro picudo. A los antiguos cretenses estos frescos ejecutados con vivos colores sobre la pared les tuvo que sugerir una imaginaria ventana abierta al mar.


lunes, 5 de octubre de 2015

FENICIOS.

VIDA Y COLOR 2
(Colección de Cromos de 1968).


Dos milenios antes del nacimiento de Cristo, la llanuras de la Costa Sirio-Palestina comenzaron a poblarse densamente y nacieron pequeñas ciudades autónomas rodeadas por campos de cultivo. Los habitantes de estas tierras eran cananeos, y los griegos les dieron el nombre de Fenicios. Ante la creciente inestabilidad política de la región que provocaban las invasiones que asolaron Próximo Oriente, surgieron en el país ciudades edificadas en lugares fáciles de defender, en islas próximas a la costa, como Tiro, o en promontorios, como Biblos y Sidón. El cotidiano contacto de sus moradores con el mar Mediterráneo insufló en los fenicios una clara vocación marinera y aventurera. Poco a poco la primitiva navegación de cabotaje se fue transformando en una arriesgada navegación de altura, que llevó a los fenicios a dominar todo el Mediterráneo hasta el estrecho de Gibraltar. Es muy probable que aprovechasen la decadencia de los pueblos que habitaban las islas del Egeo y los micénicos, para controlar los mercados de Egipto, Chipre y Asia Menor, y lanzarse a fundar factorías en el Norte de África, la Península Ibérica y las islas del Mediterráneo Occidental. 


A pesar de las prosperidad de sus ciudades, los fenicios carecieron de un arte con personalidad propias. No obstante la continua acumulación de riqueza hizo posible contratar a múltiples artistas extranjeros – arquitectos, pintores o escultores -. Por otro lado, los dinámicos marineros fenicios, acostumbrados como estaban a visitar países diversos, aprendieron a apreciar las artes de otros pueblos, en especial las de Egipto y Chipre. En definitiva el arte que podemos considerar propiamente fenicio se nutrió de una serie de variopintas influencias. 


Las casas estaban decoradas por pinturas murales ejecutadas con tonos vivos, como muestra la lámina y reproducían motivos ornamentales complicados y caprichosos. Un adorno compuesto por volutas coronadas por una especie de flor de loto que recuerda las obras egipcias. Los faraones egipcios importaban cedros de los Montes del Líbano en grandes cantidades y pagaban las mercancía con oro u otros objetos artísticos. Tanta fue la influencia egipcia que era frecuente que los personajes importantes se enterrasen en bellos sarcófagos de piedra tallados en el país del Nilo.


Este personaje con su barbita recortada y mirada avispada es un comerciante fenicio que sabe escribir con unos signos muy simples mediante los cuales puede extender recibos de la mercancía vendida, sellar contratos o listar todo cuanto posee. La forma de escribir de los fenicios fue imitada en muchos puntos del Mediterráneo y de ella deriva nuestro abecedario. A los fenicios se debe uno de los descubrimientos más trascendentales para la historia de la Humanidad: el alfabeto. 


La mujer fenicia presenta bellas facciones, grandes ojos oscuros y labios carnosos. Su cabello era moreno, y según la Biblia, las mujeres cananeas tenían costumbres disolutas y adoraban a una gran multitud de dioses paganos. Un de estas mujeres, que pertenecía a la realeza, huyó de su país al ser asesinado su esposo Aquerbas y fundó la ciudad de Cartago, que al correr del tiempo se convirtió en la capital de un próspero emporio comercial. 


Las empresas marineras de los fenicios nunca tuvieron un carácter militar. Su interés en tierras extrañas se limitaba a la fundación de una factoría comercial, emplazada normalmente en un lugar aislado que fuera fácil de defender y desde la que se pudiesen realizar intercambios de productos indígenas. Las operaciones de intercambio se hacían mediante el comercio silencioso: los fenicios depositaban en la playa sus mercancías y se retiraban. Luego los aborígenes las observaban y ponían junto a ellas la cantidad de oro, o cualquier otro metal precioso, que consideraban justo. Si los fenicios veían que el trato era satisfactorio, recogían los bienes y los embarcaban en sus naves para transportarlos a nuevos mercados. 


La necesidad de una gran flota comercial obligó a los fenicios a disponer de numerosos artilleros en los que trabajaban miles de carpinteros. La materia prima, es decir la madera, la obtenían de los cercanos bosques de cedros situados en las tierras del Líbano. Tal era la calidad de esta madera, que se exportaba en ingentes cantidades a Egipto, a Judea y a otros estados del mundo antiguo. Los carpinteros navales fenicios ganaron merecida fama, pues sus barcos, soportaban fácilmente las tempestades. Por otra parte la flota fenicia participó en numerosas campañas militares, normalmente como aliados o como mercenarios de otros reinos. 


Además del comercio, los fenicios destacaron en la metalurgia. Sus expediciones les proporcionaron grandes cantidades de mineral en bruto de calidad: la isla de Chipre y el desierto del Negev suministraban cobre, de Asia Menor, la Península Ibérica y ls islas Casitérides, obtenían estaño, oro y plata. La fundición de todos estos metales, y su aleación se realizaban en enormes factorías que poseían hornos, crisoles y almacenes donde se custodiaban los lingotes. Estos lugares eran vigilados con celo y su existencia se mantenía en el mayor de los secretos. Los artesanos fenicios transformaban estas materias primas en objetos manufacturados que alcanzaban altos precios en los mercados. Los broncistas de la ciudad de Tiro gozaban de fama y reputación.


Además de los trabajadores del metal y los constructores de barcos, Fenicia contaba con numerosos artesanos que fabricaban los objetos destinados al consumo interior o a la exportación. Todos ellos llevaban una existencia sedentaria entre sus casas y sus talleres, en ciudades y aldeas. Las cerámicas eran muy cotizadas en todo el mar Mediterráneo. 


Sobre el trabajo del marfil también ejercieron los fenicios su monopolio. La materia prima les llegaba desde muy lejos, tras pasar por las manos de múltiples intermediarios, encareciéndose siempre, y recorrer miles de kilómetros por los medios de transporte más variados. Los colmillos de elefante procedían del África Negra, de las lejanas regiones del sur del Sudán. Debido a la dificultad con que se obtenía, el marfil era un producto de lujo sólo al alcance de los bolsillos de los más potentados. Los escultores elaboraban pequeñas placas decoradas con figuras de animales o de dioses que se colocaban en las paredes de las viviendas aristocráticas.


El pavo real, de la familia de los faisánidas, una de las aves más espectaculares del mundo, por su plumaje suntuoso y multicolor era muy apreciado entre los fenicios. Éstos los utilizaron para decorar los jardines de sus palacios, convirtiéndola en ave doméstica, de tal forma que pronto se convirtió en una lucrativa actividad económica, encaminada a la venta de sus vistosas plumas. 






sábado, 10 de mayo de 2014

PUERTO DE CARTAGONOVA



Una ensenada rodeada de colinas se convirtió en un lugar inmejorable para ubicar un puerto, que llegaría a convertirse en uno de los más importantes de Iberia, con Cartago, la ciudad matriz, a un tiro de piedra


En el año 227 a.C. el general Asdrúbal Barca, fundó la ciudad de Cartago Nova, en la costa levantina ibérica, para convertirla en la capital de los territorios púnicos en la península. El lugar elegido destacaba por sus excelentes condiciones naturales, así como su ubicación estratégica, que permitía a los marinos cartagineses alcanzar con facilidad el Norte de África y el Mediterráeno Central. A lo largo de sus más 2.000 años de historia Cartagena ha vivido mirando al mar y todos los pueblos que pasaron por aquí hicieron buen usos de las dársenas, los muelles y los astilleros. 


Famosos son los versos que Cervantes dedica a la descripción de Cartagena y su puerto.


Puerto milenario de culturas mediterráneas.Iberos, púnicos, romanos, bizantinos, árabes y cristianos. Las mareas del Mare Nostrum besan unas orillas que guardan bajo sus arenas y colinas milenios de historias.

martes, 3 de diciembre de 2013

ZARA VENECIANA


Kopnena vrata, una de las monumentales puerta de la ciudad de clara inspiración veneciana. 
Durante los primeros siglos medievales, tenaces mercaderes se instalaron en una pequeña península de la costa adriática  (que casi es isla) y desarrollaron una opulenta ciudad que llegó a rivalizar con la Serenissima Venecia. Pero !ojo con el orgullo¡, siempre te encuentras con alguien más fuerte que tú, más guapo y más todo, y entonces llegan las miradas desafiantes, la rivalidad, el enfrentamiento directo, el sólo puede quedar uno. O tal vez, acercarte, dar coba, hacerte amigo y confidente, y así de paso, tu nuevo aliado te defiende de los otros matones. 

Iglesia de San Donato (planta redonda) y Catedral de Santa Anastasia 
Y eso mismo hizo Zadar, viendo amenazada su libertad por croatas y húngaros, estrechó lazos con Venecia, combatió para ella, negocio con los dogos, navegó con sus naves, y no sólo consiguió sobrevivir sino que además se embelleció, sus blancas calles y fachadas relucían al amanecer, miraban orgullosos al Sol, construyen iglesias y suntuosos edificios, copiando el peculiar estilo véneto, sus plazas y espacios públicos se abren al mar, para despedir al que marcha y recibir al que llega, defendieron al Papado y a la Iglesia Católica ante la amenaza del Islam, se convierten en bastión cuanto el turco asola los Balcanes, las riquezas llegan a espuertas, Zara, pues así se llamaba por entonces, capitaliza la Dalmacia Veneciana, y situada estrategicamente en el Corazón del Mediterráneo, entre los Balcanes, el Adriático, el sur de Italia, el resto de Dalmacia y las rutas que conectan con Europa Central. 

Narodni trg, la "Plaza del Pueblo".
En la actualidad la ciudad está prácticamente vendida a los turistas, pero claro una ciudad comerciante, siempre será una ciudad comerciante.


En cierta ocasión, el maestro del suspense y el terror, Alfred Hitchcock, comentó que en Zadar se disfruta de la mejor puesta de Sol del mundo . . . sinceramente, sin desmerecer la estampa, he contemplado muchas puestas de sol, en muchos lugares diferentes, y me sería imposible quedarme con una de ellas. . . todas tienen algo que roza la magia .

martes, 19 de noviembre de 2013

ALMIRANTE COLON


Estatua del Almirante Cristobal Colón en Salamanca. 
Cristobal Colón, a bordo de sus naves, puso fin a la Edad Media y abrió definitivamente las puertas del Renacimiento.  Almirante ¿conseguiremos saber alguna vez que buscabas allende los mares?
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