Mostrando entradas con la etiqueta Roland. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Roland. Mostrar todas las entradas

viernes, 5 de julio de 2019

COL DE BENTARTEA Y FUENTE DE ROLDÁN.




1344 metros de altitud, 17 kilómetros en las piernas desde que salimos de San Jean, calado hasta los huesos, rechinan los dientes, frío, mucho frío. En la cima del Col de Bentartea una fuente, la fuente de Roldán, construida hace unos pocos años, en la orilla del camino. Nos gustaría creer que de este agua bebió el paladín francés antes de morir. Un poco más adelante cruzamos la frontera y ya estamos en Navarra.

lunes, 18 de febrero de 2019

LA MUERTE DE ROLDÁN




- ¡Padre verdadero, que jamás
dijo mentira, tú que resucitaste a
Lázaro de entre los muertos, Tú que
salvaste a Daniel de los leones,
salva también de mi alma de todos
los peligros, por los pecados que
cometí en mi vida!.
(La canción de Roldán).


La muerte del caballero Roldán después de luchar cuerpo a cuerpo contra numerosos sarracenos y ver caer a todos sus compañeros de armas, es el momento culminante, lleno de emoción y dramatismo del famoso Cantar de Roldán. El emperador Carlomagno, señor de toda la Cristiandad entera, no puede reprimir las lágrimas al encontrar el cadáver de Roldán tendido en le húmeda hierba que cubre los montes Pirineos.

Malherido, moribundo y sangrante, con la vista nublada y sintiendo en lo más profundo de su ser la irremediable cercanía de la muerte, Roldán no pierde ni un ápice de orgullo caballeresco, sopla con fuerza su olifante, cuyo eco retumba en las montañas, e intenta quebrar contra la dura piedra su espada Durandarte, para que no caiga en manos infieles. Vano intento, el acero quiebra la roca. Vuelve a caer, esta vez será la definitiva. Tiende la mano a Dios, implora su perdón y expira. Una corte de ángeles escolta su alma a los cielos, donde ocupará un asiento a la diestra del Salvador.

En algún collado o claro del bosque, debajo de un árbol, junto a una roca, cualquiera de los lugares que hoy pisamos los caminantes que se dirigen a Santiago de Compostela puede ser aquel donde encontró la muerte el valiente guerrero franco.

sábado, 1 de septiembre de 2018

LA TRÁGICA MUERTE DEL CABALLERO ROLDÁN.





Un enjambre de rabiosos sarracenos
rodean al paladín,
pinchan, cortan, golpean
y huyen.

Suena el olifante
la espada quiebra la piedra
la sangre tiñe la yerba
a plomo cae el cuerpo.

Llora la cruz
llora Alda
llora el Emperador
llora el cielo.

El corazón vuela lejos
la carne estercola el suelo
el alma a la diestra del supremo
el valor a los inmortales versos.

lunes, 6 de agosto de 2018

CRUZ DE LOS PEREGRINOS.




Saliendo de Roncesvalles en dirección a Santiago de Compostela (¿hacia dónde si no?), en el arcén de la carretera, en la orilla izquierda, perfectamente delimitada por un bordillo, sobre una tosca escalinata de piedra se eleva la conocida como Cruz de los Peregrinos (situada a unos 300 metros de la salida de Roncesvalles).

Para mí mente curiosa una cruz un tanto enigmática, pues no he podido aclarar su origen y significado. He leído varias cosas sobre ella y ninguna me termina de convencer.

Una cruz medieval – de incierto origen – colocada en su emplazamiento actual en el siglo XIX por el prior de Roncesvalles, Francisco Polit. Estamos ante una cruz gótica que presenta forma de flor de lis con rosetones radiales esculpidos en cada lado. Una hipótesis que he leído por ahí en un fuente poco fiable, supone que dicho crucifijo es el resultado de aprovechar restos de otras cruces anteriores. Según esto nos hallamos ante los restos de la famosa Cruz de Roldán (del siglo XV) destruida, en su momento, por los invasores soldados de Napoleón, y cuyos restos se guardaron durante varias décadas en la capilla de Santiago en Roncesvalles.

Las imágenes podrían corresponder a Cristo Crucificado y a la Virgen con el Niño, y a Sancho el Fuerte (enamorado de la zona de Roncesvalles) y su esposa Clemencia. Otra interpretación supone que los esposos no serían monarcas, sino el matrimonio que costeó la cruz en el siglo XIV. Un auténtico galimatías de datos. Juzgue usted mismo.

sábado, 7 de julio de 2018

LA MUERTE DE ROLDÁN EN EL TEXTO DE LA CHANSÓN.



La muerte de Roldán es el pasaje más dramático, y a la vez emotivo, del cantar de gesta francés más conocido “la Canción de Roldán”.

Siente Roldán que se aproxima su muerte. Por los oídos se le derraman los sesos. Ruega a Dios por sus pares, para que los llame a Él; y luego, por sí mismo, invoca al ángel Gabriel. Toma el olifante, para que nadie pueda hacerle reproche, y con la otra mano se aferra a Durandarte, su espada. A través de un barbecho, se encamina hacia España, recorriendo poco más que el alcance de un tiro de ballesta. Trepa por un altozano. Allí, bajo dos hermosos árboles, hay cuatro gradas de mármol. Cae de espaldas sobre la hierba verde. Y se desmaya nuevamente, porque está próximo su fin.

Altas son las cumbres y grandes los árboles. Hay allí cuatro gradas, hechas de mármol, que relucen. Sobre la verde hierba el conde Roldán ha caído desmayado. Y he aquí que un sarraceno no cesa de vigilarlo; ha simulado estar muerto y yace entre los demás, con el cuerpo y el rostro manchados de sangre. Se yergue sobre sus pies y se aproxima corriendo. Es gallardo y robusto, y de gran valor; su orgullo lo empuja a cometer la locura que lo perderá. Toma en sus brazos a Roldán, su cuerpo y sus armas, y dice estas palabras: -¡Vencido está el sobrino de Carlos! ¡Esta espada a Arabia me la he de llevar! Al sentirlo forcejear, el conde vuelve un poco en sí.

Roldán siente que lo quieren despojar de su espada. Abre los ojos y exclama: -¡Tú no eres de los nuestros, que yo sepa! Tiene aún en la mano el olifante, que no ha querido soltar; con él golpea al infiel sobre su yelmo adornado con pedrerías y recamado de oro. Rompe el acero, el cráneo y los huesos, hace rodar fuera de la cabeza los dos ojos y ante sus pies lo derriba muerto. Después le dice: -Infiel, hijo de siervo, ¿cómo tuviste bastante osadía para apoderarte de mí, fuera o no tu derecho? ¡Todo aquel que te lo oyera decir te tendría por loco! He aquí quebrado el pabellón de mi olifante; el oro y el cristal se han desprendido.

Roldán siente que se le nubla la vista. Se incorpora, poniendo en ello todo su esfuerzo. Su rostro ha perdido el color. Tiene ante él una roca parda; da contra ella diez golpes, lleno de dolor y encono. Gime el acero, mas no se rompe ni se mella.

-¡Ah! -exclama el conde-. ¡Socórreme, Santa María! ¡Ah, Durandarte, mi buena Durandarte, lástima de vos! Voy a morir, y dejaréis de estar a mi cuidado. ¡He ganado por vos tantas batallas campales, por vos he conquistado tantos anchos territorios que ahora domina Carlos, el de la barba blanca! ¡No caeréis jamás en las manos de un hombre que ante su semejante pueda darse a la fuga! Durante largo tiempo pertenecisteis a un buen vasallo; jamás habrá espada que os valga en Francia, la Santa.

Hiere Roldán las gradas de sardónice. Gime el acero, mas no se astilla ni se mella. Al ver el conde que no puede quebrarla, comienza a lamentarse para sí: -¡Ah, Durandarte, qué bella eres, qué clara y brillante! ¡Cómo luces y centelleas al sol! Hallábase Carlos en los valles de Moriana cuando le ordenó Dios por intermedio de un ángel que te donase a uno de sus condes capitanes: entonces te ciñó a mi lado, el rey grande y gentil. Por ti conquisté el Anjeo y la Bretaña, por ti me apoderé del Poitou y del Maine. Gracias a ti lo hice dueño de la franca Normandía, de Provenza y Aquitania, de Lombardía y de toda la Romana. Por ti vencí en Baviera, conquisté Flandes y Borgoña, y la Apulia toda; y también Constantinopla, de la que recibió pleitesía, y Sajonia, donde es amo y señor. Por ti domeñé Escocia e Inglaterra, su cámara, según él decía. Por ti gané cuantas comarcas posee Carlos, el de la barba blanca. Por esta espada siento dolor y lástima. ¡Antes morir que dejársela a los infieles! ¡Dios, Padre nuestro, no permitáis que Francia sufra tal menoscabo!

Hiere Roldán la parda roca, y la quiebra de un modo que no os podría decir. Rechina la espada, mas no se astilla ni se parte, y rebota hacia los cielos. Cuando advierte el conde que no podrá romperla, la plañe, para sí, con gran dulzura: -¡Ah, Durandarte, qué bella eres, y qué santa! Tu pomo de oro rebosa de reliquias: un diente de San Pedro, sangre de San Basilio, cabellos de monseñor San Dionisio y un pedazo del manto de Santa María. No es justicia que caigas en poder de los infieles; cristianos han de ser los que te sirvan. ¡Plegué a Dios que nunca vengas a manos de un cobarde! Tantas anchurosas tierras he conquistado contigo para Carlos, el de la barba florida. Por ellas alcanzó el emperador poderío y riqueza.

Siente Roldán que la muerte arrebata todo su cuerpo: de su cabeza desciende hasta el corazón. Corre apresurado a guarecerse bajo un pino, y se tiende de bruces sobre la verde hierba. Debajo de él pone su espada y su olifante. Vuelve la faz hacia las huestes infieles, pues quiere que Carlos y los suyos digan que ha muerto vencedor, el gentil conde. Débil e insistentemente, golpea su pecho, diciendo su acto de contrición. Por sus pecados, tiende hacia Dios su guante.

Roldán siente que ha llegado su última hora. Está recostado sobre un abrupto altozano, con el rostro vuelto hacia España. Con una de sus manos se golpea el pecho: -¡Dios, por tu gracia, mea culpa por todos los pecados, grandes y leves, que cometí desde el día de mi nacimiento hasta éste, en que me ves aquí postrado! Enarbola hacia Dios el guante derecho. Los ángeles del cielo descienden hasta él.

Recostado bajo un pino está el conde Roldán, vuelto hacia España su rostro. Muchas cosas le vienen a la memoria: las tierras que ha conquistado el valiente de Francia, la dulce; los hombres de su linaje; Carlomagno, su señor, que lo mantenía. Llora por ello y suspira, no puede contenerse. Mas no quiere echarse a sí mismo en olvido; golpea su pecho e invoca la gracia de Dios: -¡Padre verdadero, que jamás dijo mentira, Tú que resucitaste a Lázaro de entre los muertos, Tú que salvaste a Daniel de los leones, salva también mi alma de todos los peligros, por los pecados que cometí en mi vida!

A Dios ha ofrecido su guante derecho: en su mano lo ha recibido San Gabriel. Sobre el brazo reclina la cabeza; juntas las manos, ha llegado a su fin. Dios le envía su ángel Querubín y San Miguel del Peligro, y con ellos está San Gabriel. Al paraíso se remontan llevando el alma del conde




martes, 22 de mayo de 2018

CRUZ BLANCA O CRUZ DE ROLDÁN.


´

Otro crucifijo que marca un nuevo hito en el camino, aguarda pacientemente al peregrino en medio de un húmedo bosque, a mitad de camino entre Roncesvalles y Burguete. Precisamente hasta el año 1830 era esta la vía principal que unía ambas localidades.


Del origen apenas se sabe nada. Fue abatida en 1794 (imagino que por tropas francesas) y repuesta el 24 de septiembre de 2006 (según la propia inscripción). Otra cruz de Roldán, llamada también Cruz Blanca por el color de la piedra.


Dos leyendas – o historias verosímiles – se entrelazan en torno a este crucero. Una tradición tardía cuenta que este es el lugar donde cayó muerto el paladín Roldán, y aquí mismo fue enterrado. También se ha relacionado con el intento de cristianizar estos bosques donde se practicaba la brujería, emplazando la Cruz Blanca, un símbolo de protección divina. Personalmente me gusta más lo de las brujas que lo de la tumba de Roldán. Cada cual opine lo que quiera.

viernes, 4 de mayo de 2018

EL CANTO DE ALTABIZKAR.



El siglo XIX (siglo del liberalismo, el romanticismo y el nacionalismo) llenó Europa de reivindicaciones políticas y exaltaciones patrias, y muchos bardos pusieron por escrito viejas historias, muchas de ellas olvidadas por los académicos. En este contexto podemos situar la redacción del Canto de Altabizkar/ Altabizkarreko kantua la versión euskera de la mítica batalla de Roncesvalles. Aunque en un principio se intentó hacer pasar por un texto medieval, la crítica especializada pronto sacó a la luz el su verdadero origen.

  1. Oiu bat aditua izan da
    Eskualdunen mendien artetik,
    Eta etxeko jaunak, bere atearen aitzinean xutik,
    Ideki tu beharriak eta erran du:
    "Nor da hor? Zer nai dautet?"
    Eta xakurra, bere nausiaren oinetan lo zaguena
    Altxatu da eta karrasiz Altabizkarren inguruak bete ditu.


[I. Un grito ha sido oído -en medio de los montes de los vascos -y de pie, delante de su puerta, el etxeko-jaun -ha tendido la oreja y ha dicho: -¿Quién está ahí? -¿Qué me quieren? -Y el perro, que dormía a los pies de su amo, se ha levantado y ha llenado con sus ladridos los alrededores de Altabiskar.]


  1. Ibañetan lepoan harraóots
    bat agertzen da,
    Urbiltzen da, arrokak esker eta eskun jatzen dítuelarik;
    Hori da urrundik heldu den armada baten burrunba.
    Mendien kopetetarik guriek errepuesxa eman diote;
    Berek duten seinua adiarazi dute,
    >Eta etxeko jaunak bere dardak zorrozten tu.


[II. Resuena un fragor en el collado de Ibañeta -Se acerca chocando contra las rocas de la derecha y de la izquierda -Es el estruendo de un ejército que de lejos llega -Los nuestros han respondido desde lo alto de los montes -Han hecho oir la llamada de consigna -Y el etxeko-jaun afila sus dardos.]


  1. Heldu dira! heldu dira! zer lanzazko sasia!
    Nola zer nahi kolorezko banderak
    heien erdian agertzen diren!
    Zer zimiztak atheratzen diren heien armmetarik!
    Zenbat dira? Haurra, kontatzak ongi:
    Bat, biga, hirur, laur, bortz, sei, zazpi, zortzi,
    bederatzi, hamar, hameka, hamabi, hamahirur,
    hamalaur, hamabortz, hamasei, hamazazpi,
    hemezortzi, hemeretzr, hogoi.


[III. Ya vienen, ya vienen, ¡qué bosque de lanzas! - Cómo flotan en medio de ellas enseñas de todos los colores! -¡Qué chispas saltan de sus armas! ¿Cuántos son? Hijo, cuéntalos bien: -uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once, doce, trece, catorce, quince, diez y seis, diez y siete, diez y ocho, diez y nueve, veinte.]


  1. Hogoi eta millaka oraino.
    Heien kondatzea denboraren galtzea liteke.
    Urbilt ditzagun gure beso zailak,
    errotik athera ditzagun arroka horriek.
    Botha ditzagun mendiaren patarra behera
    Heien buruen gaineraino;
    Leher ditzagun, herioaz jo ditzagun.


[IV. Veinte, y a millares todavía -Se pierde el tiempo en contarlos -Acerquemos nuestros nervudos brazos, saquemos de raíz esas rocas, y arrojémoslas monte abajo -Sobre sus cabezas -¡Aplastémosles, hirámosles de muerte!].


  1. er nahi zuten gure mendietarik
    Norteko gizon horiek?
    Zertako jin dira gure bakearen nahastera?
    Jaungoikoak mendiak in dituenean, gizonek
    ez pasatzea nahi izan du.
    Bainan arrokak birihilkolika erortzen dira,
    tropak tehertzen dituzte.
    Odola xurrutan badoa, haragi puskak dardaran daude.
    Oh! zenbat hezur karraskatuak! zer odolezko itsasoa!


[V. ¿Qué querían de nuestros montes esos hombres del norte? -¿Por qué han venido a turbar nuestra paz? -Cuando Dios hizo las montañas, quiso que los hombres no las franqueasen. -Pero las rocas caen derrumbándose, y aplastan las tropas -Brota la sangre a torrentes, las vísceras palpitan. -¡Oh! ¡Cuántos huesos astillados! -¡Qué mar de sangre!]


  1. Eskapa! eskapa! indar eta zaldi dituzuenak.
    Eskapa hadi, Karlomano errege, hire luma beltzekin eta hire kapa gorriarekin;
    Hire iloba maitea, Errotan zangarra, hantxet hila dago;
    Bere zangartasuna beretako ez du izan.
    Eta orai, Eskualdunak, utz ditzagun arroka horiek;
    Jauts ghiten fite, iqor ditzagun gure dardak eskapatzen direnen kontra.

[VI. Huid, huid los que os quedan fuerzas y un caballo! -¡Escapa, rey Carlomagno, con tu pluma negra y tu capa colorada! -Tu sobrino querido, el valiente Roldán, yace allí muerto! -Su valor de nada le ha servido -Y ahora, vascos, dejemos estas rocas, descendamos veloces y disparemos nuestras flechas a los que huyen.]


  1. Badoazi! badoazi! non da bada lantzezko sasi [hura?
    Non dira heien erdian ageri ziren zer nai kolorezko bandera hek?
    Ez da geiago zimiztarik ateratzen heien arma odolez betetarik
    Zenbat dira? Haurra, kondatzak ongi:
    Hogoi, hemeretzi, hemezortzi, hamazazpi, hamasei,
    hamabortz, hamalaur, hamahirur, hamabi,
    hameka, hamar, bederatzi, zortzi, zazpi, sei,
    bortz, laur, hirur, biga, bat.


[VII. Ya marchan, ya huyen, ¿dónde está aquel bosque de lanzas? -¿Dónde están aquellas banderas de todos los colores que en medio de ellos flotaban? -Ya no saltan chispas de sus ensangrentadas armas-¿Cuántos son? Hijo, cuéntalos bien. -Veinte, diez y nueve, diez y ocho, diez y siete, diez y seis, quince, catorce, trece, doce, once, diez, nueve, ocho, siete, seis, cinco, cuatro, tres, dos, uno.]

  1. Bat! ez da bihirik agertzen geiago.
    Akabo da. Etxeko jauna, joaiten ahalzira zure xakurrarekin.
    Zure emaztearen eta zure haurren besarkatzera.
    Zure darden garbitzera eta altxatzera,
    zure tutekin eta gero heien gainean etzatera eta lo itera.
    Gabaz, arranaak joanen dira aragi puska lehertu horien jatera,
    Eta ezur horiek oro xurituko dira eternitatean.


[VIII. ¡Uno! ¡ya ninguno se divisa! -Terminó, Etxeko-Jauna, puedes marcharte con tu perro, a abrazar a tu esposa y a tus hijos. -Limpia tus dardos y guárdalos con el cuerno para luego echarte encima de ellos a dormir. Por la noche, las águilas irán a comer esos trozos reventados de carne y todos esos huesos se blanquearán durante una eternidad.]

En el año 1981 el cantautor Benito Lertxundi grabó su propia versión del poema.




viernes, 13 de abril de 2018

DEJANDO RONCESVALLES ATRÁS.



(790 kilómetros hasta Santiago). La colegiata y el bosque nebuloso a sus espaldas. Última visión que tenemos de la mágica Roncesvalles. El reposo (eterno) del guerrero, Sancho VII el Fuerte o Roldán, tanto da, y del caminante (léase, según deseo de cada cual, el peregrino). Un lugar mítico por la batalla que inspiró la Canción de Roldán (arquetipo, uno de ellos, del cantar de gesta medieval) y legendario, por ser el paso natural a través del Pirineo, entre Francia y España.


Comenzamos a caminar junto a la carretera, y nos encontramos con la señal que marca el kilometraje hasta Santiago de Compostela, 790. A pie son algunos kilómetros menos, aproximadamente 750. Vamos en compañía (no buscada y en algunos momentos molesta) de otros peregrinos y peregrinas. Sin abandonar la compañía del asfalto vamos penetrando (sin darnos cuenta) en el bosque de las brujas.

Frío, niebla y lloviznas. Las piernas, convalecientes de la durísima subida de ayer, tardan en entrar en calor, y eso, ralentiza la marcha.


martes, 3 de abril de 2018

LA BATALLA DE RONCESVALLES EN EL CÓDICE CALIXTINO.



El libro IV del Código Calixtino, conocido por los historiadores como el Pseudo-Turpín, está dedicado a las campañas militares de Carlomagno y a las hazañas de su sobrino Roldán. En ese sentido, ofrece una versión – ligeramente diferente al Cantar de Roldán – de la legendaria batalla de Roncesvalles. Una batalla que durante siglos alimentó la imaginación y creatividad de juglares y clérigos. Curiosamente se atribuye la redacción de este libro, al arzobispo de Reims Turpín compañero de Carlomagano, que supuestamente falleció combatiendo en dicha batalla.

Mientras Carlomagno con veinte mil cristianos y Ganelón y Turpín atravesaban los puertos, y los antes dichos formaban la retaguardia, Marsilio y Beligando, con cincuenta mil sarracenos, salieron al amanecer de los bosques y collados, donde por consejo de Ganelón habían estado escondidos durante dos días y otras tantas noches, y dividieron sus fuerzas en dos partes: una de veinte mil y otra de treinta mil. La de veinte mil comenzó primero a atacar de pronto a los nuestros por la espalda. En seguida los nuestros se volvieron contra ellos, combatiéndolos desde la madrugada hasta las nueve; todos cayeron. Ni tan sólo uno de los veinte mil escapó. Inmediatamente los otros treinta mil atacaron a los nuestros fatigados y rendidos por tan gran batalla, y los mataron a todos desde el primero al útlimo. Ni uno tan sólo de los veinte mil cristianos se salvó. Unos fueron atravesados con lanzas, otros degollados con espadas, éstos partidos con hachas, aquéllos acribillados con saetas y venablos, unos sucumbieron a garrotazos, otros fueron desollados vivos con cuchillos, otros quemados al fuego y otros, en fin, colgados de los árboles.

Puedes leer el libro completo pinchando aquí Libro IV


lunes, 2 de abril de 2018

SILO DE CARLOMAGNO.



El Silo de Carlomagno es en realidad la Capilla del Espíritu Santo (Sancti Spiritus) y forma parte del complejo de edificios que conforman Roncesvalles. Su origen hay que buscarlo en la legendaria batalla que tuvo lugar aquí a finales del siglo VIII.

Una tradición señala que la capilla fue levantada encima de la roca hendida por Durandal, la espada de Roldán, y sirvió, en un primer momento, para sepultar a los pares de Francia muertos en batalla.


La Capilla del Espíritu Santo es un templo funerario gótico construido en el siglo XII y está considerado la construcción más antigua de Roncesvalles. Aquí se oficiaban misas de difuntos y se enterraba a los peregrinos que fallecían en estas tierras. A su lado se ubica la capilla de Santiago.  

miércoles, 14 de marzo de 2018

EL RONCESVALLES NAVARRO.



Profunda huella dejó en Navarra la batalla de Roncesvalles, que siglos después no se han apagado sus ecos. Lo acontecido en el desfiladero pirenaico pasó a la tradición oral por medio del boca a boca y más tarde los juglares lo transformaron en Cantar.

A mediados del siglo XIII se compuso en Navarra un Cantar de Gesta con el tema de Roncesvalles de fondo. Los versos conservados centran la acción en los lamentos de Carlomagno ante los cadáveres insepultos de los héroes Turpín, Oliveros y su sobrino Roldán.

Sobryno, ¿por esso non me queredes fablere?
Pues vós sodes muerto, Francia poco vale.
Mio sobrino, ante que finásedes, era jo pora morir más.
Atal viejo meçquino, ¿qui lo conseyarade?
Quando fuy mançebo de la primera edade,
quis andar ganar precio de Francia, de mi tera natural,
fuime a Toledo a servir al rey Galafre,
que ganase a Durandarte large.
Gánela de moros quando maté a Braymante;
dile a vós, sobryno, con tal omenage
que con vuestras manos non la diésedes a nadi;
saquéla de moros, vós tornástelas aylá.


miércoles, 28 de febrero de 2018

RONCESVALLES, PUERTA DE LA PENÍNSULA IBÉRICA.



Una batalla y un cantar de gesta, una romería y una peregrinación, un rey de talla gigantesca y un emperador que no quiso enjugar sus lágrimas, el reposo del guerrero y el descanso del caminante, items que confluyen en Roncesvalles (u Orreaga), donde aún resuenan los ecos de una historia épica, un enclave imprescindible para los amantes de la naturaleza, la historia, el arte y el senderismo.


Roncesvalles es un pequeño pueblecito navarro enclavado en el valle pirenaico del mismo nombre, entre el Alto de Ibañeta y la amplia llanura de Auritz/Burguete, famoso en la historia y, sobretodo, en la literatura medieval. La etimología, esa ciencia difusa que estudia el origen y la esencia de las palabras, se debate entre “valle de espinos” y “llanura del Erro” para explicar el significado de Roncesvalles (escoja cada cual la que más le guste).


Este es un municipio que presenta una curioso singularidad, su ayuntamiento no tiene propiedades, el término municipal pertenece a la colegiata y es administrado por la comunidad de canónigos.

Hospital para peregrinos y Colegiata – fundada por Sancho VII de Navarra - establecen el origen de esta localidad de paso, cuya importancia radica en su condición de centro religioso y de peregrinación.


El peregrino llega a Roncesvalles, y después de vagar durante horas por la montaña pelada se encuentra en un enorme patio rodeado de edificios por todos lados. El conjunto arquitectónico incluye iglesia, varias capillas, un claustro, una biblioteca, un museo, la casa prioral, un albergue, un hotel, un par de restaurantes, posadas y un pequeño molino que hace las veces de oficina de turismo.

La colegiata de Santa María sobresale por encima de todo el complejo de edificios. Durante las Edad Media la colegiata alcanzó una gran prosperidad gracias a sus extensos dominios y a la continua afluencia de peregrinos.

Todos los días al caer la tarde, antes de descansar y reponer fuerzas para la siguiente etapa, se celebra la misa y la bendición del peregrino, pronunciada en diversos idiomas.

Aquí tuvo lugar una batalla de reminiscencias épicas y míticas, aquí lloró Carlomagno la muerte de su sobrino Roldán, aquí llevan varios siglos llegando miles de peregrinos anualmente, aquí reposan los restos del rey Sancho VII de Navarra.


domingo, 11 de febrero de 2018

EL CANTAR DE ROLDÁN




El 14 de Octubre de 1066 se enfrentaron en Hastings el rey anglosajón Harold II y el duque de Normandía William the Conqueror. En los momentos previos al trascendental combate, el juglar Taillefer, para enardecer a las tropas normandas, recitó los versos que cuentan la heroica resistencia y la dramática muerte de Roldán, el paladín franco emboscado en la batalla de Roncesvalles.

Locura fuera -responde Roldán-. Perdería por ello mi renombre en Francia, la dulce. Muy pronto habré de asestar recios golpes con Durandarte. Sangrará su hoja hasta el oro del pomo. Los viles sarracenos vinieron a los puertos para labrar su infortunio. Os lo juro: a todos les espera la muerte.



El Cantar de Roldán – Chanson de Roland – es el Cantar de Gesta por excelencia, obra fundamental de la literatura francesa y también uno de los más hermosos. La base histórica es la emboscada que el ejército de Carlomagno sufrió en el desfiladero de Roncesvalles a manos de los vascones. Pero esto es poesía y romance no historia bélica para llenar viejos manuales, es la novelización de una campaña militar. Tres siglos separan la acción narrada del texto escrito (podemos establecer un paralelismo con la Guerra de Troya y la Ilíada), la tradición oral se encargó de dar forma a la versión definitiva, adornó, deformó, exageró, olvidó unos detalles e inventó otros, y la batalla acabó convertida en un excelso poema, y la historia quedó como algo meramente residual.

Altos son los montes y tenebrosas las quebradas, sombrías las rocas, siniestras las gargantas. Los franceses las cruzan ese mismo día, con grandes fatigas. Desde quince leguas de distancia, se oye el ruido de la marcha de las tropas. Cuando llegan a la Tierra de los Padres y avistan Gascuña, dominio de su señor, hacen memoria de sus feudos, de las jóvenes de su patria y de sus nobles esposas. Ni uno de ellos deja de verter lágrimas de enternecimiento. Más aún que los otros, se siente pleno de angustia Carlos: ha dejado en los puertos de España a su sobrino. Lo invade el pesar y no puede contener el llanto.

Los vascones se convirtieron en sarracenos y se introducen dos pulsiones muy humanas, la traición y la venganza. Los francos son atrapados en el Pirineo por la traición de Genalón y tras la muerte de Roldán, el emperador Carlomagno se tomará justa venganza matando al emir musulmán en combate singular. De esta manera, el Cantar de Roldán, se nos muestra como un episodio más de la lucha eterna entre Cristianismo e Islam, Occidente contra Oriente, y el Bien contra el Mal.

Os lo voy a decir -responde Ganelón-. Partirá el rey hacia los mejores puertos de Cize; dejará su retaguardia a sus espaldas. Con ella quedará el poderoso conde Roldán y Oliveros, en quien tanto confía éste, al mando de veinte mil franceses. Enviadle cien mil de los vuestros para darles la primera batalla. Las huestes de Francia hallarán gran quebranto, aunque también habrán de sufrir los vuestros, no lo niego. Mas entablad luego la segunda batalla: ya sea en la una o en la otra, no habrá de salvarse Roldán. Habréis llevado a cabo, entonces, una gran proeza y nunca en vuestra vida volveréis a tener guerra.

El autor o, mejor dicho, autores, dibujan a los protagonistas de la trama. En palabras de Riquer-Valverde: “El acierto estriba en que los tipos del cantar están matizados de tal suerte que se advierte su humanidad y no quedan relegados a la categoría de paradigmas de virtudes y vicios”.

El emperador se halla en un gran vergel: junto a él, están Roldán y Oliveros, el duque Sansón y el altivo Anseís, Godofredo de Anjeo, gonfalonero del rey, y también Garín y Gerer, y con ellos muchos más: son quince mil de Francia, la dulce. Los caballeros se sientan sobre blancas alfombras de seda; los más juiciosos y los ancianos juegan a las tablas y al ajedrez para distraerse, y los ágiles mancebos esgrimen sus espadas. Bajo un pino, cerca de una encina, se alza un trono de oro puro todo él: allí se sienta el rey que domina a Francia, la dulce. Su barba es blanca, y floridas sus sienes; su cuerpo es hermoso, su porte altivo: no hay necesidad de señalarlo al que lo busque.



Roldán es el héroe, un joven guerrero algo tozudo. La temeridad le conducen a una muerte segura al luchar contra un enemigo superior y considerar un acto de cobardía pedir ayuda al emperador. Olivero, amigo y colega de armas de Roldán, valiente y sensato. “Rollant est proz e Oliver est sage”.



Roldán es esforzado y Oliveros juicioso. Ambos ostentan asombroso denuedo. Una vez armados y montados en sus corceles, jamás esquivarían una batalla por temor a la muerte. Los dos condes son valerosos y nobles sus palabras.



Ganelón es el padrastro de Roldán y el traidor que condujo al ejército franco hacia el desastre. A pesar de todo no es una persona ni vil ni cobarde.

Y el conde Ganelón se siente penetrado por la angustia. Retira de su cuello las amplias pieles de marta, descubriendo su brial de seda. Sus ojos son veros, su rostro altivo; noble es su cuerpo y su pecho amplio: tan hermoso se muestra que todos sus pares lo contemplan.



Carlomagno es el soberano supremo de la Cristiandad, protegido permanentemente por Dios, su señor feudal.

Buen motivo tengo para maravillarme -añade el infiel-. Carlomagno es viejo y blanca su cabeza; en mi opinión, debe tener más de doscientos años; por tantas tierras ha llevado a la lucha su cuerpo, ha recibido tantos tajos y lanzazos, tantos opulentos reyes se han convertido por su culpa en mendigos, ¿cuándo se cansará de guerrear?

Nunca -responde Ganelón-, mientras viva su sobrino. No hay hombre más valeroso que Roldán bajo el firmamento. Y también es varón esforzado su amigo Oliveros. Y los doce pares, que tanto ama Carlos, forman su vanguardia con veinte mil caballeros. Carlos está bien seguro, no teme a ningún ser viviente.



El arzobispo Turpín es una clérigo que lucha como el más valiente de los soldados. Muere poco antes que Roldán.

Por otro lado, he aquí que se acerca el arzobispo Turpín. Espolea a su caballo y sube por la pendiente de una colina. Interpela a los franceses y les echa un sermón:

-Señores barones, Carlos nos ha dejado aquí: Por nuestro rey debemos morir. ¡Prestad vuestro brazo a la cristiandad! Vais a entablar la lucha; podéis tener esa seguridad pues con vuestros propios ojos habéis visto a los infieles. Confesad vuestras culpas y rogad que Dios os perdone; os daré mi absolución para salvar vuestras almas. Si vinierais a morir, seréis santos mártires y los sitiales más altos del paraíso serán para vosotros.



Alda es la novia de Roldán, que cae fulminada al conocer la muerte de su amado.

Pierde el color y cae a los pies de Carlomagno. Ha muerto al instante; ¡Dios se apiade de su alma! Los barones franceses no escatiman por ella llanto y lamentaciones.



El momento más dramático del cantar es cuando Carlomagno descubre el desastre y se siente culpable por no haber estado allí luchando junto a sus hombres.

Ha muerto Roldán; Dios ha recibido su alma en los cielos. El emperador llega a Roncesvalles. No hay ruta ni sendero, ni un palmo ni un pie de terreno libre donde no yazca un franco o un infiel. Y exclama Carlos:

-¿Dónde estáis, gentil sobrino? ¿Dónde está el arzobispo? ¿Qué fue del conde Oliveros? ¿Dónde está Garín, y Gerer, su compañero? ¿Dónde están Otón y el conde Berenguer, dónde Ivon e Ivores, tan caros a mi corazón? ¿Qué ha sido del gascón Angeleros? ¿Y el duque Sansón? ¿Y el valeroso Anseís? ¿Dónde está Gerardo de Rosellón, el Viejo? ¿Dónde están los doce pares que aquí dejé? ¿De qué le sirve llamarlos, si ninguno le ha de responder?

-¡Dios! -dice el rey-. ¡Buenos motivos tengo para lamentarme! ¿Por qué no habré estado aquí desde el comienzo de la batalla?

Y se mesa la barba, como hombre invadido por la angustia. Lloran sus barones y caballeros; veinte mil francos caen por tierra sin sentido. El duque Naimón siente por ello gran piedad.

Con la ayuda de Dios, el emperador Carlomagno vengará la muerte de su sobrino con otra muerte.


Cuando Carlos escucha la santa voz del ángel, desecha todo temor; sabe que no habrá de perecer. Al momento recobra vigor y discernimiento. Golpea al emir con la espada de Francia. Le parte el yelmo, en el que fulguran las gemas, le abre el cráneo, derramándole los sesos y, luego de hendirle la cabeza toda hasta la barba blanca, lo derriba muerto sin esperanza.


sábado, 27 de enero de 2018

¿QUIÉN FUE EL CABALLERO ROLDÁN?



Pasa Roldán por los puertos de España cabalgando a Briador, su rápido corcel. Se halla cubierto de su coraza que realza su figura y blande denodadamente su lanza. Hacia los cielos endereza la punta; un gonfalón todo blanco está atado al hierro y las franjas le azotan las manos. Noble es su apostura, risueño y claro su rostro. Le sigue su compañero, y los caballeros de Francia lo proclaman su baluarte. Chanson du Roland.

Viajando por Europa encontré a Roldán (Roland o Rolando) montando guardia frente al ayuntamiento de Riga, en una fuente en la Hlavne Namesti en Bratislava, en una estatua gigantesca cerca de la catedral de Bremen, en una columna en Dubrovnik (la antigua República de Ragusa) y por supuesto, hallé sus huellas en Roncesvalles. ¿Quién es este Roldán?

No es oportuno llorar con vanos lamentos al hombre
Que por su muerte a morar fué a la celeste mansión.


Noble de antiguo linaje por padres y abuelos viniendo,
Más por sus propios hechos sobre los astros está.


Distinguidísimo y por su nobleza de nadie segundo.
Por su vivir egregio era el primero siempre.


Cultivador de los templos, su canto era grato a las gentes,
Y medicina eficaz fué de los males patrios.


Vida del clero, de viudas tutor y pan de indigentes,
Para los pobres largo, pródigo en huéspedes fué.


Tanto en sagradas iglesias y tanto gastó con los pobres,
Para enviar al cielo oro del cual fuera en pos.


Con la doctrina en el pecho, cual cofre lleno de libros,
Como de fuente viva todos podían beber.


Sabio en consejos y de alma piadosa y palabra serena,
Que por amor sería padre de todo el mundo.


Cima gloriosa y ornato sagrado y fecunda lumbrera,
En galardón del cual toda virtud milita.


Y que por méritos tales llevado a la gloria celeste,
No le oprime tumba, mora en la casa de Dios.
Códex Calixtino. 
Libro IV. Pseudo Turpín.

Arquetipo de caballero medieval, protagonista de hazañas y aventuras, héroe por antonomasia en la cultura europea, modelo a imitar, dechado de virtudes pero muy humano, símbolo eterno de la victoria del bien sobre el mal, alabado y cantado en poemas y gestas literarias, mil años llevamos recitando, contando, oyendo leyendas y recordando sus hazañas, pero ¿qué sabemos del Roldán histórico?

Los historiadores cuentan con pocos datos para dibujar al verdadero Roldán. Los únicos datos que podemos considerar auténticos con los que ofrecer Eginardo en la biografía que escribió sobre Carlomagno. Roldán es un conde de la Marca de Bretaña, que acompañó a Carlomagno en su campaña en España y que murió en los Pirineos.

La figura histórica de este caballero franco ha quedado sepultada por la literatura medieval y la leyenda, y es con eso con lo que debemos quedarnos.



martes, 16 de enero de 2018

AJEDREZ DE CARLOMAGNO.



El ajedrez de Carlomagno, junto a otras curiosas piezas como las mazas de Roldán y de Oliveros, el Olifante del propio Roldán, o las zapatillas del arzobispo Turpín, forma parte de la colección expuesta en el museo de Roncesvalles.

Esta pieza de extraordinaria belleza, confeccionada en Montpellier a mediados del siglo XIV, es en realidad un relicario, donde se alternan casillas esmaltadas con otras que contienen reliquias.


La leyenda cuenta que Carlomagno estaba jugando una partida de ajedrez en este tablero, cuando oyó el olifante de Roldán solicitando ayuda. El emperador abandona su sitio y corre montaña arriba para socorrer a su paladín, pero la ayuda llega demasiado tarde y Roldán muere en la batalla.  

sábado, 23 de diciembre de 2017

ALTO DE IBAÑETA.



Un enclave de reminiscencias legendarias e inconmensurable belleza, bosques y prados, Ibañeta lleva siglos viendo pasar viajeros y peregrinos, y desde su posición de privilegio, proteger la colegiata de Roncesvalles.


Entre el Alto de Ibañeta (1062 metros) y el Collado de Lepoeder (1435 metros) pudo suceder la Batalla de Roncesvalles, más evocadora que decisiva. Los vascones se lanzaron desde estas alturas sobre la retaguardia carolingia.


Una ermita levantada en la década de los sesenta recoge el testigo de un antiguo monasterio, que databa de 1127, que asistía y daba cobijo a los peregrinos que pasaban por el lugar. Sus monjes eran auténticos eremitas.




Las campanas de Ibañeta avisaban y guiaban a los caminantes por la niebla, aunque eran muchos los peregrinos que morían en estos montes, desorientados, perdidos en la nieve o devorados por lobos hambrientos.

viernes, 24 de noviembre de 2017

LUZAIDE/VALCARLOS.



Entre Saint Jean pied de Port y Roncesvalles, Valcarlos ha sido a lo largo de los siglos paso (cuasi) obligatorio de peregrinos, ejércitos, arrieros, mercaderes y cualquier viajero que atraviesa el Pirineo por Navarra. Especialmente en los terribles meses invernales. Los que optan por atravesar el Pirinero por Valcarlos, que se encuentra encajado en el valle, evitan las durísimas cumbres.

Cuando se estableció, de forma definitiva, la frontera entre España y Francia, Luzaide/Valcarlos, quedó dividido entre los dos países; la mayoría del pueblo pertenece a España, pero el barrio Ondarrola está en suelo francés.

Un topónimo romance, Valcarlos, otro euskera, Luzaide (camino largo), para un enclave legendario relacionado con Carlomagno, la Chanson de Roland y la mítica batalla de Roncesvalles.

Luzaide, en el último valle navarro, vive su existencia acurrucado en el Altabiscar y los Alduides, por donde fluye el Nive hacia Francia y baja vertiginosa la carretera que llega a Pamplona. Aquí se encontraba Carlomgano cuando oyó el olifante de Roland.


jueves, 28 de septiembre de 2017

BATALLA DE RONCESVALLES.



La tropa avanza despacio por el tupido bosque, los hombres están exhaustos por el prolongado ascenso, garganta seca y piernas pesadas, las bestias que cargan con la impedimenta deben ser azuzadas para que continúen caminando, los árboles van cerrando el paso, la senda es cada vez más estrecha. El Sol hace mucho rato que alcanzó su cénit y comenzó a descender lentamente. Todo estaba en calma y nada hacía presagiar lo que estaba a punto de suceder. Un grito estridente, un rumor de pasos y una profusa lluvia de piedras y dardos que cayó sobre la columna. Enormes rocas bajan rodando la ladera desbaratando la formación y una horda de aguerridos vascones, surgida de las entrañas mismas de la tierra, se lanza ululando a masacrar a los sorprendidos soldados. Un par de horas más tarde los cadáveres francos aparecen esparcidos por las cumbres pirenaicas, mientras sus verdugos regresan con premura a sus refugios.

Verano del 778, 15 de Agosto, la retaguardia del ejército de Carlomagno, dirigida por Roldán (y los Doce Pares de Francia) es aniquilada por los vascones en algún angosto desfiladero de los Montes Pirineos. Aquella escaramuza, pues no puede denominarse batalla a lo que en realidad fue una emboscada, acabó convertida en obra cumbre de la épica literaria medieval, el Cantar de Roldán – Chanson de Roland – y en la partida de nacimiento del Reino de Navarra.

"Mientras se combatía contra los sajones en esta guerra interminable y sin apenas tregua, Carlos hizo colocar guarniciones a lo largo de los puntos estratégicos de las fronteras y a continuación atacó Hispania con el mayor contingente bélico de que dispuso. Atravesó el desfiladero de los Pirineos, acepto la rendición de todas las fortalezas y castillos que asaltó y volvió con el ejército sano y salvo si se exceptúa que, a su regreso, tuvo ocasión de experimentar súbitamente la perfidia vascona en las mismas cumbres de los Pirineos. En efecto, cuando el ejército avanzaba en larga columna, a lo que obligaba el desfiladero, los vascones, emboscados en lo alto de los montes -pues éste es un lugar idóneo para preparar emboscadas dada la espesura de sus numerosos bosques- se precipitaron sobre los carruajes que marchaban en último lugar y sobre los que protegían el grueso del ejército cubriendo la retaguardia y los arrojaron al fondo del valle. Una vez entablado el combate, mataron a todos sin excepción y, después de saquear los bagajes, se dispersaron con gran rapidez al amparo de la noche que ya empezaba a caer. En este caso favorecía a los vascones la ligereza de su armamento y la disposición del terreno en el que la batalla tuvo lugar; a los francos, por el contrario, la pesadez de su armamento y la irregularidad del terreno los dejó en situación de total inferioridad frente a los vascones. En esta batalla hallaron la muerte, entre otros muchos, el senescal Egihardo, el conde de palacio Anselmo y Roldan, prefecto de la marca de Bretaña. Y ni siquiera se pudo vengar de inmediato este revés porque el enemigo, al acabar el combate, se dispersó tan rápidamente que no quedó indicio alguno de dónde se le podía buscar".
Eginardo. Vida de Carlomagno.

Del mismo modo que los asturianos tienen Covadonga, los navarros tienen Roncesvalles. Los vascones para defender su independencia dieron a Carlomagno una lección que tardaría en olvidar.

Prólogo en Alemania.
En el año 777 los musulmanes del Valle del Ebro mandaron una embajada a Carlomagno encabezada por el valí Sulayman al – Arabí. El encuentro se produjo en Paderborn. Por aquella época el rey de los Francos presumía de una trayectoria victoriosa en sus guerras contra sajones, lombardos y gascones, de manera que Sulayman al – Arabí pensaba que era el aliado ideal para enfrentarse al emir cordobés Abderramán I. Como recompensa el embajador musulmán ofrece a Carlomagno un suculento presente, la ciudad de Zaragoza.

Una campaña estival.
Carlomagno decide inmiscuirse en los territorios transpirenaicos y de paso desplazar sus frontera más hacia el sur, para ello organiza una expedición al valle del Ebro. Esta maniobra se corresponde con la típica campaña estival que solían emprender los reyes francos.

El futuro emperador reúne un heterogéneo ejército formado por lombardos, francos, burgundios y frisones, y emprende la marcha. Las tropas serán divididas en dos cuerpos de ejército, que atravesarán la cordillera pirenaica por dos lugares diferentes, para en un movimiento de tenaza, converger en Zaragoza. Uno de ellos, dirigido por el duque de Tolosa, atravesó los Pirineos por Gerona, para llegar a Zaragoza vía Barcelona. El otro, encabezado por el propio emperador, cruzó la cordillera por Roncesvalles y Pamplona. La ruta que siguió Carlomagno es posible que se corresponda con el itinerario que utilizaban los peregrinos jacobeos al cruzar los Pirineos.

“El rey Carlos, nuestro emperador, el Grande, siete años enteros permaneció en España: hasta el mar conquistó la altiva tierra. Ni un solo castillo le resiste ya, ni queda por forzar muralla, ni ciudad, salvo Zaragoza, que está en una montaña. La tiene el rey Marsil, que a Dios no quiere. Sirve a Mahoma y le reza a Apolo. No podrá remediarlo: lo alcanzará el infortunio”.
Cantar de Roldán.

Carlomagno se presentó ante las murallas de Zaragoza con la intención de tomar posesión de la ciudad, pero el valí Marsil, se negó a dejarlo pasar. Carlos encolerizado puso sitio a la plaza. Los francos se estrellaban una y otra vez contra la vieja muralla romana. Y así transcurrió un largo mes.

Casus belli.
El tiempo corría a favor de Zaragoza, el verano se iba acabando y pronto los pasos pirenaicos estarían intransitables. No quedaba más remedio que levantar el sitio y regresar a casa. El proyecto de Carlomagno de establecer la frontera al sur de los Pirineos había fracasado.

Ofuscado, y para liberar tensión entre sus hombres, en la retirada ataca Pamplona y destruye sus murallas, para doblegar su voluntad y poner fin a la oposición de los vascones. Buscaba una victoria para subir la moral y volver a casa con algo en los bolsillos. Los deseos de venganza no tardarían en ser satisfechos.


Emboscada.
El 14 de agosto el ejército franco, esta vez en un sólo cuerpo, acampó a los pies de los Pirineos, en un algún lugar amplio y llano, última barrera entre este tierra inhóspita y el hogar.


 El grueso del ejército madrugó para encarar los terribles puertos por la mañana temprano. La retaguardia iniciaría la marcha bien entrado el medio día.

Trescientos vascones esperaron pacientemente emboscados en el bosque la llegada de la retaguardia que estaría compuesta por unos mil hombres. Los vascones tenían experiencia militar suficiente y supieron sacar ventaja del conocimiento el terreno. Una andanada de piedras y dardos sirvió para desorganizar el ejército, cuyos hombres acumulaban cansancio tras varias horas de marcha por la montaña. Un ejército que había conquistado media Europa, pero que llegó fatigado a la cumbre, fue completamente aniquilado en poco tiempo.


Los Annales Regii escritos en el 801 es la fuente más antigua que tenemos sobre la batalla: "En el somo del desfiladero, los vascones, emboscados en las alturas, atacaron al ejército en tumulto. Aunque los francos eran manifiestamente superiores a los vascos en armas y en valor, fueron dominados por ellos a causa del carácter desigual de las posiciones y de la manera también desigual de combatir. La mayor parte de los capos [altos oficiales] de palacio, a los cuales había dado el rey el mando de sus tropas, perecieron en esta acción; fueron robados los equipajes, y el enemigo, favorecido por el conocimiento que tenía del lugar, se dispersó de inmediato".



A partir de aquí la bruma del tiempo cubrió lo sucedido, no existe documento que señale el lugar de la batalla, la tradición oral se convirtió en cantar de gesta (donde los vascones mutaron en sarracenos) y de boca a boca Roncesvalles fue celebrada como la batalla más famosa de toda la Edad Media. Aunque para ser justos, la importancia del Cantar de Roldán es infinitamente superior a la batalla en sí.




Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...