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miércoles, 16 de mayo de 2018

IMPERIO ACADIO.



Los nómadas semitas pululaban por las tierras meridionales de Mesopotamia, y en sucesivas oleadas se van asentando en el territorio sumerio, infiltrándose en los grupos de poder de sus ciudades-estado.


Sargón I, de oscuro linaje (adornado por la literatura y la leyenda), destronó al rey de Kish y fundó su propia capital, Acad. Desde allí llevó a cabo una gran extensión territorial, conquistando Sumer y organizando el primer imperio territorial de la historia del Próximo Oriente. Aunque más que un imperio propiamente dicho, se trataba de un poder centralizado.


A Sargón el Grande le sucedieron reyes como Rimush, Manishtu, y con Naram-Sin, el imperio acadio conoce su mayor expansión. Pero también comenzó su vertiginoso declive.

La base del Imperio Acadio era una estructura fundamentada en una intensa actividad comercial. La figura principal era el rey, que consigue hacerse hereditario, señor de todos los territorios y al que en ocasiones se le rendía culto.

Existía una separación clara entre palacio y templo, contaba con un importante número de funcionarios, que en general pertenecían a la familia real. Las mujeres de la casa real eran nombradas sacerdotisas.


Los acadios comenzaron a utilizar los signos cuneiformes sumerios para escribir su lengua semita. Además tomaron y adaptaron diferentes divinidades summerias, como Ishtar, Gilgamesh... eso sí, con mayores recursos literarios. No obstante con el transcurrir del tiempo se va a producir una fusión cultural sumerio-acadia.


La mayor aportación acadia es el superar el ámbito de la ciudad-estado sumeria, impulsarán la conquista y la integración territorial centralizada en su capital, Acad.

Los Gutis, “dragones de la montaña”.
La desintegración del Imperio Acadio, bajo el reinado de Sharkalisharri, permitió el triunfo de algunos pueblos periféricos, como el caso de los guti (qutu o gudeos). Los guti van a descender desde los Zagros, posiblmente al principio como mercenarios de los acadios, a los que terminarán destruyendo. No conocían la agricultura, se dedican al pastoreo y hacia el 2150 a.C. fundan dinastías en Acad y muy pronto fueron asimilados por la superior cultura sumerio-acadia.

viernes, 4 de marzo de 2016

NARAM SIN



Un casco con cuernos sobre la cabeza, símbolo de su divinización y una pirámide de hombres vencidos bajo sus pies, es la forma en que está representado Naram Sin en la famosa estela conservada en el parisino museo de Louvre, que conmemora la victoria sobre el pueblo de los lullubi.


Nieto del legendario Sargón, Naram Sin representa el momento de mayor esplendor del Imperio Acadio, pues recoge el testigo del fundador del primer imperio mesopotámico, logrando dotar a la monarquía de mayor prestigio y llevando a su pueblo al grado desarrollo más alto de su breve historia. Este soberano continuó con la expansión militar, alcanzando cotas nunca logradas antes, en un estado constante de guerra, el soberano acadio conquistó las regiones de Subartu y el País Alto en la zona del Tauro y los Zagros del Norte, anexionando además Ebla.


En la estela citada se representa a Naram Sin vistiendo los atributos que lo identifican con el poder terrenal y el divino. Las hazañas que protagonizó en vida este rey, hicieron que fuese divinizado a su muerte, por los miembros de su comunidad. El rey comienza a ser concebido como un ser cuasi divino, elevándose por encima del resto de la población, como podemos observar en la estela.


lunes, 10 de diciembre de 2012

LOS SUMERIOS

VIDA Y COLOR 2
(Colección de Cromos de 1968)

Mesopotamia, es decir, " el país entre ríos" (Tigris y Éufrates), tuvo desde la prehistoria una población de agricultores sedentarios que habitaban en las llanuras aluviales, de suelo fértil fácilmente irrigable. Hacia el año 3.500 a.C. se produjo la invasión de estas tierras por una oleada de gentes de origen incierto: los sumerios. 
 El prototipo de ciudad sumeria fue Lagash, cuya organización conocemos a través de numerosos textos y cuyos vestigios han sido descubiertos por los arqueólogos.  
Casi todas las ciudades, o por lo menos las más importantes, veneraban a un dios propio del que eran servidores directos los sacerdotes que vivían en el templo. Algunas divinidades sumerias adquirieron, sin embargo, una fama mayor de la habitual y su culto se extendió a todo el país; entre éstas las más importantes fueron Anu, señor del cielo, e Innana, diosa de la fecundidad, ambos originarios de la ciudad de Uruk, Enlil, dios del universo adorado en Nippur cuyos símbolos - el sol y la luna creciente - vemos en esta lámina, y Enki, dios de las aguas al que estaba consagrada la ciudad de Eridú. 
 A través de las obras de arte - relieves y esculturas exentas - que se han conservado hasta nuestros días sabemos cual fue el aspecto físico de los sumerios. 
 En nuestro grabado aparece el retrato de una mujer sumeria. Su rostro es muy parecido a los que podemos encontrar hoy en las calles de Bagdad o en las aldeas iraquíes. 
 La supremacía de los semitas de Acad se mantuvo durante un siglo y medio a costa de constantes luchas con pueblos bárbaros de oscura procedencia que trataban de forzar la entrada del país. El monarca Narm-Sin fue capaz de mantenerlos a raya.
El clima caluroso de Mesopotamia determinó que los sumerios desarrollaran al aire libre casi todas sus actividades
Diversos campesinos atareados en la labor de aplanar, pisoteándolas, las esteras destinadas a formar la techumbre de la cabaña que aparece en último término. 
 A comienzos del tercer milenio apareció en Mesopotamia un rudimentario sistema de escritura que venía a satisfacer las necesidades comerciales de estas sociedades. 
 Durante la época de florecimiento de las ciudades mesopotámicas se produjeron reproducciones humanas o de animales que hoy, cinco mil años después de que fueran talladas, nos parecen de una asombrosa modernidad.
 La fauna de Mesopotamia estuvo compuesta por numerosas variedades de animales salvajes. Los artistas de Sumer reprodujeron muchas de ellas en sus obras: leones, águilas, buitres, toros salvajes, muflones, cabras montesas. . . Pero en los relieves de piedra no figuró jamás la representación de la hiena, animal que recorría la llanura atraído por el dolor de la carroña. Sin duda, a los sumerios no les agradó este carnívoro de costumbres nocturnas y aullido que remeda la risa humana; tampoco su figura grotesca - tiene las patas traserass más cortas que las delanteras - y su andar desgarbado fueron lo suficientemente atractivos como para que los artistas plasmaran su imagen. Tras los combates mantenidos por el ejército acadio con los pueblos bárbaros que habitaban las fronteras del país, los campos de batalla se convirtieron en punto de reunión de innumerables manadas de hienas que se disputaban ferozmente los cadáveres. Por esta razón, el pacífico campesino sumerio identificó a dichos animales con los malos espíritus.        

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