Cuenta la leyenda que Alíatar desvió el curso del río Órbigo para que pasase bajo la ventana de su bella amada Zaída.
Tras
la muerte de Almanzor y el inevitable desmoronamiento del Califato,
fueron muchos los mozárabes que emigraron a tierras de León. Dos de
ellos fueron Zaída y Alíatar.
Zaída
era una delicada belleza que procedía de los Cármenes granadinos,
prototipo y arquetipo, de la hermosa mujer andalusí. Tal era su
belleza, que el lugar que habitaba, en su honor, llegó a denominarse
Villazaida (Villazala). Una mañana, el apuesto Alíatar cabalgaba a
través de la Vega del Órbigo y sus ojos se encontraron con Zaída.
Su pecho desbocado sabía haber encontrado a la mujer de sus sueños.
Una
vez hecha (manifestada) la pertinente declaración de amor, una
impasible y altiva Zaída contestó a Alíatar: “Sólo
corresponderé a esta locura, cuando las aguas del río Órbigo pasen
junto a mi ventana”.
Un
voluntarioso (y enamorado) Alíatar regresó a su casa y solicitó
consejo a su querido padre. Pronto se pusieron manos a la obra, se
consultó a los expertos, acudió al lugar un importante número de
trabajadores, y muchos vecinos prestaron, con desinterés, su ayuda y
esfuerzo, para construir la que iba a llamarse Presa Cerrajera.
La orgullosa (y en silencio enamorada) Zaída vivió este tiempo entre la ilusión, la obstinación y la desesperanza, hasta que un día asomó la cabeza por la ventana y delante de sus ojos, discurrían mansas, las aguas del Órbigo.
Alíatar
y Zaída contrajeron matrimonio, entre el jolgorio y regocijo de
todos los habitantes de la zona, pues el amor, y sobre todo, el agua,
habían transformado un estéril erial, en unas ricas y productivas
tierras. (Siglo XI).
Las primeras
noticias fidedignas sobre su construcción son de 1315. Más allá de
San Martín del Camino, la Presa Cerrajera, se cruza, con la Ruta
Jacobea.
