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viernes, 28 de noviembre de 2025

TODOS CONTRA EL TURCO

 


 

Todos contra el turco. Siglo XV la Media Luna amenaza con engullir toda Europa. En este contexto surgirán una serie de caudillos guerreros dispuestos a vender cara la derrota.

  


La Media Luna avanza por Europa, las tropas del sultán destrozan a cuántos ejércitos le salen al paso. En 1389 en las llanuras de Kosovo Polje tiene lugar la madre de todas las batallas. Sus ecos aún siguen resonando en los oídos de serbios y albaneses. 

 


Las cruzadas han finalizado y la Cristiandad Occidental ha dejado abandonado a sus hermanos de Oriente. La Guerra de los Cien Años (1337 - 1453) es la prioridad y consume todos los recursos.



Lo que sucede más allá del Danubio no interesa en las cortes de Inglaterra, Francia, Borgoña, Flandes, Aragón y Castilla. 

 


Boudicca, Arminio, Viriato, Decebalo o Vercingétorix, se enfrentaron a las legiones romanas, el imperialismo feroz y militarista acabó imponiéndose y dominando todas las tierras bañadas por el mar Mediterráneo. Catorce siglos después otro imperio trató de hacer lo mismo. 



Hungría intentó organizar la lucha, pero nunca estuvo cerca de detener la imparable tempestad que venía de Oriente.  El comandante transilvano Hunyadi Janos - Iancu de Hunedoara - y su hijo Matías, que llegó a convertirse en rey de Hungría.

 





 

Hungría, Valaquia, Moldavia y caballeros albaneses, Hunyadi, Vlad III, Stefan cel Mare y Skanderbeg, cada uno utilizando una estrategia diferente, fueron duros rivales para el sultán de la Sublime Puerta.

 


Nunca se firmó un frente común frente a los otomanos. Las ciudades estado griegas pudieron rechazar al numeroso, pero poco cohesionado, ejército persa. Los reinos y principados cristianos no tuvieron más remedio que aceptar la presencia otomana en sus tierras.

 


De las mismas tierras rumanas, la antigua Dacia, el rey Decebalo, corazón valeroso de los Carpatos, hizo frente con todo lo que tenía frente a las legiones de Trajano. En el siglo XV la historia se repetía con otros actores.

 



Francis Ford Coppola se inspiró en al voivoda valaco Vlad III para el maravilloso prólogo de su versión de Drácula (1992). 

 





Todo el mundo conoce a Vlad el Empalador, pero hubo generales más capaces y que consiguieron mayores éxitos militares frente a las tropas turcas, el comandante transilvano Janos Hunyadi, el albanés Skanderbeg o el voivoda de Moldavia, Stefan cel Mare.

jueves, 14 de diciembre de 2023

VENECIA DUEÑA DEL MAR ADRIÁTICO.




Conjurado el peligro normando, y desaparecido Zvonimir I, rey de Croacia y Dalmacia, en 1089, el dux veneciano recibe (con la aprobación del basileus bizantino) el título de Duque de Dalmacia y de Croacia. Asegurando el control de la costa dálmata, la República prolongó su dominio más al sur, concretamente hasta Durres. Este es el origen de la ulterior denominación de estas tierras, Albania Veneciana. Dueña del extremo occidental de la Vía Egnatia, Venecia podía explotar a conciencia, todas las ventajas comerciales que ofrecía el enclave. Siendo la dueña del Adriático, pronto aspiraría a ampliar su campo de acción.

miércoles, 8 de noviembre de 2023

TALASOCRACIA VENECIANA

 


En la lejana, y prácticamente desconocida Edad del Bronce, el pueblo minoico, cuyo exquisito gusto por el arte aún es visible en las magníficas escenas con delfines, pintadas al fresco en los muros de sus palacios, dominaron el mar Egeo y sus inmediaciones. Más tarde, los osados fenicios no dejaron ningún punto del mediterráneo sin visitar. En el extremo más occidental de su mundo conocido fundaron la que es considerada la ciudad más antigua de todo el Occidente, Gadir. A la talasocracia minoica y fenicia, sucedieron atenienses y romanos que convirtieron el mar Mediterráneo en un enorme, dinámico y lucrativo mercado. En la Edad Media las Repúblicas Marineras Italianas, a las que habría que sumar la República de Ragusa, y las ciudades comerciales de la Corona de Aragón (Barcelona y Valencia), pugnaron por controlar las rutas comerciales y dominar los mecados. Los notables de la Serenissima organizaron toda una serie de instituciones que tenían como única finalidad controlar ese comercio incrementando constantemente el margen de beneficios. El Estado, la política y las leyes al servicio de la economía. Tratados comerciales, guerras de conquista, operaciones financieras, alianzas y pactos provechosos, los habitantes de la Laguna convirtieron el Adriático en un mar veneciano. Si abandonamos la tranquilidad de las islas y avanzamos por la soleada costa croata, podemos empaparnos de la influencia véneta en la región; Zadar, Sibenik, Split o Dubrovnik, tienen una innegable impronta veneciana, sensación que se prolonga hacia el sur, continuando nuestro viaje por Montenegro y Albania; Perast, Kotor, Sködra . . .


sábado, 9 de mayo de 2020

1448. SEGUNDA BATALLA DE KOSOVO.




El comandante transilvano Iancu de Hunedoara (Janos Hunyaid en lengua magiar), voivoda de Transilvania, regente del Reino de Hungría (por la minoría de edad de Ladislao el Póstumo) y auténtico señor de la guerra, estaba convencido de poder derrotar a los turcos, y si no expulsarlos de Europa, al menos detener su avance (que parecía imparable). Y no cejó en el empeño, aunque nunca se acercó a ese ambicioso objetivo. Eso sí, guerreando en territorio enemigo, conseguía (a duras penas) mantenerlo alejado de las tierras húngaras. Al éxito en su campaña larga (1443) sucedió el desastre de la cruzada de Varna (1444). Cuatro años depués levantó un nuevo ejército y marchó al encuentro del turco. 


Janos Hunyadi estuvo un par de años planeando esta batalla, en virtud de lo aprendido en otros enfrentamientos contra los otomanos, los preparativos fueron meticulosos. Murad II, que se encontraba combatiendo en Albania, sabiendo de las intenciones del húngaro, se replegó hacia Sofía y comenzó a reorganizar sus fuerzas, muy superiores a las que podría juntar el paladín transilvano. 

Hunyadi fue secundado por dos hábiles comandantes, sus cuñados Johan von Székely y Michael von Szilágyi. Janos estaba casado con Isabel, la hermana de Michael. Hunyadi se había empapado del arte de la guerra, aprendió en Milán, a las órdenes de Filippo Visconti, la forma de combatir de los condotieros y adoptó algunas tácticas utilizadas por los husitoas, que observó cuando los combatía. En definitiva, un auténtico compendio de las innovaciones bélicas introducidas en Europa durante la Baja Edad Media. De sus encuentros anteriores con los otomanos aprendió que es mejor no atacar alocadamente, y que romper el frente que formaban los jenízaros era una tarea muy, muy complicada. 


El ejército de Hunyadi. El ejército reunido por Hunyadi combinaba la tradición feudal de las levas nobiliarias con la contratación de mercenarios especialistas en el oficio de la guerra (mientras escribo esto no puedo dejar de pensar en la película los Señores del Acero – Flesh and Blood, del maestro Paul Verhoven): 

♠ 10.000 hombres reclutado de los territorios de Michael von Szilágyi y Johan von Székely. 

♠ 8.000 valacos que eran comandados por su voivoda Vladislav II. Janos Hunyadi le ayudó a sentarse en el trono de Valaquia, asesinando para ello a su anterior ocupante, Vlad II, y a su hijo Mircea. 

♠ Mercenarios alemanes e italianos, veteranos de mil batallas, experimentados arcabuceros para tratar de debilitar la defensa jenízara y carros de combate bohemios, como los utilizados por los husitas. Hablamos de una cifra que rondaría los 10.000 infantes, dispuestos a batirse el cobre con los temibles jenízaros turcos. 

♠ Finalmente otros 4.000 hombres de la facción noble de Hunyadi. 

Total: 32. 000 soldados dispuestos a todo, preparados para cruzar media Europa y enfrentarse, en su propio terreno, a la máquina militar mejor engrasada el momento. 

Ni el recién nombrado papa Nicolás V, ni los (supuestos) aliados occidentales, mostraron interés alguno. De nuevo Hungría se encontraba sola ante el peligro. ¿Sola?. No, en la montañosa Albania, Skanderbeg mantenía a raya a todos los ejércitos otomanos que ponían pie en su país. Si fuera posible unir fuerzas y presentar un frente sólido de batalla, se podría romper el equilibrio de poder en favor de Hungría. 

Septiembre. 
Hunyadi, acompañado de sus cuñados, del príncipe valaco Vladislao II y de sus propias tropas, cruzó el río Danubio en el mes de Septiembre, a la altura de Cuvin (Keve) frente a Smederevo, y ya en tierras de Serbia se dirigió a Durad Brankovic para que tomase parte de la campaña militar. El déspota serbio, antiguo aliado del húngaro, había decidido orientar su política hacia Oriente, entregando incluso a su hija Mara, cmmo esposa del sultán Murad II , contentestó negativamente a Hunyadi, argumentando que: “un ejército tan débil no podía medirse con los turcos, y él temía más a Murad que a los húngaros”. La negativa de Brankovic transformó a un posible aliado en un enemigo, que además quedaría a la espalda del ejército húngaro una vez que reemprendiese la marcha. Nunca es aconsejable dejar a un enemigo vigilando tu retaguardia. 

Oportunidad. 
Mientras el ejército húngaro se dirigía a Levante, un joven Vlad (hijo del difunto Vlad II, príncipe de Valaquia) cabalga en sentido contrario, hacia Valaquia, acompañado por un pequeño destacamento de caballería ligera otomana (los certeros akindchis) proporcionada por Murad II, y aprovechará la ausencia del príncipe titular (Vladislao II) para ocupar el trono del Principado de Valaquia. Esta fue la primera ocasión en que el famoso Vlad III el Empalador, fue voivoda de Valaquia, aunque este primer reinado duró apenas un mes. De regreso a Valaquia, Vladislao II no tuvo excesivos problemas en recuperar el poder. No sería la última vez que se verían las caras. 

Un carta. 
Hunyadi marchó hacia Nis, tal como hiciera en 1443 durante la Campaña Larga, pero en lugar de dirigirse hacia Sofía (donde aguardaba el sultán) se encaminó al sudoeste, hacia Albania, para unir sus fuerzas con las de Skanderbeg. Juntos podrían derrotar al ejército otomano. El bien informado Murad II ordenó el avance a marchas forzadas, y a mediados del mes de octubre, se posicionó a espaldas de los húngaros en el Campo de los Mirlos (Kosovo Polje) el escenario de la legendaria Batalla de Kosovo de 1389. El plan de Hunyadi habría fracaso, en un movimiento inteligente, Murad había conseguido interceptar al ejército húngaro antes de que pusiese entrar en contacto con los albaneses de Skanderbeg. Muchos historiadores húngaros siguen culpando a Durad Brankovic de desvelar al sultán los planes de Janos. Pero Janos Hunyadi no había llegado hasta aquí para marcharse sin luchar, así que decidió jugar las cartas que tenía en su mazo. 

El gobernador [Hunyadi] se estableció con su fuerza de choque en el Campo de Kosovo y, advirtiendo que el poder y la fuerza del sultán eran mayores, les escribió la siguiente carta: Sultán, no tengo tantos hombres como tú, pero, a pesar de tener pocos, sé que son buenos, rectos, leales y valientes. El sultán respondió a Janko: Janko, prefiero una aljaba llena de flechas ordinarias que seis o siete de oro. 
Memorien eines Janitscharen 
(Memorias de un jenízaro) 

Disposición. 
Ambos ejércitos se desplegaron de forma similar. En el año 1448 Janos Hunyadi era un militar experimentado que había combatido en varios frentes y contra enemigos muy diferentes. De los husitas adoptó sus carros o vagones de guerra, y de choques anteriores contra los turcos había aprendido la importancia de mantener la posición, de contar con un mando centralizado y de no lanzar ataques a lo loco. En una colina que dominaba el terreno colocó sus carros de combate (configurando una pequeña fortaleza), y a sus pies apostó el grueso de sus tropas, con la caballería cubriendo los flancos. Parte de la caballería pesada (germen de los húsares que se hicieron famosos en los campos de batalla europeos de la Edad Moderna) formó como reserva de ataque. El ejército otomano, que duplicaba las tropas húngaras, mantuvo su habitual despliegue, con los jenízaros (infantería) en el centro y los sipahis (caballería) en los flancos. Los turcos también habían aprendido mucho de la forma de combatir de los húngaros, y a los vagones husitas opusieron un tinglado a base de planchas de madera y carros, defendidos por los jenízaros. Encastillados en sus barricas eran invencibles.

La Segunda Batalla de Kosovo duró tres días en los que ningún ejército quiso arriesgarse a perder sus posiciones. Tres largos días manteniendo las posiciones. Un intento de estabilizar un frente compacto y consolidado de combate. La misma táctica que sembró de muertos Europa durante la Primera Guerra Mundial. 

Día 1. Los disciplinados, y bien entrenados, jenízaros, rechazaron todos los ataques enviados por Hunyadi, y no se dejaron atraer fuera de la sólida formación defensiva que habían preparado. Durante la noche los húngaros lanzaron un ataque contra el campamento turco que acabó en fracaso. Posiciones defensivas, equilibrio de proyectiles y flechas de uno y otro bando. No obstante, el bando húngaro parecía comenzar a desangrarse. 

Día 2. Lucha de posiciones. Empate técnico a primeras horas de la mañana, pero Hunyadi debía tomar una decisión para romper ese empate táctico. Además los akindchis (caballería ligera) había cortado las líneas de abastecimiento y los soldados húngaros comenzaban a sufrir las consecuencias en sus propias carnes. Un certero y masivo ataque desbarató el ala derecha otomana, y acto seguido lanzó a la caballería pesada contra los jenízaros. Ni por esas. Nuevamente se estrelló contra un sólido muro. Al caer la tarde, los apesadumbrados húngaros se retiraron a los carros. Habían caído 15.000 soldados, el desánimo se apoderó de los supervivientes. 

Día 3. Durante la noche las tropas valacas, con su voivoda al frente, decidan abandonar el campo de batalla. ¿Fué esta la clave de la derrota?. Lo dudamos, el ejército se encontraba aislado de su lineas de suministros y había sufrido muchas bajas. Nuevamente el sultán había ganado la partida al transilvano. Lo que quedaba del ejército huyó (a duras penas) hacia la frontera, aunque únicamente unos pocos consiguieron salvar la vida. 

Esta derrota marca el final de la política húngara en los Balcanes. Los otomanos tenían el camino libre hacia el Corazón de Europa, aunque aún les quedaba un importante escollo que superar, la conquista de Constantinopla, que se defendía como gato panza arriba. El comandante Janos Hunyadi también sufrió en sus propias carnes la consecuencias de la derrota, buena parte de sus aliados entre la nobleza, habían caído en Kosovo. De regreso a casa Hunyadi fue retenido por Durad Brankovic, que sólo consintió devolverle la libertad después de cobrar un cuantioso rescate y al año siguiente – 1449 – se le retiró el cargo de voivoda de Transilvania, aunque siguió siendo regente del reino. Kosovo fue la última gran victoria del sultán Murad II que fallecía en 1451 (sin poder conquistar Albania).

sábado, 4 de enero de 2020

PRINCESA ARGJIRO.




Todas las guerras tienen episodios trágicos, que con el paso de los siglos se convierten en legendarios. La Princes Argjiro es una figura legendaria de la mitología albanesa. Hasta el reputado literato Ismael Kadaré escribió un poema basado en ella en los años '60.

De acuerdo con el historiador y etnógrafo, Fotaq Andrea, la legendaria figura vivió en el siglo XV, en el castillo de Gjirokastra, cuando los pérfidos otomanos lo estaban asediando. La princesa – que según algunas voces estaba al mando de la fortaleza- perdida toda esperanza, decidió arrojarse al vació con su hijo pequeño en brazos, prefirió liberarse mediante la muerte antes que vivir una vida como esclava del sultán.Y la piedra se tiñó de sangre, pero sangre libre, que había sido capaz de elegir el momento de abandonar este valle de lágrimas.

La tierra se llenó de historias escritas en el tiempo por aquellos hombres y mujeres que no se atrevieron a protagonizarlas. Escribieron sobre la vida de los otros, como hago yo ahora. Cuando el azote de la guerra golpea con violencia, la gente normal tiene que buscar elementos para la evasión y motivos para querer seguir adelante, levantarse del barro, alzarse, agarrar la vida con fuerza y estar presto para sobrevivir. Las leyendas suelen ser un bálsamo muy útil en estos casos.


sábado, 7 de diciembre de 2019

PALADÍN GUNDULIC.





En el siglo XV el Mediterráneo Oriental era un hervidero, con Repúblicas de comerciantes buscando constantemente nuevos mercados, al tiempo que los turcos otomanos proyectaban el dominio absoluto de las tierras bañadas por el Mare Nostrum. Paladín Gundulic, Paladino Góndola en italiano, fue uno de los hombres que se movió por el mundo de estos tiempos. 

Paladín Gundulic fue un notable comerciante y diplomático de la República de Ragusa (Dubrovnik). Su familia era de origen italiano – Lucca – y se asentó en la ciudad del Adriático hacia el año 930. Gondola suministraba a Dubrovnik cereales del sur de Italia y Sicilia, gracias a los privilegios que le otorgaron los monarcas napolitanos. 

A lo largo de su vida protagonizó numerosas misiones diplomáticas. En una ocasión escoltó a Erik de Pomerania, gobernante de la Unión Kalmar que regresaba de Tierra Santa y pasó por Dubrovnik. La ciudad equipó una galera y le concedió una escolta, puesta bajo el mando de Gundulic. 

En 1433 el gobierno de la República de Ragusa envió una comitiva encabezada por Gundulic, a felicitar al déspota serbio Brankovic, por el matrimonio de su hija Mara con el sultán Murad II. De paso pidió ayuda al serbio para tratar con el soberano otomano. Más tarde fue nombrado como uno de los supervisores de las obras para el suministro de agua de Dubrovnik. 

Paladin Gundulic se fue ganando la confianza del rey de Nápoles Fernando I (Ferrante I), que lo contrató para mantener una conexión permanente con el señor de la guerra albanés, Skanderbeg.


jueves, 18 de julio de 2019

ALBANESES.




Los albaneses, descendientes de los ilirios que llegaron a los Balcanes en la Antigüedad, tenían un rica tradición cultural, un importante legado histórico y una de las escasas lenguas no eslavas de la región. Skerdilaidas de Albania, ayudó al rey ilirio Agrón II, ejerciendo el corso de la costa adriática. Su nombre recuerda al de otro héroe del pueblo albanés, Skanderbeg.

Albania fue colonizada por los griegos, conquistada por los romanas e incluida en la provincia de Iliria. Más tarde fue sucesivamente invadida por búlgaros, eslavos, normandos, venecianos e incluso navarros. A finales de la Edad Media el imperio otomano sometió todo el país, que no logró su independencia hasta 1913.

domingo, 4 de noviembre de 2018

NORA DE KELMENDI.




Nora de Kelmendi es una fascinante figura del folklore albanés, más literaria que histórica. Una heroína popular, que la tradición oral ha convertido en leyenda, protagonista de cuentos y hazañas transmitidas de generación en generación al calor de la lumbre.

Nora de Kelmendi, famosa por su inteligencia y valentía, dos virtudes superiores admiradas por todos, es conocida también como Helena de Albania, su hermosura provocó una guerra, o la Brunilda Albanesa, la guerrera más grande de la historia del país. A mí me recuerda a la Judiht del Antiguo Testamento.

La vida de Nora transcurre en el siglo XVII, en las montañas albanesas de la región Malësi e Madhe, una época en que el país entero estaba sometido al Imperio Otomano. Eran tiempos difíciles para el pueblo albanés. El padre de Nora, que pertenecía a la tribu Kelmendi, una familia que profesaba la religión católica, deseaba un hijo para convertirlo en guerrero y expulsar a los turcos. Cuando Nora nació, decepcionado, la abandonó en un lúgubre hospicio.

La tía de Nora la adoptó y la crió como si fuese un niño. Cuando los músculos de la niña ya estaban preparados, la entregó a su padre. El padre de Nora la entrenó en el arte de la guerra creyendo que se trataba de su sobrino.

Mas a medida que Nora crecía, se iba convirtiendo en una hermosa mujer, cuya belleza era comparable a las Zanas, las hadas del bosque en el folklore albanés. La fama de Nora y de su radiante belleza llegó a oídos del bajá otomano, un bosnio llamado Vutsi Pashá, que residía en la fortaleza de Skodra. Cuando el bajá por fin pudo conocer a la joven, se enamoró de ellá nada más verla.

Convencido de su poder y atractivo, el bajá pidió la mano de Nora. A la proposición de la boda la familia respondió que su kanon de leyes, impedia un matrimonio con un no albanés. El bajá montó en cólera, reunió su ejército y se dirigió a la aldea de Nora, jurando que la reduciría a cenizas, y arrasaría toda la región, si la chica no aceptaba su propuesta de matrimonio.

Nora, que era una mujer valiente e inteligente, rápidamente pergeñó un plan para solucionar, de una vez y para siempre, el problema con el bajá otomano. Y como la mayoría de los cuentos, éste tiene dos versiones.

Según una versión, Nora simuló aceptar el matrimonio, vistió sus mejores galas y se dirigió a la tienda del bajá. El hombre emocionado no tardó en despedir a su guardia personal, y ya en la intimidad de la noche, Norá le asesta una puñalada en el costado. El cuerpo del bajá comenzó a sangrar y en ese preciso instante, el pequeño ejército albanés se lanza contra el campamento enemigo, poniendo en fuga a los sitiadores.

La otra vesión muestra la faceta más agresiva de la heroína. Nora nunca agacha la cabeza, ni acude a la tienda del bajá, sino que cuando se produce el ataque otomano, espada en mano, dirige una hueste de trescientas mujeres, y planta cara al ejército atacante. En un momento de la batalla se produce un duelo singular en el que Nora da muerte al Pashá.

La leyenda parece tener una base real en la obstinada resistencia que los moradores de las montañas de Albania opusieron a los otomanos. En esas refriegas y escaramuzas no era extraño encontrar a mujeres combatiendo al ejército invasor.

Te cuenten la versión que te cuenten, la historia termina siempre con Nora dando muerte a Vutsi pashá y liberando a su gente de la crueldad del guerrero. Nora de Kelmendi es especialmente recordada por su determinación y coraje, y en los últimos tiempos se figura se ha recuperado como un símbolo del feminismo en su lucha justa contra el patriarcado tradicional y dominante.


martes, 16 de octubre de 2018

PRINCIPADO DE ZETA.





La República de Montenegro, uno de los países más jóvenes de Europa, enclavado entre las montañas y el bellísimo mar Adriático, hunde sus raíces históricas en un pequeño estado medieval: el Prinpado de Zeta. 

El nombre montenegrino Crna Gora, documentado por primera vez en 1296 en una carta de un monasterio, se traduce literalmente al español como “montaña negra” debido al color oscuro de las masas boscosas que tapizan las cumbres de los Alpes Dináricos, vistos desde el mar Adriático. 

Tras la desaparición del poder romano, la región estuvo habitada por ilirios, ávaros, bizantinos y tribus eslavas de diferente procedencia, formando una auténtica mezcla étnicocultural. Las tribus eslavas en el siglo X formaron un principado independiente, Doclea – Duklja – cuyas ruinas se localizan cerca de Podgorica. La independencia de este principado la reconoció el papa Gregorio VII en 1077. Sin embargo todo este territorio fue anexionado en 1186 por Stefan Nemanja, gran príncipe de Serbia. 

La zona litoral, muy diferente al interior montañoso, y más abierta al comercio y a las corrientes culturales externas, cayó bajo el control (más o menos directo) de la República de Venecia, que conformó en esta región una especie de provincia que agrupaba a varias ciudades y puertos comerciales: la Albania Veneciana. 

El principado se formó por influencia serbia y la conversión de la población a la iglesia ortodoxa. Zeta vivía en una situación de semi autonomía con respecto a los serbios, aunque hubo de esperar hasta la muerte del zar Esteban Dusan (Esteba Uros IV Dusan) para conquistar su independencia absoluta. 


Sería la dinastía local de los Balsha los que afirmaron la total autonomía del principado de Zeta a partir del año 1356, con Balsha I como fundador. Además de afirmar su independencia frente a Serbia los dinastas balsha tuvieron que enfrentarse al creciente poder otomano en la zona. La familia Balsha fue desplazada del poder por la familia Crnojevic, que se vieron involucrados en las guerras entre albaneses y otomanos.

Durante varios siglos, Montenegro, como Principado de Zeta, fue gobernado por sucesivas dinastías, y su territorio sometido a potencias extranjeras o poderes locales, incluído el obispado, obteniendo su independencia en el Congreso de Berlín de 1878, convirtiéndose, además, en reino.

sábado, 13 de octubre de 2018

LA REGIÓN DE ALBANIA ENTRE FINALES DEL SIGLO XII Y PRINCIPIOS DEL SIGLO XIII.



Los albaneses no crearon ninguna entidad similar a un estado hasta el siglo XV. Sin embargo, organizados en tribus dirigidas por sus propios jefes, los albaneses dominaron y controlaron las montañas de todo el territorio que en el actualidad forma la República de Albania.

Los albaneses estaban (y en parte aún lo están) divididos en dos grupos a partir de dos dialectos diferentes: los Ghegs al norte y los Toks al sur. El río Shkumbi (Vrego) marca en cierta manera la frontera entre los dos grupos lingüísticos. El segundo límite destacado en el interior de Albania es el río Drin. El territorio al norte estaba orientado hacia Serbia y Zeta (actual Montenegro). Una y otra gobernaron con frecuencia estas tierras, y la influencia serbia tuvo un gran impacto en la organización política, relaciones comerciales y culturales.

Al cierre del siglo XII los serbios dominaban la ciudad de Skadar, y presumiblemente, también controlaban todas las tierras bañadas por las aguas del río Drin.

Al sur del Drin (de forma más intensa cuanto más al sur) la influencia Griega era muy fuerte. Este territorio había sido incorporado a la provincia (thema) bizantina de Durazzo (Durrës), y organizado por la Iglesia Griega. El metropolitano de Durrës ejercía aquí su autoridad.

A lo largo de la costa, y también en Durazzo, la iglesia católica romana trabajó activamente para mantener y mejorar la posición de sus instituciones tanto en Durazzo, como en otras ciudades costeras. A pesar de la rivalidad entre católicos y ortodoxos, los practicantes de ambos ritos parecían disfrutar de una coexistencia pacífica.

Durazzo había sido largo tiempo un destacado centro de comercio, el punto de partida y llegada, desde Macedonia, Tracia y Constantinopla, y otros enclaves más orientales, y la vía Egnatia, que unía Constantinopla con Tesalónica y Ohrid, finalizaba aquí. Aunque Durazzo tenía ciudadanos muy dinámicos que participaban en los asuntos locales, los bizantinos, y sus sucesores en el domino de la ciudad y el entorno a lo largo de la Edad Media, fueron capaces de mantener administrar la ciudad y controlar a sus habitantes. Así Durazzo no fue capaz de alcanzar el nivel de autonomía que encontramos en las ciudades de Dalmacia (Zadar, Split, Ragusa). De hecho ninguna ciudad al sur de Bar fue capaz de crear una comunidad autónoma, una ciudad estado configurada bajos su propias leyes y gobernada por un concejo local.

A finales del siglo XII, excluidos los grupos tribales de las montañas, muchos de los cuales funcionaban de libremente, de forma independiente del estado al que debían teórica sumisión, la única entidad política albanesa conocida era la de Krujë. Un cierto personaje, Progon, parece que tomó posesión de su castillo y del territorio circundante. La posesión de la fortaleza recayó en miembros de su familia, y desde 1208 en su hijo, o nieto, Dimitri, contra quien Venecia y Zeta sellaron una alianza, fue el único señor de Kroja.

miércoles, 10 de octubre de 2018

LA REVUELTA ALBANESA DE ANDREA THOPIA Y GERGJ ARIANITI.



Tradicionalmente se considera que la Edad Media echa el telón en 1453, el año en que los turcos de Mehmet II conquistan Constantinopla, sin embargo, como cabe suponer, los ejércitos otomanos llevaban varias décadas pululando por la región. Uno de los territorios que quedó completamente absorbido por el Imperio de la Sublime Puerta fue Albania. El proceso de conquista fue largo y complicado. 

Dos señores locales de rancio abolengo, Andrea Thopia y Gergj Arianiti, lideraron el primer levantamiento serio y generalizado contra los turcos, que acababan de aterrizar en suelo albanés. Fueron cuatro años (1432 – 1436) de escaramuzas, emboscadas, resistencia y guerra abierta. 

Los motivos de este levantamiento contra el invasor no tienen nada que ver ni con el amor a la libertad, ni con el patriotismo, ni con nada parecido a un nacionalismo, que en esta época aún no existía. El verdadero motivo es algo mucho más mundano. A partir de la batalla de Savra (1385) los turcos comenzaron a penetrar y a controlar el territorio albanés, y poco a poco, las autoridades otomanas iban sustituyendo a los señores feudales locales por sipahis otomanos, en su mayoría procedentes de Anatolia. Esta sustitución de la nobleza local por señores afines al todopoderoso sultán, vino acompañada por un incremento de la carga impositiva que debían tributar los campesino y por el devsirne; el reclutamiento obligatorio de jóvenes albaneses para integrar el ejército imperial, una práctica que llevaba consigo, además, la conversión al Islam. 

Los cambios en la administración del territorio y el fuerte aumento de los impuestos creo un vínculo entre nobles y campesinos, imprescindible para llevar a cabo un levantamiento armado frente al invasor. El terreno había sido abonado para que estallase la guerra. 

Andrea Thopia comenzó la revuelta en 1432 derrotando a un pequeño destacamento del ejército turco en el centro de Albania. Esta victoria insufló animos a otros nobles, como Gergj Arianiti, que poseía tierras a lo largo del curso medio del río Shkumbi. Ante la noticia – que después resultó falsa – de la muerte del sultán Murad II, Arianiti levantó en armas a los miembros de su tribu. 

La revuelta era imparable y se extendió rápidamente por toda Albania, desde Vlöre hasta Skodra. En tres años los rebeldes derrotaron a otros tantos ejércitos otomanos, incluido la gran fuerza dirigida por Ishak bey, gobernador otomano de Skopje. 

Aprovechando la coyuntura, Nicolás Dukagjini, recuperó los territoros que habían pertenecido a su familia antes de la llegada de los otomanos, y automáticamente se sometió a la soberanía de Venecia (el otro gallo del corral). Más tarde conquista la ciudad de Dagnum, que también se la cede a la república veneciana. Los venecianos no querían provocar al sultán, y deciden rechazar el ofrecimiento de Dukagjini y rompen relaciones con él. Como muestra de buena voluntad restituyen Dagnum a los otomanos. 

En estos momentos, y llamado por sus familiares para unirse a la rebelión, Skanderbeg, quizás esperando una ocasión más propicia, no hizo nada, permaneció en el este, cumpliendo sus obligaciones con el sultán. 

En 1436, y decididos a acabar de una vez por todas con la revuelta, los otomanos envían un formidable ejército a Albania. La campaña fue salvaje, se masacraron aldeas y se levantaron pirámides con los cráneos de las víctimas. Las tropas también arrasaron algunas regiones del norte del Epiro. 

Los otomanos, tan diplomaticos y prácticos como los antiguos romanos, ofrecieron tierras y ciertos privilegios a los nobles que aceptaron su soberanía, mientras, Gergj Arianiti, prosiblemente el albanés que más éxitos cosechó, marchó a las montañas, reunió un grupo de seguidores y continuó con la guerrilla de resistencia antiotomana. Nunca pudo ser sometido y aún estaba activo cuando estalló la gran revuelta de Skanderbeg en 1443.

jueves, 4 de octubre de 2018

PETER SPANI.




Peter Spani fue un noble albanés, aliado de Venecia, cuyos dominios incluían varias aldeas alrededor de Skodra y Drisht, y entre 1444 y 1450 fue uno de los miembros de la Liga de Lezhë, que reunía a varios príncipes y señores albaneses. Probablemente la familia Spani era de origen griego.

Spani, junto a otros militares como Skanderbeg o Gergj Arianiti, luchó contra los otomanos que pretendían invadir el país. Según la crónica de Gjon Muzaka, sobrevivió a la guerra y vivió hasta una edad muy avanzada.

domingo, 30 de septiembre de 2018

HAMZA KASTRIOTI, EL SOBRINO TRAIDOR.




Todo drama, cualquier tragicomedia que se precie, necesita un traidor, un personaje que desencadene toda la acción de una novela. El traidor es la antítesis del protagonista (aunque a veces es tan fundamental para la narración como aquel), le da la espalda al héroe, y si tiene la oportunidad, no durará en asestarle una puñalada. En nuestra historia del Guerrero del Águila, el papel del traidor es interpretado por un sobrino de Skanderbeg, Hamza Kastrioti. 

Los celos y la ambición, dos pasiones muy humanas, suelen estar en la base de muchas traiciones. Hamza Castrioti, un noble albanés del siglo XV podría hablarnos del tema. 

Hamza Kastrioti (o Ameses Castrioti) era sobrino del príncipe albanés Skanderbeg y tras la muerte prematura de su padre fue criado por su tío como a un auténtico hijo. Hamza Kastrioti siguió a Skanderbeg durante los primeros años de la lucha que sostuvo contra los otomanos. Tío y sobrino formaron parte de los ejércitos del sultán hasta la batalla de Nis, cuando ambos desertaron, capturaron la fortaleza de Kruja, en el corazón de Albania y comenzaron una larga guerra contra los invasores turcos. 


Durante varios años combatieron juntos y Hamza se convirtió en un destacado lugarteniente de Skanderbeg; el joven muchacho se sentía y se veía en un futuro como sucesor de su tío. Pero todo cambió cuando nació Gjon, el primogénito de Skanderbeg. Hamza perdió toda esperanza de heredar algún día el principado de los Kastrioti. 

Los celos, la envidia, la ambición desmedida y ciertas dosis de ingratitud se apoderaron de los sentimientos de Hamza, que abandonó la causa albanesa y marchó a Constantinopla para ponder bajo las órdenes del sultán conquistador Mehmet II. 

En 1457 Hamza regresó a Albania, pero lo hizo al frente de un cuerpo de ejército otomano. Tío y sobrino, con sus respectivos ejércitos, se volvieron a ver las caras, esta vez enfrentados en el campo de batalla, en Ujebardha (o Albulena). En el transcurso de esa batalla Hamza fue capturado por las fuerzas de Skanderbeg y enviado como prisionero al Reino de Nápoles (estado aliado de Skanderbeg). 

Más tarde fue liberado y volvió a Constantinopla a reunirse con su esposa y sus hijos. Y allí permaneció trabajando como funcionario de alto rango en la corte del sultán. O malviviendo como un pordiosero según otras opiniones. 

La traición fue un duro golpe para la resistencia albanesa, una auténtica tragedia, pues Hamza tenía buena reputacion entre la tropa y estaba considerado uno de los generales más capaces. Su deserción mermó el poderío albanés, dejó en el aire la continudidad de la Liga de Lezhë y a Skanderbeg sin uno de sus posibles sucesores. 

Pero ¿y si el traidor no fue Hamza?. En la historia, como en la vida, todo es susceptible de ser interpretado. Es posible que Hamza abandonase a su tío convencido de que Skanderbeg se preocupaba más por los asuntos italianos, como vasallo del Rey de Nápoles, que por el principado Kastrioti. En este caso la razón de ser de defender Albania era que los otomanos no pudiesen alcanzar Italia. Para Hamza su tío no era un auténtico patriota, así que marchó a buscar el apoyo del sultán para que lo ayudase a convertirse en el Señor del Principado Kastrioti. Según esta interpretación Skanderbeg sería un simple peón, que defendía los intereses geoestratégicos del Reino de Nápoles. Juzguen ustedes mismos quien traicionó a quien. 





jueves, 27 de septiembre de 2018

PAULUS ANGELUS.



Figura política y religiosa de la época de Skanderbeg en Albania. Recordado como consejero y colaborador de Skanderbeg. Conocido en Italia como Paolo Angelo y en albanés Pal Engjelli (1416 - 1469). Miembro de una familia de patricios católicos en Durrës acabó convertido en el obispo de la ciudad. 

Paulus estuvo en Apulia (septiembre 1461 – principios de 1462) cuando Skanderbeg asitía militarmente al rey Fernando I de Nápoles. A su retorno, en 1462, reorganizó su archidiócesis de Durrës. Desde el episcopado introdujo la fórmula bautismal en lengua albanesa, considerada la primera obra escrita en este idioma. 

En 1464 viajó como embajador de Skanderbeg a Milán y a Ragusa. Amigo de Skanderbeg convenció a Lek Dukagjini que dejara de lado a los otomanos y se aliara con él. 


jueves, 20 de septiembre de 2018

BALLABAN BADERA.



Ballaban Badera, o Ballaban pashá, fue un militar otomano que luchó en las guerras de conquista de Albania. Ballaban nació en suelo albanés, en la región de Mat, y como muchos otros niños de la región balcánica, fue reclutado, enviado a Turquía, instruído e incorporado al ejército del sultán. 

En la primavera de 1465, la época en que comienzan todas las campañas militares, Ballaban tuvo la oportunidad de regresar a su tierra, al frente de un ejército otomano. Se trataba de una expedición punitiva que tenía como objetivo sofocar la rebelión iniciada por Skanderbeg. El primer encuentro entre ambos guerreros tuvo lugar en el mes de abril, cerca de Ohrid. 

En 1466 el sultán Mehmet II en persona se presentó en Albania y puso sitio a la ciudad de Kruja, centro de operaciones de Skanderbeg y principal bastión de la resistencia albanesa. Cuando la campaña fracasó, después de dos meses de inútil asedio, el sultán se retiró, abandonando a Ballaban en Albania. 

Tras unos meses de cierta tranquilidad, en 1467 Skanderbeg regresó de un viaje que le había llevado a Italia, reforzó la fortaleza y entró en combate con las tropas otomanas. Skanderbeg salió victorioso y Ballaban pashá perdió la vida en el choque. Según la lleyenda Ballaban recibió en el cuello el impacto de un arcabuz disparado por un tal Gergj Aleksi. 

La figura de Ballaban Badera es frecuente en la literatura oral albanesa como gran rival de Skanderbeg.

sábado, 8 de septiembre de 2018

GJERGJ ARIANITI.






Gjergj Arianiti fue un señor feudal albanés de la Edad Media. Gjergj descendía de una destacada familia que dominaba un amplio territorio en el centro y sur de Albania y se en 1433 se levantó en armas contra los invasores turcos.

Arianiti fue conocido más allá de las fronteras albanesas y recibió apoyo y protección tanto del papado como del rey de Nápoles. Su hija, Andronika, se casó con otro héroe de la resistencia antiturca, el celebérrimo Skanderbeg. Su hijo Constantine Arianiti fue soldado y diplomático en la corte imperial de Maximiliano I Habsburgo.

viernes, 31 de agosto de 2018

KUKUDH, UN FANTASMA ALBANÉS.



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El folklore albanés está poblado de fantásticas criaturas, unas bondadosas, otras terribles, que en muchos casos comparten rasgos y personalidad con los seres de otras mitologías de la amplia región balcánica. Kukudh es un reviniente, un no muerto, un personaje típico de las leyendas de Europa Oriental. En este caso el alma de un pobre avaro que frecuenta su casa después de su fallecimiento. La gente no quería pasar la noche en casa de un avaro por miedo a ser asesinado por el Kukudh. Un ser malvado que trae la peste y provoca grandes males.

En algunas regiones Kukudh es un hombre rechoncho de piernas cortas y cola de cabra. Es prácticamente invulnerable y solo puede ser eliminado si es estrangulado por una enredadera. En el sur de Albania Kukudh es un espíritu femenino ciego, portador de una enfermedad terrible; el cólera. Una truculenta leyenda cuenta que esta enfermedad la trajo consigo Alejandro Magno después de haber violado el cadáver de una princesa del Epiro que no le quiso entregar su amor en vida.



sábado, 25 de agosto de 2018

TIRANA: OTOMANA, SOCIALISTA Y GLOBALIZADA.




Una capital improbable, cuyo nombre evoca a otro tiempo, a una época en que el mundo estaba dividido en dos bloques, Tirana simboliza lo lejano, lo inaccesible y lo desconocido, capital de un pequeño y orgulloso país que siempre quiso mantener su independencia contra todo, y contra todos, un país que fue oficialmente ateo y que defendía el único socialismo auténtico. El valiente Enver Hoxha rompió con la URSS, con la China de Mao y con la vecina Yugoslavia de Tito, decidió echar el cerrojo y aislarse del mundo. Del Occidental capitalista y del Oriental comunista.


La capital albanesa ha pasado en cien años de asentamiento otomano a capital de un estado socialista, para terminar abriendose a la globalización y al capitalismo occidental. Tras la declaración de independencia en 1912, Tirana pasó de ser una pequeña ciudad de provincias en el Imperio Otomano a la floreciente capital de una República Socialista.


Fundada por los otomanos, fue rediseñada sucesivamente por los arquitectos fascistas de Mussolini, por el partido comunista de Albania y por las autoridades de la nueva democracia, la más joven de toda Europa. Su alcalde Edi Rama llenó de color una ciudad que durante varias décadas era gris, anodina y un tanto triste.


José Ignacio Torreblanca en El Pais nos cuenta sus impresiones de Tirana “Miras a un lado y chocas de frente con un monumental palacio de congresos de estilo norcoreano presidido por un enorme mural donde se representa al pueblo en armas. Miras a otro y te tropiezas con el neoclásico típico del fascismo italiano, herencia de la ocupación por las tropas de Mussolini. Y si te vuelves, entonces ves una pequeña mezquita, una de las pocas que se salvó del régimen locoide de Enver Hoxha, que declaró el ateísmo religión de Estado, impuso un régimen de terror y destruyó una gran parte del patrimonio cultural del país. Un pastiche interesante, pero problemático desde el punto de vista histórico”.


La capital de Albania se sitúa a unos cien metros sobre el nivel del mar, rodeada de colinas y montes blancos (de ese color viene el nombre de Albania), en el valle del río Ishëm. Relativamente cercana al mar Mediterráneo, 30 kilómetros la separan de la costa. Precisamente una de las carreteras mejores del país unen Tirana con el histórico puerto de Durrës.


El origen de Tirana se relaciona con un castillo – Kalaja e Tiranës – mandado construir en su momento por el emperador Justiniano I y posteriormente restaurado por los turcos. Hoy tan solo quedan unas cuantas piedras de la fortaleza y de la presencia bizantina en la ciudad.


Sulejman Pashá, fue el verdadero fundador de la ciudad, en 1614. La Tirana otomana contaba con una mezquita, un hamman y un mercado. Su situación en una cruce de rutas de caravanes hizo posible su rápido crecimiento.


Una ciudad muy, muy diferente a la mayoría de las capitales europeas, nada que ver con Praga, Riga, Madrid o Bratislava. Aquí no hay grandes edificios, ni monumentos históricos, ni enormes rascacielos sedes de empresas multinacionales. El escrito ruso Ilya Ehrenburg, refiriéndose a la Avenida de los Mártires dijo en una ocasión que había visto muchas ciudades sin grandes avenidas, pero que en Tirana había visto por primera vez una gran avenida sin ciudad.


Sin embargo desde la caída del comunismo Tirana ha crecido mucho (de 200.000 a más de 600.000 habitantes) los arrabales se alargan hasta el infinito. Recuerdo más de una hora conduciendo, desde que vimos las primeras casas, hasta que llegamos al centro neurálgico, la céntrica Plaza Skanderbeg.


Cualquier visita a Tirana debe comenzar, casi obligatoriamente, en la Plaza de Skanderbeg, junto a la estatua de este guerrero medieval que combatió con éxito a los turcos. Durante varias décadas, una gran estatua del líder Hoxha, presidía este enorme espacio.


Tirana es una ciudad dual, bulliciosa hasta la media tarde, sosegada y tranquila después del final de la jornada laboral. La avenida de los mártires vertebra el corazón de la capital, comunica la Plaza Skanderbeg y el Lago Sur. Mezquitas, museos, el Mausoleo abandonado de Enver Hoxha, iglesias ortodoxas y el estadio nacional se disponen en este eje vital. Este conjunto urbano fue diseñado en los años '20 y '30 por arquitectos italianos.


Blloku era el barrio donde residia la élite, la nomenklatura comunista, incluido la de Hoxha. Una especie de ciudad prohibida, completamente vetada. Edificios construídos a lo largo de las sucesivas etapas, otomana, fascistas y soviética. Edificios que fueron coloreados por Edi Rama.


Tirana quiere convertirse en el futuro en una ciudad de referencia a escala mundial y ha proyectado un diseño novedoso para el año 2030, en el que conviven en perfecta armonía naturaleza y urbanismo.


Montañas blancas en el horizonte, la torre del reloj, el minarete de la mezquita (símbolo de la mayoría religiosa del país) y la silueta del héroe Skanderbeg, foman la postal típica de Tirana. Capital de la lejana, y enigmática Albania, una ciudad que poco a nada tiene que ver con las capitales europeas. Aquí no verás avenidas kilométricas, ni rascacielos que se pierden en un blanco océano de nubes.


Tirana puede parecer, a ojos de los extranjeros, una ciudad anodina, sin edificios históricos de relevancia, ni rincones pintorescos y sugerentes, eso sí, conviven en armonía mezquitas e iglesias, y sus vecinos harán lo posible para que te sientas a gusto. En definitiva un capital caótica, llena de color, rebosante de vida y prácticamente desconocida para el turismo de masas.



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