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jueves, 14 de noviembre de 2019

TUMBA PRINCIPESCA DE STICNA.




Desde la noche de los tiempos, la espada ha sido el arma preferida del guerrero y el símbolo del poder de los príncipes (los de sangre azul, y los de sangre colorá). La cultura material de Hallstatt, desarrollada en Europa Central durante la Primera Edad del Hierro, produjo interesantes panoplias de armas y ricos ajuares funerarios para príncipes y reyezuelos. En el Museo Nacional de Eslovenia, sito en su hermosa capital Ljubliana, se expone uno de estos ajuares hallado en la necrópolis de Sticna (Eslovenia). Estas tumbas (y sus contenidos) son una prueba tangible de la existencia de una sociedad jerarquizada entre estos pueblos de la protohistoria de Europa.



domingo, 30 de marzo de 2014

MUSEO PROVINCIAL DE SEGOVIA.



Otro museo adscrito a la Red de Museos de Castilla y León, que nos ofrece un recorrido por la historia Natural y Humana de la provincia de Segovia. 


Molde de caballo. En el Cerro de San Isidro afloran bastantes rocas pizarrosas con superficies lisas. En estas paredes existen vestigios de arte de varias épocas y entre estas manifestaciones, se ha podido identificar más de cien figuras de animales grabados. Destacan dos grandes caballos, de uno de los cuales se ha obtenido este molde.

El abrigo de la Peña Estebanvela. Un abrigo rocoso tallado por el río Aguisejo y que en la actualidad se sigue estudiando y excavando. Hasta ahora se han encontrado utensilios y adornos personales, restos óseos (de animales) con huellas de haber sido descarnados para la alimentación. Sobre todo destacan una serie de plaquetas grabadas. 


Molde de hogar paleolítico de La Peña de Estebanvela. En un abrigo de la Peña de Estebanvela se ha encontrado este hogar que constituye el primer vestigio de uso del fuego en la provincia. Datada en el Magdaleniense Final, hacia el 10.000 a.C. es una pequeña área con restos de carbones, rodeada por piedras calcinadas y fragmentadas por el calor. 


Plaqueta grabada del Magdaleniense de la que no se sabe con seguridad su finalidad. Realizada con puntas duras sobre pequeñas piedras. Aparecen grupos de líneas paralelas, al parecer, sin orden aparente.


Bifaces.


Hendedores.


Punzones de hueso del Neolítico. La industria ósea era alternativa y complemento de la industria lítica a lo largo de toda la Prehistoria. 


Hachas pulimentadas. Tradicionalmente el Neolítico ha sido la Edad de la Piedra Pulimentada. Aquí un par de hermosos ejemplos de esta técnica de trabajar la piedra. 


Triángulos y láminas neolíticos que vienen anunciando las industrias microlíticas del epipaleolítico. 


Pequeñas cuentas de collar del Calcolítico. 


Vaso campaniforme. Su formas y ornamentaciones lo hacen inconfundible.


Esta puntas de sílex confeccionadas durante la Edad del Bronce resultaban muy eficaces en su cometido.


Hacha de talón y anilla característica de la Edad del Bronce. 


Fíbulas. Siempre me ha resultado fascinante el trabajo de arqueólogos que a partir de piezas como estas son capaces de reconstruir las formas de vida de una sociedad. 


Zoomorfos. Jabalí y caballo. Delicadeza para representar un naturaleza fundamental, aunque no determinante, en la formación cultural de estos pueblos de la protohistoria ibérica.


Una preciosa fíbula de bronce en forma de caballo. Este animal es uno de los símbolos de las aristocracias dominantes. El poder poseer una caballo era un elemento definitorio de estos grupos sociales.


Espada de antenas atrofiadas de la Edad del Hierro tan típicas del ámbito céltico - o indoeuropeo - de la Península Ibérica.


Conjunto de pesas de telar.


Una enorme vasija del siglo II a.C. procedente del poblado Caza del Castillo.


Mosaico romano hallado en la calle Isabel la Católica en la capital segoviana. Durante toda la historia romana los suelos se pavimentaban con estos mosaicos confeccionados con pequeñas teselas de colores. Se decoraban con cenefas y motivos geométricos y vegetales. El estado de conservación de este mosaico es bastante lamentable, puesto que había sido arrancado de su ubicación original y arrojado a una especie de vertedero. 


Fuente de vidrio, de finales del siglo I d.C. encontrada en la plaza Guevara en Segovia. Este tipo de fuente eran muy apreciadas debido a su parecido con el cristal de roca y se utilizaba para servir alimentos en las mesas de las familias adineradas romanas. Es muy probable que su procedencia sea un taller itálico o del Mediterráneo Oriental.

Cauca. Las primeras menciones a la ciudad de Cauca (Coca) son del comienzo de las Guerras Celtibéricas. Plinio y Ptolomeo las citan entre las civitates de los vacceos y dicen de ella que era una polis de igual importancia que Numancia o Palantia. En el Bajo Imperio, Zósimo e Hydacio, se refieren a ella como la patria de Teodosio. 


Parrilla de hierro procedente de Cauca. 


Tenazas de hierro procedentes de Cauca.


Hoces de Cauca que nos hablan de la importancia del sector agrícola para los vacceos.


Ara romana de caliza del siglo II d.C. En la inscripción puede leerse:


           Matribus/ Ter(entia)/ Megiste/ 
          v(otum) s(olvit) l(ibens) m(erito)

Traducción: A las madres Terentia Megister cumplió el voto de buen grado y merecidamente. 


Torso del dios Apolo. 


En el Cerro del Castillo (también Cerro de la Virgen) se ubica el único asentamiento fortificado del que tenemos constancia material, de la arquitectura tardoantigua y visigoda en la provincia. La cronología de su ocupación iría desde el siglo V al VIII. En su interior una segunda estructura amurallada puede ser de época islámica.


Detalle de la muralla del Cerro del Castillo.



Enterramiento visigodo de Duratón aprovechando un resto monumental romano.


Dibujo del ajuar funerario de un enterramiento visigodo de Duratón.


Ajuar de la Tumba 202 de la necrópolis de Madrona compuesto por dos pendientes de bronce, un collar de pasta vítrea, un colgante de plata y pasta vítrea, dos fíbulas zoomorfas (águilas), una fíbula discoidal, dos broches de cinturón, un par de anillos de bronce y dos pulseras del mismo material.


Un representante de la cultura de los verracos que identificamos como jabalí. La oreja aparece perfectamente definida. 


Toro de granito. Un ejemplar vinculado a los cultos de la fertilidad, sin duda, uno de los animales totémicos de la Península Ibérica. 


Ménsula con animal del siglo XVI en granito.


Contraventanas de la Muerte y de la Vida. Según una tradición pertenecieron a la ventana desde la que una mujer arrojó una soga para ahorcar a uno de los partidarios del emperador Carlos V durante los alborotos de las Comunidades.


Conversión de San Pablo, óleo sobre lienzo obra de Francisco Camilo (1667). Enemmigo acérrimo y perseguidor de cristianos, fue derribado de su caballo cuando salía de Damasco, al tiempo que oía la voz de Cristo declamar: "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?"

Un pequeño, agradable y didáctico museo. Y todo en su justa medida. 

sábado, 9 de marzo de 2013

GUERREROS LUSITANOS



Valientes guerreros que combatieron junto a los más grandes generales, como Viriato o Sertorio, algunos de ellos acompañaron - como eficientes mercenarios - al mismísimo Aníbal en su aventura transalpina. . . y todos, absolutamente todos vendieron cara sus derrotas a manos del devastador rodillo romano. 

El lusitano, como cualquier combatiente, además de corazas y armaduras, utilizaba armas ofensivas y armas defensivas.

El escudo era, la más importante de las armas defensivas;  pequeños, redondos, cóncavos por el exterior, que llevaban sujetos con correas de lino, y por tanto carecía de asas y abrazaderas. 

Protegían sus cuerpos con corazas de lino. Desde un punto de vista etnológico, el uso del lino podría corresponder a pueblos agricultores. Muy pocos de estos hombres portaban cotas de malla. 


Aquellos que podían permitírselo, cubrían sus cabezas con unos cascos confeccionados con tejidos de nervios. Este material también era utilizado para fabricar resistentes escudos. 

Los aristócratas, capitanes y guerreros más experimentados lucían llamativos torques de oro. 

Como armas ofensivas, en la lucha cuerpo a cuerpo, manejaban con cierta destreza una especie de puñal corto, que no llegaba a ser espada. Para los ataques a distancia, disponían de misilias, dardos en forma de anzuelo, lanzas con punta de bronce. 

"Dicen que los lusitanos que son hábiles en las emboscadas y exploraciones, vivos, llevan armamento ligero, y son expertos en las maniobras. Tienen un escudo pequeño de dos pies de diámetro, cóncavo por delante y sujeto con correas porque no lleva abrazadera ni asas, y portan además un puñal o un cuchillo. La mayoría viste cotas de lino; son raros los que las usan de mallas y cascos de tres penachos, y los demás, cascos de nervios. Los de a pie llevan grebas y varios venablos cada uno. Algunos usan también lanzas, cuyas puntas son de bronce".
Estrabón III,  3, 6.

Los infantes que combatían a pie, llevaban puestas perneras y portaban varias jabalinas, muy útiles en acciones de hostigamiento y emboscadas. 


En general se trataba de un armamento ligero, adaptable al terreno escarpado y a las emboscadas, de la que eran hábiles y expertos los montareces habitantes de la Lusitania antigua, haciendo de la lucha guerrillera una auténtica seña de identidad, de la que supieron aprovecharse tanto Viriato, como posteriormente Sertorio.

En las batallas en campo abierto, sin embargo, formaban grandes avalanchas, que se abalanzaban contra el enemigo, creando una masa informe y desordenada, sin guardar orden, y confiando la suerte del combate al valor y al impulso personal, dejando de lado toda táctica.

Los lusitanos perdían parte de su  efectividad en las batallas campales, sin ser capaces de ofrecer un frente continuo y cerrado que oponer al enemigo. No obstante, bajo el mando de capitanes eficaces, como su sempiterno caudillo Viriato,  el inteligente y oportunista Sertorio, u otros efímeros generales como Césareo, Cauceno, Púnico o Táutalo,  consiguieron importantes victorias  sobre cónsules y pretores romanos. . . más cuando, el líder moría, el ejército se resquebrajaba, se dividía, huían en desbandada, sin orden, ni concierto . . . y los soldados nuevamente se convierten en guerreros . . . 

Eran hombres de valentía excepcional, aunque al parecer, y según las fuentes escritas, eran menos resistentes en la lucha cuerpo a cuerpo que los bragadores y fornidos celtíberos. 

Se han conservado numerosas efigies pétreas, muy toscas, las esculturas de  guerreros galaico-lusitanos, (la frontera entre estos dos pueblos durante muchos momentos resultaba muy difusa), que cumplirían una función funeraria, pues debían ser colocadas sobre las sepulturas. Estas esculturas no destacaban precisamente por su logrado acabado, ni fina ejecución.

Guerreros lusitanos en el Museo Nacional de Arqueología en Lisboa
Solían llevar largas cabelleras que sacudían con violencia al entrar en combate y encararse con los enemigos. Lanzaban gritos y alaridos mientras avanzaban, entrechocaban las armas provocando gran estruendo, para intimidar a los rivales. 

"Al atacarle Viriato con seis mil hombres en medio de un griterío y clamores a la usanza bárbara y con largas cabelleras que agitaban en los combates ante los enemigos . . . "
Apiano. Sobre Iberia 67.

Se arrojaban al combate con la melena al viento, realizando gráciles danzas, para posteriormente entonar cánticos de guerra. Una auténtica danza ritual guerrera, al estilo de la "haka" maorí popularizada por Jonah Lomu y los All Blacks de Nueva Zelanda. Estas danzas tribales también cumplían función de entrenamiento , adiestramiento y hermanamiento de la tropa cuando no estaba combatiendo.

"Gustan de practicar en tiempos de paz una danza ligera para la que se requiere una gran agilidad de pies; en el combate avanzan a paso rítmico, entonando cantos guerreros al atacar al enemigo"
Diodoro de Sicilia V, 34, 4


"Los lusitanos son los más fuertes de los iberos; para la guerra llevan escudos muy pequeños, tejidos de nervios, con los cuales y gracias a su dureza pueden defender su cuerpo fácilmente. En la lucha lo manejan con destreza, moviéndolo a uno y otro lado del cuerpo y rechazando con habilidad todos los tiros que caen sobre ellos. Usan también picas, hechas enteramente de hierro y con la punta a modo de arpón, y llevan casco y espada muy parecida a la de los celtíberos; lanzan sus picas con precisión y a larga distancia y causan a menudo heridas muy graves. Son ágiles en sus movimientos y ligeros en la carrera, por ello, huyen o persiguen con rapidez [...]. Con estas ligeras armaduras y siendo muy ágiles en sus movimientos y muy vivos de espíritu, difícilmente pueden ser vencidos por los demás. Consideran las rocosidades y asperezas de las sierras como su patria y en ellas van a buscar refugio por ser impracticables para los ejércitos grandes y pesados. Por eso los romanos que han realizado numerosas campañas contra ellos, aunque han contenido sus audacias, no han logrado poner fin a sus depredaciones a pesar de su empeño".
Diodoro de Sicilia

jueves, 14 de febrero de 2013

SOBRE IBERIA APIANO (XI)

  20 Ataque a Cartago Nova
Animado por estos cálculos y sin haberle comunicado a nadie por dónde pensaba atacar, al ponerse el sol condujo al ejército durante toda la noche hasta Cartago Nova. Al amanecer, en medio del estupor de los africanos, empezó a cercar la ciudad con un empalizada y se preparó para el dí siguiente, apostando escaleras y máquinas de guerra por todo alrededor de la misma, excepto por una sola parte en la que el muro era más bajo y estaba bañada por una laguna y el mar, por lo que la vigilancia era menos intenso. Habiendo cargado durante la noche todas las máquinas con dardos y piedras y tras apostar frente al puerto de la ciudad a sus naves a fin de que las de los enemigos no pudieran escapar a través de él - pues confiaba absolutamente en apoderarse de la ciudad a causa de su elevada moral -, antes del amanecer hizo subir al ejército sobre las máquinas, exhortando a una parte de sus tropas a entablar combate con los enemigos desde arriba y otra parte a empujarlas contra el muro por su parte inferior. Magón, a su vez, apostó a sus diez mil hombres en las puertas, con la intención de salir, cuando se les presentara la ocasión, con sólo las espadas - pues no era posible usar las lanzas en un espacio estrecho - y envió a los restantes a las almenas. También se tomó él el asunto con mucho celo colocando numerosas máquinas, piedras, dardos y catapultas. Hubo gritos y exhortaciones por ambas partes, ninguno quedó atrás en el ataque y el coraje, lanzando piedras, dardos y jabalinas, unos con las manos, otros con las máquinas y otros con hondas. Y se sirvieron con ardor de cualquier otro instrumento o recurso que tuvieran en sus manos .

21 Escipión se da cuenta de que la marea deja desguarnecida una parte del muro.
Las tropas de Escipión sufrieron mucho daño. Los diez mil soldados cartagineses que estaban junto a las puertas, saliendo a la carrera con las espadas desenvainadas, se precipitaron contra los que empujaban las máquinas y causaron muchas bajas pero no sufrieron menos. Finalmente, los romanos empezaron a imponerse por su laboriosidad y constancia. Entonces cambió la suerte, porque los que estaban sobre las murallas se encontraban ya cansados y los romanos consiguieron adosar las escalas a los muros. Sin embargo, los cartagineses que llevaban espadas penetraron a la carrera por las puertas y cerrándolas tras ellos se encaramaron a los muros. De nuevo la lucha se hizo penosa y difícil para los romanos hasta que Escipión, su general, que recorría todos los lugares dando gritos y exhortaciones de ánimos, se dio cuenta, hacia el mediodía, de que el mar se retiraba por aquella parte en la que el muro era bajo y lo bañaba la laguna. Se trataba del fenómeno diario de la bajada de la marea. El agua avanzaba hasta mitad del pecho y se retiraba hasta media rodilla. Escipión se percató entonces de esto y comprendíó la naturaleza del fenómeno, a saber, que estaría baja durante el resto del día y, antes de que el mar volviera a subir, se lanzó a la carrera por todas partes gritando: "Ahora es el momento, soldados, ahora viene la divinidad como aliada mía. Avanzad contra esta parte de la muralla. El mar nos ha cedido el paso. Llevad las escaleras y yo os guiaré".

domingo, 10 de febrero de 2013

ETNOGRAFÍA DE LOS CUADOS




Los cuados eran un pueblo de Germania Oriental, primos hermanos de los marcomanos, por parte de padre, y de los sármatas, por parte de madre. 

Según el historiador Tácito hacia el siglo I d.C. , formaban, junto a semnones, longobardos, hermunduros y marcomanos, parte de los suevos. 

"Próximos a los hermunduros viven los naristos y, a continuación, los marcomanos y los cuados. La gloria y el potencial más importante pertenecen a los marcomanos, e incluso su mismo territorio lo conquistaron valientemente tras derrotar en un tiempo a los boyos. No desmerecen la raza los naristos y cuados"
Tácito. Germania 42. 

Habitaban en la Europa Centrooriental, tierras de Bohemia y Moravia (República Checa), al norte del Danubio, regiones a las que llegaron junto con los marcomanos, y de las que expulsaron a los anteriores pobladores celtas (como los boios). Vivían al oeste de los sármatas, separados de las provincias romanas de Panonia Superior y Valeria, por el Danubio.

Vecinos de los sármatas, aparecen unidos en muchas ocasiones, de ahí que se nos presenten mezclados y muy próximos, no solo por la vecindad, sino también por la similitud de costumbres y armamento.

"[...] los sármatas y los cuados se habían unido y habían llegado a un acuerdo por la cercanía y la semejanza de sus costumbres y de sus armas, y que estaban atacando Panonia y la Moesia Segunda mediante grupos dispersos"
Amiano Marcelino 17, 12, 1. 

Es bastante probable, que sármatas y cuados sincronizasen sus incursiones en las zonas controladas por los romanos. 

". . . los cuados y sármatas asolan los territorios de Panonia"
Orosio VII, 22, 7

"[...] los cuados, que habían compartido numerosas situaciones de peligro con los sármatas, a quienes, con frecuencia habían estado inseparablemente unidos en sus correrías"
Amiano Marcelino 17, 12, 8. 



Parece que los cuados, gustaban de habitar lugares elevados y poblados de bosques, como la Selva Hercinia (Selva Negra). Debemos hacer hincapíé, nuevamente, de la gran importancia, tanto económica como religiosa, que tenía el bosque para el germano. La espesa vegetación, los humedales y los numerosos árboles, servían también como inaccesibles refugios y se convierten en lugares propicios para tender trampas y emboscar al ejército invasor romano.

"En este lugar además se encuentra la Selva Hercinia y los pueblos suevos, los cuales habitan en el interior del bosque, como los cuados"
Estrabón VII, 1, 3


Los cuados, junto a los alamanes, son uno de los pueblos germanos cuya importancia es mayor en el relato del historiador tardoantiguo Amiano Marcelino, que describe muy bien su organización.

Entre los siglos I y IV d.C. los cuados aparecen frecuentemente combatiendo a Roma.

El primer contacto de Roma con los Dacios (86 d.C.), obligó a Domiciano a luchar también contra otros pueblos, como los sármatas, los marcomanos de Bohemia, y los propios cuados en Moravia.

Estando Panonia sin guarnición romana, los cuados se lanzaron a su conquista, y tuvo que acudir un ejército  romano de 20.000 hombres que fue derrotado.

Envalentonados, los cuados continuaron con su avance y trataron de apoderarse de la ciudad italia de Aquileya, en el mar Adriático, muy cerca de la frontera con Eslovenia. En esta ocasión si que fueron detenidos por las legiones de Roma.




En tiempos de Marco Aurelio, se unieron a los marcomanos, y fueron vencidos en el 175. 

"Efectivamente, al sublevarse estos pueblos de crueldad bárbara y de cantidad innumerable, esto es, los marcomanos, los cuados, los vándalos, los sármatas, los suevos y casi toda Germania"
Orosio VII, 15,8.

Durante este el siglo II, los cuados eran un pueblo aguerrido y temible, protagonistas de intrépidas campañas militares, fueron capaces de destruir Opitergium (en el Véneto) y del mencionado asedio de Aquileya. En el siglo IV, Amiano considera, que los cuados han perdido el esplendor de antaño.

"En ese momento no eran muy temidos, pero habían sido un pueblo belicoso y con mucho poder como demuestran sus rápidos ascensos y caídas del pasado, el que Aquileia fue asediada por ellos y por los marcomanos, la destrucción de Opitergio, así como muchas acciones sanguinarias culminadas en campañas muy rápidas. Por ello, cuando atravesaron los Alpes Julios, el emperador Marco Pío, de quien hemos tratado anteriormente, apenas pudo resistir"
Amiano Marcelino 29, 6, 1.

Los cuados volvieron al ataque durante el Imperio de Caracalla y en época de Galieno invadieron Panonia. En el 375 Valentiniano los expulsó, y desde este momento se confundieron totalmente con los suevos, formando parte de este contingente de pueblos en la "gran migración de los germanos". 

El emperador Valentiniano sentía la necesidad de proteger la frontera situada al otro lado del Danubio, concretamente el territorio ocupado por los cuados, y por este motivo los forzó a la guerra, invadiendo su espadio. Según nos informa Amiano, este espacio debía contar con enormes proporciones.

"Y es que Valentiniano, que desde el inicio de su principado había mostrado un gran afán por fortificar las fronteras - afán ciertamente excesivo -, ordenó que se levantara un campamento defensivo al otro lado del río Íster, en el interior del territorio de los cuados, como si estos formaran parte ya del suelo romano"
Amiano Marcelino 29, 6, 1.

El asesinato a sangre fría de su rey Gabinio, que parece ser ordenó Valentiniano, fue el motivo de una gran agitación generalizada entre los cuados, que devastaron a sangre y fuego las provincias de Panonia y Valeria.

"[...] el pueblo de los cuados, que había permanecido tranquilo durante mucho tiempo, se agitó de repente. [...] Y lo cierto es que, por bárbaros que fueran, tenían un motivo de queja".
Amiano Marcelino 29, 6, 1.

"Después, cuando el rey Gabinio pidió humildemente que no se intentara nada nuevo, simuló humanidad y, como si fuera a mostrarse de acuerdo, le invitó a que acudiera a un banquete junto a otras personas.
Pero cuando Gabinio salía del banquete, Marceliano hizo que le mataran, violando de forma criminal el deber sagrado de la hospitalidad.
Cuando el rumo de esta acción tan atroz se difundió por diversas regiones, hizo que se rebelaran los cuados y los pueblos cercanos. Éstos, llorando la muerte de su rey, reunieron y enviaron tropas de ataque que, después de atravesar el Danubio, atacaron a la gente que estaba ocupada en las tareas de la cosecha, ya que no esperaban ninguna hostilidad"
Amiano Marcelino 29  , 6, 5-6.

Sus ataques habitualmente estaban dirigidos sobre las fronteras romanas dirigidos contra las provincias de Valeria y ambas Panonias. Nos parece necesario distinguir, entre las ocasiones, pocas, que lo hacían en solitario, y las más frecuentes, en las que aliados con los sármatas invadieron las Panonias en 365, las dos Panonias y Valeria en el 373, y nuevamente, en el 375, las dos provincias de Panonia.

" [...] los suevos estaban atacando Recia, los cuados Valeria, y que los sármatas, el pueblo más experto en el pillaje, estaban devastando la Moesia Superior y la Panonia Segunda"
Amiano Marcelino 16, 10, 20. 

Los cuados, como otros muchos pueblos germanos, también sirvieron en el ejército romano, siendo destinados a las orillas del Éufrates y a la frontera meridional de la provincia africana. 

En las fuentes se nos muestra un pueblo dedicado al pillaje y la rapiña, siendo el robo el único objetivo de sus expediciones militares. Además, Amiano exalta su carácter bárbaro, cuando nos los presenta exultante, alegres y satisfechos tras haber destruido una ciudad y masacrado a su población.

También sobresale su capacidad mucho más dispuesta para la emboscada, la táctica de guerrilla, que para la batalla campal, el combate a campo abierto; siendo ágiles en rápidos ataques y veloces retiradas. Siendo su organización militar en pequeños escuadrones de gran movilidad.

Su carácter volátil, o más bien conscientes del verdadero peligro, se muestra en las numerosas ocasiones, en las que tras una derrota militar, se arrodillan ante sus vencedores y suplican una paz honrosa. Más de una vez, culpan de sus razzias a pequeños grupos de bandidos que nada tienen que ver con ellos (actuación similar a la de los lusitanos en la Península Ibérica). Para asegurar la paz, no tenían inconveniente en desprenderse de las armas, ni de entregar a sus propios hijos como rehenes a los romanos, a cambio de la fidelidad.

". . . al ver a nuestro ejército en el corazón de su reino y del suelo patrio, se echaron a los pies de nuestros soldados y, tras alcanzar el perdón, cumplieron lo que se les ordenó, eso es, entregaron a sus hijos como garantía de que estaban dispuestos a cumplir las condiciones impuestas, tras lo cual, sacaron las espadas que ellos veneran como divinas y juraron que iban a ser reales"
Amiano Marcelino 17, 12, 21.

Los cuados se dividían en diferentes pueblos (tribus/linajes) que ocupaban diferentes territorios; de ahí que en las fuentes aparezcan distintos reinos de los cuados. También se utiliza el término "pagi" para referirse a esas circunscripciones, al frente de cada cual había una jerarquía superior.

Las noticias sobre la campaña de 358 nos ofrece una muestra de la organización política de este pueblo germano; en ella se distinguen varios grupos y podemos extraer además algunas ideas sobre su concepción monárquica.



Tenemos las figuras de los reyes Arahario, que aparece al frente de una tropa mixta de cuados y transiugitanos, y de Vitrodo, hijo de Viduario. Podemos pensar en una monarquía claramente hereditaria y en cierto sentido compartida. Los reyes tendrían amplios poderes, aunque limitado quizás por la asamblea del pueblo en armas, tan típica de la organización políticosocial de los pueblos germanos.

"Es lo que hicieron Arahario y Usáfer, un noble destacado, generales de los ejércitos de sus pueblos y, de los cuales, el primero encabezaba al grupo de los transyugitanos y de los cuados y, el segundo a algunos sármatas, grupos muy unidos por la cercanía de sus tierras y por la fiereza de su carácter"
Amiano Marcelino 17 ,12, 12.

Junto a esta cúspide, denotamos la presencia de un conjunto de reyezuelos vasallos, por llamarlos de alguna manera, con un poder mucho más limitado y posiblemente dependiente de los anteriores. El caso más claro es el de Agilimundo.

"Entonces su príncipe Vitrodoro, hijo del rey Viduario, y su vasallo Agilimundo, así como otros nobles y oficiales, que encabezaban a varios pueblos . . ."
Amiano Marcelino 17, 12, 21.

La sociedad de los cuados tiene forma piramidal. En la cúspide se encuentran los reyes principales, compartiendo el poder, Arahario y Vitrodo.

El escalafón intermedio estaría formado por los mencionados reyes vasallo, Agilimundo, y un conjunto de grandes jefes militares (una especie de aristocracia), que extendían su poder sobre algunos grupos de cuados.



La base de la pirámide, sobre la que descansa todo el engranaje social y económico, está compuesta por los hombres libres; capaces de luchar y de trabajar.

En cuanto a la esclavitud no podemos ni afirmar, ni negar su existencia en algún momento de su historia. Lo cierto es que en esta época ya habría desaparecido.



La ganadería, especialmente la caballar, era su actividad económica más destacada. En general sus caballos eran superiores, en docilidad y rapidez, a los romanos. En el botín de guerra un elemento primordial eran los rebaños y todos los animales en general.

"Y una vez que mataron a la mayor parte, al resto se los llevaron prisioneros hasta su tierra, así como a una gran cantidad de ganado"
Amiano Marcelino 29, 6, 6.

Junto a la ganadería también practicaban la agricultura, aunque a mucha menor escala. La producción agrícola no les ofrecía suficientes garantías de subsistencia, por lo que se veían obligados, en numerosas ocasiones, a incluir el grano en los botines obtenidos mediante las expediciones de pillaje o razzias.

En un principio, el territorio ocupado por los cuados era de una gran inmensidad, por tanto contaban con amplias tierras para el cultivo. Esta abundancia de tierras podría explicar el escaso desarrollo de sus técnicas de cultivo, y por ende, de su productividad. Utilizarían técnicas similares a la agricultura de rozas.

Por otro lado, el carácter montañoso de su hábitat dificultaría en gran manera el cultivo de la tierra. Por estos  motivos, sus actividades económicas revisten un marcado carácter ganadero, que implicaba una mayor movilidad que otros pueblos germanos occidentales.

Los cuados pasaban por ser excelentes jinetes, algo típico de pueblos nómadas pastores y  ganaderos, que hacen de la monta una auténtica forma de vida.

"Recorren distancias enormes, ya cuando persiguen a otros o cuando regresan, montando a caballos veloces y dóciles, y llevando cada uno un caballo y, a veces, incluso dos, de manera que, al ir cambiando de montura, pueden recuperar las fuerzas y el vigor con descansos alternativos"
Amiano Marcelino 17, 12, 3. 

Su táctica bélica, como hemos mencionado antes, es la de las emboscadas, ataques vertiginosos y rápidas huídas. Para ello utilizaban sus rápidos y bien adiestrados corceles, a los que castraban para evitar que se sintiesen sobreexcitados ante la presencia de yeguas (enemigas). En este sentido, la fuerza principal de su ejército era la caballería.



El armamento era variado y contaba con corazas de cuero, escudos y largas lanzas, ideales para la carga de caballería o para ser arrojadas; también contaban con dardos y otras armas arrojadizas.  Para el combate cuerpo a cuerpo utilizaban las espadas.

"Estos pueblos, más hábiles en el pillaje que en combate abierto, disponían de lanzas bastante largas, y de escudos hechos con cueros pulidos y alisados, sujetos a sus ropas de hilo como si fueran plumas. La mayor parte de sus caballos suelen estar castrados para evitar que se escapen agitados al ver a alguna hembra, o para que no se revuelvan cuando están escondidos y evitar así que descubran a los jinetes con sus fuertes relinchos"
Amiano Marcelino 17 , 2, 2.


En cuanto a las creencias religiosas, los cuados, al igual que otros pueblos esteparios de pastores nómadas como los hunos, veneraban las espadas. Entre los pueblos mencionados era costumbre adorar una espada clavada en la tierra.

"[....] sacaron las espadas que ellos veneran como divinas y juraron que iban a ser leales."
Amiano Marcelino 17, 12, 21. 
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