En
la llanura nororiental, próxima a la frontera con Eslovaquia y con
Ucrania, instalada junto a la vía férrea que une Budapest con Kiev,
aparece Kisvarda, desde mayo de 2024, mi pueblo adoptivo en Hungría.
El
romanticismo de viajar en tren. El tren llegó para revolucionar el
mundo. No existe manera mejor de conocer la Gran Llanura húngara que
atravesarla en tren. Un país que tiende a la horizontalidad.
Hungría
es un país horizontal y verde. Los magiares encontraron aquí los
pastos para sus ganados , las llanuras para galopar y los cursos de
agua que les recordaba a su patria original, la abandonada.
Ave
Turul les condujo hasta aquí. El halcón y la avutarda compartían
la estepa con el mítico Turul. Las vacas, las ovejas y los caballos
formaban parte de la propia familia de los pueblos de las estepas.
Las esbeltas garzas , blancas y reales, aprovechan estos terrenos
húmedos, para procurarse el sustento. Amplios
horizontes, inmenso cielo azul, inabarcables estepas drenadas por las
aguas del más poderoso de los ríos, el Danubio. Un río capaz de
extender la civilización humana por todas las tierras que riega.
Existe
una Hungría fascinante más allá de Budapest.
Dejar
atrás los centros turísticos y las aglomeraciones urbanas.
Todo transcurre a un ritmo más pausado. Somos espectadores de la
vida, la sociedad, el urbanismo y la naturaleza.
Llegamos
un domingo por la tarde. Fuimos muy bien acogidos, con entusiasmo y
alegría.
Un
pedacito del paraíso terrenal. Nuestro hogar durante una semana.
Inolvidable.
Matías
Corvino, rey de Hungría que introdujo el Renacimiento en el país,
es, además, protagonista de innumerables cuentos y leyendas. Un
personaje popular más allá de su relevancia histórica.
Szent
Laszlo utca una avenida elegante, con bellísimos edificios. Arteria
vital de la ciudad.
Városháza,
el ayuntamiento de Kisvarda. Luce en su fachada el escudo de armas de
Hungría, coronado por la Santa Corona, y el blasón de la ciudad,
con un dragón enroscado. De dos mástiles ondean la enseña húngara
y la de la UE. El
futuro del continente depende, en gran medida, de la fortaleza o
debilidad de esa unión. Kisvarda tiene unos
16.800 habitantes y forma parte del condado Szabolcs-Szatmar-Bereg.
La presencia del Dragón en el emblema de Kisvarda está relacionado con la familia Varday, responsables del resurgimiento de la ciudad durante la Baja Edad Media. Varios miembros de esta familia estuvieron integrados en la Orden del Dragón fundada por el emperador Segismundo de Luxemburgo.
La
estatua ecuestre del rey Laszlo preside la plaza más importante de
Kisvarda. A finales del siglo XI contuvo en esta región una invasión
de pueblos nómadas del este (kunoks).
En
un lugar destacado del centro de Kisvarda se ubica la biblioteca -
Könyvtar - y un pequeño monumento que conmemora los 1100 años de
la llegada del pueblo magiar a estas tierras. Coronado por la mítica
Ave Turul.
La
calle del castillo.
Kisvardai
var, castillo de Kisvarda, razón de ser y topónimo de la ciudad.
Kisvarda significa algo así como pequeño castillo. De origen
medieval y en franco deterioro, su silueta sigue siendo poderosa e
imponente.
¿Far
West?. No, Gran Llanura húngara.
Kisvarda
FC, un equipo modesto, que las últimas temporadas ha estado
codeándose con los históricos del fútbol húngaro, como el Honved,
el Ferencvaros o el Videoton.
Los
alrededores del castillo, con un parque y un pequeño lago son
ideales para practicar deporte al aire libre.
Nos
hicimos humanos cuando empezamos a cocinar. Alrededor de la mesa
establecemos y consolidamos lazos sociales. Compartir un gulyás nos
permite acercarnos, e incluso, integrarnos, en la sociedad y cultura
húngaras. Al
fin y al cabo, todas las personas, y todas las sociedades,
compartimos la misma esencia.
Pogacsa
húngara. Una deliciosa galleta de queso.
Kisvardai
Bessenyei György Gimnázium és Kollégium, una institución
esencial en la vida cultural de Kisvarda. Uno edifico centenario, sus
pasillos son un sencillo homenaje a todos los estudiantes que han
pasado por estas aulas y han completado aquí su formación
académica. Formar a las nuevas generaciones sin
olvidar la tradición.
Los
Habsburgo en un libro de texto húngaro. Equivalente a nuestro Cuarto
de ESO.
La
tradición de los museos de Historia Natural en un instituto de
secundaria en Kisvárda, Hungría.
¿Quién
fue Bessenyi György?. Conocido como el ermitaño de Bihari, Bessenyi
György (1747 – 1811) fue soldado y poeta, figura que define la
ilustración húngara y pionero en la construcción de la identidad
nacional de Hungría. Sus obras, apenas leídas en vida, alcanzaron
notoriedad y cumplieron sus función, después de su muerte.

Cuando
llegó a Viena, para formar parte de la guardia húngara de la
emperatriz María Teresa, experimentó su inferioridad cultural en
comparación con los miembros de la corte imperial educada en
Francia. Comprendió entonces el atraso a nivel educativo de su país,
y que la lengua húngara apenas se hablaba en el ámbito rural.
Dedicó su vida al estudio de lenguas, historia, filosofía,
literatura e incluso la Biblia. Y puso en marcha su pluma para
escribir en húngaro. Su objetivo era promover la nacionalidad
húngara entre todas las capas de la sociedad. Existía la necesidad
de reformar el idioma húngaro y además adaptarlo a las necesidades
literarias y científicas de la época.
Bodi
Laszlo “Cipo”, icono de la música pop-rock húngara en la época
del cambio de régimen estudió en este centro educativo.
Líder
y fundador de la banda Republic, con la que alcanzó éxito en todo
el país en un tiempo caracterizado por profundas transformaciones
políticas, económicas y sociales. Su prematura muerte ha
contribuido a aumentar su halo legendario. Kisvard no lo olvida.
Ótro de los célebres alumnos del Bessenyei György Gimnázium és Kollégium fue Bertalan Farkas, primer cosmonauta húngaro.
Y
llega un día que, sin saber cómo y sin grandes pretensiones,
terminas dando una clase de historia en un instituto de Hungría.
Experiencias gratificantes que te regala la vida.
Rántott
folyami harcsa hasábburgonyával. La versión húngara del fish &
chips.
La
belleza de la sencillez cotidiana.
Cantina de la estación de tren de Kisvarda.
La
pequeña ciudad de Kisvarda está bien comunicada a través del
ferrocarril con la cercana Debrecen, segunda ciudad en población del
país, y con la capital, Budapest.
La
hierba fresca y el olor a tierra mojada de la llanura. Embriagador.
Viajar en tren te permite disfrutar, como espectador, del paisaje,
tanto el natural, como el humanizado.
Almuerzo
húngaro. Una de las primeras lecciones que aprende el viajero es que para probar la gastronomía autóctona es necesario alejarse de las capitales y de los grandes centros de turismo.
Desde
que llegué a Kisvarda siento cierta fijación por este edificio. Fue
construido en la década de 1920 por Sándor Kálman se encuentra
situado en Szent Lazlo utca, la calle principal de la ciudad.
Fue
nacionalizado durante la época socialista y se crearon apartamentos
de alquiler a partir de los años 50. También fue desde de la
oficina regional de la Asociación de Ahorros y el Ministerio de
Agricultura y Desarrollo Rural.
El
edificio sigue conservando su atractivo original y en los últimos
tiempos parece haber sido utilizado como restaurante y club nocturno.
Aunque actualmente se encuentra cerrado.
Hubo
un tiempo en que las campanas marcaban el ritmo vital de pueblos y
ciudades.
La iglesia reformada y la iglesia católica romana se miran cara a cara.
Es
el silencio generalizado y el ritmo pausado de la realidad cotidiana
lo que me ha cautivado de Kisvarda. Además de algunos edificios de
obra más que interesante. A las ocho de la tarde sus calles recuerdan a las de un pueblo fantasma. Paz y tranquilidad.
Llana
y de calles amplias y rectas, que se dirigen al encuentro con el
horizonte. Como la Mancha, pero a lo húngaro.
Ropogós
kacsacomb szilvás káposztapüté, pretezselme mogyoróburgonyával.
Pálinka, bebida alcohólica tradicional de Hungría.
Un
país no lo define su historia, ni su arquitectura. Un país no es su
capital, ni sus instituciones. Un país es sus pueblos y sus gentes.
Y aquí en Kisvarda nos hemos encontrado con la hospitalidad y
familiariadad de sus vecinos.
Siempre
queda un pedacito de nosotros en cada lugar que visitamos. Siempre
nos llevamos con nosotros un pedacito de ese lugar. (Última semana de Mayo de 2024).