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domingo, 17 de febrero de 2019

AGATIRSOS.



Los agatirsos, emparentados con los escitas (y probablemente también con los tracios), y de costumbres similares, vivían en el territorio de la actual Transilvania, en la llanura del Mures (Maramuresh), antes de la urbanización de esta región.

“De los agatirsos baja el río Maris y va a confundir sus aguas con el Danubio”. Heródoto.

Heródoto nos ha dejado una escueta descripción de ellos.

“Los agatirsos son unos hombres particularmente amantes del lujo y muy dados a adornarse con objetos de oro; además mantienen relaciones sexuales con las mujeres a discreción, para tener entre todos ellos lazos de parentesco y, merced a este vínculo común, no verse sujetos a la envidia y el odio mutuos. En sus demás costumbres, guardan relación con los tracios”.
Heródoto IV, 104.


Instalados en la orilla izquierda del Danubio, su territorio era rico en minas de oro. Una de las razonas para explicar la campaña de Darío contra los escitas ha sido, precisamente, suponer que deseaba hacerse con el control de dichas minas.

Heródoto menciona además a un rey de los agatirsos, llamado Espargapites. Según él, los griegos consideraban a los agatirsos, los gelonos y los escitas, pueblos hermanos. Niebuhr los asimiló a los getas (o dacios), fueron sometidos en la época de las grandes invasiones por los alanos, por lo cual han sido confundidos con ellos.

Vivían en chozas transportables, montadas sobre ruedas, muy parecidas a las utilizadas por los tracios. El comercio de joyas y del oro con los griegos debió ser una actividad muy lucrativa.

Virgilio los llama pieti, acaso porque tenían la costumbre de pintarse o tatuarse el cuerpo de color azul. Según la leyenda eran descendientes de Agatirso, un hijo de hércules.


Amiano sitúa a este pueblo a las orillas del río Volga, Ptolomeo al Norte de la Sarmacia europea, Heródoto en Transilvania, Plinio en Escitia, e incluso otros autores antiguos mencionan otra pueblo del mismo nombre a orillas del Marsius en Hungría. Incluso no faltan autores que los identifican con los agatciros mencionados por Prisco en su Historia Bizantina. Esta circunstancia parece indicar que o bien se trata de un pueblo de gran movilidad (a lo largo de los siglos) o bien que se trate de grupos diferentes conocidos con el mismo nombre.



jueves, 13 de diciembre de 2018

LAS LEGENDARIAS AMAZONAS .



Indómito pueblo de mujeres guerreras, hijas de Ares y Harmonía, vivían en una sociedad matriarcal y matrilineal, donde los hombres no tenían cabida, y eran gobernadas por poderosas reinas como Pentesilea, Antíope o Hipólita. Para el sostenimiento de la tribu una noche al año mantenían relaciones con los hombres de algún pueblo vecino. De los hijos nacidos tan solo se quedaban con las chicas.

Vivían en contacto con la Naturaleza y rendían culto a Artemisa, diosa de la caza y los bosques. Bravas y despiadadas llegaron incluso a la amputación de uno de los pechos para ganar destreza como arqueras, se tornaban dulces y sensuales si la ocasión lo requería. Como mantis religiosas únicamente se acercaban a los hombres para procrear.

El legendario pueblo de las amazonas parece tener una base real en las mujeres de los sármatas, que según Heródoto, acudían a la batalla en compañía de los hombres, llegando en ocasiones, a mostrar más ardor y valor en el combate. 

martes, 10 de julio de 2018

QUE LLEGAN LOS BÁRBAROS.



El pequeño número de los que sobrevivimos no fue gracias a nuestros méritos, sino a la misericordia del Señor. Pueblos innumerables y feroces han ocupado el conjunto de la Galia. Todo el territorio que se extiende entre los Alpes y los Pirineos, el que limita con el océano y el Rin, ha sido devastado por quados, vándalos, sármatas, alanos, hérules, sajones, burgundios, alamanes, etc.. (…)

Maguncia, en otro tiempo ilustre, ha sido tomada y saqueada. En su iglesia, millares de hombres han sido masacrados. Worms ha sido reducida después de un largo asedio. Las ciudades han quedado despobladas por la espada y el hambre. No puedo recordar sin lágrimas a Tolosa (…). Hispania misma, tiembla (…)
San Jerónimo, Carta a Geruchia, siglo V.

jueves, 10 de agosto de 2017

AORSOS



Valientes, hasta cierto punto temerarios, excelentes arqueros temidos por los poderosos emperadores Han, arrojados jinetes henchidos de un incurable espíritu de aventura, los aorsos fueron una de las tribus sármatas más famosas en la Antigüedad.

Al parecer procedían de la Sogdina, en la áspera Asia Central, y en su vagar hacia el próspero Occidente se fundieron con los alanos asentándose a orillas del gran río Volga. Más tarde reemprender la marcha hacia el Kuban y las tierras que se extienden entre la Meódite (mar de Azov) y el Tánais (río Don).

Se calcula que hacia el siglo I d.C. Su número ascendía a los 20.000 individuos. Un tiempo atrás, uno de sus jefes llamado Eunones, apoyó al ejército de Roma para someter a su vecinos, los síreces.

“ [los aorsos] eran dueños de la mayor parte de la costa caspia, hasta el punto de que importaban camellos las mercancías indias y babilonias que recibían de los armenios y los medos y llevaban objetos de oro gracias a su riqueza”. (Estrabón XI, 5, 8).

sábado, 12 de noviembre de 2016

AMAZONAS SÁRMATAS.



“Las mujeres de los sármatas sigue fieles a su antiguo género de vida: a lomos de sus caballos suelen salir de caza, tanto con sus maridos como sin ellos; también van a la guerra y llevan el mismo atuendo que los hombres. Por otra parte, entre ellos para contraer matrimonio rige la siguiente norma: ninguna doncella se casa antes de haber dado muerte a un enemigo; y algunas hasta llegan a morir de viejas sin haberse casado, por no haber podido cumplir la ley”. (Heródoto libro IV).

jueves, 31 de marzo de 2016

ALBOINO REY DE LOS LOMBARDOS



Alboino fue rey de los lombardos que protagonizaron una segunda de oleada de invasiones germanas, y que supieron sacar provecho del caos ocasionado por la ruptura de las fronteras y los desequilibrios de poder provocados por los grandes movimientos migratorios del siglo V.

Después de poner su espada al servicio de Bizancio, Alboino se alió con los ávaros para destrozar a los gépidos. Tras derrotarlos (y prácticamente aniquilarlos) Alboino en persona asesinó a su rey, Cunimundo, y se llevó a su hija Rosamunda como preciado botín de guerra.

En el año 568 partió de sus territorios del lago Balatón en la llanura Panonia, y al frente de un variopinto ejército que contaba nada más y nada menos que con treinta y cinco cabecillas, y que estaba compuesto por mercenarios de diferente procedencia – ávaros, sármatas, búlgaros, gépidos, suevos, panonios y sajones – cruzó la cordillera de los Alpes y cayó por sorpresa sobre Italia. Conquistó rápidamente el Norte y desde ahí inició la conquista del próspero valle del Po. En poco tiempo se convirtió en dueño y señor de media Italia.


Y en ese momento, cuando se encontraba en la cima de su poder, fue asesinado mientras dormía la siesta a instigación de Rosamunda, que de esta manera se tomaba justa venganza.  

viernes, 20 de noviembre de 2015

LAS TIERRAS QUE BAÑA EL ISTRO Y SU GENTE.



Más aún, los recónditos parajes bárbaros muestran de repente el Danubio, si bien el curso de sus aguas es cambiante. El monte Abnoba es el progenitor del Istro. Este río se despeña de una hendidura del Abnoba; luego se vuelve hacia las regiones orientales y desemboca en las aguas saladas del Ponto Euxino; cinco son las desembocaduras que arrojan su corriente al mar en la zona en que aparece la lejana isla de Teuce; y este río, hacia donde soplan las ráfagas heladas del aquilón, lo pueblan el sármata, los germanos, el geta, los feroces basternas, y los pueblos de los dacios; lo habita también el salvaje alano y, el escita, que mora en el litoral Taurisco; y después, a partir de aquí, la terrible raza del melancleno va y viene diseminada por estos contornos.

Cercano se encuentra el país de los neuros, los gelones veloces y los agatirsos, cubiertos con sayos siempre de colores. Acto seguido el río Boristenio desemboca con energía en el Ponto Euxino; a continuación se te brindan las llanuras marinas de Panticapeo y de Ardisco, procedentes de la cumbre quebrada de los montes Rifeos; a menudo, allá, bajo las duras condiciones atmosféricas de la Osa, unas nubes espesas desprenden nubarrones de escarcha; allá las ricas venas de la tierra generan el cristal níveo; también allá la tierra comienza a endurecerse merced al resistente diamante entre los montes Rifeos y los agatirsos de elevada estatura. Tales son las etnias que se encuentran hacia el Istro, en la áspera región que se extiende bajo la constelación de Boyero.

Por la zona meridional habitan los gerras, arrastrándose a través de las lomas de montes cubiertos de maleza. Con estos gerras limitan las ciudadelas del extenso Nórico y, luego, la Panonia cultiva sus fértiles tierras de enorme extensión. El mesio eleva muy alto hacia el bóreas sus campos y, prolongando su territorio por detrás de los tracios, los rebasa ampliamente. Vienen después los propios tracios que trabajan su enorme país con el curvo arado; finalmente, desde la amplia franja en que se extiende la Propóntide, abundante en peces, y desde donde se agitan las aguas turbulentas del Helesponto, hasta el lejano mar Egeo, los tracios poseen muchísimas tierras. Aquí Palena cría las llamas de la resplandeciente licnita en cuevas productoras de miel; también aquí el rubio jaspe centellea como las estrellas, con la misma intensidad con que los ígneos astros arden sin cesar en llamas eternas por la bóveda celeste.

Rufo Festo Avieno “Descripción del Orbe Terrestre”

domingo, 6 de abril de 2014

COSTOBOCOS



Los costobocos eran primos hermanos de los dacios y de los sármatas, pueblos curtidos en mil batallas, y protagonizaron audaces expediciones hacia el interior del Imperio Romano.

En el siglo II d.C., durante el reinado de Marco Aurelio, los romanos esperaban ataques desde Germania, pero la invasión sobrevino desde las llanuras rusas. Los costobocos atacaron y saquearon la ciudad de Eleusis, en Grecia (año 170).

Como sus parientes sármatas y escitas, la mayoría de los costobocos llevaban una vida nómada y llena de peligros.

"En la mitad del arco que, como hemos indicado, tiene una amplia superficie circular (lo que para un viajero dispuesto supone quince días de viaje), están los alanos europeos y los costobocas, además de innumerables tribus escíticas, que se extienden hasta unas tierras sin final conocido. 
De estos pueblos, una pequeña parte vive de los cultivos y todas las demás vagan por inmensos desiertos, que nunca han experimentado ni la simiente, ni la esteva, ya que no áridos y están cubiertos de escarcha, por lo cual estas gentes se alimentan como fieras abominables. Tienen sus objetos queridos, sus moradas y sus viles utensilios en carros cubiertos con corcho, de manera que, cuando así lo quieren, emigran sin obstáculo alguno llevando sus carros adonde les place".
Amiano Marcelino  22, 8, 42.

Para saber más sobre la expedición de los costobocos  http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=58030 

jueves, 21 de febrero de 2013

EL DÍA QUE DIOS SALVÓ A UNOS DEVOTOS LEGIONARIOS CRISTIANOS



Corría el año 174, el emperador Marco Aurelio, al frente de varias legiones, se encontraba en plena campaña en tierras de Germania, intentando contener a sus belicosas tribus; marcomanos, cuados, sármatas . . . 

Un vexillatio - destacamento - de la XII Legión, guiada tal vez por un comandante inexperto, se había internado en terreno hostil, alejándose de las líneas de avituallamiento. El suelo embarrado, el abrupto terreno que impedía el avance, la cercanía y acoso del enemigo y especialmente el hambre y la sed, causaban estragos entre los fatigados romanos que comenzaron a sentir seriamente sus vidas amenazadas.

Desesperados por la situación, algunos legionarios, que habían abrazado la fe cristiana, se arrojaron de rodillas al suelo y elevando sus corazones al cielo, pidieron ayuda al Todopoderoso. El ejemplo cundió rápidamente, y en pocos minutos prácticamente todos los miembros del ejército oraron a Dios, y suplicaron por sus vidas.


La bóveda celeste se tornó gris, el cielo se abrió y las nubes descargaron una terrible tromba de agua, acompañada de una miríada de rayos y truenos que desperdigaron al ejército enemigo y permitió a los devotos legionarios cristianos salvar sus vidas. 

Autores cristianos como Tertuliano, Eusebio de Cesarea o el hispano Paulo Orosio, fueron los encargados de transmitir tan extraordinario acontecimiento; el poder supremo del Dios Cristiano se mostraba superior a las Deidades Paganas

"Que esta guerra fue dirigida providencialmente por Dios lo prueba clarisimamente, entre otros argumentos, sobre todo una carta de este prudente y honrado emperador (Marco Aurelio). Efectivamente, al sublevarse estos pueblos de crueldad bárbara y de cantidad imnumerable, esto es, los marcomanos, los cuados, los vándalos, los sármatas, los suevos y casi toda Germania, y al peligrar el ejército, que había avanzado y había sido rodeado en territorio de los cuados, peligro que se debía más a la sed, ya que faltaba el agua, que al enemigo, se produjo, ante la invocación del nombre de Dios, invocación que de pronto hicieron públicamente unos cuantos soldados que se abandonaron a las preces con extraordinaria fe, se produjo, digo, una lluvia tan intensa que los romanos se vieron larga y justamente reconfortados, mientras que los bárbaros, asustados por la constante caída de rayos, y sobre todo porque muchos de ellos perdían la vida, se dieron a la fuga. Los romanos, persiguiendo hasta la aniquilación a los fugitivos, lograron, con un inexperto y pequeño número de soldados, pero con la poderosa ayuda de Cristo, una victoria gloriosísima y digna casi de ser antepuesta a todas las glorias de los antepasados"
Paulo Orosio. 
Historias VII, 15, 7-10.

domingo, 10 de febrero de 2013

HIRROS



Hirros, posiblemente un pueblo germano, que habitaban más allá del Vístula. Aparecen junto a los esciros y vénedos. Es comúnmente aceptado, entre la historiografía actual, el hecho de que los vénedos sean grupos protoeslavos. Teniendo en consideración esto, es posible que los hirros, mencionados por Plinio junto a los vénedos, también fuesen protoeslavos. 

"Algunos sostienen que estas tierras están habitadas hasta el río Vístula por los sármatas, vénedos, esciros e hirros, que hay un golfo llamado Cilipeno, en cuya desembocadura está la isla de Latris y que después hay un segundo golfo llamado Lagno, limítrofe de los cimbrios"
Plinio  IV, 97

ETNOGRAFÍA DE LOS CUADOS




Los cuados eran un pueblo de Germania Oriental, primos hermanos de los marcomanos, por parte de padre, y de los sármatas, por parte de madre. 

Según el historiador Tácito hacia el siglo I d.C. , formaban, junto a semnones, longobardos, hermunduros y marcomanos, parte de los suevos. 

"Próximos a los hermunduros viven los naristos y, a continuación, los marcomanos y los cuados. La gloria y el potencial más importante pertenecen a los marcomanos, e incluso su mismo territorio lo conquistaron valientemente tras derrotar en un tiempo a los boyos. No desmerecen la raza los naristos y cuados"
Tácito. Germania 42. 

Habitaban en la Europa Centrooriental, tierras de Bohemia y Moravia (República Checa), al norte del Danubio, regiones a las que llegaron junto con los marcomanos, y de las que expulsaron a los anteriores pobladores celtas (como los boios). Vivían al oeste de los sármatas, separados de las provincias romanas de Panonia Superior y Valeria, por el Danubio.

Vecinos de los sármatas, aparecen unidos en muchas ocasiones, de ahí que se nos presenten mezclados y muy próximos, no solo por la vecindad, sino también por la similitud de costumbres y armamento.

"[...] los sármatas y los cuados se habían unido y habían llegado a un acuerdo por la cercanía y la semejanza de sus costumbres y de sus armas, y que estaban atacando Panonia y la Moesia Segunda mediante grupos dispersos"
Amiano Marcelino 17, 12, 1. 

Es bastante probable, que sármatas y cuados sincronizasen sus incursiones en las zonas controladas por los romanos. 

". . . los cuados y sármatas asolan los territorios de Panonia"
Orosio VII, 22, 7

"[...] los cuados, que habían compartido numerosas situaciones de peligro con los sármatas, a quienes, con frecuencia habían estado inseparablemente unidos en sus correrías"
Amiano Marcelino 17, 12, 8. 



Parece que los cuados, gustaban de habitar lugares elevados y poblados de bosques, como la Selva Hercinia (Selva Negra). Debemos hacer hincapíé, nuevamente, de la gran importancia, tanto económica como religiosa, que tenía el bosque para el germano. La espesa vegetación, los humedales y los numerosos árboles, servían también como inaccesibles refugios y se convierten en lugares propicios para tender trampas y emboscar al ejército invasor romano.

"En este lugar además se encuentra la Selva Hercinia y los pueblos suevos, los cuales habitan en el interior del bosque, como los cuados"
Estrabón VII, 1, 3


Los cuados, junto a los alamanes, son uno de los pueblos germanos cuya importancia es mayor en el relato del historiador tardoantiguo Amiano Marcelino, que describe muy bien su organización.

Entre los siglos I y IV d.C. los cuados aparecen frecuentemente combatiendo a Roma.

El primer contacto de Roma con los Dacios (86 d.C.), obligó a Domiciano a luchar también contra otros pueblos, como los sármatas, los marcomanos de Bohemia, y los propios cuados en Moravia.

Estando Panonia sin guarnición romana, los cuados se lanzaron a su conquista, y tuvo que acudir un ejército  romano de 20.000 hombres que fue derrotado.

Envalentonados, los cuados continuaron con su avance y trataron de apoderarse de la ciudad italia de Aquileya, en el mar Adriático, muy cerca de la frontera con Eslovenia. En esta ocasión si que fueron detenidos por las legiones de Roma.




En tiempos de Marco Aurelio, se unieron a los marcomanos, y fueron vencidos en el 175. 

"Efectivamente, al sublevarse estos pueblos de crueldad bárbara y de cantidad innumerable, esto es, los marcomanos, los cuados, los vándalos, los sármatas, los suevos y casi toda Germania"
Orosio VII, 15,8.

Durante este el siglo II, los cuados eran un pueblo aguerrido y temible, protagonistas de intrépidas campañas militares, fueron capaces de destruir Opitergium (en el Véneto) y del mencionado asedio de Aquileya. En el siglo IV, Amiano considera, que los cuados han perdido el esplendor de antaño.

"En ese momento no eran muy temidos, pero habían sido un pueblo belicoso y con mucho poder como demuestran sus rápidos ascensos y caídas del pasado, el que Aquileia fue asediada por ellos y por los marcomanos, la destrucción de Opitergio, así como muchas acciones sanguinarias culminadas en campañas muy rápidas. Por ello, cuando atravesaron los Alpes Julios, el emperador Marco Pío, de quien hemos tratado anteriormente, apenas pudo resistir"
Amiano Marcelino 29, 6, 1.

Los cuados volvieron al ataque durante el Imperio de Caracalla y en época de Galieno invadieron Panonia. En el 375 Valentiniano los expulsó, y desde este momento se confundieron totalmente con los suevos, formando parte de este contingente de pueblos en la "gran migración de los germanos". 

El emperador Valentiniano sentía la necesidad de proteger la frontera situada al otro lado del Danubio, concretamente el territorio ocupado por los cuados, y por este motivo los forzó a la guerra, invadiendo su espadio. Según nos informa Amiano, este espacio debía contar con enormes proporciones.

"Y es que Valentiniano, que desde el inicio de su principado había mostrado un gran afán por fortificar las fronteras - afán ciertamente excesivo -, ordenó que se levantara un campamento defensivo al otro lado del río Íster, en el interior del territorio de los cuados, como si estos formaran parte ya del suelo romano"
Amiano Marcelino 29, 6, 1.

El asesinato a sangre fría de su rey Gabinio, que parece ser ordenó Valentiniano, fue el motivo de una gran agitación generalizada entre los cuados, que devastaron a sangre y fuego las provincias de Panonia y Valeria.

"[...] el pueblo de los cuados, que había permanecido tranquilo durante mucho tiempo, se agitó de repente. [...] Y lo cierto es que, por bárbaros que fueran, tenían un motivo de queja".
Amiano Marcelino 29, 6, 1.

"Después, cuando el rey Gabinio pidió humildemente que no se intentara nada nuevo, simuló humanidad y, como si fuera a mostrarse de acuerdo, le invitó a que acudiera a un banquete junto a otras personas.
Pero cuando Gabinio salía del banquete, Marceliano hizo que le mataran, violando de forma criminal el deber sagrado de la hospitalidad.
Cuando el rumo de esta acción tan atroz se difundió por diversas regiones, hizo que se rebelaran los cuados y los pueblos cercanos. Éstos, llorando la muerte de su rey, reunieron y enviaron tropas de ataque que, después de atravesar el Danubio, atacaron a la gente que estaba ocupada en las tareas de la cosecha, ya que no esperaban ninguna hostilidad"
Amiano Marcelino 29  , 6, 5-6.

Sus ataques habitualmente estaban dirigidos sobre las fronteras romanas dirigidos contra las provincias de Valeria y ambas Panonias. Nos parece necesario distinguir, entre las ocasiones, pocas, que lo hacían en solitario, y las más frecuentes, en las que aliados con los sármatas invadieron las Panonias en 365, las dos Panonias y Valeria en el 373, y nuevamente, en el 375, las dos provincias de Panonia.

" [...] los suevos estaban atacando Recia, los cuados Valeria, y que los sármatas, el pueblo más experto en el pillaje, estaban devastando la Moesia Superior y la Panonia Segunda"
Amiano Marcelino 16, 10, 20. 

Los cuados, como otros muchos pueblos germanos, también sirvieron en el ejército romano, siendo destinados a las orillas del Éufrates y a la frontera meridional de la provincia africana. 

En las fuentes se nos muestra un pueblo dedicado al pillaje y la rapiña, siendo el robo el único objetivo de sus expediciones militares. Además, Amiano exalta su carácter bárbaro, cuando nos los presenta exultante, alegres y satisfechos tras haber destruido una ciudad y masacrado a su población.

También sobresale su capacidad mucho más dispuesta para la emboscada, la táctica de guerrilla, que para la batalla campal, el combate a campo abierto; siendo ágiles en rápidos ataques y veloces retiradas. Siendo su organización militar en pequeños escuadrones de gran movilidad.

Su carácter volátil, o más bien conscientes del verdadero peligro, se muestra en las numerosas ocasiones, en las que tras una derrota militar, se arrodillan ante sus vencedores y suplican una paz honrosa. Más de una vez, culpan de sus razzias a pequeños grupos de bandidos que nada tienen que ver con ellos (actuación similar a la de los lusitanos en la Península Ibérica). Para asegurar la paz, no tenían inconveniente en desprenderse de las armas, ni de entregar a sus propios hijos como rehenes a los romanos, a cambio de la fidelidad.

". . . al ver a nuestro ejército en el corazón de su reino y del suelo patrio, se echaron a los pies de nuestros soldados y, tras alcanzar el perdón, cumplieron lo que se les ordenó, eso es, entregaron a sus hijos como garantía de que estaban dispuestos a cumplir las condiciones impuestas, tras lo cual, sacaron las espadas que ellos veneran como divinas y juraron que iban a ser reales"
Amiano Marcelino 17, 12, 21.

Los cuados se dividían en diferentes pueblos (tribus/linajes) que ocupaban diferentes territorios; de ahí que en las fuentes aparezcan distintos reinos de los cuados. También se utiliza el término "pagi" para referirse a esas circunscripciones, al frente de cada cual había una jerarquía superior.

Las noticias sobre la campaña de 358 nos ofrece una muestra de la organización política de este pueblo germano; en ella se distinguen varios grupos y podemos extraer además algunas ideas sobre su concepción monárquica.



Tenemos las figuras de los reyes Arahario, que aparece al frente de una tropa mixta de cuados y transiugitanos, y de Vitrodo, hijo de Viduario. Podemos pensar en una monarquía claramente hereditaria y en cierto sentido compartida. Los reyes tendrían amplios poderes, aunque limitado quizás por la asamblea del pueblo en armas, tan típica de la organización políticosocial de los pueblos germanos.

"Es lo que hicieron Arahario y Usáfer, un noble destacado, generales de los ejércitos de sus pueblos y, de los cuales, el primero encabezaba al grupo de los transyugitanos y de los cuados y, el segundo a algunos sármatas, grupos muy unidos por la cercanía de sus tierras y por la fiereza de su carácter"
Amiano Marcelino 17 ,12, 12.

Junto a esta cúspide, denotamos la presencia de un conjunto de reyezuelos vasallos, por llamarlos de alguna manera, con un poder mucho más limitado y posiblemente dependiente de los anteriores. El caso más claro es el de Agilimundo.

"Entonces su príncipe Vitrodoro, hijo del rey Viduario, y su vasallo Agilimundo, así como otros nobles y oficiales, que encabezaban a varios pueblos . . ."
Amiano Marcelino 17, 12, 21.

La sociedad de los cuados tiene forma piramidal. En la cúspide se encuentran los reyes principales, compartiendo el poder, Arahario y Vitrodo.

El escalafón intermedio estaría formado por los mencionados reyes vasallo, Agilimundo, y un conjunto de grandes jefes militares (una especie de aristocracia), que extendían su poder sobre algunos grupos de cuados.



La base de la pirámide, sobre la que descansa todo el engranaje social y económico, está compuesta por los hombres libres; capaces de luchar y de trabajar.

En cuanto a la esclavitud no podemos ni afirmar, ni negar su existencia en algún momento de su historia. Lo cierto es que en esta época ya habría desaparecido.



La ganadería, especialmente la caballar, era su actividad económica más destacada. En general sus caballos eran superiores, en docilidad y rapidez, a los romanos. En el botín de guerra un elemento primordial eran los rebaños y todos los animales en general.

"Y una vez que mataron a la mayor parte, al resto se los llevaron prisioneros hasta su tierra, así como a una gran cantidad de ganado"
Amiano Marcelino 29, 6, 6.

Junto a la ganadería también practicaban la agricultura, aunque a mucha menor escala. La producción agrícola no les ofrecía suficientes garantías de subsistencia, por lo que se veían obligados, en numerosas ocasiones, a incluir el grano en los botines obtenidos mediante las expediciones de pillaje o razzias.

En un principio, el territorio ocupado por los cuados era de una gran inmensidad, por tanto contaban con amplias tierras para el cultivo. Esta abundancia de tierras podría explicar el escaso desarrollo de sus técnicas de cultivo, y por ende, de su productividad. Utilizarían técnicas similares a la agricultura de rozas.

Por otro lado, el carácter montañoso de su hábitat dificultaría en gran manera el cultivo de la tierra. Por estos  motivos, sus actividades económicas revisten un marcado carácter ganadero, que implicaba una mayor movilidad que otros pueblos germanos occidentales.

Los cuados pasaban por ser excelentes jinetes, algo típico de pueblos nómadas pastores y  ganaderos, que hacen de la monta una auténtica forma de vida.

"Recorren distancias enormes, ya cuando persiguen a otros o cuando regresan, montando a caballos veloces y dóciles, y llevando cada uno un caballo y, a veces, incluso dos, de manera que, al ir cambiando de montura, pueden recuperar las fuerzas y el vigor con descansos alternativos"
Amiano Marcelino 17, 12, 3. 

Su táctica bélica, como hemos mencionado antes, es la de las emboscadas, ataques vertiginosos y rápidas huídas. Para ello utilizaban sus rápidos y bien adiestrados corceles, a los que castraban para evitar que se sintiesen sobreexcitados ante la presencia de yeguas (enemigas). En este sentido, la fuerza principal de su ejército era la caballería.



El armamento era variado y contaba con corazas de cuero, escudos y largas lanzas, ideales para la carga de caballería o para ser arrojadas; también contaban con dardos y otras armas arrojadizas.  Para el combate cuerpo a cuerpo utilizaban las espadas.

"Estos pueblos, más hábiles en el pillaje que en combate abierto, disponían de lanzas bastante largas, y de escudos hechos con cueros pulidos y alisados, sujetos a sus ropas de hilo como si fueran plumas. La mayor parte de sus caballos suelen estar castrados para evitar que se escapen agitados al ver a alguna hembra, o para que no se revuelvan cuando están escondidos y evitar así que descubran a los jinetes con sus fuertes relinchos"
Amiano Marcelino 17 , 2, 2.


En cuanto a las creencias religiosas, los cuados, al igual que otros pueblos esteparios de pastores nómadas como los hunos, veneraban las espadas. Entre los pueblos mencionados era costumbre adorar una espada clavada en la tierra.

"[....] sacaron las espadas que ellos veneran como divinas y juraron que iban a ser leales."
Amiano Marcelino 17, 12, 21. 

martes, 6 de noviembre de 2012

GERMANIA DE TÁCITO (y XVII)




46  Ésta es el confín de Suevia. No sé si incluir entre los germanos o los sármatas a los pueblos de los peucinos, vénedos y fenos; aunque los peucinos, a los que algunos llaman bastarnas, actúan como los germanos en lengua, costumbres, asentamientos y modo de construir sus casas; la suciedad es patrimonio de todos, y la indolencia lo es de los notables; a causa de enlaces matrimoniales con los sármatas acaban por adquirir un aspecto desagradable, parecido al de éstos. 

Los vénedos han tomado mucho de sus costumbres, pues recorren saqueando todo el territorio de bosques y montes que se levanta entre peucinos y fenos. A éstos, en cambio, se los cuenta más bien entre los germanos, porque fijan sus domicilios, llevan escudos y les gusta utilizar las piernas con rapidez, todo lo cual es diferente de los sármatas, que viven en carros y caballos. Hay en los fenos un salvajismo asombroso y una pobreza detestable: ni armas, ni caballos, ni hogares; hierba para alimentarse, pieles para vestirse, el suelo para dormir: toda su esperanza en las flechas, que, a falta de hierro, llevan un hueso afilado en la punta. La caza proporciona alimento lo mismo a hombres que a mujeres, pues éstas les acompañan a todos los sitios y reclaman su parte en el botín. Los niños no tienen otro refugio frente a las fieras y lluvias que la cubierta de ramas entrelazadas; allí acuden también los jóvenes y es protección para los ancianos. Pero piensan que así y todo es mejor que sufrir en los campos, trabajar en las casas y mantener siempre expuestas sus propias fortunas y las ajenas entre la esperanza y el miedo. Tranquilos de cara a los hombres y los dioses, han conseguido algo muy difícil: no echar en falta ni siquiera el deseo.

Lo demás es ya legendario: que los helusios y oxiones tienen rostro y rasgos humanos y miembros de animales. Lo dejamos en el aire, como algo no comprobado.   

martes, 30 de octubre de 2012

GERMANIA DE TÁCITO (XV)




41  Esta facción de los suevos se extiende hasta la parte más interior de Germania; más cerca de nosotros (sigamos ahora el curso del Danubio, como antes el del Rin) está la tribu de los hermunduros, fiel a los romanos; por esta razón, son los únicos de los germanos que mantienen relaciones comerciales, no sólo en la orilla, sino tierra adentro, en la más espléndida colonia de la provincia de la Recia. Pasan la frontera por doquier y sin guardianes, y, mientras que a los demás pueblos les mostramos sólo las armas y los campamentos, a éstos les abrimos nuestras casas y fincas, porque no las ambicionan. Entre los hermunduros nace el Elba, río otrora famoso y conocido; hoy apenas se le menciona

42    Próximos a los hermunduros viven los naristos, y, a continuación, los marcomanos y cuados. La gloria y el potencial más importante pertenecen a los marcomanos, e incluso su mismo territorio lo conquistaron valientemente tras derrotar en un tiempo a los boyos. No desmerecen la raza los naristos y cuados. Y ésta es, por así decirlo, la fachada de la Germania en la zona que la bordea el Danubio. Los marcomanos han conservado hasta nuestra época reyes de su propia nación, noble linaje de Maroboduo y Tudro (ahora soportan monarcas extranjeros), pero la fuerza y el poder de sus reyes proviene de la autoridad de Roma; raras veces reciben nuestro apoyo militar, más frecuentemente de tipo económico, aunque no por ello son menos poderosos.

43      Hacia atrás, los marsignos, cotinos, osos y buros limitan a los marcomanos y cuados por su parte posterior. De éstos, los marsignos y buros recuerdan a los suevos por su lengua y costumbres; la lengua gala de los cotinos y la canónica de los osos demuestra que no son germanos; también el que estén sometidos a tributos. Los sármatas les imponen parte de tales tributos; parte, los cuados, como si fueran extranjeros; los cotinos, para mayor vergüenza, trabajan incluso minas de hierro. 

Todos estos pueblos se asentaron en algunas llanuras, pero sobre todo en desfiladeros y cimas de montañas. Una cadena de montes separa y divide Suevia, al otro lado de la cual viven muchos pueblos, entre los que el nombre de los ligios es el más extendido y comprende muchas tribus. Bastará nombrar a las más poderosas: harios, helvecones, manimos, helisios, naharvalos. En el territorio de los naharvalos es notorio un bosque perteneciente a una añeja religión. La preside un sacerdote con atavío femenino, pero, según una interpretación romana, recuerdan a los dioses Cástor y Pólux. Tal es la esencia de esta divinidad; su nombre, Alcis; ninguna imagen, ninguna huella de creencia extranjera; sin embargo, se les venera como a dos hermanos, como a dos jóvenes. 

Por lo demás, los harios, aparte de su fuerza, en la que superan a los pueblos citados, siendo feroces como son, favorecen su ferocidad con artimañas y aprovechando las ocasiones: con escudos negros y cuerpos untados, escogen noches muy oscuras para sus combates e infunden terror con el solo miedo que produce su aspecto de ejército espectral, sin que ningún enemigo soporte esa visión inusitada y como de otro mundo, pues en todas las batallas los primeros en ser vencidos son los ojos. 

Tras los ligios están los gotones; con régimen monárquico, con una sujeción algo mayor que la de los restantes pueblos germanos, aunque no tanto como para suprimir su libertad. A continuación, nos encontramos por la parte del Océano a los rugios y lemovios. Típicos de todos estos pueblos son los escudos redondos, las espadas cortas y la sumision a sus reyes.   

lunes, 22 de octubre de 2012

GERMANIA DE TÁCITO (VI)



15 Cuando no guerrean, se dedican algo a la caza, pero pasan la mayor parte del tiempo sin ocuparse de nada, entregados al sueño y a la comida. Los más valientes y belicosos entregan el cuidado de la casa, el hogar y los campos a las mujeres, ancianos y a los más débiles de la familia, mientras ellos languidecen: sorprendente versatilidad de carácter, que hace que los mismos hombres gusten así de la ociosidad y odien la paz.
Las comunidades tienen la costumbre de llevar a sus jefes, voluntaria e individualmente, algún animal o producto del campo, lo que, recibido como homenaje, ayuda de paso a sus necesidades. Sobre todo les gustan los regalos de los pueblos vecinos, que les son enviados no sólo por cada individuo, sino incluso a título oficial: caballos escogidos, excelentes armas, jaeces y collares. Actualmente les hemos enseñado también a recibir dinero.
16   Es de sobra conocido el que los pueblos germanos no habitan en ciudades; ni siquiera soportan que sus casas estén agrupadas. Dispersos y separados, viven donde les haya complacido una fuente, un campo o una arboleda.
No levantan sus aldeas como nosotros, con edificaciones juntas y apoyándose unas en otras; cada cual deja un espacio libre en torno a su casa, bien como remedio frente al peligro de incendio, bien por desconocer la técnica de la costrucción. Ni existe en ellos el uso de la mampostería o de las tejas: utilizan para todo un material tosco, sin pretensiones estéticas u ornamentales. Cubren algunos lugares con un estuco tan fino y brillante que semeja pintura y dibujo de colores.
Tienen la costumbre de abrir cuevas subterráneas y ponen encima gran cantidad de estiércol: refugio para el invierno y almacén para las cosechas; este tipo de lugares suaviza el rigor de los fríos y, si alguna vez llega el enemigo, saquea lo que está al descubierto, pero lo oculto y enterrado les pasa desapercibido, o bien precisamente el tener que buscarlo impide su descubrimiento.  
17      Su vestimenta habitual es un sayo, sujeto con una hebilla, o, en su defecto, con una púa; sin más abrigo, se pasan todos los días a cubierto, junto al fuego del hogar. Los más ricos se distinguen por su vestidura, no flotante, como la de los sármatas y partos, sino ajustada y que deja adivinar todos su miembros. Llevan también pieles de animales, sin cuidado los ribereños, con más esmero los del interior, porque la falta de relaciones comerciales no les da otra posibilidad de atavío. Eligen animales y entremezclan las pieles que les quitan con pieles de otros que produce el Océano exterior y sus desconocidas aguas.
La indumentaria de las mujeres no difiere de la masculina excepto en que aquellas van cubiertas más a menudo con mantos de lino adornados con franjas de púrpura; la parte superior del vestido no termina en mangas, dejando al descubierto el antebrazo, los brazos y la parte contigua del pecho. 
 

sábado, 20 de octubre de 2012

GERMANIA DE TÁCITO



1       El conjunto de la Germania está separado de los galos, los retos y los panonios por los ríos Rin y Danubio; de los sármatas y dacios, por el recíproco miedo o por montañas; el resto los ciñe el Océano, que forma grandes penínsulas y abarca enormes extensiones de islas. Son conocidos desde hace poco algunos de sus pueblos y reyes, con los que nos ha puesto en contacto la guerra. El Rin, que nace en un pico escarpado e inaccesible de los Alpes Réticos, tras desviarse suavemente hacia el oeste, une sus aguas con el Mar del Norte. El Danubio se difunde a partir de una altura de poca elevación y perfil suave del monte Abnoba y recorre muchos pueblos, hasta que rompe en el Mar Póntico por seis bocas; una séptima queda absorbida por lagunas. 

2      Estoy casi convencido de que los germanos son indígenas y que de ningún modo están mezclados con otros pueblos, bien como resultado de emigraciones, bien por pactos de hospitalidad, pues quienes en otros tiempos querían cambiar de lugar, no lo hacían por tierra, sino por mar, y desde nuestro mundo son escasas las naves que se adentran en un Océano inmenso y, por así decirlo, hostil. Además, aparte del peligro de un mar temible y desconocido, ¿quién va a dejar Asia, África e Italia para marchar a Germania, con un terreno difícil, un clima duro, triste de habitar y contemplar si no es su patria?.

Mediante antiguos cánticos, única forma de crónica e historia que hay entre ellos, conmemoran al dios Tuistón, nacido de la tierra; le atribuyen un hijo, Manno, origen de la raza, y, como fundadores, otros tres a Manno, de cuyos nombres provienen los ingevones, que son los más próximos al Océano, hermiones los de la zona central e istevones los restantes. Algunos, amparados en la libertad que da lo antiguo, afirman que fueron más los nacidos del dios y añaden más nombres de pueblos: marsos, gambrivios, suevos, vandilios; afirman que éstos son los nombres auténticos y antiguos; que, por el contrario, el de Germania es reciente y su empleo es nuevo, puesto que a los primeros que, tras atravesar el Rin, expulsaron a los galos y ahora se llaman tungros, antes se les conocía como germanos; que, por tanto, el nombre de un pueblo, no de toda la nación, era el que había llegado a imponerse de tal manera que todos se llamaron germanos con un nombre prestado, tomado primero por el vencedor para infundir miedo y utilizado después de ellos mismos.

3      Hablan de que entre ellos hubo también un Hércules y, cuando van a entrar en combate, lo ensalzan en sus cantos como el más valiente entre los valientes. Tienen también otros, con cuya entonación, que llaman "baritum", enardecen los ánimos, y con el mismo canto predicen la suerte de la próxima lucha, pues causan terror o se atemorizan según el griterío de los guerreros, y parece aquel no tanto armonía de voces como de valor. Se busca, sobre todo, aspereza de sonido y ruido entrecortado, colocando los escudos junto a la boca para que la voz, repercutida, aumente y salga más grave y más llena. 

Por otra parte, algunos opinan que también Ulises, arrojado hasta este Océano en aquel largo y legendario vagar suyo, fue a parar a las tierras de Germania y fundó y dio nombre a Asciburgio, situada a orillas del Rin y habitada aún hoy; insisten en que se encontró tiempo ha un altar consagrado a Ulises en el mismo lugar, con el nombre de su padre Alertes, y que todavía existen ciertos monumentos y túmulos con inscripciones en caracteres griegos en los confines de la Recia y la Germania. No está en mi ánimo el confirmar con argumentos ni refutar todo esto; que cada cual le quite o dé crédito según su criterio. 
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