Estudiar historia antigua es una búsqueda constante de pueblos y sociedades, de las que nunca tendremos ni evidencias ni certezas, tal es el caso de los Turboletas. El historiador Apiano los cita (Ib, 10) durante los preparativos de Aníbal para asediar Sagunto, pero pocas referencias más tenemos. Se piensa que podría ser una tribu de los celbíberos, que ocuparía un territorio en la zona meridional del Sistema Ibérico, cuya capital sería Turba, población que les da nombre. Sin embargo también hay autores que niegan su existencia y un tercer grupo los consideran una étnia íbera, ya que parece ser que se localizaban cerca de la mencionada Sagunto.
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martes, 11 de noviembre de 2025
TURBOLETAS.
Estudiar historia antigua es una búsqueda constante de pueblos y sociedades, de las que nunca tendremos ni evidencias ni certezas, tal es el caso de los Turboletas. El historiador Apiano los cita (Ib, 10) durante los preparativos de Aníbal para asediar Sagunto, pero pocas referencias más tenemos. Se piensa que podría ser una tribu de los celbíberos, que ocuparía un territorio en la zona meridional del Sistema Ibérico, cuya capital sería Turba, población que les da nombre. Sin embargo también hay autores que niegan su existencia y un tercer grupo los consideran una étnia íbera, ya que parece ser que se localizaban cerca de la mencionada Sagunto.
domingo, 25 de diciembre de 2022
sábado, 24 de diciembre de 2022
domingo, 20 de octubre de 2019
MASSINISSA, REY DE NUMIDIA.
Massinissa,
rey de Numidia tomó partido por Roma durante la Segunda Guerra
Púnica y aprovechó su buena relación con Escipión el Africano (al
que ayudó a derrotar a Aníbal en la batalla de Zama) para forjar un
poderoso estado en el Norte de África. Cuentan que vivió 90 años y
que con esta edad aún era capaz de dirigir el ejército.
Massinissa
unificó su reino y lo convirtió en rico y poderoso, desarrollando
la agricultura y el comercio exterior con Roma. Además, tomando como
espejo a los reyes helenísticos, promovió la difusión de la
cultura griega en sus tierra. Su arrolladora personalidad y su
capacidad militar consiguieron la obediencia de los jefes de las
tribus bereberes. Al final de su vida, la provocaciones y saqueos a
Cartago, terminaron provocando la tercera y definitiva guerra púnica.
miércoles, 1 de mayo de 2019
CORDILLERA DE LOS PIRINEOS. Montaña que acongoja el alma humana.
Es
muy difícil encontrar el punto justo donde el Pirineo deja de ser
navarro (o catalán, aragonés o vasco) y comienza a ser francés
(tal vez aquitano). Su situación como barrera física surgida en el
último plegamiento alpino, ha convertido a esta impresionante (e
imprescindible) cadeba montañosa en perpetua (y osmótica) frontera
entre Francia y España, y yendo (bastante) más allá entre Europa
(último apendice de Eurasia) y España.
La
cordillera aparece dividida en dos unidades, el Pirineo Axial, que
presenta los picos más altos, como el Aneto, y el Prepirineo que
discurre paralela a la vertiente meridional. Roncesvalles, Jaca y
Andorra son los pasos naturales e históricos.
Colosal
barrera pétrea que aisla a la península Ibérica del resto de
Europa. La gente los atraviesa y se mueve sin descanso por sus valles
y pasos naturales. Tierra de simbiosis donde lo catalán, los francés
y lo aragonés se funden, en Andorra viven una independencia fingida,
mientras vascos y navarros se desparraman por sus dos vertientes.
Históricamente, antes de España, Navarra, Cataluña y Francia, eran
iberos y aquitanos. Por aquí irrumpieron los celtas que procedían
del corazón de Europa.
Aníbal,
el osado general norteafricano fue (y sigue siendo) uno de los héroes
de mi infancia. Entre otras cosas por que su mente fue capaz de idear
un plan descabellado; conducir un ejército de elefantes, atravesar
Pirineos y Alpes, y lanzarse a conquistar Roma. Ahora yo estoy en
Francia (en el lado de allá) e intentaré emularlo pero en sentido
contrario. Y sin elefantes.
Por
aquí pasó Carlomagno, y los vascones le dieron para el pelo (y de
paso inspiraron a los bardos francos). También cruzó Napoléon con
su Grand Armee, para llegar a la Bahía de Cádiz, asentar sus reales
en Puerto Real (concretamente en el Trocadero) y quedarse a las
puertas de la Tacita de Plata. Las niñas gaditanas se reían de los
fanfarrones mientras peinaban sus tirabuzones.
Y
por aquí también pasó Gotescalco, obispo de Puy y primer peregrino
europeo en visitar la tumba de Santiago Apóstol.
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lunes, 3 de diciembre de 2018
ALÓBROGES.
Una de las más importantes tribus de la Galia, establecida en el valle medio del Ródano y que tenían como capital la ciudad de Grenoble. Otros asentamientos fueron Vienne y Ginebra. Fueron derrotados por las legiones romanas de Fabio Máximo en el 126 a.C y anteriormente habían ofrecido su apoyo al ejército de Aníbal Barca. Después de su derrota se convirtieron en pueblo cliente de Roma iniciando un proceso de romanización.
domingo, 18 de noviembre de 2018
APULIOS.
Los apulios eran los habitantes de la comarca de Apulia, llamada Yapigia por los geógrafos griegos. Probablemente procedían de Iliria. ¿Serán los mismos que los daunios?
Los apulios se enfrentaron (como la mayoría de los habitantes de la Italia antigua) en repetidas ocasiones con Roma. Fueron sucesivamente aliados de los samnitas y también tomaron partido por Aníbal durante la Segunda Guerra Púnica. Finalmente Roma devastó este hermoso país (Guerra de la Confederación Itálica 90 – 88 a.C.)
“... hay pues, tres clases de apulios, los teanos, por el nombre de su caudillo, que proceden de los griegos, los lucanos, que fueron sometidos por Calcante, en los lugares que ahora ocupan los atinates, y los daunios....”
Plinio el Viejo.
martes, 30 de octubre de 2018
CÁDIZ TRAICIONANDO A GADIR.
- ¿No llegaste a terminar
aquella novela de la que nunca quería hablar? ¿Aquella historia tan
enigmática?.
- Oh, la terminé. Seiscientos
cuarenta y nueve folios.
- ¿Qué fue de ella? ¿Te la
rechazaron sistemáticamente y todavía la tienes guerdada en algún
cajón?
- La terminé. Ocho años de mi
vida, creo que más. Y cuando puse el punto final, y la dejé
reposar, y la volví a leer meses más tarde, me fui un día allí
mismo, a la Caleta – señaló en la oscuridad, pero desde aquí no
se veía la playa -. Y la arrojé al agua.
- ¿No te pareció buena?.
- Me pareció magnífica –
dijo José Ángel, ufano, con un resabio vanidoso del Fantasma de la
Ópera en su porte -. ¿Pero que más me daba, si no iba a llegar a
nadie, si nadie iba a comprenderla?. César Aníbal – saboreó el
nombre como si fuera un vino viejo - . Cómo habría sido el mundo si
Roma hubiese sido derrotada, como merecía, en la Segunda Guerra
Púnica.
- ¿Una historia alternativa?
- La historia que debió haber
sido – contestó él, y por un momento me pareció escuchar cierta
chispa de irritación en su voz –. En estas mismas orillas se
plantó Hani Ba'al Barqâ, y en sus templos pidio la ayuda de los
dioses. Demasiado tarde, quizá. O quizá también los dioses habían
iniciado su retirada, como nuestros antepasados gadirianos olvidaron
su historia púnica y se entregaron a Roma y se convirtieron en
Gades. Cuando Julio César visitó el mismo templo dos siglos más
tarde, ya era Hércules quien se había aposentado en el lugar, y su
poder no estaba todavía corrompido por la deserción de sus
creyentes hacia el nazareno. En mi libro, Aníbal entraba triunfante
en Roma y la historia del Mediterráneo se configuraba tal como
tendría que haber sido conocida desde el principio.
- Sin embargo, destruiste su
trabajo.
- Lo entregó al mar. ¿Qué más
daba?. ¿No queman acaso las editoriales todo el material que ya no
les sirve, porque tienen que dejar sitio a otro material más nuevo
que quizá tampoco les dará dividendos? Lo consideré mi peque
ofrenda “Agnus pro vicario” - asintió él, buscándolo con la
mirada en la noche negra; no estoy seguro de que no fuera capaz de
verlo -. Una forma de reconocer que alguien, al menos, había sido
capaz de comprender cuál tendría que haber sido el destino
verdadero de esta ciudad y aquel imperio. Sin embargo, fueron
derrotados. Y, más que derrotados, condenados al olvido y la
difamación. Como nosotros mismos. Catón el Viejo fue el molde que
luego siguieron Goebbels y muchos otros. “Ceterum censeo
Carthaginem esse delendam”. Así solí terminar el hijo de puta sus
discursos, viniera o no viniera a cuento.
- “Es más, creo que Cartago
debe ser destruída” - traduje yo.
- Veo que recuerdas tu latín.
- Tuve que dar clase un par de
años. Todavía lo recuerdo con espanto.
- Sin embargo, si Aníbal
hubiera rematado aquella gesta, hoy no hablaríamos latín,
posiblemente, sino púnico. Pero los romanos los satanizron. No sólo
prendieron fuego a su flota y sus ciudades, esclavizaron a sus
mujeres y sus hijos, pasaron a cuchillo a todos su hombres.
Subvirtieron sus cultos, ignoraron sus hazañas, convirtieron aquella
raza valiente en un chiste, o peor, en unos monstruos. Thomas Harris
no sabía que caníbal viene de caanita; o tal vez sí, es lo mismo
ya. Pero los fenicios y sus descendientes fueron más, mucho más que
buhoneros en barco, Gabriel. Fueron semilla de imperios. Y Roma,
Grecia, Israel y Egipto no sólo les robaron el alfabeto, rebajaron
su arte, se burlaron de sus dioses, ocultaron a la historia que
fueron capaces de no dejarse dominar por el Mediterréno ni por el
océano. Convirtieron en mentira la realidad de sus grandes avences,
y en falsedades los ritos de sus dioses verdaderos.
Rafael Marín. La ciudad enmascarada.
martes, 28 de agosto de 2018
SARCÓFAGOS PÚNICOS DE GADIR.
Colocados de esa forma ante el
público, el uno junto al otro, los dos sarcófagos antropoides,
masculino y femenino, parecían un matrimonio de otras épocas, y era
así sin duda como lo interpretaban quienes se detenían a
contemplarlos con esa mezcla de temor y reverencia que produce
siempre todo aquello que tiene alguna relación con la historia y con
la muerte. Sin embargo, el sarcófago femenino era unos setenta más
más antiguo, aunque fue encontrado casi un siglo más tarde que su
actual compañero para la posteridad, y lo delicado de su talla
llevaba a pensar que en efecto había una cierta evolución artística
en su diseño, quizás porque el sarcófago masculino no había sido
tallado en mármol noble y había permanecido a la intemperie
demasiado tiempo.
Ambos formaban parte de los
tesoros más valiosos del museo. En realidad, el edificio había
crecido alrededor del sarcófago masculino. El 30 de mayo de 1887, en
el transcurso de unas obras en Punta de Vaca, el lugar donde luego se
instalarían los astilleros que darían brevemente respiro a la
ciudad que ya hacía un siglo que había empezado a enmascarar su
hundimiento con la pérdida del monopolio ultramarino, se encontró
el primer sarcófago. Hubo quien lo consideró el mismísimo rey
Argantonio de Tartessos, quien al comprobar el tamaño de sus huesos
lo atribuyó a un pigmeo, y quien quiso imaginar que su procedencia
era egipcia con influencia helenizante. Al final, se cifró su
procedencia y su edad: una talla sidonense contemporánea de Platón
que quizá albergaba en su interior a un rico comerciante tan
satisfecho de sí mismo que había legado sus rasgos para la
historia. El Museo se construyó para mostrarlo al público, aunque
los dimes y diretes de prohombres y políticos, cuestiones monetarias
y otras polémicas lo habían dejado abandonado y al raso durante
décadas; quizás a eso se debiera parte de lo deteriorado de su
aspecto.
El yacimiento y los otros
cadáveres y ajuares encontrados a su alrededor llamaron la atención
de arqueólogos de todo el mundo. El comentario corriente de la
antigüedad de la ciuda y la falta de ruinas que conllevaban sus
diversos hundimientos a lo largo de la historia se veía, por fin,
negado ante la evidencia de un sarcófago gigantesco que hablaba de
la importancia de la Gadir fenicia en el mundo comercial mediterráneo
que luego sería ahogado por Roma y su imperio. Uno de aquellos
arqueólogos venidos a principios del siglo veinte se llamaba Pelayo
Quintero Atauri. Durante décadas, hasta que ya septuagenario marchó
en 1939 a Tetuán, donde murió en 1946, se dedicó a la búsqueda de
un segundo sarcófado que revalidara la influencia comercial de la
colonia, el poderío de sus mercaderes y sacerdotes, incluso, en su
fantasía el amor que el ocupante del sarcófago femenino tendría
que haber profesaro hacia su esposa, a la que sin duda había
enterrado con la misma pompa y circunstancia que se había otorgado a
sí mismo.
Quienes escuchaban ahora la
historia, resuelto el misterio, no podían evitar un escalofrío.
Porque Pelayo Quintero, a pesar de sus esfuerzos, no logró encontrar
aquel sarcófago y se lo llevó la muerte antes de que su tesis
pudiera ser demostrada.
El 26 de septiembre de 1980, en
la inevitable obra que siempre desgrana Cádiz los restos de su
pasado de oropeles y miseria, se halló el sarcófago femenino, en un
solar de la calle Ruiz de Alda (ahora convenientemente rebautizada
“Parlamento”). El sarcófago, aunque hoy los visitantes del museo
ven su tono marfileño, era de mármol policromado; como siempre, la
tardanza en retirarlo y la lluvia y el viento de aquel día borraron
del rostro de piedra de la muerta gran parte del mimo que el dinero
de sus seres queridos habían puesto en su enterramiento. También
las raíces de los árboles y la rotura del catafalco había hecho
que dos mil quinientos años de erosión carcomieran la momia
interior, de la que apenas quedaban restos y vendajes putrefactos.
Quizá a imitación de su prima lejana ibera, y aunque su
contrapartida masculina no tiene nombre específico, se la llamó
“Dama de Cádiz”.
El hallazgo no habría tenido
mayor importancia que la anécdota de no ser porque, por uno de esos
caprichos del destino, el solar donde fue descubierto el sarcófago
había sido exactamente el lugar donde Pelayo Quintero, aquel soñador
convencido de su existencia, había vivido durante años. Hoy,
conocida la anécdota y la burla del destino, no era difícil
imaginar a aquel hombre durmiendo cada noche, soñando con un
sarcófago enterrado más de dos milenios antes, rebulléndose en su
cama y buscando la respuesta a aquella comezón que lo atosigaba, sin
saber que a pocos metros de su mismo chalecito, bajo él, la Dama de
Cádiz lo llamaba cada noche, insistiéndole para que la sacara a la
luz y la colocara en el trono público que ahora compartía con el
varón que la acompañaba en la contemplación de la vida desde la
muerte.
No hay quien conozca la
historia de Pelayo Quintero y la casualidad del hallazgo que no
reprima un suspiro de perplejidad ante la jugarreta del destino. La
Dama de Cádiz, sin embargo, sonríe ahora al recordarlo por debajo
de su máscada de mármol inexpresivo. Después de dos mil quinientos
años bajo tierra, aunque se gastó las uñas intentando arañar una
salida, aunque se quemó las cuerdas vocales que ya no tenía
llamando cada noche al único hombre que confiaba en su existencia,
ahora estaba aquí, a plena luz, esperando, igual que quienes la
adoraban, su momento.
Rafael Marín.
La Ciudad
Enmascarada.
miércoles, 7 de febrero de 2018
MI NOMBRE ES PÚNICO.
Mi nombre Púnico, es de origen
cartaginés, mi abuelo luchó como mercenario en las tropas de
Aníbal, frente a las legiones romanas. Tras la derrota del ejército
de los Bárcidas mi abuelo Púnico se quedó en Iberia, donde se
enamoró de una joven lusitana, que la postre sería mi abuela. Su
hijo, mi padre, también llevaba por nombre Púnico, y también luchó
contra los romanos. Dirigió un grupo de lusitanos que se dedicaron a
devastar los pueblos aliados y sometidos de Roma, y consiguió poner
en fuga a los pretores Manilio y Calpurnio Pisón, logrando matar a
seis mil romanos. Mi padre, en una batalla recibió el impacto de una
gran piedra sobre la cabeza, lo que le ocasionó la muerte. Aún
recuerdo cuando aquellos que combatieron junto a él, trajeron sus
restos al poblado, donde fueron cremados sobre una pira. Ese día
comprendí lo que significaba una guerra, y a raíz de este hecho
juré odio eterno a los romanos. Así es que mi abuelo se llamaba
Púnico, al igual que mi padre, y si algún día tengo un hijo,
también llevará Púnico por nombre, en memoria de mis antepasados
que lucharon contra las fuerzas romanas.
miércoles, 4 de octubre de 2017
A TRAVÉS DE LOS ALPES.
“Después
de haber reclutado todas las tropas que pudo entre los celtíberos,
africanos y otros pueblos, y de encomendar los asuntos de Iberia a su
hermano Asdrúbal, atravesó los montes Pirineos en dirección al
país de los celtas, hoy llamado Galia, con nueve mil soldados de
infantería, doce mil jinetes y treinta y siete elefantes. Atravesó
el país de los galos, atrayéndose a algunos con dinero, a otros,
mediante la persuasión, y a otros, en fin, sometiéndolos por la
fuerza. Cuando llegó a los Alpes y no encontró ningún paso que los
atravesara o pasara sobre ellos – pues se trata de una cordillera
sumamente escarpada -, emprendió también su ascenso con intrepidez
sufriendo grandes pérdidas debido a la gran cantidad de nieve y al
rigor del frío existentes. Cortaba madera, la quemaba y apagaba los
rescoldos con agua y vinagre, y a la roca, que se había tornado
frágil por este procedimiento, la rompía con martillos de hierro.
Así, abrió un paso sobre las montañas que aún está en uso en la
actualidad y se llama paso de Aníbal. Como le empezaron a faltar las
provisiones, se apresuró en su marcha sin que los romanos se
percataran de que en realidad estaba ya en Italia, y al sexto mes de
su partida de Iberia, después de haber perdido a muchos hombres,
descendió desde los montes a la llanura”.
Apiano.
La Guerra de Aníbal, 4.
martes, 12 de abril de 2016
SALAMANCA, CENTRO INTELECTUAL DE LA HISPANIDAD.
Señora absoluta de una
llanura ininterrumpida, tostada por el Sol, regada por el Tormes,
compañero histórico y afluente del Duero. Universitaria y
Renacentista, una urbe moderna que intenta resguardar su pasado
medieval y aún su lejano origen vetón. Una urbe dinámica y siempre
viva que hunde sus raíces en la protohistoria (signifique lo que
signifique esa palabreja). Una Helmántica vettona (o vaccea, o sabe
Dios de quién), conquistada por Aníbal, refundada por los romanos,
prácticamene abandonada, resurgida al amparo de las conquistas
leonesas y convertida en referente cultural universal a partir del
siglo XIII. La universidad iguala a ricos y pobres, a patricios y
plebeyos, el conocimiento nunca hizo distinciones de clases (y
algunos por mucho que se empeñen nunca lograran adquirirlo). Dos
catedrales que conviven en perfecta simbiosis y una Plaza Mayor de
ida y vuelta, vertebran las calles donde podemos revivir las andanzas
de Lázaro de Tormes y los amores trágicos de Calisto y Melibea,
penetrar en el mundo del ocultismo, la hechicería y las artes
mágicas de la mano de Celestina o el maléfico Marqués de Villena,
empaparnos de la sapiencia de los doctos miembros de la Escuela de
Salamanca o imaginar que asistimos a las clases magistrales de Fray
Luis de León o Don Miguel de Unamuno, y maravillarnos con el arte
del Renacimiento que une sin fisuras el gótico con el barroco.
La historia de Salamanca
comienza en la protohistoria, un periodo impreciso que se extiende
entre los límites difusos de prehistoria e historia, un tiempo en
que vettones y vacceos ocupaban el territorio de la actual provincia
de Salamanca.
Helmántica,
identificada con Salamanca, aparece por vez primera en los anales de
la historia cuando fue conquistada por el victorioso general
cartaginés Aníbal Barca. Un siglo después de la Segunda Guerra
Púnica, Salamanca entre definitivamente en la órbita romana cuando
el general Décimo Junio Bruto, una vez derrotado Viriato, pacifica
la zona de la Lusitania, comprendida entre el Tajo y el Duero,
sometiendo a vettones y lusitanos. El puente de piedra que cruza el
Tormes es el testimonio material del esplendor que vivió la ciudad
bajo gobierno romano.
Desde época romana (y
aún antes) Salamanca acoge a los viandantes (peregrinos, arrieros,
pastores y comerciantes) que transitaban por centenares, por la
inmemorial Vía de la Plata (transformada en la actualidad en cómoda
autovía). Más allá de las murallas el toro vetón y el puente
romano son vestigios pétreos del origen de Salamanca.
Con la desaparición del
Imperio romano la Meseta quedó un tanto alejada de los centros de
poder y de los circuitos comerciales, y en el 712 fue conquistada por
los musulmanes. Poco o nada queda de aquella época en la ciudad,
habría que levantar demasidad piedras y cavar muy hondo para
encontrar los restos de la Salamanca islámica.
Ramiro II, rey de León,
después de vencer a los musulmanes (con la colaboración de navarros
y castellanos) en la batalla de Simancas (939) comenzó la
repoblación y fortificación de algunas plazas en el Valle del
Tormes, entre ellas Salamanca que debía presentar un aspecto de
fortaleza que abandonó con los años. De esta forma, Salamanca quedó
integrada, junto a Béjar, Alba de Tormes o Ledesma en una permeable
línea defensiva. Una frontera que no pudo resistir la brutal
acometida de Almanzor y sus huestes, que arrasaron la ciudad en el
981.
Tras la vorágine llegó
el sosiego, y Alfonso VI la recuperó para el Reino de León (y para
España). El trabajo repoblador de su yerno, Raimundo de Borgoña, la
hizo recuperar bríos y la preparó para afrontar el futuro con
garantías de éxito. En estos momentos comienza la historia medieval
de la Salamanca cristiana. Cincuenta años más tarde se inicia la
construcción de la Catedral Vieja.
En 1218 Alfonso IX de
León, emulando a su primo Alfonso VIII de Castilla, fundó el
Estudio General de Salamanca, base de la futura Universidad, reputado
centro de escolástica medieval y del pensamiento renacentista en la
época del Imperio Hispánico. Sus concurridas aulas han sido la meta
de miles de estudiantes, los aplicados y los tunantes.
En Salamanca además se
han tomado importantes decisiones en el ámbito de la política y de
las relaciones internacionales. En 1381 se hace pública la
Declaración de Salamanca, mediante la cual el Reino de Castilla
reconoce obediencia al pontífice Clemente VII de Avignon, tras al
Cisma de Occidente, y en el año 1505, Fernando el Católico, Juana I
y Felipe el Hermoso firman el Tratado de Salamanca por el que
acuerdan gobernar de forma conjunta los reinos de León y Castilla.
En el siglo XV los
habitantes de Salamanca se dividieron en dos grupos o bandos
enfrentados, apoyos y partidarios de sendas familias nobiliarias de
rancio abolengo. Por culpa de este intestinal conflicto muchos
vecinos vivían atemorizados y la ciudad no pudo prosperar durante un
tiempo. La pacificación tuvo lugar en otoño del año 1476.
Durante el Medievo
Salamanca apunta maneras, pero será a partir del Renacimiento cuando
la ciudad de convierta en referente de la Hispanidad. Por sus calles,
plazas y aulas discurrió la vida de fray Diego de Deza, uno de los
principales valedores de Colón, y de sus viajes e ilusiones, y aquí
los integrantes de la Escuela de Salamanca con Francisco de Vitoria a
la cabeza, crearon un cuerpo doctrinal sobre derecho natural,
internacional y teoría monetaria.
| El pícaro y su maestro, no hay escuela mejor que tropezar con gente que pretende aprovecharse de ti. |
El gran Lope de Vega
escribió de ella:
“La gran ciudad del
mundo en nuestra España
que parece se miran las
almenas
en el ameno Tormes que
las baña
mirando con desprecio a
las de Atenas”.
La Plaza Mayor, centro
neurálgico y vertebrador de la urbe, barroca, diseñada por Alberto
de Churriguera, adornada por efigies de reyes, auténtico hormiguero
de gente, un ensordecedor murmullo que rompe el descanso hierático
de la piedra. Como las venas y arterias que surten de sangre el
corazón, las calles de Salamanca confluyen, en un movimiento de ida
y vuelta en este espacio. Pese al paso del tiempo y el acontecer
histórico, sigue cumpliendo a la perfección su función primigenia,
ser un lugar de reunión social. Cuando el sol comienza a menguar, la
plaza se sigue llenando de gente, niños y ancianos, salmantinos y
turistas, erasmus y visitantes, y todos comparten sus vivencias.
Pasear por Salamanca es
hacerlo por la historia viva de la arquitectura, edificios
renacentistas con alma románica y construcciones góticas
engalanadas con ornamentos barrocos... la casa de las Conchas, las
dos Catedrales, los palacios, la Plaza Mayor, las torres señoriales,
la Casa de las Muertes...como las mujeres, Salamanca te atrapa por su
belleza....
![]() |
| ...y al cabo nada importa... |
Embaucan las añejas
calles helmánticas, sus señeros edificios, su olor a libros y
conocimientos, sus deliciosas tapas y su inigualable ambiente
multicultural y polifacético.
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lunes, 1 de febrero de 2016
FUENTE DE LOS LEONES EN BAEZA
En la emblemática Plaza
del Popolo de Baeza se encuentra la fuente de los leones, que desde
el corazón de la misma, lleva más de cuatro centurias contemplando
el transitar de la gente y el discurrir del tiempo y la Historia.
Originalmente la fuente
estaba en la cercana ciudad ibero-romana de Cástulo, y el traslado a
su ubicación actual en el siglo XVI (cuando Cástulo era solamente
un montón de ruinas) se interpreta como una transferencia de
poderes; desde la antigua sede episcopal de Cástulo a Baeza, que
usurpó el papel preeminente de la antigua capital de los Oretanos.
En ese sentido, la fuente simboliza el orgullo local al haberse
convertido en una ciudad eclesiástica y nobiliaria a comienzos del
Renacimiento.
Bueyes y leones
esculpidos por manos iberas, que recuerdan a otros felinos hallados
en Cástulo, y a través de cuyas bocas mana el agua, son los
elementos más destacados de esta bellísima fuente.
En el centro del
conjunto, una figura femenina de porte clásico, corona una columna.
Para la tradición popular se trata de Himilce, la princesa oretana
que se convirtió en la esposa del conquistador cartaginés Aníbal.
La original fue destruida durante la Guerra Civil. La actual es obra
de un escultor local y fue colocada hace un par de décadas.
En un entorno
renacentista, circundando por los restos de un inmediato pasado
medieval, la Fuente de los Leones, trata de enlazar el presente con
el origen oretano y el desarrollo urbanístico romano; un rincón que
sintetiza toda la historia del lugar.
jueves, 4 de septiembre de 2014
SOBRE IBERIA DE APIANO (XXXVIII)
74 Muerte de Viriato
Viriato envió a sus amigos más fieles, Audax, Ditalcón y Minuro, a Cepión para negociar los acuerdos de paz. Éstos, sobornados por Cepión con grandes regalos y muchas promesas, le dieron su palabra de matar a Viriato. Y lo llevaron a cabo de la manera siguiente. Viriato, debido a sus trabajos y preocupaciones, dormía muy poco y las más de las veces descansaba armado para estar dispuesto a todo de inmediato, en caso de ser despertado. Por este motivo, le estaba permitido a sus amigos visitarle durante la noche. Gracias a esta costumbre, también en esta ocasión los socios de Audax aguardándole, penetraron en su tienda en el primer sueño, so pretexto de un asunto urgente, y lo hirieron de muerte en el cuello que era el único lugar no protegido por la armadura. Sin que nadie se percatara de lo ocurrido a causa de lo certero del golpe, escaparon al lado de Cepión y reclamaron la recompensa. Éste en ese mismo momento les permitió disfrutar sin miedo de lo que poseían, pero en lo tocante a sus demandas los envió a Roma. Los servidores de Viriato y el resto del ejército, al hacerse de día, creyendo que estaba descansando, se extrañaron a causa de su descanso desacostumbradamente largo y, finalmente, algunos descubrieron que estaba muerto con sus armas. Al punto los lamentos y el pesar se extendieron por todo el campamento, llenos todos de dolor por él y temerosos por su seguridad personal al considerar en qué clase de riesgos estaban inmersos y de qué general habían sido privados. Y lo que más les afligía era el hecho de no haber encontrado a los autores.
75 Funerales y personalidad de Viriato.
Tras haber engalanado espléndidamente el cadáver de Viriato, lo quemaron sobre una pira muy elevada y ofrecieron muchos sacrificios en su honor. La infantería y la caballería corriendo a su alrededor por escuadrones con todo su armamento prorrumpía en alabanzas al modo bárbaro y todos permanecieron en torno al fuego hasta que se extinguió. Una vez concluido el funeral, celebraron combates individuales junto a su tumba. Tan grande fue la nostalgia que de él dejó tras sí Viriato, un hombre que aun siendo bárbaro, estuvo provisto de las cualidades más elevadas de un general; era el primero de todos en arrostrar el peligro y el más justo a la hora de repartir el botín. Pues jamás aceptó tomar la porción mayor aunque se lo pidieran en todas las ocasiones, e incluso aquello que tomaba lo repartía entre los más valientes. Gracias a ello tuvo un ejército con gente de diversa procedencia sin conocer en los ocho años de esta guerra ninguna sedición, obediente siempre y absolutamente dispuesto a arrostrar los peligros, tarea ésta dificilísima y jamás conseguida fácilmente por ningún general. Después de su muerte eligieron a Táutalo, uno de ellos, como general y se dirigieron a Sagunto, ciudad que Aníbal, tras haberla tomado, había fundado de nuevo y le había dado el nombre de Cartago Nova, en recuerdo de su patria. Cuando fueron rechazados de allí y estaban cruzando el río Betis los atacó Cepión y, finalmente, Táutalo exhausto se rindió con su ejército a Cepión, a condición de que fueran tratados como un pueblo sometido. Los despojó de todas sus armas y les concedió tierra suficiente, a fin de que no tuvieran que practicar el bandidaje por falta de recursos. Y de este modo acabó la Guerra de Viriato.
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sábado, 10 de mayo de 2014
CARTAGONOVA.PRÓLOGO E INTERMEZZO DE LA SEGUNDA GUERRA PÚNICA.
Prólogo. Tras la humillante derrota sufrida en el mar durante la Primera Guerra Púnica y con el objetivo de conseguir el oro suficiente para pagar las fuertes indemnizaciones de guerra, el poderoso clan de los Bárquida, amplió horizontes, desembarcó en Iberia y comenzó la conquista del próspero territorio peninsular. En la costa levantina, Asdrúbal Barca fundó, en el año 227 a.C., una ciudad para convertirla en capital púnica en suelo ibérico.
Intermezzo. En el punto álgido del conflicto, año 209 a.C., con Aníbal en Italia campando a sus anchas, Publio Escipión decidió mover ficha en el enorme tablero estratégico del Mediterráneo Occidental y tomó Cartagonova a hierro y fuego, arrebatando al enemigo este importante enclave. Además los ejércitos púnicos quedaban incomunicados y su encarnizado enemigo, aislado en Italia. La conquista romana de Cartagonova fue el principio del fin para Aníbal.
martes, 18 de junio de 2013
ANÍBAL Y FILIPO V
Unos meses después de sus aplastante victoria en las llanuras de Cannas, Aníbal Barca, el general cartaginés y enemigo odiado de Roma, firmó un pacto con Filipo V , Rey de Macedonia, que supo ver en el gigante púnico, un perfecto aliado en sus planes de socavar el poder de Roma y crear un Imperio Macedonio en el sudeste de Europa.
"Juramento de Aníbal, el general, de Magón, de Mircano, de Barmócar, de todos los ancianos de Cartago presentes, de todos los soldados cartagineses presentes, prestado ante Jenófanes, hijo de Cleómaco, ateniense, enviado a nosotros como embajador por el rey Filipo, hijo de Demetrio, en nombre suyo, de los macedonios y de los aliados de éstos, juramento prestado en presencia de Zeus, de Hera y de Apolo, en presencia del dios de los cartagineses, de Heracles y de Yolao, en presencia de Ares, de Tritón y de Poseidón, en presencia de los dioses de los que han salido en campaña, del sol, de la luna y de la tierra, en presencia de los ríos, de los prados y de las fuentes, en presencia de todos los dioses dueños de Cartago, en presencia de los dioses dueños de Macedonia y de toda Grecia, en presencia de todos los dioses que gobiernan la guerra y de los que ahora sancionan este juramento. Aníbal, el general, dijo, y todos los senadores de Cartago presentes y todos los soldados cartagineses presentes: por voluntad vuestra y nuestra prestamos este juramento de amistad y de noble adhesión para ser amigos, parientes y hermanos, bajo las cláusulas siguientes: que el rey Filipo, los macedonios y los demás griegos que les son aliados protegerán a los cartagineses y a sus magistrados supremos, y a Aníbal, su general, y a los que el acompañan y a todo el imperio de Cartago, que vive bajos sus leyes, y también al pueblo de Útica, y también a todas las ciudades y pueblos sometidos a Cartago, y a nuestros soldados y aliados, y a todas las ciudades y poblaciones de Italia, de Galia y de Liguria, con las cuales tenemos amistad, y a aquellas ciudades de esta última región con las que lleguemos a tener amistad y confianza. Y también el rey Filipo y los macedonios y los demás aliados griegos serán protegidos y salvados por los cartagineses, que saldrán con ellos a campaña, y por los uticenses, y por todas las ciudades y linajes sometidos a Cartago, y por los aliados, y por las tropas, y por todos los linajes y ciudades que hay en Italia, en Galia, en Liguria, y por todos los que se les alíen de la región de Italia. No maquinaremos nada unos contra otros, ni diremos nada unos contra otros, y con todo afán y lealtad, sin engaño, seremos todos enemigos de los que hagan la guerra contra Cartago, a excepción de los reyes, ciudades y linajes con los cuales tengamos juramento de amistad. También nosotros seremos enemigos de los que hagan la guerra al rey Filipo, a excepción de los reyes, las ciudades y los linajes con los cuales tengamos juramento de amistad. Nos seréis también aliados en esta guerra contra los romanos, hasta que los dioses nos cedan a todos la victoria. Nos ayudaréis como convenga, en la forma que acordemos. Y si los dioses hacen que esta guerra que hacemos todos contra los romanos y sus aliados la acabemos con buen éxito y ellos buscan nuestra amistad, accederemos, pero de manera que esta amistad valga también para vosotros, y así no les sea nunca lícito declarados la guerra, ni dominar Córcira, ni Apolonia, ni Epidauro, ni Faros, ni Dimale, ni Partino, ni Atintania. Restituirán a Demetrio de Faros sus amigos que ahora se encuentran en poder de los romanos. Y si éstos os declaran la guerra, o nos la declaran a nosotros, nos ayudaremos mutuamente, según precisemos unos y otros. Y también si la declaran a terceros, a excepción de aquellos reyes, ciudades o linajes con los cuales tengamos juramento de amistad. Y si nos parece necesario añadir o suprimir algo de este juramento, lo suprimiremos o añadiremos, según parezca bien a las dos partes".
Polibio. Libro VII. Fragmento 9
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