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jueves, 12 de diciembre de 2019

IRIA FLAVIA Y EL VIEJO CULTO AL DIOS NEPTUNO.




La vieja Iria Flavia fue residencia de cónsules y pretores durante el Imperio Romano (una información que recoge el geógrafo Ptolomeo en su Itinerario Romano), desde este enclave estratégico controlaban la provincia Gallaecia. La ciudad de Iria Flavia, hoy Padrón, a orillas de los ríos Ulla y Sar, fue fundada aproximadamente en el siglo I. Su origen y significado histórico se debate entre el culto pagano y el culto cristiano.

Su nombre recoge el calificativo del emperador Flavio Vespasiano y posteriormente, la tradición jacobea, difundió la creencia de que hasta estas costas había llegado el cuerpo del apóstol Santiago. La barca que transportaba los restos mortales del Santiago, atracó en algún punto del río Sar y fue amarrada a un piedra, o pedrón, que con el tiempo dio nombre a la localidad.

Este pedrón, custodiado bajo el altar de la iglesia de Santiago de la localidad, es en realidad un ara romana. En ella una inscripción reza lo que sigue: Neptuno oireses de suo posuere.

Esta leyenda fue alterada en el siglo XVI para otorgarle una connotación cristiana, desterrando, de paso, cualquier vestigio de la adoración al dios latino de los mares, el poderoso Neptuno.



Para enfatizar aún más la advocación cristiana del pedrón, en el lugar donde está depositada el ara, puede leerse: Cippus, cui nomen Petronium adest ei navim S. Jacobi zebedaei corporis vetricem alligatam fuisse pie creditur.


miércoles, 29 de julio de 2015

TITO FLAVIO VESPASIANO.



Hijo del emperador Vespasiano, recibió una esmerada educación y desarrolló una brillante carrera militar, cuyo hecho de armas más destacado fue la conquista de Jerusalén. Asociado al poder por su padre con el título de César, su carácter se volvió más disoluto, cruel y voluble, sin embargo, una vez proclamado emperador a la muerte de Vespasiano, dejó atrás los años locos de juventud y se convirtió en un buen administrador. Se reinado fue demasiado breve (79 - 81) para alcanzar grandes logros y su hermano menor, Domiciano se encargó de sucederle.

viernes, 17 de mayo de 2013

UN ORÁCULO EN EL MONTE CARMELO



A lo largo de la historia, los seres humanos han encontrado la divinidad en determinados lugares del planeta. Lo más curioso, es que existen ubicaciones especiales donde la sacralidad es notoria, sitios dónde diversas personas, en diferentes momentos y con distintas creencias han entrado en contacto con la esfera de los sobrenatural. Uno de esos hitos es el Monte Carmelo. 

El significado del Monte Carmelo para el Cristianismo es de sobra conocido, pero quizás no lo es tanto, la existencia de un oráculo enclavado en la montaña en épocas anteriores.

El escritor Suetonio cuenta como, el futuro emperador Vespasiano, durante su campaña en Judea, se desplazó al lugar a consultar dicho Oráculo, para conocer que le deparaba el destino. 

"En Judea las suertes le animaron, cuando consultó el oráculo del dios Carmelo, prometiéndole que cualquier cosa que proyectase y que estuviese valorando mentalmente saldría bien, por grande que fuese el proyecto"
Vida de Vespasiano V, 6.
Suetonio

lunes, 14 de enero de 2013

COLISEO DE ROMA

Dos mil años de pan y circo 



"Mientras el Coliseo permanezca en pie,
Roma permanecerá en pie.
Cuando el Coliseo caiga,
Roma caerá
y cuando Roma caiga
el mundo caerá . . . " 

Lord Byron (1818)




Comenzado a construir por Vespasiano, e inaugurado por su hijo y sucesor Tito en el 80 d.C., el Anfiteatro Flavio se convirtió en el orgullo de la capital imperial. 



Nos encontramos en las auténticas entrañas del Coliseo de Roma.

Una gran cruz metálica recuerda a los miles de cristianos masacrados en la arena de este anfiteatro para regocijo de las masas.

A través de este largo pasillo subterráneo, gladiadores y fieras saltaban al terreno de juego.


El Anfiteatro Flavio está construido por tres cuerpos de graderío, o anillos, sustentados en el exterior por filas de columnas dóricas, jónicas y corintias, dispuestas desde la primera a la tercera planta. 

Columnas vista desde el exterior





. . . Pan y Circo. . . al igual que los grandes estadios de nuestros días, Roma tenía su Coliseo, a él acudían miles de romanos a disfrutar y evadirse de los tan pesados problemas cotidianos . . .cónsules, dictadores y emperadores, además de diversión, ofrecían pan para la gente del pueblo y de esta manera conseguían el aplauso fácil, de la misma forma que en la actualidad se le otorgan a Mariano Rajoy o a Andrés Iniesta . . . aunque ahora ya si siquiera se reparta el pan.


Los combates de gladiadores en su origen, se celebraban como parte del ritual funerario. Cuando fallecía alguien relevante de la sociedad, en su honor tenían lugar luchas a muerte, normalmente por parte de hombres vinculados al difunto por medio de algún juramento de fidelidad, llamado también devotio. Los combates gladiatorios eran práctica común en buena parte del Mediterráneo. Ejemplo de ellos son los Guerreros de Porcuna o los combates celebrados junto a la pira funeraria de Viriato.



. . sangre sobre la arena,
muchedumbre en violenta efervescencia,
llantos y gritos atronan en el graderío,
espada contra abdomen,
hueso contra tridente,
afilado metal hace trizas la carne. . . 

. . . la pupila inerte
mira hacia la nada,
el olor dulzón de la muerte 
impregna la atmósfera,
el vencedor, herido, sudoroso y jadeante
eleva sus fornidos brazos al cielo,
orgulloso de su éxito,
recibe la inmerecida ovación
de un público entregado . . . 

. . . el verdugo podrá luchar otro día
y así alargar su agonía . . .

domingo, 21 de octubre de 2012

GERMANIA DE TÁCITO (III)



7     Eligen a los reyes de entre la nobleza y a los jefes por su valor. El poder para los reyes no es ilimitado ni arbitrario; los jefes, más con el ejemplo que con autoridad, si actúan prestos, se dejan notar y van en vanguardia, ejercen el mando por la admiración que producen. Pero no está permitido castigar, ni atar, ni golpear; sólo pueden hacerlo los sacerdotes, y no como castigo, no por mandato del jefe, sino porque lo manda la divinidad, que, así lo creen, les asiste cuando combaten. Llevan a la batalla ciertas efigies e insignias sacadas de los bosques sagrados. Y tienen algo que es el principal incentivo de su valentía: no es la casualidad ni una agrupación fortuita la que forma el escuadrón o los pelotones, sino la familia y el parentesco. Tienen a su lado a sus seres queridos y pueden oír el ulular de sus mujeres y los llantos de los niños; éstos son los testigos más sagrados para cada cual, éstos son los que más les alaban. Acuden con sus heridas ante sus madres y esposas; ellas las repasan y examinan sin atemorizarse y llevan a los combatientes alimentos y ánimos. 

8      Se conserva en el recuerdo que algunos ejércitos, cediendo ya y a punto de desfallecer,  se rehicieron gracias a las mujeres, por la insistencia de sus ruegos y por la exhibición de sus pechos, mostrándoles el inminente cautiverio; lo temen mucho más por la suerte de sus mujeres, hasta el punto de que se obtiene una lealtad más eficaz en las ciudades a las que se exige muchachas nobles entre los rehenes. Es más, piensan que hay en ellas algo santo y profético, por lo que no desprecian sus consejos ni desdeñan sus respuestas. Vimos, en el reinado divino de Vespasiano, a Veleda, considerada por muchos como una deidad, y en otro tiempo veneraron a Aurinia y a muchas otras, no por adulación ni por divinizarlas. 

9     De los dioses, honran sobre todo a Mercurio, a quien consideran lícito hacer sacrificios con víctimas humanas en días fijos. Aplacan a Hércules y Marte con animales permitidos. Parte de los suevos sacrifican también a Isis. La causa y el origen de tal culto extranjero no los sé a ciencia cierta, salvo que la propia imagen con figura de nave liburna da a entender que se trata de una religión importada. Por otra parte, no consideran digno de la grandeza de los dioses encerrarlos entre paredes ni presentarlos bajo forma humana; les consagran bosques y arboledas y dan nombres de dioses a ese algo misterioso al que sólo ven con los ojos de su veneración. 
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