León
tiene origen (y nombre) marcial y regio, en un campamento de la
legión romana, acantonada en el Noroeste ibérico, cuando Augusto
(perdón Octavio) completó la conquista de la península. El rey
Ordoño II abandonó Oviedo e instaló aquí su capital. Se abría un
gran futuro para la ciudad.
Los bramidos del Bernesga, afluente del Esla, que vierte a su vez, sus aguas en el Duero. El río de la ciudad de León.
El río y su fauna, la reina de los humedales. Garza Real.
Un
trazado muy asfaltado, que parte de Mansilla de las Mulas, y
urbanizado, nos llevará a comenzar la búsqueda del Reino Olvidado,
pero nunca dejado de reclamar por los súbditos leoneses.
La
Real Colegiata de San Isidoro y la Pulchra Leonina, son los dos
edificios más destacados de la ciudad de León, dos edificios que
simbolizan dos momentos de máximo esplendor, el románico de los
reyes de León y el gótico de los mercaderes y artesanos.
La
sede de los Reyes de León, capital del reino, antiguo campamento
romano y una de las más bellas catedrales góticas castellanas. De
León dice Aymeric; “es sede de la corte
real, llena de todo tipo de bienes”.
Augusto,
el primer emperador (nominal) de Roma, acometió la conquista del
norte peninsular y tras varios años de campaña consigue derrotar
(que no someter) a cántabros y astures. Pero la región nunca pudo
ser controlada del todo.
Para
tratar de paliar la situación, y asegurarse la explotación de la
importantes yacimientos auríferos, Vespasiano instala en el Noroeste
de Hispania la Legio VII Gemina, cuyo campamento estable, andando el
tiempo, termina por convertirse en una auténtica ciudad.
El
antiguo acuartelamiento romano fue incorporado por Leovigildo al
reino visigodo y en el 714, tras el colapso germánico, y la
irrupción árabo-bereber en la Península Ibérica, fue conquistada
por Musa ibn Nusayr. Pocos restos visibles quedan de estás épocas,
salvo las murallas.
En
su tímida (al principio) expansión hacia el sur, el rey asturiano
Ordoño I afirma su dominio sobre la ciudad y procede a repoblarla
con mozárabes y otras gentes del Norte, erigiendo en el 860 el
obispado de León, en la figura de Frunimio.
Alfonso
III de Asturias convierte León en el centro político del reino
astur-leonés, y gracias a la continua llegada de judíos, gallegos o
asturianos y al continuo fluir de peregrinos hacia Santiago, la
ciudad entró en una vertiginosa etapa de crecimiento. Muchos de
aquellos que llegaron hasta aquí – peregrinos, mercaderes,
clérigos, segundones o veteranos de guerra – decidieron empezar
una nueva vida y convirtieron León en su hogar.
En 1017 el rey Alfonso V otorgó fuero al Reino y a la ciudad.
El
origen del Reino de León hay que buscarlo en el Reino Astur, forjado
por los tres Alfonsos, y el del Reino de Castilla, en el propio Reino
de León (del que también se desgajará Portugal). Si queremos
podemos sumar también Galicia. Cántabro-astures, hispanorromanos y
visigodos (con algunos elementos llegados de más allá de los
Pirineos) son los factores humanos, que sumados, dan como resultado
la Corona de Castilla. León heredero del Reino de Asturias. La marca
oriental evolucionó en condado y luego en reino de Castilla. El
condado occidental se transformó en Reino de Portugal.
Paulatinamente
León se fue convirtiendo en el centro político, económico y
cultural de un poderoso reino, que por momentos, era capaz de
competir con Al Andalus. En 1063, reinado de Fernando I, se trasladan
desde Sevilla los restos de San Isidoro, empezando la construcción
de la Colegiata, que cumpliría además las funciones de Panteón
Real.
Isidoro de Sevilla, doctor de las Españas, figura capital de la cultura hispano visigoda, autor de Etilomogías, una obra enciclopédica en que intentó recopilar el saber de su época. Como otros intelectuales de su época, como Gregorio de Tours o Casiodoro trabajó para fusionar la doctrina cristiana con la cultura clásica grecorromana. La basílica leonesa consagrada a San Isidoro custodia en su cripta el Panteón Real de los reyes y reinas de León.

La
real Colegiata de San Isidoro de León, panteón de los
reyes y Capilla Sixtina del Románico. En 1063 Fernando I, que había
trasladado a la Capital del Reino, los restos mortales del sabio San
Isidoro de Sevilla, procedió a la consagración definitiva de este
Santo Lugar. El propio Fernando I, uno de los hijos de Sancho III el
Mayor, y su esposa, Doña Sancha de León, eligieron este lugar para
el enterramiento de la Estirpe Real Leonesa, convirtiéndose en
Panteón Regio. La hija de ambos, Urraca, señora de Zamora, amplió
el templo, edificando una nueva iglesia.
“Aquí
reposa Doña Urraca, reina de Zamora, hija del rey Fernando el Magno,
ella amplificó esta iglesia y la enriqueció con multitud de
donaciones. Y porque amaba a San Isidoro sobre todas las cosas de
este mundo se consagró a su servicio. Murió en la era MCXXXVIIII
(1101) yace oculta en este túmulo la noble Urraca. Aquí guarda este
sepulcro la gloria de España. Tuvo por padre al gran rey Fernando y
por madre a la reina Sancha. Mil ciento una vueltas había dado el
sol a contar desde la encarnación del Verbo”.
San
Isidoro es el panteón regio de los Monarcas de León; la cripta es
una auténtica Capilla Sixtina del Románico. El rey Sancho III el
Mayor de Navarra, en su tiempo el más poderoso de los monarcas
ibéricos, descansa bajo la atenta mirada del Pantocrátor y el
Tetramorfos. Los orgullosos reyes de León, cuando eran los soberanos
del más poderoso estado cristiano ibérico, se hacían titular como
Imperator Hispaniarum.
La
cripta, como toda necrópolis, desprende una suave atmósfera de
sacralidad enfatizada por etéreas nubes de misterio. Todo ello bajo
una cúpula policromada, donde Pantocrátor es Señor Absoluto,
acompañado por su cuatro heraldos. La cúpula románica vela por el
descanso eterno de once reyes, catorce reinas y condes, infantas y
nobles; sus almas en el cielo y sus cuerpos en suelo sacro.
La
torre de la iglesia es una torre fortificada. Esta era la torre del
palacio de los reyes. La iglesia era una especie de capilla del
conjunto palaciego y lugar para enterrar a los miembros de la
familia. Poco a poco la iglesia se fue llenando de gente, los
peregrinos abarrotaban la estancia y el espacio era insuficiente.
Solución: construir una iglesia más grande, la que vemos ahora, con
Isidoro en la portada y sus reliquias en el altar. La torre, y el
palacio, se apoyaba en las murallas de la ciudad.
La
puerta aparece rematada por San Isidoro a caballo, emulando a
Santiago Matamoros. Sabio y guerrero.
El
insigne sabio visigodo San Isidoro de Sevilla, celebrado autor de
Etimologías, reposa eternamente en este excepcional templo del
Románico. Una auténtica joya del primer estilo europeo, tanto en
arquitectura, como en pintura y escultura.
El
interior de una iglesia (de pie, paseando o sentado en un banco de
madera) se convierte en un espacio para el descanso físico y el
reposo mental.
El
panteón es una joya del arte románico. Originalmente era el pórtico
de la iglesia que comunicaba palacio y templo. Como en el interior de
la iglesia no se podía enterrar a nadie, los sepulcros se colocaron
en este pórtico. Urraca de Zamora, hija de Fernando y de Sancha
ordenó su pintura mural. Sobre yeso húmedo se aplica la pintura,
cuyos componentes minerales reaccionan con el estuco, de esta manera
las pinturas han llegado en perfecto estado de conservación hasta la
actualidad.
La
pintura románica, simple e infantil en láminas y fotografías,
cobra esplendor, belleza, brillo, luminosidad y significado cuando se
observa en la realidad. Pinturas conservadas en su lugar original,
perfectamente conservadas.
Programa
iconográfico. Bóvedas y paredes; la Historia de Jesús: Anunciación
y pastores (representa a pastores de la montaña leonesa), matanza de
los inocentes y huida a Egipto. Presentación en el Templo y por
supuesto, nacimiento.
En
una de las bóvedas está representada la Última Cena, con un
personaje que no es habitual en la Península Ibérica, Martilius (o
Marcial) el Copero, que sirve vino durante la celebración de la
Santa Cena. La copa que tiene en la mano se parece al Cáliz de
Urraca (candidato a Santo Grial).
La
crucifixión, en una de las portadas de la basílica primitiva. A los
pies de la cruz aparecen Fernando I y Sancha, un homenaje de su hija
Urraca.
Una
de las joyas de la pintura románica, el Pantocrátor, Cristo en
maiestas y el Tetramorfos, desde el cielo velan por las almas
de reyes, reinas, infantes e infantas del reino.
Y
el maravilloso Calendario Agrícola, dibujado con
maestría en un arco, muy cerca de Cristo, cada mes se relaciona con
la actividad agropecuaria que correspondía según la estación. Es
un velado homenaje a esa clase de hombres y mujeres, los campesinos,
encargados de sostener sobre sus hombres todo el engranaje
socioeconómico de la Europa Feudal. Sin ellos (ni ellas) no hay
señores, ni reyes, ni obispos, y por supuesto, ni iglesias ni
castillos. El autor supo donde situarlos, en los cimientos de la
inmensa Colegiata, sobre sus doloridas (y castigadas) espaldas se
elevan, altos, gruesos y compactos muros. Una iglesia es mucho más
que piedra, cuenta la historia del mundo, del real (campesino) y el
ideal (noble y clérigo). Hoy San Isidoro seguirá escribiendo, hoy
San Isidoro conocerá mi historia.
¿Y
la tumba de Sancho III?. ¿Dónde está?. ¿En León o en Oña?.
Y
no podemos llegar a León, visitar San Isidoro y dejar pasar la
oportunidad acercarnos al misterio; Marcial el Copero, el cáliz de
Urraca y el Santo Grial.
¿Es
el cáliz de Urraca la copa de Crista, el enigmático Santo Grial?.
Eso al menos es lo que sostienen los autores del documental, Onyx,
los Reyes del Grial.
Una
realidad verosímil e improbable. Hace unos años fue objeto de
estudio de personal de la Universidad de León. Lo que cuentan es
algo así. Dos piezas, copas o recipientes, de ágata y origen romano
del siglo I y que formaban parte del tesoro del Santo Sepulcro. El
califa egipcio que saqueó Jerusalén se llevó las piezas a El
Cairo. Este califa le dio las piezas al emir de la Taifa de Denia a
cambio de grano. Egipto sufría una terrible hambruna. El emir de
Denia se las regala a Fernando I rey de León, para sellar un pacto
de amistad. El emir sabía que sus tropas eran insuficientes para
frenar el poderoso ejército leonés. Urraca dona el cáliz a San
Isidoro. Una pieza es la copa y la otra el pie. Oro y todo tipo de
gemas completan el Santo Grial Leonés.
¿Pudo
esta copa ser el cáliz de la Última Cena?. Dos documentos sirven
para avalar su antigüedad y su depósito en el Santo Sepulcro de
Jerusalén. Además uno de ellos se refiere a su poder taumatúrgico.
La hija de Saladino cayó enferma y para curarse debía utilizar una
lasca desprendida de una de las piezas. El lugar del que se
desprendió la lasca aún es visible en el cáliz.
La
leyenda medieval que más éxito ha cosechado en los tiempos
modernos. Una búsqueda en la que todos nos hemos embarcado alguna
vez. Recorrer el Camino de Santiago tiene mucho de búsqueda.
Urraca
I, hija de Alfonso VI y Reina de León, olvidada y maltratada por la
historia. En la corte astur-leonesa las mujeres eran bien educadas (y
formadas) para desempeñar su papel como reinas. Urraca, hija del rey
leonés Alfonso VI, es una de esas mujeres. Enviudó joven de su
esposo borgoñón, y se casó con un maltratador nato, el rey
aragonés Alfonso I el Batallador. En la misma noche de bodas la
emprendió a golpes con su esposa. ¿Podemos considerarla la primera
reina de España?. Nunca se doblegó ante nadie. No dudó en plantar
cara a su ambicioso esposo (se enfrentaron en batalla en el Páramo
Leonés). Buscó el apoyo del obispo de Compostela y de la nobleza
gallega, empeñados todos en consolidar la autonomía del Reino de
Galicia.


Un
centuria más tarde, Alfonso IX preside en la ciudad una Curia Regia.
En esta reunión participan magnates y burgueses representantes de
las ciudades, marcando un hito en el proceso de formación de Cortes
(el primitivo parlamento). Las Cortes convocadas por el rey Alfonso
suponen una transición en la configuración de las cortes. La Curia
Regia admite únicamente la presencia de la aristocracia, mientras
que en las Cortes propiamente dichas, también está representadas
las ciudades. Para los más optimistas, con un punto de
sensacionalismo, podemos estar ante las primeras cortes en la
historia de España, e incluso de Europa. Pero siendo más realistas,
debemos concebirlas como lo que fueron; una importante etapa en un
proceso de evolución política más complejo. En 2013 reconoció a León como cuna del parlamentarismo.

El
edificio que termina de materializar el auge de León es su catedral,
la Pulchra Leonina. Favorecida por su situación en las principales
rutas de trashumancia, el ser hito fundamental en el Camino de
Santiago y un centro fundamental en las comunicaciones de la Meseta
con Galicia y Francia, la ciudad experimentará un notable auge
económico, que posibilitará la construcción de una catedral de
estilo gótico francés.
La
luz de esta ciudad, un faro que guía al peregrino. Las escasas cinco
décadas que duró su construcción le otorgó pureza de formas,
integridad, equilibrio y cierta perfección. El rey que trasladó la
capital de Oviedo a León, Ordoño II, está enterrado en un lugar
excepcional, el trascoro.
Una
ciudad entera trabajando por la gloria eterna. Llegar a Dios a través
de la piedra, la arquitectura y las vidrieras. A través de las
vidrieras la luz del Creador inunda el interior del templo. Fernando
III y Beatriz de Suabia patrocinaron la Catedral, al igual que
hicieran con la de Burgos. Es difícil decidir cual de las dos es más
bella.
La
alquimia de la luz. La Virgen Blanca sonriente, en el parteluz. La
vieja Isis entronizada como reina y como la madre que otorga la vida.
Las
vidrieras regalan un caleidoscopio de luz. El rosetón orientado al
oeste, ilumina el altar mayor con los últimos rayos de Sol de la
tarde. ¿Vidrieras del maestro constructor de la catedral?
Nuestra Señora la Virgen Blanca, escultura original. La que está ubicada en el parteluz es una preciosa copia.
Y
en el transaltar la magnífica sepultura del fundador, Ordoño II,
omnipresente en toda la ciudad.
Sepulcro del obispo Martín el Zamorano.
Un curioso Lucas el Evangelista con gafas.
El
coro diáfano permite contemplar la belleza de la catedral en toda su
inmensidad. La escasa luz artificial, la música y las vidrieras
crean una atmósfera mágica y envolvente. Es fácil imaginar el
impacto de esa imagen, el interior de la catedral en un sencillo
aldeano medieval temeroso de Dios.
Como
Pulchra leonina es conocida la preciosa catedral de la ciudad de
León. Junto a Burgos y Toledo, la tercera de las grandes catedrales
góticas castellanas. La Catedral de León, dedicada a Santa María
de Regla, recibe la influencia de la Teoría de la Luz, del Abad
Suger. Transmisión de esa correa de comunicación que fue la Ruta
Jacobea.
La
Catedral de León es la más francesa de todas las góticas
castellanas. Iniciada en la transición del siglo XII al XIII por el
obispo Manrique de Lara y Alfonso IX. Ningún edificio le hace
sombra, no tiene puntos muertos, bajo sus torres, junto a la portada
o desde la fachada lateral es posible contemplarla en su totalidad.
Torres desiguales y más de setecientas vidrieras, la divinidad
cuenta su historia, iluminan las tinieblas interiores del edificio y
del hombre; la Jerusalén Celeste se materializa entre estos
espigados muros.
Hablando
de alquimia aquí en la ciudad de León no podemos olvidar el nombre
de Nicolás Flamel. El Camino de Santiago ha sido imaginado y
contextualizado desde diferentes puntos de vista (históricos y
esotéricos) como un camino iniciático, una camino hacia el
autoconocimiento, y como tal, también relacionado con la alquimia.
Nicolás Flamel, acaso el más afamado alquimista medieval, concibe
en su obra "El libro de las Figuras Jeroglíficas" el
Camino de Santiago, como el recorrido (real o metafórico) que le
llevó a lograr su meta personal; la Piedra Filosofal, para a través
de ella convertir cualquier metal en oro y alcanzar la inmortalidad.
En cierta manera, podemos concebir el Camino de Santiago, como un
proceso alquímico en el cual, el objeto transformado es el propio
peregrino (en cuerpo y alma).
Nicolás
Flamel es uno de esos personajes en que lo legendario ha ido
devorando al hombre, hasta llegar a un punto donde no se puede saber
donde empieza éste y donde termina aquel. Flamel, el hombre, fue
hombra instruido de su época, rabino, escribano y librero parisino
del siglo XIV. El Flamel legendario fue un amafado alquimista
medieval capaz de ejecutar la Magna Obra de la Alquimia, elaborar la
piedra filosofal, y a través de ella transmutar cualquier metal en
oro y lograr la inmortalidad. Durante la Guerra de los Cien Años,
mientras trabajaba de librero en París llegó a sus manos un viejo
grimorio alquímico y empleó más de veinte años en descifrarlo.
Con
el objetivo de obtener los conocimientos necesarios para traducir el
grimorio, Nicolás Flamel viajó a la Península Ibérica, llegó a
Santiago de Compostela, pero nada consiguió. Derrotado y cabizbajo
emprendió el regreso a casa, con las esperanzas perdidas llegó a
León, y finalmente en la antigua capital del reino, pudo contactar
con el Maestro Canches, un anciano rabí que identifió el grimorio
con el mítico Aesc Mezareph del judío Abraham, y consintió en
enseñar a Flamel todo el conocimiento esotérico y simbólico
necesario para su interpretación. Este viaje (externo e interno) fue
narrado en su Libro de las Figuras jeroglíficas, describiendo su
ascenso hasta el conocimiento supremo como si de la peregrinación a
Santiago de Compostela se tratase.
De
regreso a París se puso manos a la obra, fue capaz de elaborar la
piedra filosofal, consiguiendo ingentes cantidades de oro. También
asegura la leyenda que gracias a la piedra, él y su esposa
Perenelle, obtuvieron la inmortalidad. Hay quien afirma haberlos
visto en la Ópera de Paris años antes del estallido revolucionario.
Si esta historia es cierta, quizás algún día, en algún recóndito
lugar del Viejo Mundo, me tope con Nicolás y Perenelle
El
final de la Edad Media fue una etapa de profunda crisis (Peste Negra,
Guerras Civiles Castellanas y el emigración hacia el sur en busca de
nuevas oportunidades), marcará el lento declive de esta milenaria
ciudad, una parte imprescindible de nuestra historia.
Después
de superar el asfalto y el ruido de coches, el peregrino alcanza el
casco viejo de León a través de Puertamoneda abierta en la muralla
medieval.
La Plaza del Grano es uno de los rincones más pintorescos de la ciudad de León.
Antes
hemos dejado atrás la iglesia de Santa Ana (muy reformada) que fue
hospitalaria, y tuvo cementerio de romeros. Seguidamente alcanzamos
la plaza del Mercado o del Grano, con el convento de las Carbajalas y
la Iglesia de Nuestra Señora del Mercado.
En
la Iglesia de Nuestra Señora del Mercado fue proclamado emperador el
rey Alfonso VII. En 1135, en la mañana de Pentecostés, el rey de
Navarra, García Ramírez y el obispo de León, escoltan a Alfonso
VII, recién coronado emperador.
Paseando,
paseando me encontré con Guzmán el Bueno. Nos saludamos y nos
emplazamos para otra ocasión.
Ahora
abandonamos el camino histórico y entramos en la zona original de la
ciudad, la que quedaba dentro de la cerca romana, y encontramos la
Casa Botines, la Catedral y la Basílica de San Isidoro, entre otros
destacados edificios.
Una
ciudad alegre, con gran ambiente callejero. Muchísimas cafeterías y
bares de tapas. En las noches de verano el vino y la cerveza se
desbordan por las calles del Barrio Húmedo. Tapas elaboradas o
sencillas, tradicionales y de alta cocina, las de toda la vida y las
que se ponen de moda.
Poseidón en medio de León, el Bernesga arrastró hasta aquí al señor de los Océanos.
Suntuosos
palacios cuya construcción va desde la Baja Edad Media, como el
Palacio de los Condes de Luna, al Renacimiento, como el Palacio de
los Guzmanes (sede de la diputación de León).
La primera vez que visité la ciudad de León, verano de 2011, me alojé en una modesta y acogedora pensión con unas increíbles vistas a la Plaza Mayor.
Lluvia de verano que alegra nuestra estancia en la ciudad.
El conejo rosa vigila los sueños de los que moran en la casa.
Los
peregrinos son engullidos por León, tanto la entrada como la salida
resultan muy incómodas. A través de la puerta Moneda entran en el
centro histórico, y los romeros abandonan la capital del reino por
el Hospital de San Marcos y el puente adyacente que cruza el río
Bernesga. Desde aquí se encaminan ilusionados hacia el Páramo.
La
mayoría de los peregrinos seguirá el Camino Francés pero unos
pocos decidirán realizar el Camino del Salvador y dirigirse, en
primer lugar, a Oviedo, para seguir la recomendación «Quien
va a Santiago y no va al Salvador, honra al criado y olvida al
Señor».
Para
muchos peregrinos jacobeos Oviedo era una meta en sí misma, algo más
que un paréntesis dentro de su largo Camino al Finisterre. Desde
León eran muchos los que desviaban sus pasos hacia el norte y
afrontaban las dificultades naturales con objeto de postrarse ante la
imagen del Salvador y venerar las reliquias de la Cámara Santa.
Luego seguirían a Compostela por el Camino norte o volviendo a León
renovado su espíritu y con nuevos ánimos para culminar su Camino.
Juan
Vega.
Los
caminos a San Salvador de Oviedo.
Revista
Peregrino Nº 33.
Campamento
de la legión, residencia de los monarcas, panteón real, sede de
cortes (las más antiguas de Europa) burgo medieval, ciudad jacobea,
metrópoli episcopal, capital del Reino, urbe vanguardista, centro
comercial, románica y santiaguista, húmeda y gastronómica. Dos
milenios de historia, y restos materiales de ese par de miles de
años. Murallas de época romana, iglesias medievales, palacios
renacentistas y edificios vanguardistas. Reyes y emperadores. Origen
de un país (dividido e invertebrado). Rampante, rugiente, garras
afiladas y melena al viento.