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miércoles, 14 de noviembre de 2018

EL PRIMER HOSPITAL DE CAMPAÑA.




En el año 1476 en la Vega de Toro (provincia de Zamora) se enfrentaron, en el contexto de la Guerra Civil entre Isabel y su sobrina Juana, el ejército de los Reyes Católicos con las tropas del rey portugués Alfonso V. En esa batalla se utilizó el primer hospital de campaña conocido de la histoira de España.

La reina Isabel organizó este hospital de campaña en Toro y después, en 1481, en Santa Fe de Granada en la guerra contra los nazaríes. Se cuenta que la propia Isabel asistió personalmente a los heridos. Un cuadro de Mariano Yzquierdo y Vivas (1940) conservado en el Museo del Ejército del Alcázar de Toledo recuerda el acontecimiento. 

viernes, 12 de febrero de 2016

LOS REYES CATÓLICOS POR PÉREZ REVERTE.




Patente de Corso. Columna de Arturo Pérez Reverte en XL Semanal. Publicada el 30/12/2013.

Eran jóvenes, guapos y listos. Me refiero a Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, los llamados Reyes Católicos. Los de la tele. Sobre todo, listos. Ella era de las que muerden con la boquita cerrada. Lo había demostrado en la guerra contra los partidarios de su sobrina Juana la Beltraneja -apoyada por el rey de Portugal-, a la que repetidas veces le jugó la del chino. Él, trayendo en la maleta el fino encaje de bolillos que en el Mediterráneo occidental hacía ya imparable la expansión política, económica y comercial catalano-aragonesa. La alianza de esos dos jovenzuelos, que nos salieron de armas tomar, tiene, naturalmente, puntitos románticos; pero lo que fue, sobre todo, es un matrimonio de conveniencia: una gigantesca operación política que, aunque no fuera tan ambicioso el propósito final, en pocas décadas iba a acabar situando a España como primera potencia mundial, gracias a diversos factores que coincidieron en el espacio y el tiempo: inteligencia, valor, pragmatismo, tenacidad y mucha suerte; aunque lo de la suerte, con el paso de los años, terminara volviéndose -de tanta como fue- contra el teórico beneficiado. O sea, contra los españoles de a pie; que, a la larga, de beneficio obtuvimos poco y pagamos, como solemos, los gastos de la verbena. Sin embargo, en aquel final del siglo XV todo era posible. Todo estaba aún por estrenar (como la Guardia Civil, por ejemplo, que tiene su origen remoto en las cuadrillas de la Santa Hermandad, creada entonces para combatir el bandolerismo rural; o la Gramática de la lengua castellana de Antonio de Nebrija, que fue la primera que se hizo en el mundo sobre una lengua vulgar, de uso popular, y a la que aguardaba un espléndido futuro). El caso, volviendo a nuestros jovencitos monarcas, es que, simplificando un poco, podríamos decir que el de Isabel y Fernando fue un matrimonio con separación de bienes. Tú a Boston y yo a California. Ella seguía siendo dueña de Castilla; y él, de Aragón. Los otros bienes, los gananciales, llegaron a partir de ahí, abundantes y en cascada, con un reinado que iba a acabar la Reconquista mediante la toma de Granada, a ensanchar los horizontes de la Humanidad con el descubrimiento de América, y a asentarnos, consecuencia de todo aquello, como potencia hegemónica indiscutible en los destinos del mundo durante un siglo y medio. Que tiene tela. Con lo cual resultó que España, ya entendida como nación -con sus zurcidos, sus errores y sus goteras que llegan hasta hoy, incluida la apropiación ideológica y fraudulenta de esa interesante etapa por el franquismo-, fue el primer Estado moderno que se creó en Europa, casi un siglo por delante de los otros. Una Europa a la que no tardarían los peligrosos españoles en tener bien agarrada por los huevos (permítanme la delicada perífrasis), y cuyos estados se formaron, en buena parte, para defenderse de ellos. Pero eso vino más tarde. Al principio, Isabel y Fernando se dedicaron a romperle el espinazo a los nobles que iban a su rollo, demoliéndoles castillos y dándoles leña hasta en el deneí. En Castilla la cosa funcionó, y aquellos zampabollos y mangantes mal acostumbrados quedaron obedientes y tranquilos como malvas. En el reino de Aragón la cosa fue distinta, pues los privilegios medievales, fueros y toda esa murga tenían mucho arraigo; aparte que el reino era un complicado tira y afloja entre aragoneses, catalanes, mallorquines y valencianos. Todo eso dejó enquistados insolidaridades y problemas de los que todavía hoy, quinientos años después de ser España, pagamos bien caro el pato. En cualquier caso, lo que surgió de aquello no fue todavía un estado centralista en el sentido moderno, sino un equilibrio de poderes territoriales casi federal, mantenido por los Reyes Católicos con mucho sentido común y certeza del mutuo interés en que las cosas funcionaran. Lo del Estado unitario vino después, cuando los Trastámara -la familia de la que procedían Isabel y Fernando, que eran primos- fueron relevados en el trono español por los Habsburgo, y ésos nos metieron en el jardín del centralismo imposible, las guerras europeas, el derroche de la plata americana y el no hay arroz para tanto pollo. En cualquier caso, durante los 125 años que incluirían el fascinante siglo XVI que estaba en puertas, transcurridos desde los Reyes Católicos a Felipe II, iba a cuajar lo que para bien y para mal hoy conocemos como España. De ese período provienen buena parte de nuestras luces y sombras: nuestras glorias y nuestras miserias. Sin conocer lo mucho y decisivo que en esos años cruciales ocurrió, es imposible comprender, y comprendernos.

domingo, 24 de enero de 2016

CASA DE LAS ARGOLLAS EN PLASENCIA.



Situada en la Calle del Rey, en el casco histórico de Plasencia, luce con orgullo la fachada de la conocida como Casa de las Argollas.


Las argollas representan que el edificio tenía jurisdicción propia y gozaba de atribuciones especiales como el derecho de asilo o jurisdicción civil (y criminal). Dichos privilegios fueron concedidos por los monarcas Alfonso X y Sancho IV a Pedro Sánchez de Grimaldo para sus casas de Plasencia, Grimaldo y las Corchuelas.



Entre estos muros se gestó el matrimonio por poderes entre Juana la Beltraneja y el rey Alfonso V de Portugal.  


viernes, 16 de enero de 2015

ZAMORA, LA BIEN CERCADA



Zamora, histórica y románica, más hermosa desde dentro que lo que se puede intuir desde fuera, nació en un suave altozano en una orilla de la milenaria Vía de la Plata, una ruta cuyos orígenes se pierden en la noche de los tiempos, que comunica la Andalucía tartésic con la Galicia céltica.

Convertida en Ocelo Duri "el Ojo del Duero" por los romanos, fue ocupada durante el tumultuoso siglo V por los suevos y arrebatada por los visigodos en el siglo VI. Durante la Edad Media fue disputada por cristianos y musulmanes: en el siglo IX fue conquistada y repoblada por Alfonso III de Asturias; en la décima centuria fue arrasada por el implacable Almanzor. Sería Fernando I, primer rey de Castilla, quién reconstruyó sus murallas y fortificó la ciudad, configurando su estado actual y presumiendo de ella como "la bien cercada".

Allá en Castilla la Vieja,
un rincón se me olvidaba;
Zamora lleva por nombre,
Zamora la bien cercada.
De una parte la cerca el Duero
de otra, Peña Tajada,
del otro la Morería
Una cosa es muy preciada.
(Romancero).


Una vez en manos cristianas se convirtió en escenario de crueles tragedias familiares con un pútrido trasfondo político. Ante sus muros fue asesinado Sancho II, una muerte que permitió a su hermano Alfonso VI sentarse en el trono leonés. Y en el siglo XV, en las postrimerias del Medievo, Juana la Beltraneja e Isabel la Católica, sobrina y tía portugueses y castellanos, dirimieron por las armas el futuro del reino (e incluso de España).

"Zamora es una ciudad célebre y una de las capitales del país cristiano. Está situada sobre a orilla septentrional del Duero y rodeada de fuertes murallas de piedra; su territorio es fértil y cubierto de viñedos, sus habitantes poseen riquezasy se dedican al comercio".
Al Idrisi.Geografía.


Paseando por las calles zamoranas podemos seguir las huellas del héroe lusitano Viriato, de Alfonso III, de Almanzor, de los hermanos Alfonso, Urraca y Sancho, del traidor Vellido Dolfos, del Cid Campeador, de Juana la Beltraneja y su esposo Alfonso V de Portugal, de los Reyes Católicos y una larga pléyade de personajes de forman parte indisoluble de la esencia y la personalidad de Zamora.  

miércoles, 2 de abril de 2014

HERNÁN PÉREZ DEL PULGAR



En Ciudad Real, localidad natal, rodilla en tierra, pendón al viento, orgullo intacto, recibe el homenaje de los siglos, Hernán Pérez del Pulgar. Caballero manchego, protagonista de celebradas hazañas bélicas en el contexto de las guerras ibéricas entre moros y cristianos. Su lema, forjado sobre su escudo rezaba así "Quebrar y no doblar".

Muy de mozo comenzó a destacar en lides, combates y reyertas, siendo diestro en el manejo de las armas. No tardó en integrar huestes combatientes. Como simple escudero participó en la guerra contra Portugal, que apoyaba a la Beltraneja en su porfía con la Católica. 


Mas fue durante la postrera Guerra de Granada cuando Pérez del Pulgar alcance fama y notoriedad. Combatiendo con audacia, arrojo y valentía, obtuvo los títulos de Gentilhombre y Continuo de la Casa Real en 1481. Un tipo duro que colecciona títulos y hazañas como un Cristiano Ronaldo del siglo XV. En las Crónicas sus hazañas siempre van a más, siempre era capaz de superar, en dificultad, la anterior. Actores y directores de Hollywood matarían por una interpretación como la suya. Incluso tenía fama de atractivo y seductor, como todo conquistador (militar o no) que se precie. No le faltaba valentía, ni le sobraba recato, siempre presto a la acción, nunca pudo pasar inadvertido. 



Rompió el cerco de Alhama mientras estaba siendo asediado por tropas enemigas, tomó el Castillo de Salar con una exigua fuerza de 80 hombres, y en un acto de chulería suprema, para mostrar a enemigos y amigos que el nunca se rendía, estando sitiado en la ciudad de Salobreña, con los pozos agotados, arrojó desde lo alto de la muralla que defendía, el último cántaro de agua, que se estrelló contra el suelo. Por supuesto, ganó la batalla.

Pero lo más celebrado de su vida fue una incursión nocturna al mismo corazón del Reino Nazarí. Fue el año 1490 y le acompañaron quince valientes caballeros y Pedro, su fiel escudero. Pérez Reverte recuerda unos versos sin firma, que le retrotraen a su niñez:

Amparados en la noche,
quince cabalgan,
y Hernán Pérez del Pulgar,
es el que primero avanza.


Caballeros vestidos de negro, flotan como espectros fantasmales en la bruma de una noche sin luna, se acercan con sigilo a la muralla granadina. Amparados en la oscura nocturnidad se arrojan a las gélidas aguas del Darro, portando armas ligeras y con medio cuerpo sumergido avanzan hacia el interior mismo del Reino Nazarí, violando con impunidad el entramado defensivo. Se deslizan por estrechas callejuelas moriscas hasta llegar a la misma Aljama, la Mezquita Mayor, la que une Granada con La Meca. Su objetivo; incendiarla y reducirla a cenizas. 

Un olvido los hizo imposible. Habiendo fallado este primer plan, tuvo que conformarse con otro gesto osado. Clavar en la puerta de la mezquita un pergamino en que se podía leer: "Sed testigos de la toma de posesión que realizo en nombre de los reyes y del compromiso que contraigo de venir a rescatar a la Virgen Maria a quien dejo prisionera entre los infieles".

Durante su huída prendieron fuego a dos o tres puertas, lo que alertó a la guarnición de la ciudad. Una multitud de soldados moros se lanzaron tras los caballeros de Pulgar, se produjo una reyerta y a pesar de la inferioridad numérica, los cristianos resultaron vencedores. Aprovechando el estrépito y la confusión volvieron a ganar el río, para logar alcanzar los caballos, hincar espuelas y galopar, casi a ciegas, hasta llegar al Real de Santa Fe. Allí fueron recibidos como héroes y celebraron hasta el alba la temeridad que acababan de protagonizar.


Tal fue el prestigio militar alcanzado en vida, que cuando la Parca vino a reclamar su alma, recibió el honor de dormir el sueño eterno junto a los Reyes Católicos, en una capilla anexa a la Catedral, la Iglesia del Sagrario. Ambas, Catedral y Sagrario, ocupan el espacio de la antigua mezquita, el mismo lugar donde Hernán Pérez del Pulgar alcanzó la eternidad. 

miércoles, 26 de marzo de 2014

ALCÁZAR REAL DE TORO



Alcázar del siglo XII, morada de algunos reyes como Fernando III, Alfonso XI o Pedro I el Cruel. Juana la Beltraneja fijó su residencia aquí cuando luchaba contra su tía, sus recios muros soporaron, sin derribarse, la artillería de Isabel. Fue residencia de los Reyes Católicos y a partir del siglo XVI perdió su función de residencia regia y comenzó un lento y prolongado declive.En el siglo pasado se derribo la Torre del Homenaje y se convirtió, para vergüenza de muchos, en prisión. Este reciento de planta cuadrangular era el elemento más significativo del entramado defensivo medieval con que contaba la ciudad de Toro, que poseía murallas defendidas por torreones. 

sábado, 30 de noviembre de 2013

CASTILLO DE BURGOS



En este cerro sobre la ciudad de Burgos, construyó, en el siglo IX, una fortaleza Diego Porcelos, lejano fundador de la ciudad. Éste sería el núcleo original de la capital burgalesa, una de las localidades más importantes de la Corona de Castilla y de toda la Submeseta Norte. 


Años más tarde, los Estúñiga, familia dueña del castillo, apoyaron a Juana la Beltraneja durante la guerra civil castellana, mientras que la ciudad era partidaria de su tía, y a la postre reina de Castilla, Isabel. 


En el contexto bélico de dicho conflicto, el castillo sufrió un largo asedio de ocho meses, que concluyó en 1476 con la rendición de su guarnición. 


Reconstrucción de Burgos (no totalmente fidedigna) de la serie de TVE Isabel. 


viernes, 11 de octubre de 2013

BATALLA DE TORO



El río Duero discurre con parsimonia por la Vega de Toro, escenario, el 1 de marzo de 1476, de una decisiva batalla entre Juana la Beltraneja y su tía, la princesa Isabel. En juego, la Corona de Castilla. El ejército de Isabel, hemana del difunto rey Enrique IV de Castilla, aplasta a las huestes de Juana, supuesta hija bastarda de éste. Las voces chismosas y malintencionadas, otorgan la paternidad de Juana a Beltrán de la Cueva, valido de Enrique IV. 

La victoria en el campo de batalla, aseguró a Isabel la Corona de Castilla y le dejó el camino despejado para la unión dinástica con Aragón 


Las flechas atraviesan corazas y alcanzan el punto vital en medio del pecho, los lanceros pierden pie y la caballería pesada deshace las valientes líneas de infantería, las espadas se abren paso a base de mandobles. El viento trae, esta tarde, olor a sangre, los cuervos y buitres se alimentan de batallones muertos por un honorable motivo, la gloria de una victoria, los ecos de la historia; una corona de oro que pasará de una cabeza a otra. 

domingo, 26 de mayo de 2013

CASTILLO DE LA MOTA




Una de las más señera fortificaciones de la Península Ibérica, y de las mejor conservadas. El mejor lugar para imaginar como era una castillo medieval.


Puerta del Castillo, a la que se accede a través de un puente. 


En la imagen podemos observar la pasarela y el puente de acceso, salvando el foso. 


Altivo sobre la mota, se yergue su castillo, de redondeados torreones levantados con ladrillo rojo, la Torre del Homenaje, intimida, advierte de su tronío y poder, a sus pies el populacho débil suplica clemencia, a lo lejos, el enemigo, huye acobardado.

Un foso, almenas y merlones, numerosas saeteas y aspilleras, tres líneas de defensa - las dos murallas y la Torre del Homenaje  - varios metros de altura, barbacanas, torreones circulares menos vulnerables, una fortaleza inexpugnable . . . a no ser que una mano traidora abra la puerta a los asediadores . . . 


Patio de armas, la guarnición está presta para entrar en acción.



El foso se cavó para proteger la base de la muralla del fuego de artillería. 


Tronera o aspillera adaptada para poder disparar cañones. 


Arañando el cielo, la Torre del Homenaje te vence por estatura, te acongoja por fortaleza y te desmoraliza por inaccesible.



Torreones circulares, al carecer de arista, son mucho más resistentes ante la artillería y los trabajos de zapa.


Defensa compartimentada con dos líneas de murallas. En primer término la primera muralla y el foso.

Desde el exterior, empequeñecido por su magnitud, con los medios con que contaba la poliorcética medieval ¿qué posibilidades reales había de tomar un castillo así?.



La Torre del Homenaje organiza la segunda línea de fortificación. Fue mandada construir por Enrique IV Trastámara.


                   
Sus muros no pudieron detener a César Borgia, su más famoso inquilino, el Duque Valentino, burló a los guardianes, huyó de su prisión, sumando un avatar más a su azarosa vida.




El Castillo de la Mota fue una pieza más de la intrincada partida de ajedrez en la que se convirtió la sucesión de Enrique IV Trastámara, entre su hermana Isabel y su ¿hija? Juana la Beltraneja.


Sumergidos en la historia castellana, una época efervescente, en la que Castilla y Aragón unieron, mediante un matrimonio sus destinos ¿para siempre?. . . el tiempo lo dirá. . .
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