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domingo, 8 de enero de 2017

AMARRADO AL DURO BANCO.



Amarrado al duro banco
De una galera turquesca,
Ambas manos en el remo
Y ambos ojos en la tierra,
Un forzado de Dragut
En la playa de Marbella
Se quejaba al ronco son
Del remo y de la cadena:
«¡Oh sagrado mar de España,
Famosa playa serena,
Teatro donde se han hecho
Cien mil navales tragedias!,
»Pues eres tú el mismo mar
Que con tus crecientes besas
Las murallas de mi patria,
Coronadas y soberbias,
»Tráeme nuevas de mi esposa,
Y dime si han sido ciertas
Las lágrimas y suspiros
Que me dice por sus letras;
»Porque si es verdad que llora
Mi captiverio en tu arena,
Bien puedes al mar del Sur
Vencer en lucientes perlas.
»Dame ya, sagrado mar,
A mis demandas respuesta,
Que bien puedes, si es verdad
Que las aguas tienen lengua,
»Pero, pues no me respondes,
Sin duda alguna que es muerta,
Aunque no lo debe ser,
Pues que vivo yo en su ausencia.
»¡Pues he vivido diez años
Sin libertad y sin ella,
Siempre al remo condenado
A nadie matarán penas!»
En esto se descubrieron
De la Religión seis velas,
Y el cómitre mandó usar
Al forzado de su fuerza.

Luis de Góngora.

domingo, 4 de diciembre de 2016

SERVÍA EN ORÁN AL REY UN ESPAÑOL CON DOS LANZAS...



Servía en Orán al Rey
Un español con dos lanzas,
Y con el alma y la vida
A una gallarda africana,

Tan noble como hermosa,
Tan amante como amada,
Con quien estaba una noche
Cuando tocaron al arma.

Trescientos Zenetes eran
Deste rebato la causa;
Que los rayos de la luna
Descubrieron las adargas;

Las adargas avisaron
A las mudas atalayas,
Las atalayas los fuegos,
Los fuegos a las campanas;

Y ellas al enamorado,
Que en los brazos de su dama
Oyó el militar estruendo
De las trompas y las cajas.

Espuelas de honor le pican
Y freno de amor le para;
No salir es cobardía,
Ingratitud es dejarla.

Del cuello pendiente ella,
Viéndole tomar la espada,
Con lágrimas y suspiros
Le dice aquestas palabras:

«Salid al campo, Señor,
Bañen mis ojos la cama;
Que ella me será también,
Sin vos, campo de batalla.

»Vestíos y salid apriesa,
Que el general os aguarda;
Yo os hago a vos mucha sobra
Y vos a él mucha falta.

»Bien podéis salir desnudo
Pues mi llanto no os ablanda;
Que tenéis de acero el pecho
Y no habéis menester armas.»

Viendo el español brioso
Cuánto le detiene y habla,
Le dice así: «Mi señora,
Tan dulce como enojada,

»Porque con honra y amor
Yo me quede, cumpla y vaya,
Vaya a los moros el cuerpo,
Y quede con vos el alma.

»Concededme, dueña mía,
Licencia para que salga
Al rebato en vuestro nombre,
Y en vuestro nombre combata.»
                                                          Luis de Góngora.

sábado, 3 de diciembre de 2016

ENTRE LOS SUELTOS CABALLOS DE LOS VENCIDOS ZENETES...


Entre los sueltos caballos
De los vencidos Zenetes,
Que por el campo buscaban
Entre lo rojo lo verde,

Aquel español de Orán
Un suelto caballo prende,
Por sus relinchos lozano
Y por sus cernejas fuerte,

Para que lo lleve a él,
Y a un moro cautivo lleve,
Que es uno que ha cautivado,
Capitán de cien Zenetes.

En el ligero caballo
Suben ambos, y él parece,
De cuatro espuelas ,herido,
Que cuatro vientos lo mueven.

Triste camina el alarbe,
Y lo más bajo que puede
Ardientes suspiros lanza
Y amargas lágrimas vierte.

Admirado el español
De ver cada vez que vuelve
Que tan tiernamente llore
Quien tan duramente hiere,

Con razones le pregunta
Comedidas y corteses
De sus suspiros la causa,
Si la causa lo consiente.

El cautivo, como tal,
Sin excusarlo, obedece,
Y a su piadosa demanda
Satisface desta suerte:

«Valiente eres, capitán,
Y cortés como valiente;
Por tu espada y por tu trato
Me has cautivado dos veces.

»Preguntado me has la causa
De mis suspiros ardientes,
Y débote la respuesta
Por quien soy y por quien eres.

»Yo nací en Gelves el año
Que os perdisteis en los Gelves,
De una berberisca noble
Y de un turco mata-siete.

»En Tremecén me crié
Con mi madre y mis parientes
Después que murió mi padre,
Corsario de tres bajeles.

»Junto a mi casa vivía,
Porque más cerca muriese,
Una dama del linaje
De los nobles Melioneses:

»Extremo de las hermosas,
Cuando no de las crüeles,
Hija al fin destas arenas
Engendradoras de sierpes.

»Era tal su hermosura,
Que se hallaran claveles
Más ciertos en sus dos labios
Que en los dos floridos meses.

»Cada vez que la miraba
Salía el sol por su frente,
De tantos rayos vestidos
Cuantos cabellos contiene.

»Juntos así nos criamos,
Y Amor en nuestras niñeces
Hirió nuestros corazones
Con arpones diferentes.

»Labró el oro en mis entrañas
Dulces lazos, tiernas redes,
Mientras el plomo en las suyas
Libertades y desdenes.

»Mas, ya la razón sujeta,
Con palabras me requiere
Que su crueldad le perdone
Y de su beldad me acuerde;

»Y apenas vide trocada
La dureza desta sierpe,
Cuando tú me cautivaste;
Mira si es bien que lamente.

»Ésta, español, es la causa
Que a llanto pudo moverme;
Mira si es razón que llore
Tantos males juntamente.»

Conmovido el capitán
De las lágrimas que vierte,
Parando el veloz caballo,
Que paren sus males quiere.

«Gallardo moro, le dice,
Si adoras como refieres,
Y si como dices amas,
Dichosamente padeces.

»¿Quién pudiera imaginar,
Viendo tus golpes crueles,
Que cupiera alma tan tierna
En pecho tan duro y fuerte?

»Si eres del Amor cautivo,
Desde aquí puedes volverte;
Que me pedirán por robo
Lo que entendí que era suerte.

»Y no quiero por rescate
Que tu dama me presente
Ni las alfombras más finas
Ni las granas más alegres.

»Anda con Dios, sufre y ama,
Y vivirás si lo hicieres,
Con tal que cuando la veas
Pido que de mí te acuerdes.»

Apeóse del caballo,
Y el moro tras él desciende,
Y por el suelo postrado,
La boca a sus pies ofrece.

«Vivas mil años, le dice,
Noble capitán, valiente,
Que ganas mas con librarme
Que ganaste con prenderme.

»Alá se quede contigo
Y te dé victoria siempre
Para que extiendas tu fama
Con hechos tan excelentes.»
                                                        Luis de Góngora.

domingo, 5 de abril de 2015

POEMA DE CÓRDOBA.



Siete Lienzos en forma de retablo que cuentan la historia de Córdoba por obra del exquisito pincel de Julio Romero de Torres. 

La mujer, morena y sensual, inspiración junto con la muerte, del pintor cordobés, protagonizan siete estampas sobre la milenaria historia de Córdoba.


Córdoba guerrera con el Gran Capitan a caballo sobre pedestal.


Córdoba barroca, una alegoría al gran poeta Luis de Góngora.


Córdoba judía, mujer de blanco con Maimónides al fondo.


Córdoba cristiana, mujeres con el patrón, San Rafael.


Córdoba romana personificada en Séneca.


Córdoba religiosa con San Pelayo


Córdoba torera simbolizada por el Lagartijo. 

sábado, 5 de octubre de 2013

CRIÁBASE EL ALBANÉS




     Criábase el Albanés
     en la corte de Amurates,
     no como prendas captivas
     en rehenes de su padre,
     sino como se crïara
     el mayor de los sultanes,
     del Gran Señor, regalado,
     querido de los bajaes,
     mancebo de altos principios
     y de pensamientos graves,
     de esperanzas vinculadas
     con su generosa sangre,
     gran capitán en las guerras,
     gran cortesano en las paces,
     de los soldados escudo,
     espejo de los galanes.
     Recién venido era entonces
     de vencer, y de ganalles
     al Húngaro dos banderas,
     y al Sofí cuatro estandartes.
     Mas ¿qué aprovecha domar
     invencibles capitanes
     y contraponer el pecho
     a mil peligros mortales,
     si un niño ciego lo vence,
     no más armado que en carnes,
     y en el corazón le deja
     dos arpones penetrantes?
     Dos penetrantes arpones,

     que son los ojos süaves
     de las dos más bellas turcas
     que tiene todo el Levante;
     que no hay turquesas tan finas
     que a sus ojos se comparen,
     discretas en todo extremo
     y de gracias singulares.
     No lo defendió el escudo,
     hecho de finos diamantes,
     porque el amoroso fuego
     es al rayo semejante,
     que el duro hierro en sus manos
     lo disminuye y deshace:
     no para en el hierro Amor,
     que, sin errar tiro, sabe
     poner en el alma el hierro,
     y en la cara las señales.
     Fue tan desdichado en paz,
     cuanto, en la guerra, triunfante,
     rendido, en paz, de mujeres,
     siendo en guerra un fiero Marte;
     bien conoció su valor
     Amor, pues para enlazalle
     (por tener sujeto, Amor,
     al que sujetó al dios Marte),
     un lazo vio que era poco,
     y quiso con dos vendalle.


Romance de Luis de Góngora 
sobre el héroe medieval 
albanés Jorge Castriota, 
conocido como Skanderbeg. 
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