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miércoles, 27 de julio de 2016

FRANCESCO DANDOLO



Si su antepasado Enrico Dandolo puso las bases del imperio marítimo, el dogo Francesco Dandolo fue el encargado de comenzar la expansión por la península italiana, inaugurando el Stato di Terraferma. Durante su gobierno los ejércitos venecianos se enfrentaron al señor de Verona Mastino II della Scala, a Padua, anexionándose algunas ciudades como Bassano o Treviso. Para conseguir una fuerza militar eficiente y numerosa, Francesco renunció a la contratación de mercenarios y reclutó a todos los ciudadanos con edades comprendidas entre los 20 y los 60 años.

Este dogo fue conocido en su tiempo como “el perro”, por presentarse con un collar en el cuello ante el papa Clemente V que había excomulgado a los venecianos, buscando el perdón.



El monumento funerario del dogo se encuentra en la iglesia de Santa María Gloriosa dei Frari y sobre el sepulcro una obra de Paolo Veneziano. En la pintura aparecen la Virgen con el Niño, San Francisco y Santa Isabel, acompañados por el dogo y su esposa, la dogaresa.  

domingo, 15 de febrero de 2015

ENRICO DÁNDOLO, LA CUARTA CRUZADA Y EL EQUILIBRIO DE PODER EN LOS BALCANES.



Entre los años 1202 y 1204, el octogenario dux veneciano Enrico Dándolo, con la colaboración intestimable de Bonifacio de Montferrato, dirigió la Cuarta Cruzada sobre Constantinopla, conquistando la capital de un Imperio que intentaba a duras penas aferrarse a la vida, aceleró el proceso de descomposición del Imperio Bizantino y propinó el golpe definitivo del que nunca llegó a recuperarse. 

El papa Inocencio III exhortó a los príncipes europeos a participar en una nueva cruzada, con Egipto como principal objetivo. El dux veneciano consiguió reconducir los ánimos y objetivos cruzados en beneficio de la propia Serenissima República de San Marcos. Una Cruzada descarriada, en palabras de Steve Runciman, reconocido especialista en el tema, que terminó con la conquista y saqueo de la ciudad fundada por Constantino el Grande. La victoria de los cruzados produjo un auténtico cataclismo en los Balcanes y el Adriático, y una ruptura definitiva de los equilibrios de poder en la región, que hasta entonces habían basculado entre Hungría y el Imperio Bizantino. 

Antes de ese año, en 1187, Bizancio había perdido Dalmacia, Croacia y Servia, había tenido que reconocer el Segundo Imperio Búlgaro. El príncipe serbio Esteban Nemanja unificó los clanes servios y se convirtió en el gobernador de varios principados. Mientras que los búlgaros aprovechando las convulsiones de la Tercera Cruzado proclamaron el Segundo Imperio Búlgaro y se convirtieron durante un tiempo en el rival a batir en la región. 

Tras la conquista de Constantinopla se produjo el pacto conocido como "Partitio Romaniae" en virtud del cual los príncipes que participaron en la Cruzada se repartieron parte del Imperio Bizantino con el beneplácito veneciano. De esta manera se rompió la unidad orgánica bizantina y fue sustituida por un conjunto de pequeños estados feudales, y perdió cualquier control e influencia sobre las regiones balcánicas y adriáticas. 


Se crea el Imperio Latino con capital en Constantinopla, siendo coronado emperador Balduino IX conde de Flandes, con el nombre de Balduino I, el Reino de Salónica, del que dependían Acaya y el ducado de Atenas será concedido a Bonifacio Montferrato, uno de los principales protagonistas de este expolio territorial, el Imperio de Trebisonda centralizado en Armenia, el Imperio de Nicea y el Despotado del Epiro con Miguel I Comneno Ducas al frente. Ni que decir tiene que muy pronto surgen desavenencias y conflictos entre ellos, encrespando más aún la situación. 

Venecia, que antes de lanzarse a depredar Constantinopla, había arrebatado la ciudad dálmata de Zadar al Reino de Hungría, se reservó algunas bases territoriales, como Durazzo (Durrës), Modón, Corón, archipiélago del Egro, Creta, únicamente las que sabía que podía defender y conservar, y de esta manera lograba una posición de preeminencia por encima de sus rivales italianas, Génova y Pisa. 

En las décadas siguientes se produjeron nuevas fundaciones, como por ejemplo el Reino de Serbia, cuyo primer rey coronado, Esteban I Nemanjic, fue reconocido por el papado en 1217 o el Reino de Albania creado por Carlos de Anjou en los territorios que había arrebatado al Despotado del Epiro. 

Todos estos cambios territoriales y la ausencia de una poder omnímodo que pudiese aglutinar toda la potencia militar y humana de la región, trastocó todo el sistema defensivo de la Cristiandad. 

Desde los comienzos de su Imperio, Bizancio había sido el guardián de Europa contra el Oriente infiel y el Norte bárbaro. Se opuso a ellos con sus ejércitos y los amansó con su civilización. Pasó por muchos períodos angustiosos, cuando parecía que había llegado su hora, pero nasta entonces siempre sobrevivió. A fines del siglo XII , estaba enfrentado con una larga crisis, cuando el daño a su fuerza en hombres y a su economía originado por las conquistas turcas en Anatolia, un siglo antes, empezó a surtir todo su efecto, aumentado por la enérgica rivalidad de las ciudades mercantiles italianas. Pero, tal vez, habría demostrado nuevamente su elasticidad y hubiese podido reconquistar los Balcanes y gran parte de Anatolia, y su cultura habría seguido proyectando su ininterrumpida influencia sobre los países en torno.
Runciman. 
Historia de las Cruzadas III. 
El Reino de Acre y las últimas Cruzadas.

La acción del dux veneciano y los ejércitos cruzados supusieron un duro golpe para el Imperio Bizantino del que nunca pudo reponerse, abonando una creciente debilidad  que sería aprovechada más tarde por los turcos. Ninguno de los estados creados de los despojos territoriales bizantinos fue lo suficientemente fuerte para imponerse a los demás, ni mucho menos, para detener el avance otomano. 

miércoles, 10 de septiembre de 2014

ZARA, ENTRE VENECIA Y HUNGRÍA.



Zara Adriática, una próspera ciudad marítimo comercial en época romana, se convirtió en objeto de ambición, por parte de las potencias cercanas, una vez desaparecido el poder de los Césares. Los carolingios establecieron un protectorado sobre la zona y tras el Tratado de Verdún (843), Zadar continuó su pacífica existencia hasta que se convirtió en motivo de disputas entre el Reino de Hungría y la República de Venecia.

Tras varios años de guerra intermitente entre ambos estados por el dominio de Dalmacia, el enclave estratégico de Zara pasó a formar parte de las posesiones del monarca húngaro.

Todo permaneció más o menos en calma hasta la Cuarta Cruzada. Cientos de pendencieros caballeros cruzados estaban acampado en una pequeña Isla del Lido, mientras sufrían el constante acoso de los mercaderes venecianos que reclamaban, con toda justicia, el pago de las deudas contraídas con ellos. Y si el dinero no llegaba, la República no proporcionaría los barcos necesarios para iniciar la Cruzada. Además los comerciantes amenazaban con cortar los suministros a menos que se les entregase lo adeudado. La situación se hacía desesperada y los cruzados, hacia el mes de Septiembre, ya estaban dispuestos a aceptar cualquier solución que les propusiese Venecia.

Aprovechando la coyuntura se les propuso lo siguiente; la expedición podría partir y se aplazaría el pago de la deuda si aceptaban tomar parte de una campaña militar para conquistar Zadar. El papa Inocencio III, enterado del asunto, se apresuró a levantar una enérgica protesta y la prohibición de iniciar la campaña. Aunque en realidad no tenía ni mecanismos, ni fuerzas, para detenerlos.

Toda esta maniobra había sido ideada por Bonifacio de Montferrato, que se había unido a los cruzados, y el anciano dogo de Venecia, Enrico Dándolo. Antes de comenzar esta desvirtuada , deshonesta e ilegal, Cruzada se celebró una solemne ceremonia en San Marcos, en la que el Dogo y los Consejeros no dudaron, en un alarde de hipocresía, besar la Cruz Cristiana.


El 8 de Noviembre de 1202 la flota, hambrienta de acción y de botín, zarpó de Venecia, llegando a Zara dos días después. Sometieron a la ciudad a un asalto feroz, que no pudo aguantar las acometidas, rindiéndose el día 15. Tras la rendición fue totalmente saqueada. Dándolo y Bonifacio pensaron que el año estaba muy avanzado para continuar el viaje hacia Oriente y decidieron invernar en Zadar.

Cuando la noticia llegó a Roma, el papa Inocencio estalló de ira. Era intolerable que se utilizara una Santa Cruzada para saquear a un hijo fiel de la Iglesia, el rey de Hungría Emerico I, que además estaba dispuesto a participar en la Cruzada contra el infiel en Tierra Santa. Y excomulgó a toda la expedición. Posteriormente perdonó a los cruzados, pues supo que habían sido engañados.


A pesar de todo Venecia había conseguido su objetivo, la estratégica Zara quedaba definitivamente integrada en el Imperio Marítimo Veneciano. Y bajo la protección de Venecia, Zara se convirtió en una de las ciudades más prósperas de Dalmacia, disfrutando además, de un considerable desarrollo cultural, artístico y urbanístico.


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