Esposa del rey de Elam, Untash
Gal. Grande tuvo que ser su importancia si tenemos en cuenta una
gran estatua suya, mutilada, una de las obras maestras de la
escultura antigua, que lleva grabada una inscripción, en la que se
invoca la maldición sobre quien destruya la leyenda o borre el
nombre de esta reina.
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martes, 30 de julio de 2019
lunes, 24 de septiembre de 2018
DOS IMPERIOS DEL CRECIENTE FERTIL: ELAM Y URARTU.
Sin la fama de asirios o babilonios, estos dos estados ejercían, en ocasiones, de puente entre los grandes poderes de la época.
Elam estaba situado en la zona del norte del Golfo Pérsico y el este del río Tigris. Su capital era Susa, y Awan y Simab eran otras ciudades destacadas. Elam estaba habitada desde el IV milenio y ejercieron una intermitente influencia en Mesopotamia, alternando períodos se sumisión, bajo acadios y babilonios, con etapas de expansión, que incluyen la destrucción de Ur. Finalmente cayeron bajo el yugo asirio.
El rey guerrero Sutruk-Nahunte I conquistó Babilonia y dejó testimonio escrito de su crueldad y el monarca Silhak-in-Susinak (hijo del anterior), un auténtico mecenas del arte y la cultura, dio forma al imperio elamita.
En el terreno económico tuvo gran importancia la minería y el comercio de los minerales. Al parecer las mujeres tenían más relevancia social que sus vecinas, ya que tanto la esposa, como las hermanas del rey, gozaban de gran consideración. Además la sucesión era por línea femenina.
Los elamitas tenían una lengua aglutinante (ni semita, ni indoeuropea), y a pesar de ls influencias mesopotámicas e indoeuropeas, mantuvieron cierta originalidad cultural.
Urartu fue un reino que surge en la región oriental de Anatolia, en las proximidades del lago Van, y consiguen a partir del siglo IX a.C., extender sus dominios por el Cáucaso, Anatolia y la meseta de Irán, antes de ser destruído por los cimerios.
La minería, el comercio y la agricultura fueron sus principales actividades comerciales, en una zona intermedio entre Oriente Medio y Eruopa Oriental, que finalmente fue ocupada por los armenios.
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domingo, 13 de enero de 2013
HISTORIA DE LA DINASTIA CASITA
Reyes de Babilonia
Año 1595
a.C., los hititas penetran en Babilonia y destruyen la dinastía
amorrita del glorioso Hammurabi; los casitas, un grupo recién
llegado a la región, procedentes de dios sabe donde, se convirtieron
en el linaje sucesor del poder babilonio. Los casitas reinaron en
Babilonia aproximadamente cuatro siglos (1595 – 1157 a.C.) y a lo
largo de este periodo mantendrán una enconada rivalidad con el
Imperio Asirio. Por una parte hubo episodios de dominación asiria
sobre Babilonia, pero por otra parte se produjo una considerable
influencia cultural de Babilonia sobre Asiria.
De
enigmático origen, tal vez procedían de alguna zona del Zagros, el
pueblo casita hablaba una lengua que no podemos emparentar ni con las
semitas ni con las indoeuropeas. Se trata de uno de los pueblos “más
extraños” (en cuanto a su origen) de la historia antigua de
Mesopotamia. Los casitas se daban a sí mismo el nombre de kashshú
y a Babilonia otorgaron el topónimo
Karduniash.
Algunos
investigadores han creido identificar a los cassitas, con los coseos
citados por Polibio, Estrabón y otros autores antiguos, aunque no
podemos asegurarlo categóricamente. Una identificación mucho más
problemática es la defendida por W. Foster, que los emparenta con
los actuales kurdos.
Los
principales dioses casitas eran Harbe, dios supremo, Suqamuna y
Sumalia, dios y diosa de la montaña y protectores de la dinastía,
lo que nos podía dar alguna pista sobre su montañés origen y
Sipak, el dios lunar.
Grupos de
casitas fueron penetrando en la sociedad mesopotámica, desempeñando
actividades agrícolas o actuando como mercenarios en el ejército
babilonio. Pero pronto comenzaron a actuar de forma totalmente
independiente y ajenas al control de Babilonia.
Ya en época
de Hammurabi tenemos noticias sobre operaciones militares llevadas a
cabo contra fuerzas casitas en Mesopotamia meridional. Las listas
reales babilonias dejan entrever que altos potentados de nombre
casita, como Kastilias, se pusieron al frente de pequeños estados en
el curso medio del Éufrates. Anteriormente (1740) Gandash fundó en
estado en la región de Khana y se convirtió en su rey. Por tanto
los casitas llevaban un tiempo merodeando por tierras babilonias y la
incursión hitita del año 1595 a.C. fue aprovechada para usurparle
el poder a la dinastía amorrea, siendo Agum II el primer rey casita
en el trono de Babilonia, que además había recuperado la estatua
del dios Marduk robada por los hititas.
Los
comienzos políticos de la dinastía casita fueron muy complicados,
pues tardaron prácticamente un siglo en hacerse con el control total
de la región, hasta que en 1460 a.C. una importante operación
militar casita logró expulsar a sus principales rivales procedentes
de “el País del Mar”. A partir de ahora y hasta su caida,
acaecida en 1157 a.C., los casitas lograron mantener la unidad
política más firme y duradera de Mesopotamia meridional. En los
siglos siguientes el Reino Casita tuvo que soportar la presión
ejercida por los asirios en sus fronteras del norte y los elamitas
por el sur. El rey elamita Shutruk-Nahhunte, en el año 1158 a.C.
invadió Babilonia y destronó al último de los reyes casitas,
Zabada-shumaiddina.
El Reino
Casita no participó, al menos directamente, en las encarnizadas
luchas por el control de la costa Sirio-Palestina, cuyos principales
protagonistas fueron hititas, egipcio y mitannios. En este sentido
los reyes casitas se dedicaron a mantener relaciones diplomáticos
con todos, interviniendo de manera que ninguno de ellos se impusiera
sobre los otros. Los reyes casitas, Karaindash, Kadasman-Enlil y
BurnaBurias establecieron servicios de mensajería con los faraones
egipcios, como Tutmosis III y Amenhotep II. Dentro de esta política
de acercamiento y diplomacia, podemos incluir el acuerdo matrinonial
entre la hermana y la hija de Kadasman-Enlil con el faraón Amenhotep
III.
Mas las
relaciones con las potencias de la zona no fueron únicamente
políticas, sino que además tejieron una importante red de
intercambios comerciales. Los casitas ofrecían caballos, carrozas,
lapislázuli, aceites, bronce y plata a los egipcios, recibiendo a
cambio oro, marfil, maderas nobles y vestidos. Gracias a este
comercio, Babilonia acumuló tanto oro egipcio, que acabó
convirtiéndolo en su patrón de valor.
Aunque los
casitas tenían una organización tribal basada en los lazos
sanguineos, no tardaron en adoptar la lengua, costumbres, religión e
instituciones locales. El rey contaba con el apoyo de la burocracia y
de altos funcionarios para gobernar. Una élite aristocrática
formaba un ejército de guerreros montados en carros. Por otro lado
administración seguía recayendo en los babilonios.
Las tierras
de cultivo se dividían entre pequeñas propiedades privadas y los
grandes latifundios de la corona, los templos y los altos
dignatarios. Para señalar las propiedades de la tierra se utilizaban
unos mojones llamados kudurru.
![]() |
| Detalle de la fachada del templo de Inanna erigido por Karaindash I, museo de Berlín. |
Los
soberanos casitas continuaron cumpliendo con las tradicionales
obligaciones de la monarquía mesopotámica, como era la construcción
y reparación de los lugares de culto. En ese sentido Karaindash
construyó un original templo consagrado a Inanna/Isthar en la ciudad
de Uruk. Los casitas introdujeron el uso del ladrillo esmaltado que
fue básico en los posteriores estilos elamita medio, neobabilónico
y aqueménida.
El monarca
Kurigalzu I fue el primero en construir una residencia real que
llevaría su nombre, sufragándola con el oro egipcio. La capital de
Kurigalzu I fue bautizada como Dur-Kurigalzu, un ejemplo que
posteriormente imitaron los soberanos asirios.
Dur-Kurigalzu,
la moderna Aqarquf se encuentra a 30 Km de Bagdad, contando con un
enorme zigurat, a cuyos pies se disponen tres templos y un palacio,
en cuyo interior se hallaron los restos de una colosal estatua del
monarca.
Los kudurru,
junto con los sellos son las principales manifestaciones de la
escultura casita. Los kudurru, de piedra dura, muestran largas
enumeraciones de dones reales, representaciones divinas o símbolos
de éstas. Mientras que los sellos aparecen profusamente decorados
con motivos geométricos, plantas, abejas, saltamontes o monos.
La
literatura casita, además de textos científicos relacionados
fundamentalmente con la astronomía, los didácticos y los
religiosos, también se preocupó por las cuestiones trascendentales
de la vida del hombre. Obras como El sufrimiento del justo, el
Diálogo del pesimismo y la leyenda de Adapa, se interesan por las
relaciones entre dioses y hombres, y especialmente el eterno problema
del mal. Durante la época casita, el babilonio se convirtió en
lengua internacional y su legado literario se extendió por Asia
Occidental, (Diluvio Universal) y llegó a impregnar la mitología
griega clasíca (Historias de Ganímedes y de Ícaro).
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. . . Y EL HOMBRE DESCUBRIÓ EL ORO . . .
Aproximación al origen de la orfebrería.
El Oro, ese vil metal capaz de corromper a los más inocentes corazones, forma parte de la vida del hombre desde hace unos 7000 años. Fascinado por su belleza el hombre lo ha utilizado para confeccionar objetos diversos, que han servido para indicar la pertenencia a un estatus social superior; siempre ha sido un elemento de diferenciación social.
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| Sepultura 43 de la necrópolis de Varna con numerosos objetos de oro. |
El oro que se recogía mediante lavado en el lecho de los ríos o se extraía de filones rocosos, no parece haber sido el primer metal que se modeló. A orillas del mar Negro, donde el Danubio vierte sus aguas, en la región búlgara de Varna, encontramos el primer centro importante del trabajo del oro.
Elementos suntuosos y ornamentales de oro, tales como cuentas, colgantes, adornos en forma de toro e ídolos femeninos, se documentan entre los milenios V y III a.C. en Europa Oriental y Anatolia (Alaça, Hüyük, Sardes, Troya).
Nubia, (parece que en egipcio Nub significa oro), el desierto de Arabia, y Anatolia (valle del río Pactol, famoso por la abundancia de pepitas) eran los lugares en los que se solía recoger el oro.
La fusión, el martilleo, el repujado, la estampación, el granulado, la soldadura o la fabricación de hilos, fueron las técnicas que el hombre fue descubriendo y aprendiendo para poder trabajar y modelar este imperecedero metal.
En Egipto las primeras cuentas de oro, sin una elaboración muy compleja datan del IV milenio a.C. A partir del milenio siguiente las técnicas orfebres se van perfeccionando, como muestran las joyas del rey Dyer, enterrado en Abydos. El oro, con este brillo inalterable que posee, se conviritó en el símbolo perfecto del poder ya la grandiosidad del farón. Por tanto, su importancia era más simbólica que económica.
En la península de Anatolia destacan vasijas, figurillas y otras piezas de decoración procedentes de Troya y Alaça Hüyük. La cordillera del Cáucaso, el oro y la plata eran también dos metales muy apreciados.
En Susa, situada en territorio elamita, apreciamos una gran variedad de brazales, anillos, pendientes y adornos para la cabeza y el pecho. Una figurilla de principios del II milenio, "el dios de la mano de oro" pone de manifiesto el contexto de la orfebrería, íntimante relacionada con la monarquía y la divinidad.
Otro claro ejemplo de esta relación es la tumba del rey Abi Shemu (siglo XVIII a.C.) en Biblos. El cuerpo del monarca fallecido fue depositado en una tumba excavada a unos diez metros de profundidad, dentro de un sarcófago esculpido en piedra y sobre el pecho se le colocó un pectoral de oro que representaba la figura de un halcón con las alas desplegadas. Este pectoral es de clara inspiración egipcia, lo que vuelve a demostrar una vez más los fluidos contactos con el país del Nilo. Además la corona del rey y su cetro eran de bronce y oro, lo que atestiguan las influencias de Mesopotamia.
Estas piezas de oro sirvieron de inspiración a los diferentes monarcas y territorios de la época, como fueron los casos de las Islas Cícladas y más tarde el resto de Grecia. Vasijas de oro y plata de Eubea, Peloponeso y Creta presentan grandes semejanzas con las de Troya; y las minoicas recuerdan a las Egipcias.
Oro, metal de reyes y poderosos, tanta importancia se le otorgó, que ni cuando morían, estaban dispuestos a deshacerse de tan preciadas pertenencias.
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