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domingo, 17 de febrero de 2019

AGATIRSOS.



Los agatirsos, emparentados con los escitas (y probablemente también con los tracios), y de costumbres similares, vivían en el territorio de la actual Transilvania, en la llanura del Mures (Maramuresh), antes de la urbanización de esta región.

“De los agatirsos baja el río Maris y va a confundir sus aguas con el Danubio”. Heródoto.

Heródoto nos ha dejado una escueta descripción de ellos.

“Los agatirsos son unos hombres particularmente amantes del lujo y muy dados a adornarse con objetos de oro; además mantienen relaciones sexuales con las mujeres a discreción, para tener entre todos ellos lazos de parentesco y, merced a este vínculo común, no verse sujetos a la envidia y el odio mutuos. En sus demás costumbres, guardan relación con los tracios”.
Heródoto IV, 104.


Instalados en la orilla izquierda del Danubio, su territorio era rico en minas de oro. Una de las razonas para explicar la campaña de Darío contra los escitas ha sido, precisamente, suponer que deseaba hacerse con el control de dichas minas.

Heródoto menciona además a un rey de los agatirsos, llamado Espargapites. Según él, los griegos consideraban a los agatirsos, los gelonos y los escitas, pueblos hermanos. Niebuhr los asimiló a los getas (o dacios), fueron sometidos en la época de las grandes invasiones por los alanos, por lo cual han sido confundidos con ellos.

Vivían en chozas transportables, montadas sobre ruedas, muy parecidas a las utilizadas por los tracios. El comercio de joyas y del oro con los griegos debió ser una actividad muy lucrativa.

Virgilio los llama pieti, acaso porque tenían la costumbre de pintarse o tatuarse el cuerpo de color azul. Según la leyenda eran descendientes de Agatirso, un hijo de hércules.


Amiano sitúa a este pueblo a las orillas del río Volga, Ptolomeo al Norte de la Sarmacia europea, Heródoto en Transilvania, Plinio en Escitia, e incluso otros autores antiguos mencionan otra pueblo del mismo nombre a orillas del Marsius en Hungría. Incluso no faltan autores que los identifican con los agatciros mencionados por Prisco en su Historia Bizantina. Esta circunstancia parece indicar que o bien se trata de un pueblo de gran movilidad (a lo largo de los siglos) o bien que se trate de grupos diferentes conocidos con el mismo nombre.



martes, 15 de mayo de 2012

TOMYRIS, REINA DE LOS MASÁGETAS




El rey persa Ciro, en su pretensión de expandir su imperio, había puesto sus ojos en los territorios dominados por los maságetas. En aquellos tiempos, una mujer, tras la muerte de su marido, era reina entre los maságetas, su nombre, Tomyris.

Ciro envió una embajada a la bella Tomyris, con el pretexto de pedirle matrimonio. La inteligente reina, descubrió el ardid, pues Ciro pretendía su reino, no amarla a ella. Encolerizada ante la insolencia del persa, Tomyris le negó la entrada a su reino.

Envalentonado por anteriores éxitos, Ciró dedició invadir las tierras maságetas e hizo marchar su ejército hacia el río Araxes, que establecía la frontera entre ambos reinos. Esta vez fue la reina de los maságetas la que envió un heraldo a Ciro con el siguiente mensaje: "Rey de los medos, abandona este demencial proyecto, pues no estás seguro de que acabe bien. Gobierna lo que es tuyo y deja que yo gobierne lo que es mío".

Pero Ciro, no retrocedió, muy al contrario dirigió su ejército al interior del país maságeta, atravesando inmensas y desoladas llanuras, y tras una jornada de marcha, escogió a sus tropas más fuertes y veteranas y retrocedió, dejando allí acampados a los soldados más débiles, jóvenes e inexpertos.

No tardaron en se descubierto por los merodeadores maságetas que se abalanzaron con violencia sobre el desprotegido ejército persa, pasándolos a todos por el filo de la espada. Viendo los fatigados maságetas las mesas que estaban prestas para un banquete, se sentaron y se hartaron de comida y vino, embriagándose con el fruto de la vid y cayendo en un profundo sueño.

Cuando la noche hubo caído, el resto del ejército persa, la mejor parte del mismo, liderados por el propio Ciro, regresaron y sorprendiendo al enemigo dormido, mataron a muchos de ellos. A pesar de la matanza, hubo algunos supervivientes, entre ellos Espargapises, el hijo preferido de la Reina.

Tomyris, enterada de lo acontecido envió a Ciro un mensaje que contenía la siguiente advertencia; "Ciro, bestia insaciable de sangre, devuélveme a mi hijo y retírate de mi reino. Si no lo haces, te juro por el dios del Sol, señor supremo de mi pueblo, que te saciaré de sangre !oh, Ciro, el insaciable¡.

Ciro, hizo caso omiso al mensaje. Mientras, Espargapises, despierto y liberado su juicio de los efectos del vino, comprobó con rabia y tristeza, que había caído en desgracia, y suplicó a Ciro que le liberase. Una vez Espargapises volvió a ser dueño de sus manos, empuñó una espada y se dio muerte.

Enfurecida, Tomyris reunió a todo su ejército y lanzó todo su odio materno contra las huestes de Ciro, entablándose la batalla más cruente y reñida habida entre naciones bárbaras. El combate fue feroz, ningún soldado abandonaba la lucha, muchos valientes regaron el suelo con su sangre y a la postre resultó vencedor el aguerrido ejército maságeta.

El propio Ciro halló la muerte en tierras maságetas. Tomyris llenó un odre de sangre humana, con sus propias manos cercenó la cabeza del cadáver de Ciro y la introdujo en el odre, profiriendo estas lapidarias palabras: "Me mataste a mi hijo, pero yo aún sigo viva, y tal como te prometí, te saciaré de sangre". 

(Adaptación libre de lo narrado por Heródoto, Libro I, 201 - 215). 




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