Flecha contra escudo, caballo
contra caliga, pilum contra arco. En las llanuras de Irán, la
infantería romana de Trajano hace frente a la caballería parta. Los
certeros jinetes partos tratan de desmontar la defensa latina. Los
experimentados legionarios romanos montan un impenetrable muro de
escudos. Infantería pesada frente a caballería ligera, defensa
estática frente a estrategía móvil. Quién más resista, ganará
la partida.
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miércoles, 20 de diciembre de 2017
viernes, 14 de agosto de 2015
MARGIANOS.
Margiana es el nombre de
una región histórica que se corresponde con el Valle del Murghab en
Afganistán, vecina de Escitia, Bactriana e Hircania. Sus moradores
margianos son citados por Estrabón de Amasia. Fue satrapía persa,
seleúcida y dominado por los árabes pasó a conocerse como Jorasán.
"Parecida a Aria es
la Margiane, aunque su llanura está rodeada de desiertos.
Deslumbrado por su fertilidad, Antíoco Soter la rodeó en círculo
con una muralla de mil quinientos estadios, y fundó la ciudad de
Antioquía (Alejandría de Margiana). También esta tierra es rica en
viñas, pues se dice que muchas veces se encuentra una raíz tan
grande que son necesarios dos hombres para abrazarla, y que los
racimos son de dos codos"
Estrabón XI, 10, 2.
Vecinos de los margianos
eran derbices, daas, maságetas, amardos y tápuros.
"[...] a
continuación están el pueblo de los partos, el de los margianos y
el de los arios."
Estrabón XI, 8, 1.
sábado, 27 de octubre de 2012
GERMANIA DE TÁCITO (XIII)
37 Los cimbrios, próximos al Océano, ocupan justamente el saliente de la Germania. Pequeña nación en la actualidad, aunque de pasado glorioso. Subsisten amplios vestigios de su antigua fama: espacios destinados a campamentos en ambas orillas, por cuya extensión se puede calcular aún hoy la magnitud y fortaleza de aquel pueblo y dar credibilidad a un éxodo tan grande.
Corría el año 640 de nuestra Ciudad cuando por ver primera se oyeron los hechos de armas de los cimbrios, durante el consulado de Cecilio Metelo y Papirio Carbón. Si contamos desde entonces hasta el segundo consulado del emperador Trajano, tenemos un total de casi doscientos años: ¡tanto va tardando Germania en ser sometida!. En un período tan extenso se han producido mutuos y abundantes reveses. Ni el Samnio, ni los cartagineses, ni Hispania o las Galias, ni siquiera los partos, nos han suministrado tantas lecciones. Sin duda, la libertad de los germanos nos cuesta más cara que el despotismo de Arsaces. En efecto, ¿qué otro trastorno, a no ser la muerte de Craso, nos ha causado el Oriente, sometido por Ventidio y que perdió por su parte, a Pacorro?. Los germanos, en cambio, además de derrotar o capturar a Carbón, Casio, Escauro Aurelio, Servilio Cepión y Máximo Manlio, arrebataron al tiempo cinco ejércitos consulares al pueblo romano; incluso lo mismo sucedió al César y a Varo y sus tres legiones. Si bien los derrotó Cayo Mario en Italia, el divino Julio en la Galia y Druso, Nerón y Germánico en su propio territorio, no fue sin sufrir, a su vez, pérdidas. Posteriormente, las grandes amenazas de Cayo César cayeron en el ridículo. Hubo después paz, hasta que, con ocasión de nuestras disenciones y guerras civiles, tras asaltar los cuarteles de invierno de las legiones, trataron también de invadir las Galias y de nuevo fueron rechazados. En los últimos tiempos, más que victorias nos han dado excusas para que celebremos triunfos.
38 Debo hablar ahora sobre los suevos, que no son un solo pueblo, como ocurre con los catos y tencteros. Ocupan la parte más extensa de Germania y se diferencian por sus respectivos nombres nacionales, aunque se les llama comúnmente suevos. Es típico de esta raza peinarse el pelo hacia un lado y sujetárselo por debajo con un moño; de esta manera, los suevos se diferencian de los restantes germanos y los suevos libres de los esclavos. En otros pueblos se da también, aunque raramente y durante la edad juvenil, ya por algún parentesco con los suevos, o, lo que sucede con más frecuencia, por mimetismo. Los suevos, hasta que encanecen, cardan sus hirsutos cabellos y es frecuente que los lleven atados en lo alto de la cabeza. Los próceres llevan el pelo de forma más rebuscada. Tal es su preocupación por la estética; aunque inofensiva, por cuanto no se adornan para amar o ser amados, sino para aparentar una mayor estatura a los ojos de los enemigos e infundir así el terror al entrar en combate.
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lunes, 22 de octubre de 2012
GERMANIA DE TÁCITO (VI)
15 Cuando no guerrean, se dedican algo a la caza, pero pasan la mayor parte del tiempo sin ocuparse de nada, entregados al sueño y a la comida. Los más valientes y belicosos entregan el cuidado de la casa, el hogar y los campos a las mujeres, ancianos y a los más débiles de la familia, mientras ellos languidecen: sorprendente versatilidad de carácter, que hace que los mismos hombres gusten así de la ociosidad y odien la paz.
Las comunidades tienen la costumbre de llevar a sus jefes, voluntaria e individualmente, algún animal o producto del campo, lo que, recibido como homenaje, ayuda de paso a sus necesidades. Sobre todo les gustan los regalos de los pueblos vecinos, que les son enviados no sólo por cada individuo, sino incluso a título oficial: caballos escogidos, excelentes armas, jaeces y collares. Actualmente les hemos enseñado también a recibir dinero.
16 Es de sobra conocido el que los pueblos germanos no habitan en ciudades; ni siquiera soportan que sus casas estén agrupadas. Dispersos y separados, viven donde les haya complacido una fuente, un campo o una arboleda.
No levantan sus aldeas como nosotros, con edificaciones juntas y apoyándose unas en otras; cada cual deja un espacio libre en torno a su casa, bien como remedio frente al peligro de incendio, bien por desconocer la técnica de la costrucción. Ni existe en ellos el uso de la mampostería o de las tejas: utilizan para todo un material tosco, sin pretensiones estéticas u ornamentales. Cubren algunos lugares con un estuco tan fino y brillante que semeja pintura y dibujo de colores.
Tienen la costumbre de abrir cuevas subterráneas y ponen encima gran cantidad de estiércol: refugio para el invierno y almacén para las cosechas; este tipo de lugares suaviza el rigor de los fríos y, si alguna vez llega el enemigo, saquea lo que está al descubierto, pero lo oculto y enterrado les pasa desapercibido, o bien precisamente el tener que buscarlo impide su descubrimiento.
17 Su vestimenta habitual es un sayo, sujeto con una hebilla, o, en su defecto, con una púa; sin más abrigo, se pasan todos los días a cubierto, junto al fuego del hogar. Los más ricos se distinguen por su vestidura, no flotante, como la de los sármatas y partos, sino ajustada y que deja adivinar todos su miembros. Llevan también pieles de animales, sin cuidado los ribereños, con más esmero los del interior, porque la falta de relaciones comerciales no les da otra posibilidad de atavío. Eligen animales y entremezclan las pieles que les quitan con pieles de otros que produce el Océano exterior y sus desconocidas aguas.
La indumentaria de las mujeres no difiere de la masculina excepto en que aquellas van cubiertas más a menudo con mantos de lino adornados con franjas de púrpura; la parte superior del vestido no termina en mangas, dejando al descubierto el antebrazo, los brazos y la parte contigua del pecho.
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