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sábado, 8 de abril de 2017

MONASTERIO DE SAN SALVADOR DE OÑA.



La historia de la Edad Media se escribió en los monasterios, convertidos en bibliotecas y centros culturales de la época, especialmente en los primeros siglos medievales, cuando la vida urbana sufrió un fuerte retroceso. Una de las cunas de Castilla es el Monasterio de San Salvador de Oña.


En el año 1011 el conde de Castilla Sancho García fundó el monasterio de San Salvador, que frente a Leyre y Nájera, se convirtió en panteón regio. La propia hija de Sancho, Santa Tigridia sirvió como abadesa hasta la reforma de 1033. La comunidad primitiva asentada en Oña tenía naturaleza mixta.


El abad Íñigo, designado como tal por Sancho III de Navarra, introdujo la reforma de Cluny y a partir de entonces el monasterio se convirtió en el centro religioso más destacado de Castilla. En el altar mayor, una arqueta trabajada en plata y bronce, custodia los restos del influyente abad.


La orden de San Benito permaneció en Oña hasta la desamortización de Juan Álvarez Mendizábal en el siglo XIX. Más tarde fue transformado en Universidad Pontificia por los jesuítas y ya en época plenamente contemporánea fue transformado en un manicomio. Por todos estos avatares poco queda del mobiliario e instalaciones monásticas.


Junto al monasterio abre sus puertas la iglesia abacial, donde nos reciben impertérritos los reyes enterrados aquí.


En el conocido como Pórtico del Cid, depositó el campeador el cuerpo sin vida de su rey Sancho II, para que la comunidad benedictina le diese cristiana sepultura.


Mil años de arquitectura, complicado distinguir y diferenciar la cantidad de estilos superpuestos. Se fueron derribando torres, muros y bóvedas para acometer las pertinentes reconstrucciones y reformas; de esta manera, el mundo medieval desapareció completamente.


Capilla Mayor, Sillería Coral y Panteones, la joya artística de Oña. Aquí la madera sustituyó a la piedra y al oro, configurando un espacio original y sobrecogedor. Los sarcófagos tallados durante el siglo XV en madera de boj y de nogal son de gran valor artístico. 


Panteón Real y Condal; a la derecha el conde Sancho García, su esposa Urraca, el hijo de ambos el infante don García, y dos hijos de Sancho IV el Bravo; Alfonso y Enrique (infantes). A la izquierda Sancho II de Castilla, Sancho III el Mayor rey de Navarra y su esposa doña Mayor, y el infante don García, hijo de Alfonso VII.


Otra tumba para el rey don Sancho III de Navarra. ¿O es esta la auténtica?. En San Isidoro de León aseguran que Fernando I trasladó a la capital del reino los restos de su padre. Por supuesto, en Oña piensan de otra manera.


Alfonso X el Sabio visitó el monasterio en su niñez, quedó fascinado por su belleza y le dedicó una de sus cantigas a la Virgen de Santa María de Oña.



El claustro de los caballeros, gótico-flamígero, organiza la estructura del monasterio y sirve de nexo de unión con la iglesia. Simón de Colonia fue su constructor entre los años 1503 y 1508. A lo largo del muro de la Ala de los Caballeros, se disponen sepulcros que corresponden a algunos condes de La Bureba.  


jueves, 2 de febrero de 2017

SANCHO GARCÍA, CONDE DE CASTILLA.



Sancho García era hijo del conde castellano García Fernández, y por tanto, nieto de Fernán González. A la muerte de su padre Sancho García se convirtió en el nuevo conde. Como todo buen gobernante Sancho García se movió entre la guerra y la diplomacia, y de esta manera concertó una tregua con Almanzor, que ya se las tuvo tiesas con su predecesor.

La tradición, que bebe directamente de la leyenda, sostiene que Sancho García participó junto a Sancho III de Navarra y Alfonso V en la histórica batalla de Calatañazor, donde se cuenta, Almanzor perdió su tambor.

Tras la muerte del invencible caudillo musulmán y aprovechando la descomposición del Califato, Sancho se hizo con las plazas fuertes de San Esteban de Gormaz, Osma, Atienza y Sepúlveda, consolidando la frontera del Duero. También consiguió extender sus tierras hacia el oeste, a expensas de su sobrino el rey Alfonso V de León.


Sancho García es conocido como “el de los Buenos Fueros” por la cantidad de privilegios que concedió a numerosas poblaciones de Castilla. Su fundación más importante fue el Monasterio de San Salvador de Oña, siendo enterrado allí mismo.


Se casó con Urraca Gómez. Su hijo García Sánchez le sucedió en el condado, Tigridia fue abadesa de Oña y a las otras dos les buscó dos matrimonios provechosos, Sancha se casó con el conde de Barcelona Berenguer Ramón I y Muniadona fue la esposa del monarca navarro Sancho III el Grande.  

domingo, 25 de enero de 2015

SANCHO III EL MAYOR "REX IBERICUS".



Sancho Garcés III el Mayor, hijo de García Sánchez II y Jimena Fernández, fue el monarca hispánico más poderoso de su tiempo, disfrutando el Reino de Navarra, su etapa hegemónica y de mayor gloria de su historia. Fue el primero en regir en un territorio (controlado pero no unificado), que en el futuro volvería a experimentar rupturas y uniones (más o menos definitivas), y cuyas entidades que lo formaban, vivirían una evolución histórica diferente, pero que con el acontecer de los siglos nuevamente estarían unidas (aunque no sabemos por cuanto tiempo más).


Su figura es omnipresente en toda la geografía de Navarra, la actual y la histórica. Su porte destila grandeza y magnificencia, aún para aquellos que ni siquiera hayan oído hablar de él. Su efigie ornamenta la Diputación Provincial de Navarra. Más allá de su personalidad y sus actuaciones, algunos monarcas medievales han llegado al tercer milenio convertidos en símbolos nacionales, con los que se identifica el pueblo. 


Cuánto más leo, más enigmático me resulta el personaje, a veces creo enloquecer entre tanto dato disperso e inconexo, y es que a pesar de su importancia histórica, la parquedad de documentos de la época hacen difícil interpretar sus auténticas intenciones. ¿Qué pasaba por su cabeza? ¿Cuál era su plan? ¿Realmente pretendía convertirse en rey de toda Iberia? ¿Fue capaz de vaticinar el futuro de los territorios que gobernó? ¿Cuántos historiadores antes que yo se habrán visto superados por este hombre? ¿Cuántos eruditos habrán sido capaces de captar las múltiples aristas que dieron forma a su poliédrico reinado?. Preguntas, preguntas, preguntas.....

Sin embargo no faltan quienes han intentado interpretar su reinado con las más variadas intenciones, todos parecen querer al rey Sancho: reivindicado por el nacionalismo vasco para legitimar su diferenciación histórica, por castellanos unionistas como germen de una unidad ibérica con sólidas bases históricas, alguno por ahí lo ha proclamado "primer rey de España", y por supuesto por los navarros como símbolo de su identidad y su historia. 


Fue rey de Navarra, conde de Aragón, promovió la expansión de sus fronteras por las comarcas de Nájera, Guipúzcoa, Vizcaya y Álava, gobernó de facto en el Condado de Castilla e intervino cuando fue necesario en el Reino de León; haciendo notar su mano e infuencia en toda la cristiandad hispana, unos hechos que le valieron ser designado por el Abad Oliva como "Rex ibericus". Sancho III se adelantó cinco siglos a los Reyes Católicos en la idea de unificar bajo una sola corona toda Iberia. 

Frente a la supremacía territorial y política del Califato, Sancho dedicó sus fuerzas a lograr la hegemonía sobre los reinos cristianos, dejando a un lado los seculares enfrentamientos con el Islam, que andaba fragmentada en decenas de pequeñas taifas enfrascadas en interminables luchas. ¿La misma fuerza histórica que provocó la ruptura de Al Andalus posibilitó la unión de la mayoría de los estados cristianos bajo una única corona, guiados sus destinos por un mismo cetro?. Por medio de matrimonios, pactos, acuerdos e intervenciones militares este rey fue capaz de dominar e intervenir en tierras que se extendían desde Zamora hasta Barcelona. Planificó una ambiciosa política matrimonial que le otorgó la legitimidad (capacidad ya tenía) para intervenir en los territorios vecinos. ¿Cuánto aprendió Sancho de su experimentada abuela Urraca?. 



Para entender la obra política de Sancho debemos tener en cuenta los lazos familiares. No se tiene certeza del momento justo en que comenzó su reinado, pero tuvo que acontecer en algún momento entre 1000 y 1004, contando durante estos primeros años con la ayuda de su madre, un consejo de obispos y su abuela Urraca. De su padre heredó la corona de Navarra y el condado de Aragón. Más tarde invadió Sobrarbe y Ribagorza, además de arrebatarle al rey moro de Zaragoza algunos territorios. Desde este flanco oriental del reino podía establecer fluidas relaciones diplomáticas con el conde de barcelona Berenguer Ramón I. 

Sancho contrajo matrimonio con Muniadona Sánchez, también conocida como Mayor o Munia, hija del conde de castilla Sancho García. Estre matrimonio permitió a Sancho intervenir en Castilla. A la muerte de Sancho García, le hereda su hijo García Fernández, que se convierte en el protegido de su cuñado el rey navarro. García Fernández es asesinado, un acontecimiento que permite a Sancho, legitimado por los derechos de su esposa (hermana de Sancho García y tía de García Fernández) hacer efectivo su control en los asuntos castellanos. 


Más controvertida resulta su actuación en el Reino de León, pues la documentación no revela conflictos entre leoneses y navarros. La hermana de Sancho, Urraca Garcés, se había convertido en la segunda esposa del rey leonés Alfonso V, que tenía dos hijos su matrimonio anterior, Bermudo III y Sancha. Sancho utilizó la influencia de su hermana en la corte, para colocar, a través de sendos matrimonios, a dos de sus hijos: a Fernando lo casa con Sancha y a Jimena con Bermudo. Cuando fallece Alfonso, Urraca aprovecha la coyuntura para formar una facción pronavarra en el seno del reino leonés, y con la excusa de ayudar a su yerno Bermudo III, que no era capaz de someter a los nobles y magnates insumisos, Sancho III intervino en León cada vez que le vino en gana, sin que tengamos muy claros cuales fueron los resultados reales. 

Además de su política expansiva, mejoró los accesos de los peregrinos que se dirigían a Compostela, dinamizandolos contactos entre la España cristiana y el Resto de Europa. Por otro lado permitió el asentamiento de Cluny en tierras navarras. 



Y si decisivo fue su reinado, más lo fue su testamento, pues repartió todos sus dominios entre sus hijos: a García le tocó Pamplona, a Fernando Castilla, a Ramiro Aragón y a Gonzalo, Sobrarbe y Ribagorza. Con el tiempo Fernando y Ramiro se convirtieron en los primeros reyes de Castilla y de Aragón respectivamente.

La historia parece querer actuar como ente independiente de los hombres que la escriben, y en ocasiones, tal vez en demasiadas, se autosatisface poniendo trampas y elucubrando misterios de difícil aclaración. En ese sentido, en un personaje de las dimensiones de Sancho III, no pueden faltar las incógnitas, en este caso concreto, en lo relacionado con su lugar de sepultura. Parece claro que fue enterrado en San Salvador de Oña, y que posteriormente, y he ahí dónde surge el misterio, parece ser que fue trasladado por su hijo Fernando, al panteón de los reyes de San Isidoro de León. Por supuesto ambas iglesias afirman que el cuerpo de Sancho reposa en su templo, y todavía no ha habido nadie que haya podido demostrar ni una cosa, ni la contraria. En definitiva, para alimentar aún más la leyenda de este rey de Navarra, el lugar donde descansa eternamente seguirá siendo un auténtico misterio.


Controvertido personaje, que casi mil años después de su muerte, aún continua provocando encendidos debates, sobre el marco de su actuación, legitimidad y territorios que controló. De cualquier manera, una figura clave en la larga historia de España. Sancho III fue el primer rey hispánico en concebir la Monarquía Feudal, pues precisamente controlaba sus territorios al igual que un señor hacia con sus vasallos, una forma de monarquía que dentro de poco iba a triunfar en Europa. De la misma manera que de las cenizas del Imperio Carolingio surgieron Francia y Alemania, de los santos cojones del rey Sancho, surgieron la Corona de Aragón y la Corona de Castilla.


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