“22.000 libras de
galletas (perfecto sustituto del pan), bolsas de harina, bolsas de
arroz (no puede faltar el cereal), 5.700 libras de carne de cerdo
salada (única forma de comer carne), 200 toneladas de sardinas
(imprescindible el pescado azul), 1000 quesos, 500 ristas de ajo y
cebolla, 1.400 libras de miel (para endulzar las largas noches en
alta mar), 3.000 libras de pasas, uvas y almendras (fuente inagotable
de calorías y lo más parecido a la fruta), gran cantidad de azúcar,
7 vacas vivas (leche fresca cada mañana), 417 odres y 250 barriles
de Jerez (hay que mantener entusiasmada a la tripulación)”.
Magallanes hizo provisión de todo esto para encarar una larga
travesía y poder alimentar a 260 hombres. La clave estaba en el
despensero, hombre sufrido, con una complicada tarea, repartir los
víveres, intentando dar salida a los alimentos que empiezan a
pudrirse, calcular lo que queda de viaje y asegurarse que todos los
marineros tuviesen su ración. Pese a todo, el escorbuto causaba
estragos durante estos largos y agotadores viajes.
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jueves, 21 de abril de 2016
domingo, 6 de diciembre de 2015
VIDA Y COSTUMBRES DE LOS CORSOS.
Los habitantes de Córcega
se alimentan de leche, miel y carne, productos que su isla ofrece en
abundancia; y en sus relaciones se comportan con moderación y
justicia, de un modo que supera a casi todos los demás bárbaros. Los
panales de miel, por ejemplo, que se encuentran en los árboles de la
zona montañosa pertenecen al primero que los encuentra, sin que
nadie lo discuta; sus ganados se distinguen por medio de marcas y,
aunque nadie los guarde, no son sustraídos a sus propietarios; y en
cada uno de los actos de su vida es admirable como prefieren
comportarse de acuerdo con la justicia. Pero lo mas increíble es lo
que ocurre entre ellos con ocasión del nacimiento de sus hijos:
cuando la mujer va a dar a luz, no es objeto de cuidado alguno con
motivo del parto; su marido, en cambio, se mete en la cama como si
estuviera enfermo y hace la covada en los días previstos, simulando
que su cuerpo es presa del dolor. En esta isla crece también el boj,
en gran cantidad y de excelente calidad, debido al cual la miel que
se produce allí es muy amarga. Los bárbaros que habitan la isla
hablan una lengua extraña y difícil de comprender; en numero son mas
de treinta mil.
Diodoro Sículo.
Biblioteca Histórica. Libro V – 14.
miércoles, 24 de octubre de 2012
GERMANIA DE TÁCITO (VIII)
22 Se lavan nada más salir del sueño, que prolongan hasta bien entrado el día; por lo regular, lo hacen con agua caliente, cosa lógica entre quienes dura mucho el invierno. Ya lavados, toman el alimento; cada cual tiene un sitio distinto y su propia mesa. Acto seguido acuden armados a sus asuntos, y de la misma guisa con no menor frecuencia a los banquetes. Para nadie es vergonzoso pasar el día y la noche bebiendo continuamente. Las riñas, como es natural entre gente muy dada a la bebida, concluyen pocas veces con insultos y más a menudo con muertes y heridas. Pero en los banquetes también deliberan sobre la reconciliación de los enemigos, sobre la paz y la guerra, porque en ninguna otra ocasión está el ánimo más abierto para los pensamientos sinceros o más enardecido para los más trascendentes. Gente nada astuta y sin doblez, abre todavía más los secretos de su corazón por el ambiente relajado que proporciona el lugar; la mente de todos permanece franca y sin velos. Se continúa al día siguiente y las pautas generales de cada momento quedan a salvo; deliberan cuando no saben fingir, deciden cuando no pueden errar.
23 Beben un líquido que obtienen de la cebada o del trigo que, al fermentar, adquiere cierta semejanza con el vino. Los ribereños compran también vino. Su alimentación es sencilla: frutos silvestres, carne fresca de caza o leche cuajada; se quitan el hambre sin complicaciones ni refinamientos. Frente a la sed, no mantienen igual moderación; si favoreces su embriaguez suministrándoles cuanto deseen, se les venderá por sus vicios no menos fácilmente que con las armas.
24 El tipo de espectáculos es uno sólo y el mismo en todas las reuniones: jóvenes desnudos, para quienes esto constituye una diversión, se arrojan de un brinco entre espadas y amenazadoras frameas. La práctica les ha proporcionado técnica; la técnica, belleza; pero no los mueve el lucro o la recompensa: el placer de los espectadores es el premio a su juego por peligrosos que sea. Sobrios y formales, practican los juegos de azar con tanta temeridad a la hora de ganar o perder que, cuando ya no les queda nada, se juegan su libertad y su persona en un desesperado y definitivo envito. El vencido afronta una esclavitud voluntaria; por más joven y fuerte que sea, se deja atar y vender; tal es su obstinación en este lamentable asunto. Pero ellos lo consideran fidelidad a su compromisos. Se deshacen de los esclavos de esta condición vendiéndolos, y así se libran al mismo tiempo del bochorno de tal victoria.
25 No utilizan a los demás esclavos encomendándoles funciones domésticas concretas, como hacemos nosotros. Cada cual lleva su casa y sus penates. El señor impone la entrega de cierta cantidad de trigo o de ganado o de tela, como si fuera un colono, y el esclavo acata estas condiciones. La mujer y los hijos realizan las restantes tareas de la casa. Es poco frecuente azotar al esclavo y someterlo a cadenas y a trabajos penosos. Suelen matarlos no para dar ejemplo de disciplina y muestra de rigor, sino en un acceso de ira, como si se tratase de un enemigo, aunque en este caso el homicidio queda impune.
Los libertos no están muy por encima de los esclavos; es raro que tengan influencia en la casa; nunca en la vida pública, excepto en las naciones de régimen monárquico: allí se remontan por encima de los ciudadanos libres y de los nobles; en los demás pueblos, la condición inferior de los libertos es prueba de su libertad.
26 Desconocen el ejercer el préstamo y el aumentarlo hasta la usura, y así se mantiene tal situación mejor que si estuviesen prohibidos. Van ocupando todos por turnos la superficie cultivable, según el número de agricultores, y se la reparten de acuerdo con su condición social. La gran extensión de sus campiñas facilita tal reparto. Cambian anualmente de terreno y aún sobra campo. Por este motivo, su esfuerzo no está a la altura de la riqueza y abundancia del suelo; así que no plantan árboles frutales, ni reservan espacios para prados, ni riegan huertas; sólo exigen a la tierra sus mies. De ahí que nos distingan en el año los cambios que corresponden a nuestras divisiones: el invierno, la primavera y el verano tienen para ellos un significado y un vocablo; del otoño ignoran tanto el nombre como sus dones.
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