Azotado
por el viento, el castillo que lleva siglos oteando el horizonte, se
eleva por encima de la villa que reposa a sus pies. A pocos
kilómetros de Zafra, la Villa de Feria, en la espléndida Tierra de Barros, fue sede de una poderosa
dinastía, señores de estas tierras; los condes y duques de Feria.
Lo que hoy es castillo fue un poblado del Calcolítico, un castro
celta y un fuerte romano, aprovechado por los árabes para defender
la Taifa de Toledo. Tras la conquista cristiana, Alfonso X reparte
las tierras de Badajoz entre las órdenes militares. Feria fue a
parar a manos de la Orden de Santiago. En 1394 Enrique III, rey de
Castilla conocido como “el Doliente”, cedió esta villa al
Maestre de la Orden de Santiago Lorenzo Suárez de Figueroa (como
recompensa por defender los intereses de Castilla frente a Portugal),
que la transfirió a su hijo Gómez Suárez de Figueroa, naciendo de
esta manera el Señorío de Feria. En 1460 Enrique IV otrogó a los
Suárez de Figueroa el título de Condes de Feria, y más tarde
Felipe II transformó el Condado en Ducado.
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miércoles, 13 de enero de 2016
VILLA DE FERIA.
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Zafra
martes, 12 de enero de 2016
GÓMEZ SUÁREZ DE FIGUEROA, PRIMER SEÑOR DE FERIA.
Prohombre
castellano de gran influencia en la Baja Extremadura, hijo del
maestre de Santiago Lorenzo Suárez de Figueroa. Gómez Suárez fue
mayordomo mayor de la reina Catalina de Lancaster, esposa del rey
Enrique III, yerno del almirante Diego Hurtado de Mendoza, miembro
del Consejo Real de Juan II, capitán general de la frontera de
Andalucía y Primer Señor de Feria. El señorío fue concedido a su padre por el rey Enrique III.
Tras
las muerte del maestre, Gómez I consolidará el Señorío de Feria,
siendo la construcción de las murallas de Zafra una de sus obras
civiles más destacadas. La ciudad en cuestión necesitaba de esas
fortificaciones, pues al enclavarse en un llanura, carecía de
defensas naturales. A lo largo de su vida siempre se mantuvo fiel a
Castilla y murió combatiendo mientras luchaba a favor del rey Juan
II. Fue enterrado en el Convento de Santa Clara en Zafra, erigido por
él mismo para convertirlo en el panteón familiar de los Suárez de
Figueroa.
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