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viernes, 22 de mayo de 2015

THE TIGER



Tyger! Tyger! burning bright
In the forests of the night,
What immortal hand or eye
Could frame thy fearful symmetry?

In what distant deeps or skies
Burnt the fire of thine eyes?
On what wings dare he aspire?
What the hand dare sieze the fire?

And what shoulder, & what art.
Could twist the sinews of thy heart?
And when thy heart began to beat,
What dread hand? & what dread feet?

What the hammer? what the chain?
In what furnace was thy brain?
What the anvil? what dread grasp
Dare its deadly terrors clasp?

When the stars threw down their spears,
And watered heaven with their tears,
Did he smile his work to see?
Did he who made the Lamb make thee?

Tyger! Tyger! burning bright
In the forests of the night,
What immortal hand or eye
Dare frame thy fearful symmetry?
William Blake. 

jueves, 12 de marzo de 2015

LAS BESTIAS REALES DE LA TORRE DE LONDRES.



A lo largo de seis centurias la Torre de Londres , la fortaleza más poderosa de la capital británica albergó una colección de fieras, animales salvajes y criaturas exóticas. La casa de fieras se estableció en el siglo XIII durante el reinado de Juan I. Tantos años dan para muchas anécdotas. 

Los animales exóticos expuestos en la Torre intentaban representar la fortaleza y salud del propio monarca. Los animales llegaron a la capital inglesa desde lugares, conocidos e ignotos, de todo el mundo. 



El oso polar Enrique III, un presente del rey de Noruega Haakon, estaba fuertemente atado a una cuerda que le permitía pescar en el Támesis. 

Cuentan que aquí encontró William Blake al tigre que inspiró su famoso poema.


Luis IX de Francia regaló al rey Enrique III un elefante africano macho en el año 1254. 


El animalito, que el propio San Luis había adquirido en Tierra Santa,  vivió en la Casa de Fieras hasta su muerte. 

Las serpientes, animales de sangre fría estaban normalmente envueltas en mantas y se les colocaba cerca de una estufa para que las ayudase a mantener el calor.


El rey de la selva, símbolo de nobleza y realeza no podían faltar en la casa de fieras de los reyes ingleses. El artista Edwin Landser, quien más tarde diseñó las esculturas de los leones de Trafalgar Square, dibujó leones vivos en la Torre. 


Los monos vivían en una habitación donde los visitantes podían caminar e interactuar con ellos. La atracción fue clausurada después de que uno de estos animales atacase a un niño. 

El avestruz de la torre murió después de tragar un clavo largo. Los visitantes habían alimentado al ave con piezas de metal, en la creencia de que el avestruz comía hierro. 


Los animales de la casa de fieras abandonaron la Torre en 1832, tenían un nuevo hogar, el Parque Zoológico de Londres. 

Si tienes pensado viajar a Londres y disfrutar de esta y de otras maravillas este enlace te puede ayudar http://viajoconmicocheymimochila.blogspot.com.es/2014/05/london-pass.html 

domingo, 28 de abril de 2013

MEROE Y PANTIA, BRUJERÍA Y LUJURIA


"Hécate" de William Blake. 
En la Antigüedad Clásica grecorromana, ya se tenía la imagen, atávica, de mujeres dedicadas a las artes mágicas, que usaban símbolos y fluidos corporales humanos, como la sangre y la orina, para dar forma a sus terribles rituales, en un escenario cargado de lascivia, lujuria, aberración y unas pizcas de sadismo.

Sin lugar a dudas, el concepto de la hechicera que se tenía en el Mundo Clásico, traspasó fronteras temporales e influyó de manera definitiva en la configuración de la bruja europea durante la Edad Media y los siglos modernos, anteriores a la Contemporaneidad. Sirva como ejemplo la siguiente aventura vivida por Lucio, protagonista de "el Asno de Oro" narrada magistralmente por Apuleyo.


"Al oír esas palabras, pobre de mí, me siento inundado de un sudor frío, me tiritan las entrañas de tal modo que hasta el camastro, agitado por mis sobresaltos, bailaba sobre mi espalda. La amable Pantia contestó: "Dime, pues, hermana, ¿empezamos por despedazar a éste a la manera de las bacantes, o lo atamos debidamente para mutilar su virilidad?

"Entonces Meroe - pues la misma realidad me hacía comprender que, dadas las referencias de Sócrates, ése  era su nombre - : "No - dijo - ; que sobreviva ése al menos para amontonar un poco de tierra sobre el cuerpo de este desgraciado"; e, inclinando la cabeza de Sócrates, le hundió por la izquierda del cuello su espada, hasta la empuñadura, y recogió cuidadosamente en un exiguo odre la sangre que brotaba, sin que la menor gotita salpicara el escenario. Esto lo he visto yo con mis propios ojos. Y, sin duda para que no faltara detalle al ritual del sacrificio, introduciendo la mano derecha por la herida aquella y rebuscando hasta el fondo de las entrañas, la dulce Meroe retiró el corazón de mi pobre compañero. Él, al cortarle el cuello el golpe de la espada, dejó escapar a través de la herida un grito, o mejor dicho, un vago silbido y expiró.

"Pantia, cubriendo con una esponja la enorme herida entreabierta, dijo: "Atención, esponja, ten cuidado: eres hija del mar, no pases por el río". Terminada esta operación y retirándose ya, dan un empujón a mi camastro, se ponen a caballo sobre mi cara y alivian su vejiga, inundándose de un líquido terriblemente inmundo". 
Apuleyo
El asno de oro I, 13



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