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martes, 27 de enero de 2015

MONASTERIO DE SAN SALVADOR DE LEYRE



Entre la montaña y el embalse, el monasterio benedictino (continua en funcionamiento) fue un enclave simbólico (y aglutinador) del Reino de Pamplona, un lugar de gran importancia, como más tarde llegó a ser Nájera. Muy cerca de Sangüesa, en las proximidades de la corona de Aragón. Es curioso como los reyes navarros están enterrados (mayoritariamente) en las fronteras con Aragón y con Castilla, como si los monarcas fueran eternos guardianes de los límites de su Reino. Es un hecho para reflexionar, que ni es gratuito, ni fortuito, sino que tiene toda su razón de ser.


Leyre es a la vez el nombre de un macizo montañoso y de un monasterio, San Salvador de Leyre, un lugar cargado de arte, historia y que es además, panteón de los primeros reyes de Pamplona-Navarra.


En el año 848 San Eulogio de Córdoba, que pasaba por aquí, visitó la abadía y encontró una floreciente comunidad, que contaba con una nutrida biblioteca. Más tarde, durante los siglos X y XI se convierte en panteón regio de los monarcas navarros. En los años que reinó Sancho III el Mayor, San Salvador de Leyre, alcanza su máximo esplendor, controla el movimiento espiritual, político y cultural del reino, tiene incontables posesiones y dinamiza la peregrinación jacobea a través del control de los pasos pirenaicos, convirtiéndose en vanguardia de Cluny en el Pirineo. A partir del siglo XII comienza una lenta decadencia, hasta que en la centuria siguiente Teobaldo I introduce la reforma del Císter.


Desde aquí podemos ver el monasterio nuevo del siglo XVII a la izquierda, y el monasterio medieval de los siglos IX y XI convertido en Hotel Restaurante a la derecha.



La Porta Speciosa es la entrada principal de la Iglesia, comenzada en el siglo XII, fue finalizada por el taller del Maestro Esteban, mismo autor de la puerta de las Platerías de Santiago de Compostela.


El Salvador, la Virgen, San Pedro, San Juan y dos evangelistas presiden el tímpano, que descansa sobre dos ménsulas: un toro y un león.


Un santo apoyado sobre un león en uno de los laterales de la portada.



Detalles.



La iglesia de Leyre, como la mayoría de las iglesias, es fruto de sucesivas remodelaciones y ampliaciones. La cabecera del siglo XI, junto con la cripta que se sitúa justo debajo, forman la construcción románica más antigua de Navarra.



Santa Maria de Leyre, talla neorrománica.



Un viejo arcón de madera, expuesto en una de las paredes laterales, contiene los restos de los primeros reyes de Navarra.


Entre los reyes, cuyos restos reposan en el interior de este arcón, están Iñigo Arista, García Íñiguez, Fortún Garcés, Sancho Garcés I (aunque hay quien opina que está enterrado en las ruinas del castillo de San Esteban de Deyo), García Sánchez I, Sancho Garcés Abarca o García Sánchez "el Trémulo".


Retablo renacentista dedicado a las santas Nunilo y Alodia, vírgenes y mártires, de padre musulmán y madre cristiana, que fueron martirizadas en el 851.


Portada románica del siglo XII, que da paso a la capilla de Nunilo y Alodia.


Crismón.



La cripta de Leyre, al contrario de la mayoría de las criptas, no servía como lugar de culto y enterramiento de miembros de la comunidad, su función era servir de cimiento a la cabecera de la iglesia.


La torre con forma de prisma cuadrangular, que se eleva por encima de los tres macizos ábsides, fue levantada en el siglo XI.


Hace 118 años desapareció, víctima del desgaste y abandono el claustro románico, que estaba situado entre el monasterio medieval y el moderno. Aún podemos contemplar la puerta, del siglo XI, que comunicaba el claustro con la iglesia.


San Virila era abad de Leyre en el siglo X, mas vivía atormentado por sus dudas sobre la vida eterna en el Cielo. Cuenta una leyenda, que en una ocasión se encontraba paseando por la cercana serranía, y entró en éxtasis al oir el canto de un ruiseñor cerca de una fuente. Al volver a ser conciente y abandonar el estado de ensoñación regresó al monasterio, pero ningún monje le reconocía. Habían transcurrido trescientos años desde su partida, y de esta manera le mostró Dios el misterio de la vida eterna.



Al fondo de un túnel, que recorre el nivel superior de la cripta, hace su aparición San Virila.

domingo, 25 de enero de 2015

VILLAMAYOR DE MONJARDÍN.



A un paso de Estella, sobre un abrupto risco que se yergue en la llanura, Villamayor de Monjardín, ha cumplido históricamente función de centinela, en la Merindad de Estella. Al igual que muchos pueblos que formaron parte de la línea de frontera, su historia aparece confusa.


Pudo ser la Mons Garcini, una fortaleza asaltada por Carlomagno durante su fugaz campaña hispánica del 778. Las crónicas cuentan como fue arrasada durante los primeros años del Califato. De cualquier forma, la historica de Villamayor aparece siempre vinculada al castillo situado por encina del pueblo, que fue destacado baluarte frente al Islam y que fue conquistado en el 908, por el rey Sancho Garcés I , cuyo busto podemos encontrar en la parte alta de la localidad.


Del castillo, llamado San Esteban de Deyo, pocos son los restos que quedan en pie, y la leyenda hizo de él, la tumba del propio rey Sancho. Después de la conquista el castillo fue donado al monasterio de Irache por Sancho II y posteriormente a la Catedral de Pamplona por Sancho el Mayor.


El castillo, por su inexpugnable emplazamiento se convirtó en uno de los baluartes más eficaces del territorio de los Banu Qasi, en la época anterior a la conquista de Sancho Garcés I. Y a lo largo de la Edad Media fue uno de las más destacadas fortalezas que poseía la corona.


El edificio más destacado, por su arquitectura y belleza románica es la Iglesia de San Andrés, construida en el siglo XII.


domingo, 18 de enero de 2015

JIMENO GARCÉS ¿EL REY OLVIDADO DE PAMPLONA?.



Cuando estudiamos el pasado nos movemos entre nombres, fechas y datos, que consideramos seguros y probados (si no lo hiciéramos así sería todo mucho más complicado y caeríamos en un nihilismo absoluto que no nos llevaría a ningún lado). Pero en ocasiones aparece un nuevo documento (o una nueva revisión o interpretación) y esos datos que considerábamos fidedignas, no lo son tanto, y entonces cambia nuestra aprehensión de la historia.

El tiempo mismo hace que las fuentes desaparezcan. En otras ocasiones son los vencedores de la historia los que borran nombres incómodos. La mayor parte de las veces es la comodidad de pisar firme sobre el suelo del conocimiento del pasado, lo que nos hace dar por supuestos determinados acontecimientos. Y la posteridad olvida, o desconoce, esos nombres borrados, eliminados, desplazados o pasados por alto. Uno de esos nombres es Jimeno Garcés.

Jimeno Garcés, el hermano de Sancho Garcés I , sabemos que jugó un papel muy importante a la muerte del rey pamplonés, durante la minoría de edad del heredero, García Sánchez , posiblemente actuando como regente. Probablemente se enfrentó con la viuda de Sancho, la reina Toda, que defendía con uñas y dientes los derechos sucesorios de su hijo García. En ninguna de las múltiples listas de los reyes de Pamplona-Navarra, aparece Jimeno como rey.

Sin embargo, Antonio Ubieto Arteta, basándose en un documento, "los Anales de Pamplona", lanzó otra hipótesis; que Íñigo Garcés fue rey de Pamplona entre el 925 y el 931, año de su muerte. Pudo ser rey de Pamplona, estaba legitimado para ello, de eso no hay duda. Pero murió y la corona acabó en la cabeza de su sobrino García Sánchez. Posiblemente nunca conozcamos la verdad, pero al menos, hemos sembrado la duda.  

miércoles, 14 de enero de 2015

TODA, REINA MADRE DE NAVARRA



Esposa, madre y nieta de reyes, tía carnal del Califa Abderramán, octagenaria y vitalista, casamentera experimentada, diplomática avispada, exigente y amorosa abuela, comandante de ejércitos y una de las mujeres más destacadas de su época. Una auténtica Reina Madre de Navarra.

Nieta del rey Fortún Garcés , hija de Onecca y Aznar Sánchez, y esposa de Sancho Garcés I , el noble que destronó a su abuelo. Su enlace con el nuevo rey navarro fusionó definitivamente las dinastías Arista (o Íñiga) y Jimena, a través del fruto de su seno, García Sánchez I . Además fue abuela de dos reyes de León, Sancho el Gordo y Ordoño el Malo, y además suegra de Fernán González, el poderoso Conde de Castilla.

Al morir su esposo, Toda peleo contra todo, y contra todos para asegurar el trono a su retoño. Nunca dudó en pactar con León o con Córdoba según las necesidades del momento. De la misma manera que nunca que le tembló el pulso para faltar a lo pactado.

Medió, cual adelantada Celestina en los matrimonios de su progenia, casando a sus hijas con lo mejor de cada casa y asegurando la influencia navarra en los principales estados del momento, fraguando decisivas alianzas. A Sancha la casó sucesivamente con Ordoño II de León, con el conde de Álava, Herreméliz, y finalmente con Fernán González. A Oneca con Alfonso IV de León y luego con un emir de Córdoba, y a Urraca con el hermano y rival de Alfonso, Ramiro II.

Tía carnal del gran califa Abderramán III, en ocasion de una razzia andalusí que se dirigía hacia Pamplona, Toda invocó a los antepasados y a la importancia de los lazos sanguíneos para obligarle a renunciar a su presa. Cuando se presentó en el campamento musulmán para rendir vasallaje fue recibido con altos honores de Reina.

Cuentan ciertas crónicas ultrapirenaicas, que durante la Batalla de Simancas , celebrada victoria cristiana sobre el Islam, la misma Toda, montada a caballo, empuñó la espada que dirigó las mesnadas cristianas hacia el triunfo en la lid.

Abuela exigente y amorosa, con casi ocho décadas de vida, no dudó en obligar a su nieto Sancho I el Craso, depuesto rey de León a consecuencia de su sobrepeso, a viajar a Córdoba para someterse a una cura de adelgazamiento con los especialistas médicos del califato. Después de la convalecencia, con el apoyo de Abderramán se dirigó a León y recuperó el trono para Sancho.


Murió la reina Toda en el año 958, satisfecha de haber vivido una vida plena y haber sido protagonista en los principales teatros de su época.  

viernes, 9 de enero de 2015

SANCHO GARCÉS I



En un momento determinado (o indeterminado) del año 905 se produce en Navarra el encumbramiento de Sancho Garcés I como rey del pequeño reino. Los historiadores no tienen muy claro si su acceso al poder fue un golpe de fuerza, o si Fortún Garcés, el legítimo monarca, se retiró voluntariamente al Monasterio de Leyre.

Sancho Garcés era el hijo de García Jiménez, hombre fuerte en época de García Íñiguez y Fortún Garcés, fundó la dinastía Jimena, como linaje reinante, y muchos son los eruditos que lo consideran el auténtico primer rey de Navarra, puesto que antes de él, dicho reino se circunscribía a una pequeña comarca. Segundón de una familia de señores y caballeros, hombre de frontera curtido en las frecuentes lides típicas de las tierras de nadie, sus triunfos en el campo de batalla lo convirtieron en el líder perfecto y el caudillo militar de los magnates pamploneses. En su ascenso al poder contó con el decisivo apoyo de Alfonso III de Asturias y Ordoño II de León.

El rey Sancho contrajo matrimonio con Toda, precisamente una de las nietas de Fortún Garcés (hija de Onecca ) y con la inestimable ayuda de Ordoño II, quien contrajo matrimonio en terceras nupcias con Sancha de Pamplona, una de las hijas de Sancho Garcés, obtuvo una brillante victoria sobre los árabes en San Esteban de Gomaz, aunque después sufrieron la derrota de Valdejunquera.

Decidido a extender sus dominios, en 924 acometió la conquista de La Rioja, expulsando a los Banu Qasi y tomando Nájera. Nuevamente combatiendo con Ordoño II a su lado. Poco después Abderramán III se vengó saqueando Pamplona. Aún así La Rioja Alta podía considerarse dominada por los cristianos.



Una tradición con aires de leyenda mantiene que el rey está sepultado en las ruinas del castillo de Deyó situado sobre Villamayor de Monjardín, una fortaleza que Sancho Garcés arrebató a los musulmanes.  

ONECCA FORTÚNEZ, ABUELA DEL CALIFA Y DEL REY DE NAVARRA.



Los frutos del vientre de esta infanta de Navarra conectaron genéticamente los linajes cristianos y musulmanes reinantes en Córdoba y en Pamplona. 

Hija de Fortún Garcés un príncipe navarro (y futuro rey) que fue capturado y pasó gran parte de su vida como rehén en Córdoba. Onecca siguió a su padre, de forma voluntaria u obligada a hacerlo, y terminó desposándose con el emir Abdullah. Durante su estancia en tierras andaluzas recibió el apelativo de Durr, "perla", y entre su descendencia cordobesa sobresale un nombre por encima de todos, un nieto, llamado a proclamar el Califato Independiente de Córdoba, nos referimos, como no, a Abderramán III. 

En el año 870, tras más de veinte años de residencia en el cálido valle del Guadalquivir, su padre Fortún regresa a Navarra para convertirse en su rey. Nuevamente, una abnegada Onecca une su destino al de su progenitor, y le acompaña en esta nueva etapa vital. 

Una vez establecida en la corte de Navarra contrae matrimonio con el conde Aznar Sánchez de Larraún. De este enlace nace, entre otros hijos, Toda, que casó con Sancho Garcés I , sucesor de Fortún Garcés y termina convirtiéndose en auténtica Reina Madre de Navarra. Este matrimonio propicia además la unión de las dos dinastías reinantes en Pamplona, la Íñiga y la Jimena.  El hijo de Toda, García Sánchez I también ciñó la corona de Navarra. 

Durante un tiempo dos nietos de Onecca, Abderramán III y García Sánchez I rigieron los destinos de los más poderosos estados de la Península Ibérica.

jueves, 8 de enero de 2015

FORTÚN GARCÉS



Fortún Garcés "el tuerto" o "el monje", Rey de Pamplona entre 870 y 905, hijo y sucesor de García Íñiguez. El enfrentamiento de su padre con los emires de Al Andalus, provocaron que pasara gran parte de su vida como rehén en Córdoba, tras haber sido capturado durante una razzia andalusí en Navarra.

Tras más de dos décadas de cautiverio regresó a Pamplona para sentarse en el trono que su padre había dejado vacío. De carácter más espiritual que militar, se inclinó más por las prácticas piadosas que por las empresas bélicas, lo que provocó el rechazo de sus súbditos. García Jiménez, que había gobernado tras la muerte del rey, debía hacerse cargo de los asuntos del reino cuando Fortún Garcés buscaba recogimiento personal en el Monasterio de Leyre.


Sin que se tengan claro los motivos y las circunstancias, en el año 905 Fortún Garcés se retiró, o lo obligaron a confinarse, en el Monasterio de Leyre, donde permaneció hasta su muerte acaecida en 922. Tras la espantá de Fortún Garcés, el hijo de García Jiménez, Sancho Garcés I fue elegido rey de Pamplona llegando al trono la dinastía Jimena.Con él finalizó la dinastía Íñiga.  
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