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domingo, 1 de noviembre de 2015

MEHMET I



Al sultán Mehmet I le tocó bailar con la más fea y capear el temporal que se precipitó sobre el Imperio Otomano tras la desparición de Bayaceto I. Pero el joven Mehmet I fue capaz de superar todas las dificultades. A la muerte de su padre Bayaceto, luchó contra sus hermanos (y sus respectivos aliados) en una cruenta guerra civil que se prolongó durante casi una década, los venció y se encumbró el poder.

Desde el trono imperial acabó con la crisis interna, recompuso la unidad quebrada por las flechas mongolas e inició el nuevo engrandecimiento del Imperio de la Media Luna. Con un ánimo más pacífico que guerrero, Mehmet I mantuvo la paz hasta su muerte en 1421. Y como colofón a su reinado designó como sucesor a uno de los grandes conquistadores otomanos; su hijo Murad II.

martes, 27 de octubre de 2015

BAYACETO I, EL RAYO.



La victoria en la Batalla de Kosovo (1389) fue letal para el sultán otomano, Murad I que murió allí mismo. Con el cadáver aún caliente de su padre, Bayaceto I se proclamó nuevo sultán del Imperio. Bayaceto, apodado el Rayo, fue un triunfante sultán, de trágico final; de los altares de la monarquía a besar el suelo como esclavo.


Bayaceto mató a sus hermanos para acceder al poder, instaurando una nueva tradición, una práctica que fue institucionalizada más tarde por Mehmet II. Una vez en el poder, Bayaceto I protagonizó una victoriaosa carrera militar, afirmando su intención de conquistar el Reino de Hungría, la Península Italiana y abrevar a su montura en el mismísimo altar de San Pedro en Roma. No obstante, su bravuconería no estaba reñida con sus excelentes capacidades para la guerra; completó la conquista de Asia Menor y destrozó a un gran ejército cristiano en la batalla de Nicópolis (1396), dejando prácticamente un pasillo abierto hacia el corazón de los Balcanes y la sensación de que Constantinopla corría más peligro que nunca. Pero quien a hierro mata, a hierro muere.


Obligado a enfrentarse a los mongoles en su frente oriental, que habían aprovechado la presencia de Bayaceto en Europa para arrasar Anatolia, fue derrotado en la Batalla de Angora por Tamerlán. Cuentan que Bayaceto murió encerrado por su captor en una jaula de hierro como una alimaña a la que han arrancado garras y colmillos. También se cuenta que Tamerlán lo utilizaba como apoyo para subir y bajar de su caballo. Y así pasó sus últimos días el victorioso Bayaceto, besando el suelo que pisaba el conquistador mongol. 


miércoles, 14 de octubre de 2015

BATALLA DE ANKARA. EL DÍA QUE LOS MONGOLES CASI DESTRUYEN EL IMPERIO OTOMANO.



Tras la victoria en Kosovo (1389) los turcos, comandados ahora por Bayaceto I “el Rayo”, avanzaban hacia Hungría, pero un grave peligro amenazaba en la retaguardia, y obligo a los turcos a detener la marcha, dar media vuelta y defender su propia tierra; nos referimos a Tarmelán que había arrasado Asia Central y ahora hacía los mismos en Anatolia.


El choque brutal entre turco y mongoles (en el fondo hermanos de raza) tuvo lugar en la llanura de Ankara el 20 de julio del año 1402, y aunque la victoria fue para los señores de las estepas, el combate resultó tan duro y sangriento, que a Tarmelán (Timur Lang – Timur el Cojo) se le quitaron las ganas de continuar avanzado hacia Occidente. Eso sí, se llevó un suculento trofeo: el propio sultán Bayaceto.

Tarmelán ordenó envenenar los pozos y cuando los turcos llegaron al campo de batalla se encontraban en un estado lamentable. El tiempo que necesitaron los turcos para descansar fue aprovechado por el caudillo mongol para despegar su poderoso ejército, situando en el frente a los impresionantes elefantes de la India. El ejército de Bayaceto contaba con tropas serbias mandadas por su cuñado Stefan Lazarevic (curiosamente los padres de ambos se enfrentaron y murieron en Kosovo), aunque esta ayuda fue inútil. Los mongoles desbordaron a los turcos, y aunque el bravo sultán resistió junto a sus jenízaros hasta la caída de la noche, la derrota fue total. Bayaceto cayó prisionero del caudillo mongol. 

Tras la derrota en Ankara, el Imperio Otomano parecía abocado a su fin, pero la fortaleza se mide por el número de veces que somos capaces de levantarnos tras la caída. Y el turco volvió a ponerse en pie. 




viernes, 29 de mayo de 2015

ALBANIA MEDIEVAL SEGÚN ENEAS SILVIO.



Eneas Silvio Piccolomini (1405 - 1464), que se convirtió en papa adoptando el nombre de Pío II, fue uno de los humanistas más destacado de su tiempo, preocupado por la situación política, económica, religiosa y cultural que vivía el continente Europeo en los años finales de la Edad Media. Autor de una obra denominada "La Europa de mi tiempo" donde realiza un profundo análisis de la situación geopolítica del continente, prestando especial atención al peligro que representaba el Imperio Otomano. 

Sobre Albania, territorio situado entre Dirraquio y Apolonia. 

"Lo que ahora se llama Albania fue antaño  la porción de Macedonia que mira a occidente. Hemos revelado que se halla entre Dirraquio y Apolonia, ciudades nada oscuras en los primeros siglos. La lengua de este pueblo no la entienden ni griegos ni ilirios. Pensamos que esta raza vino antaño desde Albania la que dicen que está junto a la Cólquida en la Escitia asiática, pues con frecuencia invasiones bárbaras se han asentado en provincias de Grecia e Italia.

En este territorio fue poderoso Camusa, que pese a haber nacido de padres cristianos, se mostró poco constante en la fe católica y se desvió hacia la locura de Mahoma. Pero menospreció la religión mahometana tan frívolamente como había abandonado la cristiana. Volvió en efecto a la creencia de sus padres y, a pesar de haberse burlado de ambas religiones sin ser leal con ninguna, prefirió morir como cristiano antes que como turco. Falleció de enfermedad poco después del desastre de Constantinopla.

Fue su sucesor y heredero Jorge Scanderbeg, hijo de familia noble, que pasó casi la vida entera luchando en defensa de la cristiandad y derrotó y aplastó a muchos y nutridos escuadrones turcos. Fue el único en cierto modo que mantuvo aquella comarca dentro de la religión de Cristo, aunque hoy dicen que después de tantos ataques enemigos se encuentra en su mayor parte desierta. El rey Alfonso envió soldados muchas veces a Albania y defendió contra los turcos la ciudad de Croia cuando cayó en su poder. Un sobrino de Scanderbeg, hijo de un hermano suyo y partidario de los turcos, conspiraba contra él, fue descubierto, enviado ante el rey Alfonso y encarcelado. También el pontífice romano Calixto llegó a enviar no pocas ayudas pecunarias a Scanderbeg. Valona es una ciudad de Albania no muy grande, situada en un puerto de mar, desde donde la travesía hasta Italia es muy corta. El primero de los turcos que la ocupó fue Bayaceto. Cuando se sublevó la reconquistó Amurates. No sé qué desastres amenazan a Italia".

jueves, 16 de abril de 2015

YAKUB CELEBI



La Batalla de Kosovo es el acontecimiento fundacional del nacionalismo serbio y el origen de la enquistada enemistad con Albania. Pero para el Imperio Otomano también tuvo funestas repercusiones, el propio sultán Murad I quedó muerto en el campo de batalla.

Yakub Celebi, hijo mayor de Murad, valiente comandante de sobrada experiencia militar, cuya actuación había contribuido a la victoria en el "Campo de los Mirlos", despertó rápidamente los recelos de su hermano menor, Bayaceto, proclamado soberano tras la muerte de su padre. Horas después de la batalla, el nuevo sultán ordenó la detención y ejecución de Yakub, para eliminar toda posibilidad de rebelión y conflicto por el trono otomano.

"Yakub Celebi, the sultan's oldest son, was also killed, and his younger brother Bayezi was declared sultan".

Ismail Kadare. "Elegy for Kosovo".  

lunes, 16 de febrero de 2015

MURAD I



Murad I (o Amurates), de madre cristiana bizantina, llamado "el Divino" - Hüdavendigar - fue un activo y enérgico sultán (el primero en utilizar este título, abandonando el de emir) otomano, amante del lujo, que conquistó Tracia, Galípolis y Adrianópolis, que pasó a llamarse Edirne y se convirtió en capital, derrotó en batalla a servios y búlgaros, reorganizó el afamado cuerpo de los jenízaros (implantando el reclutamiento obligatorio entre los vasallos cristianos) y un complejo aparato burocrático inspirado en el bizantino, y que finalmente murió en la recordada batalla de Kosovo (1389). Su hijo Bayaceto I se proclamó sultán en allí mismo, con el cadáver de Murad todavía caliente. 

sábado, 3 de mayo de 2014

BATALLA DE KOSOVO



El 15 de Junio de 1389, festividad de San Vito, una fecha que siglos después, muchos, aun no han olvidado. Ese día, una coalición de príncipes balcánicos fueron derrotados por el sultán otomano Murad I, en la célebre Batalla de Kosovo.

Los líderes de ambos ejércitos, Lazar de Serbia y Murad I , perdieron la vida en la batalla. Siglos después la Batalla de Kosovo se convirtió en el hito fundacional del creciente nacionalismo serbio, que terminaría derivando en un nuevo conflicto armado, esta vez, contra los albaneses que residían en estas tierras. Más de seiscientos años después, las heridas abiertas en el Campo de los Mirlos, no han terminado de cerrar. 

"La batalla de Kosovo dio lugar a un largo poema épico que para los serbios cobró una importancia literaria similar a la Chanson de Roland para los franceses, aunque a la larga adquirió una carga de significado nacionalista mucho más densa, deviniendo el gran mito romántico serbio de la redención por la derrota, como sería el Once de Septiembre de 1714 o el Álamo por las norteamericanos"
Francisco Veiga.
El turco, diez siglos a
las puertas de Europa.

El problema étnico de Kosovo, muy evidente desde finales del siglo XIX, comenzó en realidad en la Baja Edad Media. Los serbios, que se instalaron en la región entre los siglos VI y VIII, constituyeron entonces la mayoría de su población y alternaron momentos de unidad y de enfrentamientos internos. En cambio, los albaneses, de procedencia posiblemente autóctona, eran menos numerosos, tenían una estructura social mucho más arcaica y fueron pasando de una dominación a otra: primero los romanos, luego los bizantinos y finalmente los turcos. 
 El 28 de junio de 1389, el zar serbio Lazar murió derrotado por el Imperio Otomano en la legendaria batalla de Kosovo Polje, uno de los eventos decisivos en la desaparición del reino medieval de Serbia, que no recuperaría su independencia hasta 1878. Desde entonces, Kosovo se convertiría en el gran mito fundacional del pueblo serbio, unido en la adversidad, el sacrificio y la sangre de aquel campo de batalla. La narración legendaria de aquel combate, de una generación a otra, fue uno de los principales elementos por los que la identidad serbia mantuvo su esencia durante cinco siglos, hasta recuperar su independencia en 1878. Kosovo es por tanto considerada la cuna de esa nación, encontrándose allí los templos más sagrados de la iglesia autocéfala serbia, incluyendo su sede, sita en Péc. Es difícil encontrar en la historia y la psique de ninguna otra nación europea un efecto similar al de Kosovo para los serbios. Kosovo los vincula con un pasado glorioso, heroico y trágico, suponiendo una inspiración permanente para recobrar la independencia en los tiempos de ocupación otomana, motivando al ejército durante las guerras balcánicas de 1912 - 1913 - la victoria de Kumanovo, decisiva en la primera de ellas, se libró bajo el grito de guerra ¡Por Kosovo! -, y sería la clave del resurgimiento nacionalista a finales de la década de 1980.
Y llegó la Barbarie. 
Nacionalismo y juegos de poder
en la destrucción de Yugoslavia.
José Ángel Ruiz Jiménez. 

Unos años antes, los otomanos habían derrotado a serbios y búlgaros en la batalla de Maritza (1371), poco después de haber conquistado la ciudad de Adrianópolis (1369) a la que rebautizaron con el nombre de Edirne. Y en 1389 el príncipe serbio Lazar Hrebeljanovic reunió un ejército para tratar de frenar el avance turco hacia el Corazón de Europa, contando con el apoyo del rey de Bosnia, Tvrtko I y algunos nobles serbios.

El príncipe serbio, antes de iniciar la marcha hacia las llanuras kosovares, lanzó una proclama, que con los siglos se tornó maldición: "Cualquiera que sea serbio de nacimiento y no venga a Kosovo a librar batallas contra los turcos, no le dejéis tener descendencia masculina, ni femenina; no le dejeis que recoja cosecha alguna".

La batalla tuvo lugar en el Campo de los Mirlos, a unos 5 kilómetros de la actual Prístina, y fue terrible. Ambos ejércitos lamentaron cuantiosas bajas, y a día de hoy sigue siendo difícil otorgar la victoria a uno u otro bando, pues en su época, se atribuyó la victoria a uno, a otro, e incluso se consideró un empate.

"En 1389 la batalla de Kosovo señala la colisión de una coalición cristiana contra los otomanos. En ella combatieron codo con codo serbios, bosnios, albaneses, valacos (rumanos) y otros puebos de los Balcanes. Ni un solo albanés se encuentra entre las filas del campo turco; por el contrario una parte del ejército serbio, a las órdenes de Marko Kraljevic, traiciona a los balcánicos y se bate contra los suyos en el bando de los otomanos.

A consecuencia de esa batalla, lejos de verse frenada, la invasión otomana se fortalece. Si los turcos llevan a cabo un repliegue provisional es debido a que son atacados por la espalda por Tamerlán (1400). Pero en el siglo XV reemprenden la ocupación de los Balcanes"
I. Kadare.
Diario de Kosovo.

Los Contingentes.
Murad I, acompañado de sus dos hijos, encabezaba el ejército turco, en el que sobresalia su cuerpo de élite, los jenízaros. Además de auxiliares procedentes de todos los rincones del imperio, contingentes de griegos, búlgaros y serbios, y algunos comandantes cristianos como Constantino Dragas y el Rey Marco, que sumaban un total aproximado de entre 30.000 y 40.000 hombres.


El ejército cristiano tenía en Lazar a su líder, que dirigía un cuerpo de ejército de unos 15.000 serbios, junto con el también noble serbio Vuk Brankovic. Además el rey bosnio Tvrtko I envió a uno de sus mejores comandantes, Vlatko Vukovic, señor del Ducado de Hum, con una fuerza de entre 5000 y 10000 soldados. Además un contingente de caballeros hospitalarios, poseídos por el inefable espíritu de cruzada, formaban parte del ejército de Vukovic, reunidos en torno al caballero croata Juan de Palisna, prior de Vrana. En total unos 15.000 - 30.000 efectivos.

Formaciones.
Murad I dirigía el ejército turco desde el centro de la formación, con su hijo Bayaceto en el flanco derecho, y su hijo Yakub en el izquierdo. El centro de la vanguardia estaba ocupado por los jenízaros, y el frente de las alas cubierto por los arqueros.

El príncipe Lazar dominaba el centro serbio, con Brankovic a la derecha y Vlatko a la izquierda. Al frente la caballería pesada y en los flancos los arqueros a caballo. La infantería quedaba situada en la retaguardia.

Primeros movimientos.
El desarrollo de la batalla no es sencillo de reconstruir, puesto que las narraciones serbias y turcas son diferentes. Se piensa que la delantera la tomó la caballería pesada serbia que cargó en forma de "V" y fue recibida por una lluvia de flechas desde los flancos. Esta primera acción consiguió desbaratar el flanco izquierdo turco (Yakub) y obligó a replegarse al centro otomano. Pero Bayaceto, comandando el flanco derecho, consiguió aguantar esta primera embestida y preparara la reacción.


Contragolpe turco.
Bayaceto, apodado "el rayo" a raíz de su rápida reacción en esta batalla, comandó un demoledor contragolpe, obligando a retroceder a los serbios, y provocnado una carnicería entre la infantería. Ante esta circunstancia, el cuerpo de ejército de Vukovic tuvo que reforzar el centro para compensar las pérdidas.

Traición.
En un momento crítico, Vuk Brankovic, emprendió la retirada, seguido por sus tropas, y dejando al resto de los serbios a merced de los turcos. Mucho se ha especulado sobre los motivos de esta traición; ¿había pactado con Murad traicionar a su señor a cambio de más tierras?, ¿o tal vez, viendo la batalla perdida, decidió poner a salvo a sus hombres?. Solo podemos imaginar las intenciones del caballero serbio.

Muertes.
Poco después de la huida se produjo la captura de Lazar, que fue ejecutado, junto con algunos de sus generales, en el mismo campo de batalla. En plena confusión, el caballero bosnio Vlatko Vukovic, también pudo escapar y poner su vida a salvo, y curiosamente, nadie le acusó de traición, como si sucedió con Brankovic.

A pesar de la victoria, Murad I, tiene el dudoso honor de haber sido el único sultán otomano en morir en batalla. El brazo del caballero serbio Milos Obilic, fue el ejecutor. Las fuentes turcas cuentan que fue al día siguiente de la batalla, mientras el sultán paseaba tranquilamente entre los despojos de ambos ejércitos. Sin embargo, las fuentes cristianas se vanaglorian del acto heroico (y suicida) de Obilic, que llegó al campamento otomano y fue capaz de acabar con la vida del sultán, antes de caer abatido por la guardia personal del sultán.

Una vez muerto el sultán, su hijo Bayaceto ordenó asesinar a su propio hermano, y en medio del tumulto se proclamó nuevo sultán. Su mano férrea y crueldad salvaron la situación y llevaron al ejército turco a la victoria.



En realidad, la Batalla de Kosovo, ni fue la primera que enfrentó a los turcos con los pueblos balcánicos, ni fue tan decisiva, los serbios aguantaron casi medio siglo más su independencia, y por supuesto no abrió definitivamente los Balcanes, a la ocupación otomana, puesto que tras Kosovo, aún debieron seguir combatiendo duramente en la región. Aunque si es cierto, que el Corán comenzaba a ganar la partida a la Biblia.  
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