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viernes, 5 de octubre de 2018

ASIRIOS, TERROR DE ORIENTE.



Una poderosa maquinaria bélica al servicio de un estado que concebía su existencia como una guerra continua. Tres fueron los momentos en que Asiria dominaron el Próximo Oriente.

Imperio Antiguo (2000 – 1752 a.C.)
Shamshi Adad I fue el artífice del primer Imperio Asirio, un triunfo efímero, pues poco después cayó en manos de estados más fuertes y poderosos.

Imperio Medio Asirio (1400 – 1069 a.C.)
Assur-Ubalit I se sacudió el yugo mitannio, pero serán sus sucesores los que engrandezan el poder asirio: Adad-Ninari, Salamanasar I y especialmente Tukulti-Ninurta I. 

Imperio Neo Asirio (1000 – 629 a.C.)
Tiglat-Pileset III y Salmanasar III devolvieron a Asiria su hegemonía perdida y con Assurbanipal, hombre de cultura y gran mecenas, Asiria alcanzó su apogeo, antes de caer ante Babilonia y los medos.


El Imperio Asirio consiguió unificar, y también aterrorizar, todo el Creciente Fértil, gracias a tres elementos integradores: una religión oficial, un duro código de justicia y un poderoso ejército.

El rey era la cabeza visible de una gran administración y burocracia de un territorio vasto dividido en provincias con un gobernador al frente. Además de valientes soldados, el estado asirio contaba con un numeroso ejército de funcionarios. 

En la cúspide de la pirámide social se encontraba el rey, y también tenía gran importancia el harén real. La clase principal, un grupo cerrado, estaba formada por los altos funcionarios y una aristocracia militar, hombres libres que poseían tierras, hombres libres sin tierra (formaban la infantería) que eran campesinos y artesanos, y los esclavos. La sociedad asiria desarrolló una economía esencialmente basada en la agricultura y en el lucrativo comercio de objetos de lujo.

Terror de Oriente. Una importante infantería, una desarrollada caballería de jinetes y carros de guerra, empalamientos, técnicas de asedio, deportaciones masivas, guerra psicológica, operaciones preventivas, los asirios hicieron de la guerra un arte y sembraron el terror durante siglos en las calurosas tierras de Mesopotamia. 


Assur, su primera capital, fue además un importante centro comercial en sus orígenes, situada en un elevado promontorio a la orilla del río Tigris, circunstancia que le otorgaba una ventaja estratégica. A lo largo de su historia tuvo otras capitales como Nínive y Nimrud. 


El Harén Real estaba organizado por leyes y llegó a tener gran protagonismo político. Los reinas, concubinas y eunucos del harén intrigaban constantemente por hacerse con parcelas de poder e influencia en el rey, principal autoridad del Imperio.

La religión del pueblo no presenta grandes diferencias con la babilónica, pero la oficial si que ofrece aspectos distintos. Assur, deidad principal y dios por excelencia de los asirios, al que se le unen Samash, divinización del sol, y dioses de influencia babilónica como el propio Marduk.


martes, 26 de junio de 2012

GUERREROS ASIRIOS TERROR DEL PRÓXIMO ORIENTE




Guerreros fieros, deportaciones masivas, guerra psicológica, empalamientos, operaciones preventivas, expansión militar continúa, daban forma a una poderosa maquinaria bélica al servicio de un estado, que no concebía su existencia, más que como una interminable batalla contra todo y contra todos, y que durante siglos aterrorizaron a toda la zona del "Creciente Fértil".

Assurbanipal, uno de los reyes asirios más belicosos.



Assurbanipal relata con todo lujo de detalles la extrema crueldad con la que castigaba a sus enemigos; "Eregí un pilar a las puertas de su ciudad, y desollé a todos los jefes que se habían levantado contra mí; cubrí el pilar con sus pieles; a otros los emparedé en su interior; a otros los empalé en estacas sobre el pilar; y a otros los dispuse empalados sorbe estacas en torno al pilar. A otros muchos los desollé; con sus pieles cubrí las murallas. Y a los jefes y funcionarios reales que se habían rebelado, los desmembré".


Desde hace miles de años los ejércitos de cualquier época y lugar han utilizado loas mismas armas para vencer en la batalla, dejando a un lado los convencionalismos sociales y la diplomacia política, está claro que "en el amor y en la guerra todo vale".


De la epopeya de Tukulti-Ninurta, otro despiadado rey asirio, extraemos una nítida fotografía que refleja el ardor guerrero del soldado de Asiria:

Son impetuosos y aguerridos
como dioses de la tormenta,
que se lanzan a la batalla
a pecho descubierto.
Orgullosos de sus galones,
se arrancan las ropas del cuerpo,
se recogen la cabellera
y blanden sus espadas.
A saltos,
con las armas desenvainadas,
los feroces guerreros,
señores de la guerra,
se lanzaron al ataque
como si los persiguieran los leones 
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