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lunes, 11 de noviembre de 2019

CAVERNAS



Las estalactitas cuelgan del techo. Las estalagmitas crecen desde el suelo. 
Todas son frágiles cristales, nacidos de la transpiración de la roca, en lo hondo de las cavernas que el agua y el tiempo han excavado en las montañas. 
Las estalactitas y las estalagmitas llevan miles de años buscándose en la oscuridad, gota tras gota, unas bajando, otras subiendo. 
Algunas demorarán un millón de años en tocarse. 
Apuro, no tienen.

Eduardo Galeano Espejos. 
Una historia casi universal

domingo, 27 de octubre de 2019

HIPÓCRATES.




Lo llaman Padre de la Medicina.
Los nuevos médicos juran en su nombre.
Hace dos mil cuatrocientos años, curó y escribió.
Estos son algunos de los aforismos nacidos, según él, de su experiencia:
La experiencia es engañosa, la vida es breve, largo el arte de curar, fugitiva la
ocasión y difícil el juicio.
La medicina es la más noble de todas las artes, pero va muy a la zaga de las demás
debido a la ignorancia de quienes la practican.
Hay una circulación común a todos, una respiración común a todos. Todo está
relacionado con todo.
No se puede entender la naturaleza de las partes del cuerpo sin entender la
naturaleza del organismo entero.
Los síntomas son defensas naturales del cuerpo. Nosotros los llamamos
enfermedades, pero en realidad son la curación de la enfermedad.
Los eunucos no tienen calvicie.
Los calvos no padecen várices.
Que la comida sea tu alimento, y el alimento tu medicina.
Lo que cura a uno, mata a otro.
Si la mujer ha concebido un niño, tiene buen color. Si ha concebido una niña, tiene
mal color.
Eduardo Galeano. Espejos.

lunes, 19 de agosto de 2019

SÓCRATES.




Varias ciudades peleaban de uno y otro lado. Pero esta guerra griega, la que más griegos mató, fue sobre todo la guerra de Esparta, oligarquía de pocos orgullosos de ser pocos, contra Atenas, democracia de pocos que simulaban ser todos.
En el año 404 antes de Cristo, Esparta demolió, con cruel lentitud, al son de las flautas, las murallas de Atenas.
De Atenas, ¿qué quedaba? Quinientos barcos hundidos, ochenta mil muertos de peste, una incontable cantidad de guerreros destripados y una ciudad humillada, llena de mutilados y de locos.
Y la justicia de Atenas condenó a muerte al más justo de sus hombres. El gran maestro del Ágora, el que perseguía la verdad pensando en voz alta mientras paseaba por la plaza pública, el que había combatido en tres batallas de la guerra recién terminada, fue declarado culpable. Corruptor de la juventud, sentenciaron los jueces, aunque quizá quisieron decir que era culpable de haber amado a Atenas tomándole el pelo, criticándola mucho y adulándola nada.
Eduardo Galeano. Espejos. 



miércoles, 5 de junio de 2019

DON QUIJOTE POR EDUARDO GALEANO.




Marco Polo había dictado su libro de las maravillas en la cárcel de Génova.
Exactamente tres siglos después, Miguel de Cervantes, preso por deudas, engendró a don Quijote de La Mancha en la cárcel de Sevilla.
Y ésa fue otra aventura de la libertad, nacida en prisión.
Metido en su armadura de latón, montado en su rocín hambriento, don Quijote parecía destinado al perpetuo ridículo. Este loquito se creía personaje de novela de caballería y creía que las novelas de caballería eran libros de historia.
Pero los lectores, que desde hace siglos nos reímos de él, nos reímos con él.
Una escoba es un caballo para el niño que juega, mientras el juego dura, y mientras dura la lectura compartimos las estrafalarias desventuras de don Quijote y las hacemos nuestras. Tan nuestras las hacemos que convertimos en héroe al antihéroe, y hasta le atribuimos lo que no es suyo. Ladran, Sancho, señal que cabalgamos es la frase que los políticos citan con más frecuencia. Don Quijote jamás la dijo.
El caballero de la triste figura llevaba más de tres siglos y medio de malandanzas por los caminos del mundo, cuando el Che Guevara escribió la última carta a sus padres. Para decir adiós, no eligió una cita de Marx. Escribió: Otra vez siento bajo mis talones el costillar de Rocinante. Vuelvo al camino con mi adarga al brazo.
Navega el navegante, aunque sepa que jamás tocará las estrellas que lo guían.

Eduardo Galeano Espejos.
Una historia casi universal


miércoles, 15 de mayo de 2019

LOS POCOS Y LOS TODOS.




En 1776, la independencia de los Estados Unidos anticipó lo que después iba a ocurrir, de México al sur, con otras independencias de naciones americanas.

Para que no quedaran dudas sobre la función de los indios, George Wasshington propuso la total destrucción de los poblados indígenas, Thomas Jefferson opinó que esa infortunada raza había justificado su exterminio y Benjamín Franklin sugirió que el ron podía ser un medio adecuado para extirpar a esos salvajes.

Para que no quedaran dudas sobre la función de las mujeres, Constitución del estado de Nueva York agregó el adjetivo masculino al derecho de voto.

Para que no quedaran dudas sobre la función de los blancos pobres, los firmantes de la Declaración de Independencia fueron todos blancos ricos.

Y para que no quedaran dudas sobre la función de los negros, había seiscientos cincuenta mil esclavos que siguieron siendo esclavos en la nación recién nacida. Brazos negros edificaron la Casa Blanca.
Eduardo Galeano Espejos.
Una historia casi universal.


domingo, 12 de mayo de 2019

EL FILÓSOFO DE LA LIBERTAD.




Han pasado los siglos y sigue creciendo la influencia del filósofo inglés John Locke en el pensamiento universal.
No es para menos. Gracias a Locke, sabemos que Dios otorgó el mundo a sus legítimos propietarios, los hombres industriosos y racionales, y fue Locke quien dio fundamento filosófico a la libertad humana en todas sus variantes: la libertad de empresa, la libertad de comercio, la libertad de competencia, la libertad de contratación.
Y la libertad de inversión. Mientras escribía su «Ensayo sobre el entendimiento humano», el filósofo contribuyó al entendimiento humano invirtiendo sus ahorros en la compra de un paquete de acciones de la Royal África Company.
Esta empresa, que pertenecía a la corona británica y a los hombres industriosos y racionales, se ocupaba de atrapar esclavos en África para venderlos en América.
Según la Royal África Company, sus esfuerzos aseguraban un constante y suficiente suministro de negros a precios moderados.
Eduardo Galeano Espejos. Una historia casi universal.

miércoles, 13 de febrero de 2019

FUNDACIÓN DEL FUEGO.




En la escuela me enseñaron que en el tiempo de las cavernas descubrimos el fuego frotando piedras o ramas.

Desde entonces, lo vengo intentando. Nunca conseguí arrancar ni una humilde chispita.

Mi fracaso personal no me ha impedido agradecer los favores que el fuego nos hizo. Nos defendió del frío y de las bestias enemigas, nos cocinó la comida, nos alumbró la noche y nos invitó a sentarnos, juntos, a su lado.

Espejos. Eduardo Galeano.

domingo, 13 de enero de 2019

DIGESTIONES.



Potosí, Guanajuato y Zacatecas comían indios. Ouro Preto comía negros. En suelo español, rebotaba la plata que venía del trabajo forzado de los indios de América. En Sevilla, la plata estaba de paso. Iba a parar a la panza de los banqueros flamencos, alemanes y genoveses, y de los mercaderes florentinos, ingleses y franceses, que tenían hipotecada la corona española y todos sus ingresos. Sin la plata de Bolivia y de México, puente de plata que atravesó la mar, ¿habría podido Europa ser Europa? En suelo portugués, rebotaba el oro que venía del trabajo esclavo en Brasil. En Lisboa, el oro estaba de paso. Iba a parar a la panza de los banqueros y los mercaderes británicos, acreedores del reino, que tenían hipotecada la corona portuguesa y todos sus ingresos. Sin el oro de Brasil, puente de oro que atravesó la mar, ¿habría sido posible la revolución industrial en Inglaterra? Y sin la compra y venta de negros, ¿habría sido Liverpool el puerto más importante del mundo y la empresa Lloyd's la reina de los seguros? Sin los capitales del tráfico negrero, ¿quién hubiera financiado la máquina de vapor de James Watt? ¿En qué hornos se hubieran fabricado los cañones de George Washington?

Eduardo Galeano. 
Espejos. Una historia casi universal.

lunes, 26 de noviembre de 2018

DE BARRO SOMOS.



Según creían los antiguos sumerios, el mundo era tierra entre dos ríos y  también entre dos cielos. 

En el cielo de arriba, vivían los dioses que mandaban.  En el cielo de abajo, los dioses que trabajaban. 

Y así fue, hasta que los dioses de abajo se hartaron de vivir trabajando, y estalló la primera huelga de la historia universal. 

Hubo pánico. 

Para no morir de hambre, los dioses de arriba amasaron de barro a las mujeres y a los hombres y los pusieron a trabajar para ellos. 

Las mujeres y los hombres fueron nacidos de las orillas de los ríos Tigris y Éufrates. 

De ese barro fueron hechos, también, los libros que lo cuentan. 

Según dicen esos libros, morir significa regresar al barro. 

Eduardo Galeano. Espejos 

domingo, 11 de noviembre de 2018

EL ARTE DE LA GUERRA.




Hace veinticinco siglos, el general chino Sun Tzu escribió el primer tratado  de táctica y estrategia militar. Sus sabios consejos se siguen aplicando, hoy día,  en los campos de batalla y también en el mundo de los negocios, donde la  sangre corre mucho más.  Entre otras cosas, el general decía:

Si eres capaz, finge incapacidad.
Si eres fuerte, exhibe debilidad.
Cuando estés cerca, simula que estás lejos.
No ataques nunca donde el enemigo es poderoso.
Evita siempre el combate que no puedas ganar.
Si estás en inferioridad de condiciones, retírate.
Si el enemigo está unido, divídelo.
Avanza cuando no te espere
y por donde menos te espere, lanza tu ataque.
Para conocer al enemigo, conócete.
Eduardo Galeano. Espejos. 

miércoles, 5 de septiembre de 2018

CUANDO EL HÍGADO ERA LA CASA DEL ALMA.



En otros tiempos, mucho antes de que nacieran los cardiólogos y los  letristas de boleros, las revistas del corazón bien pudieron llamarse revistas del  hígado. 

El hígado era el centro de todo. 

Según la tradición china, el hígado era el lugar donde el alma dormía y  soñaba.  En Egipto, la custodia del hígado estaba a cargo de Amset, hijo del dios  Horus, y en Roma quien se ocupaba de cuidarlo era nada menos que Júpiter, el  padre de los dioses.  Los etruscos leían el destino en el hígado de los animales que sacrificaban. 

Según la tradición griega, Prometeo robó para nosotros, los humanos, el  fuego de los dioses. Y Zeus, el mandamás del Olimpo, lo castigó encadenándolo  a una roca, donde un buitre le comía el hígado cada día.  No el corazón: el hígado. Pero cada día el hígado de Prometeo renacía, y  ésa era la prueba de su inmortalidad. 
Eduardo Galeano. 
Espejos. 


miércoles, 25 de julio de 2018

HINDÚES.



Mitra, madre del sol y del agua y de todas las fuentes de la vida, fue diosa desde que nació. Cuando llegó a la India, desde Babilonia o Persia, la diosa tuvo que hacerse dios.

Unos cuantos añitos han pasado desde la llegada de Mitra, y todavía las mujeres no son muy bienvenidas en la India. Hay menos mujeres que hombres.

En algunas regiones, ocho por cada diez hombres. Son muchas las que no culminan el viaje, porque mueren en el vientre de la madre, y muchas más las que son asfixiadas al nacer.

Más vale prevenir que curar, y las hay muy peligrosas, según advierte uno de los libros sagrados de la tradición hindú:

—Una mujer lasciva es el veneno, es la serpiente y es la muerte, todo en una.

También hay virtuosas, aunque las buenas costumbres se están perdiendo. La tradición manda que las viudas se arrojen a la hoguera donde arde el marido muerto, pero ya quedan pocas dispuestas a cumplir esa orden, si es que alguna queda.

Durante siglos o milenios las hubo, y muchas. En cambio, no se conoce, ni se conoció nunca, en toda la historia de la India, ningún caso de un marido que se haya zambullido en la pira de su difunta mujer.

Eduardo Galeano. 
Espejos.

martes, 5 de junio de 2018

OSIRIS.



La escritura egipcia nos contó la historia del dios Osiris y de su hermana Isis. Osiris fue asesinado en alguno de esos líos de familia frecuentes en la tierra y en el cielo, y fue descuartizado y se perdió en las profundidades del Nilo.

Isis, su hermana, su amante, se sumergió y recogió sus pedacitos, y uno por uno los fue pegando con barro, y de barro modeló lo que faltaba. Y cuando el cuerpo estuvo completo, lo acostó en la orilla.

Ese barro, revuelto por el Nilo, tenía granos de cebada y otras plantas.
El cuerpo de Osiris, cuerpo brotado, se alzó y caminó.

Eduardo Galeano Espejos.

Una historia casi universal

martes, 29 de mayo de 2018

TENOCHTITLÁN. LA CAPITAL DE LOS AZTECAS.



8 de noviembre de 1519

Mudos de hermosura, los conquistadores cabalgan por la calzada. Tenochtitlán parece arrancada de las páginas de Amadís, cosas nunca oídas, ni vistas, ni aún soñadas… El sol se alza tras los volcanes, calles, acequias, templos de altas torres, se despliega y fulgura. Una multitud sale a recibir a los invasores, en silencio y sin prisa, mientras infinitas canoas abren surcos en las aguas de cobalto.

Moctezuma llega en litera, sentado en suave piel de jaguar, bajo palio de oro, perlas y plumas verdes. Los señores del reino van barriendo el suelo que pisará.

Él da la bienvenida al dios Quetzalcóatl:

—Has venido a sentarte en tu trono —le dice—. Has venido entre nubes, entre nieblas. No te veo en sueños, no estoy soñando. A tu tierra has llegado…

Los que acompañan a Quetzalcóatl reciben guirnaldas de magnolias, rosas y girasoles, collares de flores en los cuellos, en los brazos, en los pechos: la flor del escudo y la flor del corazón, la flor del buen aroma y la muy amarilla.

Quetzalcóatl nació en Extremadura y desembarcó en tierras de América con un hatillo de ropa al hombro y un par de monedas en la bolsa. Tenía diecinueve años cuando pisó las piedras del muelle de Santo Domingo y preguntó: ¿Dónde está el oro? Ahora ha cumplido treinta y cuatro y es capitán de gran ventura. Viste armadura de hierro negro y conduce un ejército de jinetes, lanceros, ballesteros, escopeteros y perros feroces. Ha prometido a sus soldados: Yo os haré, en muy breve tiempo, los más ricos hombres de cuantos jamás han pasado a las Indias.

El emperador Moctezuma, que abre las puertas de Tenochtitlán, acabará pronto. De aquí a poco será llamado mujer de los españoles y morirá por las pedradas de su gente. El joven Cuauhtémoc ocupará su sitio. Él peleará.
Eduardo Galeano. 
Memorias de Fuego.


domingo, 13 de mayo de 2018

EL BOSCO.




Un condenado caga monedas de oro.
Otro cuelga de una llave inmensa.
El cuchillo tiene orejas.
El arpa ejecuta al músico.
El fuego hiela.
El cerdo viste toca de monja.
En el huevo, habita la muerte.
Las máquinas manejan a la gente.
Cada cual en lo suyo.
Cada loco con su tema.
Nadie se encuentra con nadie.
Todos corren hacia ninguna parte.
No tienen nada en común, salvo el miedo mutuo.
Hace cinco siglos, Hieronymus Bosch pintó la globalización —comenta John
Berger.
Eduardo Galeano. Espejos.

miércoles, 28 de marzo de 2018

FUNDACIÓN DE LA ESCRITURA.



Cuando Irak aún no era Irak, nacieron allí las primeras palabras escritas. Parecen huellas de pájaros. Manos maestras las dibujaron, con cañitas afiladas, en la arcilla.

El fuego, que había cocido la arcilla, las guardó. El fuego, que aniquila y salva, mata y da vida: como los dioses, como nosotros. Gracias al fuego, las tablillas de barro nos siguen contando, ahora, lo que había sido contado hace miles de años en esa tierra entre dos ríos.

En nuestro tiempo, George W. Bush, quizá convencido de que la escritura había sido inventada en Texas, lanzó con alegre impunidad una guerra de exterminio contra Irak. Hubo miles y miles de víctimas, y no sólo gente de carne y hueso. También mucha memoria fue asesinada. Numerosas tablillas de barro, historia viva, fueron robadas o destrozadas por los bombardeos.

Una de las tablillas decía:
Somos polvo y nada.

Todo cuanto hacemos no es más que viento.

Eduardo Galeano. Espejos.

viernes, 16 de marzo de 2018

DOMINANTES Y DOMINADOS.



Dice la Biblia de Jerusalén que Israel fue el pueblo que Dios eligió, el pueblo hijo de Dios.

Y según el salmo segundo, a ese pueblo elegido le otorgó el dominio del mundo:
Pídeme, y te daré en herencia las naciones
y serás dueño de los confines de la tierra.

Pero el pueblo de Israel le daba muchos disgustos, por ingrato y por pecador. Y según las malas lenguas, al cabo de muchas amenazas, maldiciones y castigos, Dios perdió la paciencia. Desde entonces, otros pueblos se han atribuido el regalo.

En el año 1900, el senador de los Estados Unidos, Albert Beveridge, reveló:
Dios Todopoderoso nos ha señalado como su pueblo elegido para conducir, desde ahora en adelante, la regeneración del mundo.
Eduardo Galeano. Espejos.



domingo, 11 de marzo de 2018

EGIPCIAS



Heródoto, venido de Grecia, comprobó que el río y el cielo de Egipto no se parecían a ningún otro río ni a ningún otro cielo, y lo mismo ocurría con las costumbres. Gente rara, los egipcios: amasaban la harina con los pies y el barro con las manos, y momificaban a sus gatos muertos y los guardaban en cámaras sagradas.


Pero lo que más llamaba la atención era el lugar que las mujeres ocupaban entre los hombres. Ellas, fueran nobles o plebeyas, se casaban libremente y sin renunciar a sus nombres ni a sus bienes. La educación, la propiedad, el trabajo y la herencia eran derechos de ellas, y no sólo de ellos, y eran ellas quienes hacían las compras en el mercado mientras ellos estaban tejiendo en casa. Según Heródoto, que era bastante inventón, ellas meaban de pie y ellos, de rodillas.

Eduardo Galeano. Espejos. 

martes, 6 de marzo de 2018

EL DIOS DE LA GUERRA.




De frente o de perfil metía miedo el tuerto Odín, el dios más dios de los vikingos, divinidad de las glorias de la guerra, padre de las matanzas, señor de los ahorcados y de los malhechores. Sus dos cuervos de confianza, Huguin y Munin, dirigían sus servicios de inteligencia. Cada mañana partían desde sus hombros y sobrevolaban el mundo. Al atardecer, regresaban a contarle lo visto y lo oído. Las walkirias, ángeles de la muerte, también volaban para él. Ellas recorrían los campos de batalla, y entre los cadáveres elegían a los mejores soldados y los reclutaban para el ejército de fantasmas que Odín comandaba en las alturas. En la tierra, Odín ofrecía botines fabulosos a los príncipes que protegía, y los armaba de corazas invisibles y espadas invencibles. Pero los mandaba al muere cuando decidía tenerlos a su lado, allá en el cielo. Aunque disponía de una flota de mil naves y galopaba en caballos de ocho patas, Odín prefería no moverse. Desde muy lejos combatía este profeta de las guerras de nuestro tiempo. Su lanza mágica, abuela de los misiles teledirigidos, se desprendía de su mano y solita viajaba hacia el pecho del enemigo.

Espejos. Eduardo Galeano. 




sábado, 17 de febrero de 2018

EL AMAR DE LOS AMARES.



Cantó el rey Salomón a la más mujer de sus mujeres. Cantó a su cuerpo y a la puerta de su cuerpo y al verdor del lecho compartido.

El «Cantar de los cantares» no se parece ni un poquito a los demás libros de la Biblia de Jerusalén. ¿Por qué está ahí? Según los rabinos, es una alegoría del amor de Dios por Israel. Según los curas, un jubiloso homenaje a la boda de Cristo con la Iglesia. Pero ningún verso menciona a Dios, y mucho menos a Cristo ni a la Iglesia, que nacieron mucho después de que el «Cantar» fuera cantado.

Más bien parece que este encuentro entre un rey judío y una mujer negra fue una celebración de la pasión humana y de la diversidad de nuestros colores. Mejores que el vino son los besos de tu boca, cantaba esa mujer.

Y según la versión que llegó a nuestros días, ella cantaba también: Negra soy, pero bella, y se disculpaba atribuyendo su color a su trabajo, a pleno sol, en los viñedos.

Sin embargo, según otras versiones, el pero fue agregado. Ella cantaba: Negra soy, y bella.

Eduardo Galeano Espejos.

Una historia casi universal
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