Esposa de Octavio y madre de
Tiberio y del general Druso, abuela de Germánico y Claudio,
bisabuela de Calígula y Agripina la Menor, y tatarabuela de Nerón,
Livia Drusila es la gran matriarca de la dinastía Julio Claudia.
Primera emperatriz de Roma, junto a su esposo Octavio formaron la
pareja romana ideal, y se convirtió en modelo de mujer: madre
entregada, fiel esposa y recatada emperatriz. A lo largo de su vida
pública ejerció una enorme influencia en los asuntos de estado. En
esta escultura es representada con el velo de las sacerdotisas del
culto imperial al divino Augusto.
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domingo, 27 de agosto de 2017
miércoles, 31 de octubre de 2012
MARBODUO
Maroboduo (c. 18 a.C. - 37 d.C.), rey
de los marcomanos, fue uno de los primeros gobernantes germanos en
crear un poderoso, y por momentos estable, estado allende de sus
territorios originales.
Nacido en una familia de nobles
marcomanos, pasó su juventud en Italia, durante el imperio de
Augusto, pero hacia el 9 a.C. regresó a su tierra natal y se puso al
frente de su pueblo.
“Ciertamente, había estado allí de
joven gozando del favor de Augusto; pero volvió para hacerse con el
poder.”
Estrabón. VII. 1,3.
Las legiones romanas amenazaban las
cuencas del Rin y el Danubio, su avance parecía imparable, no
quedarían pueblos libres por estas tierras. En este contexto de
invasión, Druso encontró a los marcomanos y a los hermunduros junto
al Main, los derrotó (año 9 a.C.) obligándoles a desplazarse hacia
el este.
Marboduo guió a los
marcomanos, y contingentes de otras tribus germanas, a unas tierras
resguardadas por el Danubio, la Selva Hercinia y los Alpes, nos
referimos a la actual Bohemia. Tras expulsar de Bohemia a los boios,
que estaban asentados aquí desde el siglo V a.C. y que dieron el
nombre a la región, estableció un estado fuerte. Los boios que
quedaron en la zona quedaron absorvidos e integrados por los
marcomanos invasores.
“En este lugar se
encuentra la Selva Hercinia y los pueblos suevos, los cuales habitan
en el interior del bosque, como los cuados; y en cuyo territorio se
localiza además Boihemo, sede real de Marobodo; un lugar hacia el
que dicho rey trasladó a muchas otras gentes y, en particular, a su
propio pueblo, los marcomanos”.
Estrabón VII. 1,3.
Augusto planteó destruir
el nuevo estado marcomano que estaba convirtiéndose en un serio
peligro para los intereses de Roma en el Corazón de Europa, las
tropas romanas llegaron hasta el Albia, actual Elba, y de esta forma,
Bohemia quedaba rodeada.
En el año 6 d.C. Tiberio
tenía todo preparado para asaltar el estado marcomano. Marboduo
llevaba años entrenando a sus tropas para el decisivo
enfrentamiento, contando con unos 75.000 guerreros. Pero cuando las
legiones romanas estaban prestas para acometer la invasión, estalló
una rebelión en la retaguardia, en Iliria, Panonia y Dalmacia,
dirigidas por el caudillo Batón. Tiberio hubo de detener la ofensiva
para sofocar la revuelta. Además firmó una tregua con Marboduo,
reconociéndolo como rey y aliado de Roma. Que Roma te reconozca como
amigo es preludio casi seguro de traición, tal y como hicieron con
el lusitano Viriato.
En otro orden de cosas,
el año 9 d.C. tuvo lugar el desastre de Teotoburgo, y el querusco
Arminio, con la idea de atraerse para su causa a Marboduo, le envió
la cabeza de Varo. El rey marcomano entregó la cabeza a los romanos,
y permaneció neutral en la guerra de venganza que siguió.
La rivalidad con Arminio
aumentó, pero para Roma, Marboduo seguía siendo un escollo que
frenaba su política expansiva. Ante esta tesitura, desde la Ciudad
Eterna se promovió la disención interna dentro del reino marcomano.
Catualda, al parecer un noble exiliado por Marboduo, regresó y con
el apoyo de otros nobles, a los que Marboduo había retirado sus
privilegios, derrotaron al rey.
Marboduo huyó a Italia,
pidió asilo, y vivió sus últimos días en Rávena, recluido por
Tiberio.
“Maroboduo, por todos
abandonado, no tuvo más remedio que apelar a la misericordia del
César. […] Maroboduo, efectivamente, fue instalado en Rávena”
Tácito. Anales. II, 63.
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sábado, 27 de octubre de 2012
GERMANIA DE TÁCITO (XIII)
37 Los cimbrios, próximos al Océano, ocupan justamente el saliente de la Germania. Pequeña nación en la actualidad, aunque de pasado glorioso. Subsisten amplios vestigios de su antigua fama: espacios destinados a campamentos en ambas orillas, por cuya extensión se puede calcular aún hoy la magnitud y fortaleza de aquel pueblo y dar credibilidad a un éxodo tan grande.
Corría el año 640 de nuestra Ciudad cuando por ver primera se oyeron los hechos de armas de los cimbrios, durante el consulado de Cecilio Metelo y Papirio Carbón. Si contamos desde entonces hasta el segundo consulado del emperador Trajano, tenemos un total de casi doscientos años: ¡tanto va tardando Germania en ser sometida!. En un período tan extenso se han producido mutuos y abundantes reveses. Ni el Samnio, ni los cartagineses, ni Hispania o las Galias, ni siquiera los partos, nos han suministrado tantas lecciones. Sin duda, la libertad de los germanos nos cuesta más cara que el despotismo de Arsaces. En efecto, ¿qué otro trastorno, a no ser la muerte de Craso, nos ha causado el Oriente, sometido por Ventidio y que perdió por su parte, a Pacorro?. Los germanos, en cambio, además de derrotar o capturar a Carbón, Casio, Escauro Aurelio, Servilio Cepión y Máximo Manlio, arrebataron al tiempo cinco ejércitos consulares al pueblo romano; incluso lo mismo sucedió al César y a Varo y sus tres legiones. Si bien los derrotó Cayo Mario en Italia, el divino Julio en la Galia y Druso, Nerón y Germánico en su propio territorio, no fue sin sufrir, a su vez, pérdidas. Posteriormente, las grandes amenazas de Cayo César cayeron en el ridículo. Hubo después paz, hasta que, con ocasión de nuestras disenciones y guerras civiles, tras asaltar los cuarteles de invierno de las legiones, trataron también de invadir las Galias y de nuevo fueron rechazados. En los últimos tiempos, más que victorias nos han dado excusas para que celebremos triunfos.
38 Debo hablar ahora sobre los suevos, que no son un solo pueblo, como ocurre con los catos y tencteros. Ocupan la parte más extensa de Germania y se diferencian por sus respectivos nombres nacionales, aunque se les llama comúnmente suevos. Es típico de esta raza peinarse el pelo hacia un lado y sujetárselo por debajo con un moño; de esta manera, los suevos se diferencian de los restantes germanos y los suevos libres de los esclavos. En otros pueblos se da también, aunque raramente y durante la edad juvenil, ya por algún parentesco con los suevos, o, lo que sucede con más frecuencia, por mimetismo. Los suevos, hasta que encanecen, cardan sus hirsutos cabellos y es frecuente que los lleven atados en lo alto de la cabeza. Los próceres llevan el pelo de forma más rebuscada. Tal es su preocupación por la estética; aunque inofensiva, por cuanto no se adornan para amar o ser amados, sino para aparentar una mayor estatura a los ojos de los enemigos e infundir así el terror al entrar en combate.
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GERMANIA DE TÁCITO (XII)
34 Los dulgubnios, los casuarios y otros pueblos menos conocidos cierran por la espalda a los angrivarios y camavos; los frisios los limitan por la parte frontal. La denominación de frisios mayores y menores proviene de su diferente potencial. Ambas naciones se hallan bordeadas por el Rin hasta llegar al Océano y abarcan también inmensos lagos, surcados incluso por flotas romanas. Es más, por esa zona hemos explorado el mismo Océano. La fama ha divulgado que subsisten todavía las columnas de Hércules, bien porque estuvo Hércules allí, bien porque parecemos estar de acuerdo en atribuir a su gloria todo lo que de grandiosos haya en cualquier parte. Y no le faltó audacia a Druso Germánico; sino que el Océano impidió sus indagaciones sobre él y sobre Hércules. Nadie lo intentó con posterioridad; y ha parecido más piadoso y reverente creer en los hechos de los dioses que conocerlos a ciencia cierta.
35 Hasta aquí nuestras noticias sobre Germania en su parte occidental. Luego se desvía hacia el Norte formando un gran arco. Lo primero que encontramos es la nación de los caucos, que, aunque comienza a partir de los frisios y ocupa parte de la costa, se extiende a lo largo de los flancos de todos los pueblos que acabo de citar, hasta alcanzar el país de los catos, formando un entrante. Tan inmensa extensión de tierras no sólo la ocupan, sino que la abarrotan los caucos, el más noble pueblo entre los germanos y que prefiere defender su grandeza con la justicia. Sin ambiciones ni violencias, en paz e independientes, no provocan guerra alguna, no saquean ni se dedican a robos ni a rapiñas. La mejor prueba de su valor y fuerza es que no pretenden mantener su superioridad con la injusticia. Sin embargo, todos tienen sus armas dispuestas y, si la situación lo requiere, un ejército de muchos hombres y caballos. Su fama es la misma cuando están en paz.
36 En el costado de los caucos y de los catos, los queruscos, al no ser hostigados, alimentaron una paz excesiva y enervante. Y esto fue más agradable que tranquilizador, porque en medio de ambiciosos y potentes la seguridad que se mantiene es falsa; cuando la violencia aparece, la moderación y la honradez son conceptos que se apropia el vencedor. Así, a quienes antes se llamaba los buenos y justos queruscos, ahora son tachados de indolentes y necios. La fortuna se convirtió en sabiduría para sus vencedores los catos. Arrastrados por la ruina de los queruscos, también los fosos, pueblo vecino, participan de su desgracia, aunque en los tiempos felices habían sido inferiores.
sábado, 30 de enero de 2010
BÁTAVOS GERMANOS EN LOS PAÍSES BAJOS
Tácito nos cuenta lo siguiente, de ese pueblo germano, asentado en territorios de los actuales Países Bajos: “Los batavos, que se distinguen por su valor entre todos estos pueblos, no ocupan una gran zona de la orilla, aunque habitan también una isla del Rhin. Eran antaño una tribu de los catos que emigró, por culpa de una revuelta interna, a las sedes en las que pasarían a formar parte del Imperio Romano. Conservan la distinción y la señal de la antigua alianza, pues no son humillados con tributos, ni los arruina el publicano; exentos de cargas y contribuciones, quedan reservados para utilizarlos en combate, como si fueran lanzas y armaduras”.
Los batavos, posiblemente descendientes de los catos y fuertemente celtizados, tenían como capital Niviomagus (Nimega) y otras ciudades como Batavarum Oppidum (Batenburgo) y Batavodurum (Wyck-Durstel), fueron sometidos por Druso en el 12 a.C. Los romanos se aprovecharon de las destrezas militares de los bátavos, llegando Augusto a formar una guardia imperial con ellos. Hacia el 69 d.C. se sublevaron junto a los belgas, acaudillados por Claudio Civilis, aunque fueron derrotados por Cerealis , y siguieron actuando como tropas auxiliares de los ejércitos romanos.Ya en la Antigüedad Tardía, los francos invadieron su territorio a principios del siglo V, produciéndose una fusión entre ambas entidades, y dejó de hablarse por siempre de los batavos.
Los batavos, posiblemente descendientes de los catos y fuertemente celtizados, tenían como capital Niviomagus (Nimega) y otras ciudades como Batavarum Oppidum (Batenburgo) y Batavodurum (Wyck-Durstel), fueron sometidos por Druso en el 12 a.C. Los romanos se aprovecharon de las destrezas militares de los bátavos, llegando Augusto a formar una guardia imperial con ellos. Hacia el 69 d.C. se sublevaron junto a los belgas, acaudillados por Claudio Civilis, aunque fueron derrotados por Cerealis , y siguieron actuando como tropas auxiliares de los ejércitos romanos.Ya en la Antigüedad Tardía, los francos invadieron su territorio a principios del siglo V, produciéndose una fusión entre ambas entidades, y dejó de hablarse por siempre de los batavos.
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