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domingo, 18 de enero de 2015

JIMENO GARCÉS ¿EL REY OLVIDADO DE PAMPLONA?.



Cuando estudiamos el pasado nos movemos entre nombres, fechas y datos, que consideramos seguros y probados (si no lo hiciéramos así sería todo mucho más complicado y caeríamos en un nihilismo absoluto que no nos llevaría a ningún lado). Pero en ocasiones aparece un nuevo documento (o una nueva revisión o interpretación) y esos datos que considerábamos fidedignas, no lo son tanto, y entonces cambia nuestra aprehensión de la historia.

El tiempo mismo hace que las fuentes desaparezcan. En otras ocasiones son los vencedores de la historia los que borran nombres incómodos. La mayor parte de las veces es la comodidad de pisar firme sobre el suelo del conocimiento del pasado, lo que nos hace dar por supuestos determinados acontecimientos. Y la posteridad olvida, o desconoce, esos nombres borrados, eliminados, desplazados o pasados por alto. Uno de esos nombres es Jimeno Garcés.

Jimeno Garcés, el hermano de Sancho Garcés I , sabemos que jugó un papel muy importante a la muerte del rey pamplonés, durante la minoría de edad del heredero, García Sánchez , posiblemente actuando como regente. Probablemente se enfrentó con la viuda de Sancho, la reina Toda, que defendía con uñas y dientes los derechos sucesorios de su hijo García. En ninguna de las múltiples listas de los reyes de Pamplona-Navarra, aparece Jimeno como rey.

Sin embargo, Antonio Ubieto Arteta, basándose en un documento, "los Anales de Pamplona", lanzó otra hipótesis; que Íñigo Garcés fue rey de Pamplona entre el 925 y el 931, año de su muerte. Pudo ser rey de Pamplona, estaba legitimado para ello, de eso no hay duda. Pero murió y la corona acabó en la cabeza de su sobrino García Sánchez. Posiblemente nunca conozcamos la verdad, pero al menos, hemos sembrado la duda.  

viernes, 16 de enero de 2015

SANCHO GARCÉS II ABARCA



Existen determinados individuos que incluso antes de nacer tienen bien marcado su destino, y hagan lo que hagan, no pueden escapar de él. Para algunos puede significar una oportunidad para brillar y alcanzar un elevado grado de realización personal. Pero para otras personas, se convierte en una auténtica tortura. No tengo muy claro si Sancho Garcés II, de sobrenombre Abarca, era de los primeros o de los segundos. De lo que no me queda duda alguna, es que a este rey de Pamplona comenzaron a marcarle el camino que debía seguir desde edad muy temprana.

Sancho Garcés era el hijo de García Sánchez I , rey de Pamplona, y de Andregoto, heredera única del condado de Aragón. Antes de alcanzar la mayoría de edad se le encomendó la tenencia de del citado condado, aunque bajo la paternal supervisión del rey. A la muerte de éste, en el 970, se convirtió en Rey de Pamplona, manteniendo la autoridad sobre Aragón.

El reinado de Sancho Garcés II coincidió en el tiempo con la dictadura militar del azote de los cristianos Almanzor, victorioso una y otra vez en el campo de batalla. Comprendiendo Sacho que con las armas no podía detener al musulmán, él mismo encabezó la embajada del reino y se personó en Córdoba cargado de regalos, para rendir vasallaje al invencible caudillo. Anteriormente, y con la misma intención de evitar los continuos ataques que Almanzor lanzaba sobre tierras cristianas, entregó a su propia hija Urraca al caudillo moro. Urraca adoptó el nombre árabe de Abda, y fue la madre del famoso Abderramán Sanchuelo.


Sancho fue el tercer esposo de una de sus primas hermanas, Urraca Fernández, la hija del conde Fernán González. De este matrimonio nacería García Sánchez II, el siguiente rey de Pamplona. En el 994 falleció Sancho Garcés Abarca, y sus restos descansan junto a otros reyes navarros en el panteón del Monasterio de Santa María la Real de Nájera. Según la información que ofrece dicho monasterio, su esposa, Urraca Fernández yace allí también. Sin embargo, en otro galimatías de la historia (intencionado o no), la reina Urraca tiene su sepultura en el monasterio de Covarrubias al lado de su padre.

El sobrenombre Abarca procede de la costumbre de calzar a sus tropas con abarcas de cuero para caminar sobre la nieve del Pirineo. Según las mismas tradiciones, gracias a este calzado consiguieron los pamploneses sorpresivas victorias que de otra manera hubiesen resultado imposibles.  

miércoles, 14 de enero de 2015

TODA, REINA MADRE DE NAVARRA



Esposa, madre y nieta de reyes, tía carnal del Califa Abderramán, octagenaria y vitalista, casamentera experimentada, diplomática avispada, exigente y amorosa abuela, comandante de ejércitos y una de las mujeres más destacadas de su época. Una auténtica Reina Madre de Navarra.

Nieta del rey Fortún Garcés , hija de Onecca y Aznar Sánchez, y esposa de Sancho Garcés I , el noble que destronó a su abuelo. Su enlace con el nuevo rey navarro fusionó definitivamente las dinastías Arista (o Íñiga) y Jimena, a través del fruto de su seno, García Sánchez I . Además fue abuela de dos reyes de León, Sancho el Gordo y Ordoño el Malo, y además suegra de Fernán González, el poderoso Conde de Castilla.

Al morir su esposo, Toda peleo contra todo, y contra todos para asegurar el trono a su retoño. Nunca dudó en pactar con León o con Córdoba según las necesidades del momento. De la misma manera que nunca que le tembló el pulso para faltar a lo pactado.

Medió, cual adelantada Celestina en los matrimonios de su progenia, casando a sus hijas con lo mejor de cada casa y asegurando la influencia navarra en los principales estados del momento, fraguando decisivas alianzas. A Sancha la casó sucesivamente con Ordoño II de León, con el conde de Álava, Herreméliz, y finalmente con Fernán González. A Oneca con Alfonso IV de León y luego con un emir de Córdoba, y a Urraca con el hermano y rival de Alfonso, Ramiro II.

Tía carnal del gran califa Abderramán III, en ocasion de una razzia andalusí que se dirigía hacia Pamplona, Toda invocó a los antepasados y a la importancia de los lazos sanguíneos para obligarle a renunciar a su presa. Cuando se presentó en el campamento musulmán para rendir vasallaje fue recibido con altos honores de Reina.

Cuentan ciertas crónicas ultrapirenaicas, que durante la Batalla de Simancas , celebrada victoria cristiana sobre el Islam, la misma Toda, montada a caballo, empuñó la espada que dirigó las mesnadas cristianas hacia el triunfo en la lid.

Abuela exigente y amorosa, con casi ocho décadas de vida, no dudó en obligar a su nieto Sancho I el Craso, depuesto rey de León a consecuencia de su sobrepeso, a viajar a Córdoba para someterse a una cura de adelgazamiento con los especialistas médicos del califato. Después de la convalecencia, con el apoyo de Abderramán se dirigó a León y recuperó el trono para Sancho.


Murió la reina Toda en el año 958, satisfecha de haber vivido una vida plena y haber sido protagonista en los principales teatros de su época.  

martes, 13 de enero de 2015

GARCÍA SÁNCHEZ I DE PAMPLONA



A la temprana edad de seis años heredó la corona del Reino de Pamplona tras la muerte de su padre Sancho Garcés I . Su tío Jimeno Garcés, y especialmente su madre, la Reina Toda, se ocuparon de la regencia y de que el joven García se hiciese un hombre sentado en el trono.

Tres hermanas del rey estuvieron casadas con reyes leoneses; Urraca con Ramiro II, Sancha con Ordoño II (antiguo aliado de su padre) y Oneca con Alfonso IV, de tal manera que se consolidaron los lazos fraternales entre ambos reinos. En todas estas uniones tuvo un destacado papel como casamentera la reina Toda. Esta influencia Navarra en León obligó al monarca de Pamplona a intervenir en los continuos conflictos y guerras civiles que sufría un inestable Reino de León.

Por otro lado, García Sánchez se casó con Andregoto, hija del conde de Aragón Galindo Aznar II, un matrimonio que posibilitó la futura unió de los dos reinos. Más tarde la unión fue declarada nula por motivos de parentela, puesto que los contrayentes eran primos. No obstante la disolución matrimonial no pudo anular la unión dinástica y el hijo de ambos, Sancho Garcés II Abarca, recibió la doble herencia: Pamplona y Aragón. Más tarde, García Sánchez contrajo matrimonio con Teresa Ramírez, la hija de Ramiro II de León.

Posiblemente la acción más destacada de este rey fue su intervención, junto a Ramiro II de León y el conde Fernán González, en la famosa Batalla de Simancas , donde una coalición cristiana obtuvo una celebrada victoria, cuyos ecos resonaron más allá de los Pirineos, sobre las poderosas tropas del califa Abderramán III, primo del rey navarro.

Motivado por los lazos familiares y la habitual colaboración entre reinos, en el 961 intervino en las disputas entre el Reino de León y el Condado de Castilla, apresando incluso a Fernán González. A pesar de todo, hizo oídos sordos a la petición de Alhakén II de que le entregase al levantisco conde castellano, y poco después lo dejó libre.

Fernán González, además de poderoso aliado en el campo de batalla, fue primero cuñado de García Sánchez, al contraer matrimonio con su hermana Sancha, y más tarde yerno, pues cuando hicieron las paces, se casó con Urraca Garcés, hija del navarro. A esta nueva alianza, respondió el califa enviando a su ejército a tierras navarras, y tras varias derrotas, el rey García mandó un embajada a Córdoba solicitando el cese de las hostilidades y la firma de la paz.


En el 970, el mismo año que Fernán González, fallecía García Sánchez I. Simultáneamente los dos estados cristianos quedaban huérfanos de sus líderes, y aunque Navarra iba cimentando su hegemonía sobre los territorios cristianos, el Califato había reforzado su supremacía absoluta.  

viernes, 9 de enero de 2015

ONECCA FORTÚNEZ, ABUELA DEL CALIFA Y DEL REY DE NAVARRA.



Los frutos del vientre de esta infanta de Navarra conectaron genéticamente los linajes cristianos y musulmanes reinantes en Córdoba y en Pamplona. 

Hija de Fortún Garcés un príncipe navarro (y futuro rey) que fue capturado y pasó gran parte de su vida como rehén en Córdoba. Onecca siguió a su padre, de forma voluntaria u obligada a hacerlo, y terminó desposándose con el emir Abdullah. Durante su estancia en tierras andaluzas recibió el apelativo de Durr, "perla", y entre su descendencia cordobesa sobresale un nombre por encima de todos, un nieto, llamado a proclamar el Califato Independiente de Córdoba, nos referimos, como no, a Abderramán III. 

En el año 870, tras más de veinte años de residencia en el cálido valle del Guadalquivir, su padre Fortún regresa a Navarra para convertirse en su rey. Nuevamente, una abnegada Onecca une su destino al de su progenitor, y le acompaña en esta nueva etapa vital. 

Una vez establecida en la corte de Navarra contrae matrimonio con el conde Aznar Sánchez de Larraún. De este enlace nace, entre otros hijos, Toda, que casó con Sancho Garcés I , sucesor de Fortún Garcés y termina convirtiéndose en auténtica Reina Madre de Navarra. Este matrimonio propicia además la unión de las dos dinastías reinantes en Pamplona, la Íñiga y la Jimena.  El hijo de Toda, García Sánchez I también ciñó la corona de Navarra. 

Durante un tiempo dos nietos de Onecca, Abderramán III y García Sánchez I rigieron los destinos de los más poderosos estados de la Península Ibérica.

miércoles, 22 de octubre de 2014

BATALLA DE SIMANCAS.



En el año 939 cerca de Simancas, provincia de Valladolid, tuvo lugar una trascendental batalla para la evolución posterior de las relaciones de fuerza entre cristianos y musulmanes en suelo ibérico.

Abderramán III, el Califa, partió de Córdoba con un numeroso y poderoso ejército con el firme objetivo de propinar un golpe definitivo a los molestos reinos cristianos del Norte. Las fuentes árabes de la época hablaban de esta campaña como "la Campaña de la Omnipotencia" - Gazat al qudra. Pero, cosas de la vida, sucedió más bien al contrario. 

Un ejército cristiano inferior, formado por fuerzas coaligadas de Ramiro II de León, la reina Toda de Navarra, y los condes castellanos Fernán González y Ansur Fernández, venció por sorpresa, y contra pronóstico, al imparable rodillo andalusí. Bien es cierto que la profunda crisis interna por la que atravesaba León, impidió a este reino rentabilizar al máximo la victoria. No obstante, la derrota musulmana trajo consigo notables repercusiones en la vida interna de Al Andalus, y gracias a esta victoria, los cristianos lograron consolidar sus posiciones en la Cuenca del Duero. Por primera vez los Reinos Cristianos se erguían con orgullo por encima del omnímodo poder codobés, tornando en agresiva política ofensiva, lo que hasta ese momento fue la resistencia a ultranza de las posiciones defensivas de cada reino. 

El heterogéneo ejército andalusí, formado por reclutas andaluces, militares profesionales, miembros de tribus bereberes, soldados de las provincias militarizadas y voluntarios, inició una expedición de castigo, con el fin de humillar a los cristianos, por las tierras de nadie al sur del Duero. Una vez en las inmediaciones de Simancas las tropas cordobesas acamparon y fueron atacados por sorpresa. Las huestes cristianas estaban dirigidas por Ramiro II y García Sánchez I de Navarra (hijo de la reina Toda), el choque fue violento y se prolongó cuatro días (6-9 agosto). Según las conclusiones de los últimos estudios realizados por Pedro Chalmeta, este primer enfrentamiento terminó en tablas. 

Abderramán decidido a postrar al cristiano, continuó su campaña de saqueo y destrucción, remontando el río Duero. A finales de agosto el ejército andalusí penetró en "abruptos barrancos, tremendos precipicios y escarpados tajos" y los cristianos "gritando desde las cimas de las montañas, bajaron como cabras". Algunos oficiales del ejército musulmán rompieron filas, provocando una desbandada general y la consiguiente masacre. 

El califa no tuvo más remedio que huir y buscar refugio en Guadalajara junto con algunos supervivientes de su ejército. Esta fue la última campaña que Abderramán dirigió personalmente contra los cristianos. 
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