viernes, 12 de junio de 2015

SEGISMUNDO DE LUXEMBURGO



Roma, Ciudad Eterna y Caput Mundi, 31 de mayo del año 1433, el Papa Eugenio IV corona como emperador del Sacro Imperio a Segismundo de Luxemburgo, que se convierte, a partir de ese momento, en el monarca más poderoso de la Europa católica. A la corona de Hungría y a la de Bohemia, sumaba ahora el cetro imperial. A mayor poder, mayor número de rivales. Prácticamente los venció a todos, a unos con la espada, a otros con buenas palabras. Solo hubo una turbia amenaza que no fue capaz de conjurar, la expansión otomana. 

Segismundo era hijo de Carlos IV , el emperador que puso todo su empeño en convertir Praga en la ciudad más hermosa de Europa. Para reforzar sus relaciones con la Santa Corona húngara, Carlos casó a Segismundo con María, la hija del rey húngaro Luis el Grande . Ese enlace permitiría a Segismundo convertirse en rey de Hungría. Nacido en Alemania, Nuremberg, de ascencencia Bohemia, a lo largo de su vida, el futuro emperador, hijo de emperador, se fue identificando profundamente con su patria adoptiva, Hungría.

Cuando murió Luis el Grande, su hija María fue coronada reina de Hungría con todo el boato y ceremonial pertinente. Algunos años después, Segismundo también fue coronado y aceptado como rey de Hungría por el pueblo magiar. En la práctica, gobernó sólo. Instaló su corte en la colina de Buda, que se alza majestuosa sobre el Danubio , y que con el tiempo, unida a Pest, se convirtió en la más fascinante capital de toda Europa Central. Remodeló el castillo, que se fue convirtiendo en un palacio de bellos contornos.

Ferviente defensor del catolicismo pasó gran parte de su vida, y de su reinado, luchando en favor de la Iglesia. En 1396 dirigió una desafortunada cruzada que acabó en desastre en la batalla de Nicópolis, donde el ejército cristiano fue superado tácticamente por los generales otomanos. El propio rey estuvo a punto de perder la vida.

La expansión del Islam por Europa oriental era solamente una de sus preocupaciones, pues la Iglesia Católica estaba inmersa en una tremenda crisis institucional, con tres papas que se consideraban legítimos, Juan XXIII, Gregorio XII y Benedicto XIII, el Papa Luna. Aquí también Segismundo tomó cartas en el asunto. En 1413 convocó el Concilio de Constanza con el objetivo de terminar con este despropósito, y después de dimes y diretes, tensas negociaciones y un poco de voluntad por parte de todos, Martín V es elegido Papa, poniendo fin al Cisma de Occidente.

Pero en el Concilio de Constanza también había otro asunto espinoso que tratar, la herejía del bohemio Jan Hus. El propio Hus fue convocado al concilio, y el incauto se presentó inocentemente allí. A pesar de defender sus postulados, no pudo convencer a los inmovilistas censores de la iglesia, y el pobre Hus fue juzgado, condenado y finalmente quemado en la hoguera. Este acontecimiento traería a Segismundo más de un quebradero de cabeza, y posiblemente, un sentimiento de culpa. En 1419 murió su hermano Wenceslao, rey de Bohemia, por tanto la corona pasaba a Segismundo, pero se encontró con la durísima oposición de los seguidores de Jan Hus, conocidos como husitas, iniciándose un conflicto bélico conocido como “guerras husitas”. Nuevamente la religión como excusa política. Jan Zizka “el Tuerto” uno de los más celebrados estrategas de la Baja Edad Media, dirigió con maestría los ejércitos husitas, a los que Segismundo opuso al mejor de sus comandantes, Janos Hunyadi . Un largo conflicto que se prolongó durante quince años, sin que ninguno de los dos bandos consiguiese una victoria clara y definitiva. Cuando la diplomacia falla, se recurre a la guerra. Cuando la guerra no soluciona los problemas se vuelve a la diplomacia. En 1434, se firma el Tratado de Basilea, Segismundo, con el apoyo del papa Eugenio IV, acepta cierta libertad de culto religioso, y los bohemios reconocen a Segismundo como su rey.

Tras la muerte de María, Segismundo no estaba dispuesto a renunciar al amor y a los placeres de la carne, y se enamoró de una joven de la nobleza, con origen esloveno, Bárbara de Celje, con la que contrajo matrimonio en 1408. De este matrimonio nació su única hija, Isabel, que se casó con Alberto , hijo del duque de Austria, Alberto IV. Decidido a dejarlo todo atado, y bien atado, Segismundo nombró sucesor y heredero a su yerno, que reinaría en Hungría y sería conocido por el sobrenombre de “el Magnánimo”.

Segismundo de Luxemburgo, es también conocido por haber fundado la “Orden del Dragón”, que tanta tinta (y sangre) ha hecho correr. Una enigmática orden, con fama de esotérica, concebida para luchar contra el Imperio Otomano y defender a la iglesia católica de sus enemigos. Creo que no hace falta añadir, que la fama de dicha orden, se relaciona con la pertenencia a la misma de Vlad II , el padre de Vlad III el Empalador, elevado a los altares de la cultura popular del siglo XX, como Drácula, gracias a la transmutación literaria que del personaje propició el irlandés Bram Stoker. La Orden del Dragón, que algunos ocultistas vinculan con supuestos conocimientos sobre magia póstuma, ha servido de inspiración, como templarios, masones y rosacruces, a las mentes más dadas a la ensoñación literaria y la fantasía.

Rey de Hungría, rey de Bohemia, Emperador de la Iglesia, con Occidente destruyéndose en la Guerra de los Cien años, y oriente convulsionada por las campañas turcas, Segismundo fue durante algunos años, el hombre más poderoso de Europa. Fe, perseverancia, determinación y buen talante fueron sus armas, convencido de que lo que no se obtiene con la espada, se consigue con las palabras. En 1437 falleció Segismundo, y fue sepultado en Nagyvárad, actualmente Oradea en Rumanía, junto a la tumba de uno de los reyes santos húngaros, San Ladislao .

jueves, 11 de junio de 2015

DEPÓSITO VOTIVO DE LA RÍA DE HUELVA.



Hombres y mujeres desde la Prehistoria, infancia misma de la Humanidad, sintieron especial devoción por determinados cursos de aguas, como el gran Danubio o el Ljublianica, a los que arrojaban armas, joyas u otros objetos, en señal de ofrenda y sacrificio. Esta costumbre está especialmente documentada entre los tracios y otros pueblos que estaban asentados en las tierras bañadas por el Danubio.


En el año 1923 fue encontrado en la ría de Huelva un conjunto formado por unas cuatrocientas piezas, en su mayoría armas (espadas, lanzas y puñales), aunque también fíbulas y broches, correspondientes al Bronce Final.


Esta valioso conjunto se relaciona con un lugar ceremonial, donde estos objetos eran ofrendados a las aguas, con la particularidad de que este es uno de los mayores depósitos acuáticos localizados en Europa Occidental.


Estas ceremonia, cuyo clímax debía coincidir con el momento en que las armas eran arrojadas al fondo de la ría, se han interpretado como ofrendas a la divinidad, que tendría su morada bajo las aguas, o las mimas serían su elemento representativo, o bien como un rito de paso en ocasión de la muerte de su poseedor. En este último caso ¿podemos suponer que también se arrojaban al agua las cenizas del difunto?.




miércoles, 10 de junio de 2015

LEONOR I DE NAVARRA, LA REINA EFÍMERA.



Los últimos años del siglo XV y las primeras décadas de la siguiente centuria son, a buen seguro, lo más convulsos y trascendentales de toda la historia de Navarra. En 1479 murió Juan II de Aragón. Su hijo Fernando heredó Aragón y su hija Leonor, Navarra.

Leonor de Foix era la hija menor de Juan y de su primera esposa, Blanca de Navarra. El calcularo Juan la nombró heredera a cambio del apoyo de su marido, Gastón IV conde de Foix, en las incómodas revueltas catalanas. Pero Leonor, ojito derecho de su padre, tuvo que heredar de él buena parte de su carga genética, ya que también puso su granito de arena para allanarse el camino hasta el trono, en forma de veneno que utilizó para quitarse de enmedio a su hermana mayor, Blanca, que la antecedía en la línea sucesoria.


Cuando llegó al trono Leonor ya era viuda, había perdido a su hijo Gastón, que sin embargo, le había dejado un heredero joven y hermoso en la figura de su nieto Francisco el Febo. No obstante, el reinado de Leonor fue como un suspiro, coronada en Tudela en enero de 1479, falleció dos semanas después. Su reinado no llegó a ver la primavera.  

SARAJEVO, LA JERUSALÉN DE EUROPA.



La capital de Bosnia-Herzegovina, un fascinante país, es conocida como la Jerusalén de Europa, debido a la tradicional diversidad religiosa (que no quiere decir que siempre se lleven bien) formada por católicos, musulmanes, ortodoxos y judíos. En Sarajevo el centro de Europa se abraza con el Mediterráneo, y el Oriente islámico se da la mano con el Occidente cristiano.



Enclavada en el valle de los Alpes Dináricos, por donde fluye el río Miljacka, que discurre por el corazón mismo de Sarajevo. Aunque la presencia humana está atestiguada desde la prehistoria, la ciudad propiamente dicha fue erigida por los otomanos para tener una capital en el región.



En 1429 los turcos conquistaron una fortaleza eslava, Vrh Bosna, a partir de la cual desarrollaron Sarajevo. Isa Beg Isakovic fue el primer gobernador turco de la ciudad, cuya fecha de fundación fue en 1461. Con el tiempo se convirtió en la urbe otomana más importante de los Balcanes.



El bazar, bascarsija, y sus impresionantes mezquitas son el recuerdo en piedra de un pasado otomano, y un presente que sigue siendo mayoritariamente musulmán.



Más tarde formó parte del ambicioso Imperio Austrohúngaro y un trágico 26 de junio del año 1914, un estudiante nacionalista bosnio, Gavrilo Princip, miembro de un grupo terrorista (posiblemente anarquista) asesinó junto al Puente Latino (Latinska cuprija) a Franz Ferdinand, heredero al trono de Austria-Hungría, y a su esposa Sophia Chotek. Varios días más tarde comenzaba la Primera Guerra Mundial.



En la Guerra de Yugoslavia de los años '90, Sarajevo fue una de las ciudades más castigadas por la artillería serbia. Durante mi adolescencia, pasaba largos ratos indignado delante de telediarios e informativos varios, que anunciaban un día si y otro también, que la ONU aplazaba su intervención en los Balcanes (en la Primera Guerra del Golfo no lo pensaron tanto) mientras miles de bosnios eran masacrados a diario. Esto me sirvió para abrir los ojos ante la podredumbre institucional de las altas esferas del poder. Durante cuatro largos años que duró la guerra (1992 - 1995) la ciuda fue prácticamente reducida a escombros. Actualmente es una dinámica, y agradable urbe, pues el bosnio, es un pueblo entrañable y acogedor.



Sarajevo me recuerda lejanamente a Granada, sus montañas, su río y el Islam, el mundo bereber y nazarí, frente al mundo turco otomano.


...y tras más de 5000 kilómetros, muchos de ellos por estrechas carreteras, después de haber atravesado España, Francia, Italia, Eslovenia, Croacia, Montenegro, parte de Albania y la mitad de Bosnia, terminamos una calurosa tarde estival sentados disfrutando de un café en una bar del viejo bazar de Sarajevo....




LOS CUATRO CICLOS.



Cuatro son las historias, una, la más antigua, es la de una fuerte ciudad que cercan y defienden hombres valientes. Los defensores saben que la ciudad será entregada al hierro y al fuego y que su batalla es inútil; el más famoso de los agresores, Aquiles, sabe que su destino es morir antes de la victoria. Los siglos fueron agregando elementos de magia. Se dijo que Helena de Troya, por la cual los ejércitos murieron, era una hermosa nube, una sombra; se dijo que el gran caballo griego en el que se ocultaron los griegos, era también una apariencia. Homero no habrá sido el primer poeta que refirió la fábula; alguien, en el siglo catorce, dejó esta línea que anda por mi memoria: The borgh brittened and brent to brontes and ashes. Dante Daniel Rosetti, imaginaría que la suerte de Troya quedó sellada en aquel instante en que Paris arde en amor de Helena; Yeats elegirá el instante en que se confunden Leda y el cisne que era un dios.

Otra, que se vincula a la primera, es la del regreso. El de Ulises, que, al cabo de diez años de errar por mares peligrosos y de demorarse en islas de encantamiento, vuelve a su Itaca; el de las 
divinidades del Norte que, una vez destruida la tierra, la ven surgir del mar, verde y lúcida, y hallan perdidas en el césped las piezas de ajedrez con que antes jugaron.

La tercera historia es la de una busca. Podemos ver en ella una variación de la forma anterior. Jasón y el Vellocino; los treinta pájaros del persa, que cruzan mares y montañas y ven la cara de su Dios, el Simurgh, que es cada uno de ellos y todos. En el pasado toda empresa era venturosa. Alguien robaba, al fin, las prohibidas manzanas de oro; alguien, al fin, merecía la conquista de Grial, Ahora, la busca está condenada al fracaso. El capitán Ahab da con la ballena y la ballena lo deshace; los héroes de James o de Kafka sólo pueden esperar la derrota. Somos tan pobres de valor y de fe, que ya el happy- ending no es otra cosa que un halago industrial. No podemos creer en el cielo, pero sí en el infierno.

La última historia es la del sacrificio de un dios. Attis, en Frigia, se mutila y se mata; Odín, sacrificando a Odín, Él mismo a Sí mismo, pende del árbol nueve noches enteras y es herido de lanza; Cristo es crucificado por los romanos.

Cuatro son las historias. Durante el tiempo que nos queda seguiremos narrándolas, transformadas.
El oro de los tigres
Jorge Luis Borges.

martes, 9 de junio de 2015

SAN MARTÍN DE UNX.



Un pueblo románico gótico medieval en la zona media de Navarra, con calles escarpadas, que se desarrolla montaña abajo, a partir de la iglesia de San Martín de Tours, un interesante ejemplo del románico navarro. 


Para mi desgracia no pude visitar su interior al estar cerrada cuando pasamos por allí.


La iglesia está íntimamente relacionada con el origen de la localidad, pues los caseríos se apiñaban en la parte alta de la colina alrededor de un pequeño castillo conocido popularmente como "Ferrante". 



Con el tiempo el castillo desapareció y en su lugar se consagró una iglesia románica dedicada a San Martín de Tours.



En la zona baja de la localidad se alza una iglesia del siglo XIII de una sola nave, Santa María del Pópolo. Durante la Edad Media este templo formaba parte del recinto amurallado, de ahí la casi ausencia total de vanos.




El cineasta Terry Gillian llegó hasta San Martín de Unx buscando a su particular Don Quijote. 


CARLOS, EL PRÍNCIPE DE VIANA.



Carlos, Príncipe de Viana, hijo de Blanca de Navarra y de Juan de Aragón, el testamento de su madre le dejó con el culo al aire y enfrentado a su padre. Blanca era reina legítima de Navarra, Juan simplemente el consorte, y Carlos el heredero. Pero Blanca, antes de morir quiso embrollar un poco la cosa, y dejó escrito que Carlos no tomase la corona sin el consentimiento de su padre. Y claro, ellos, tan machos y masculinos, arreglaron las cosas de la única manera que saben hacerlo los hombres, a tortas. Una enemistad que alcanzó odio visceral cuando Juan contrajo nuevas nupcias con Juana Enríquez. Por tanto, el pequeño reino navarro se vio enfrascado en una guerra civil, con el clan de los beaumonteses y el condestable castellano Álvaro de Luna apoyando al hijo, y los agramonteses al padre. Además de por ser hijo desobediente que nunca quiso doblegarse ante su ambicioso padre, y conformarse simplemente con ser lugarteniente del reino, Carlos de Viana, que había recibido esmerada educación en la corte de Olite, en la que puso especial interés su abuelo Carlos III, destacó como mecenas y promotor de las artes. Vamos un auténtico príncipe del Renacimiento. Pero se topó con un mal rival. El ejército de Carlos cayó derrotado en la batalla de Aibar en 1451 y a partir de ahí no pararon las desgracias. Fue prisionero de su padre durante dos años, y más tarde desheredado. Viajó a Nápoles a pedir ayuda a su tío Alfonso V, y casi no lo ve con vida. Intentó arreglar un matrimonio con la infanta de Castilla Isabel (futura reina Católica) pero Juan II tenía un candidato mejor, el hermanastro de Carlos, Fernando (que acabaría llevándose a Isabel al huerto). La estrella de Carlos se iba apagando irremediablemente, pero aún así decidió jugar una última carta. En 1461, en medio del descontento y los disturbios que asolaban Barcelona por el enfrentamiento entre la biga y la busca, Carlos se personó en la ciudad condal, y los catalanes sublevados contra el rey Juan, lo convirtieron en el estandarte de su lucha. Mas el destino no tenía prevista la gloria para el Príncipa de Viana, y en septiembre de ese mismo año murió de tuberculosis en el Palacio Real de Barcelona. Nunca faltaron las sospechas de que su muerte fue debida al veneno. Ni de que su madrastra Juana Enríquez estaba detrás de la maniobra.

lunes, 8 de junio de 2015

HERRAMIENTAS, ¿PARA QUÉ?.



El empleo de herramientas y la posición erguida evolucionaron al unísono. Cuanto más dependían los australopitécidos de las herramientas, mayor se fue haciendo la diferencia entre sus pies y sus manos, y cuanto más aumentaba ésta, más aumentaba su dependencia de las herramientas. Pero, ¿para qué? ¿Qué beneficio les reportaba esto? Casi con toda seguridad, la respuesta tiene que ser que las herramientas los capacitaban para consumir alimentos nutritivos del suelo que los simios cuadrumanos y arborícolas no podían explotar con tanta eficacia.

A medida que estas fuentes terrestres de alimentación sustituían en la dieta a los frutos arbóreos, la selección natural favoreció a los individuos que trocaron las pérdidas asociadas a la disminución de la capacidad de trepar por las ventajas de la nueva dieta. Pero, ¿qué había en el suelo que resultaba tan atractivo para que los simios, a fin de conseguirlo, invirtiesen en la fabricación y el transporte de herramientas? Dejémonos guiar por los chimpancés. Sabemos que éstos invierten en la fabricación y empleo de herramientas, sobre todo para cazar insectos ocultos dentro de montículos y escondrijos. 

Ramas y palos constituyen sus herramientas favoritas en estas cacerías. Algunos observadores reseñan que, durante una hora entera, los chimpancés de Gombe transportan herramientas bien fabricadas para cazar termitas de un termitero a otro, cubriendo una distancia total de un kilómetro. Hormigueros y termiteros son mayores y más fáciles de divisar en la sabana abierta de árboles dispersos que en la propia selva. Podemos imaginar a los antepasados de los australopitécidos aventurándose por temporadas a salir de la selva en pos de los paquetes de grasas y proteínas, altamente nutritivos, encerrados en estas fortalezas de insectos. Alejados los hormigueros de donde se encontraban los instrumentos apropiados para pescar, hurgar, explorar y escarbar, habría que transportar las herramientas o la materia prima para fabricarlas cubriendo distancias mayores que en la selva. Los individuos que fabricasen los mejores palos y los manejaran con más habilidad disfrutarían de dietas más ricas en grasas y proteínas, serían más fuertes y sanos y dejarían más descendencia. A medida que aumentasen la frecuencia y la duración de las expediciones en campo abierto, los antepasados de los australopitécidos empezarían pronto a aprovechar recursos alimentarios adicionales, disponibles en el nuevo hábitat. En ciertas estaciones las semillas de las hierbas se podían pelar y comer. Durante la excavación en busca de insectos subterráneos, descubrirían inevitablemente bulbos, tubérculos y raíces comestibles, ricos en calorías, que siguen constituyendo en la actualidad un recurso importante para los cazadores-recolectores [foragers] humanos de Africa. Conseguir este tesoro subterráneo daría lugar a intentos de mejorar el palo de escarbar (quizá mordiendo uno de sus extremos para hacerlo más puntiagudo o frotándolo contra las piedras para alisarlo y afilarlo).

Si, una mañana hace cinco millones de años, hubiésemos estado presentes en el confín de la selva con la sabana, habríamos vislumbrado la siguiente escena: nuestros antepasados, todavía entre las sombras, permanecían de pie, oteando nerviosos el panorama soleado. A cierta distancia, hubiera podido confundírseles fácilmente con una familia de chimpancés, excepto que cuando comenzaron a avanzar por la hierba se mantuvieron erguidos. Todos los adultos sostenían un palo afilado en la mano. Aquella mañana se había dado cita allí toda nuestra historia: todo lo que íbamos a ser y todavía podemos ser.
Marvin Harris. Nuestra especie.

VLAD II, EL CABALLERO DEL DRAGÓN.



Conocido por ser el padre del archiconocido Vlad Tepes , el auténtico Drácula, su actuación política nada tiene que envidiar a la de su hijo, y para ser justos, Vlad II y no Vlad III, es el auténtico caballero de la Orden del Dragón.

Hijo de Mircea I el Viejo (o el Grande), uno de los más reputados príncipes de la historia de Valaquia (Rumanía) hacia 1418 llegó a la corte de Segismundo de Luxemburgo, rey de Hungría, como rehén para garantizar la lealtad de su padre. Tras varios encuentros y desencuentros a lo largo de una década, en 1431, en solemne ceremonia, Segismundo, flamante emperador del Sacro Imperio, nombró a Vlad voivoda de Valaquia y lo armó caballero de la Orden del Dragón, fundada en 1418 para luchar contra los turcos y combatir a los herejes husitas. Vlad se convierte en defensor de la frontera transilvano -valaca, un territorio que el rey húngaro pretendía reforzar como un estado tapón contra la Sublime Puerta. Tras la dieta donde el nuevo voivoda juraba lealtad al Emperador, se instaló en la ciudad de Sighisoara.

Pero nada iba a resultar sencillo, los turcos tenían a su propio candidato, Alexandru Aldea, hermanastro de Vlad. Los húngaros no ofrecieron mucha ayuda, así es que Vlad se las tuvo que ingeniar para derrotar a su medio hermano y establecerse en Tirgoviste, la capital del principado.



Vlad nadaba entre dos aguas, con un ojo en oriente y el otro en occidente. Este tipo de nobles de frontera, siempre terminaban vendidos, sin el imprescindible apoyo húngaro y ante la movilización de las tropas turcas, Vlad optó por la opción que consideraba más oportuna para conservar el trono, rendir homenaje al sultán, eso sí, sin enemistarse con los magiares. Para asegurarse la frágil lealtad, el sultán exigió a los hijos como rehenes, Vlad, el futuro empalador, y Radu.

En 1441 Janos Hunyadi se convirtió en capitán general de Transilvania, y en la práctica, comandante supremo de las tropas que debían defender el flanco oriental del mundo cristiano. Con sus hijos en Anatolia y las fuerzas húngaras en suelo patrio, Vlad no fue capaz de comprometerse con ninguno.

La hora de la verdad llegó en 1444, cuando un gran ejército cristiano, a instancias del Papado, se aprestaba a expulsar a los turcos de Europa. Cuando Vlad contempló las exiguas tropas, comentó al comandante Hunyadi, que la batalla estaba perdida de antemano, pues el sultán lleva a más hombres cuando sale de cacería. Al parecer el comentario enfureció a Hunyadi y Vlad se negó a participar personalmente en la campaña. Eso sí, envió a su primogénito Mircea al mando de un destacamento.

La batalla de Varna fue un desastre, y los cronistas polacos y húngaros no tardaron en encontrar un culpable, Mircea el valaco. Tras el descalabro Hunyadi consiguió huir, pero a su paso por Valaquia fue apresado por Vlad, que de esta forma hacía evidente su traición. Posiblemente Vlad quería congraciarse con el sultán, pero ante la pasividad de este y las presiones desde Hungría, el voivoda valaco accedió a liberar al comandante húngaro.


La fría venganza se hizo esperar. En 1447, deseoso de reforzar Valaquia, Hunyadi marchó a través de los Cárpatos, se negó a negociar con Vlad y se lanzó a la batalla. Los valacos fueron claramente derrotados, Vlad pudo huir, pero su hijo Mircea fue apresado y ejecutado. Pocos días después, los enemigos de Vlad, lo encontraron y apalearon hasta la muerte. Su tumba probablemente no haya existido nunca, y es que en este contexto, era imposible morir en paz.

domingo, 7 de junio de 2015

DROMIQUETES, REY DE LOS GETAS.



Los dacios, conocidos también como getas, eran un valiente y aguerrido pueblo que vivían al norte del Danubio, un territorio que corresponda, a grandes rasgos, con la Rumanía actual. Dromiquetes reinaba sobre varios de estos grupos tribales y dominaba un vasto territorio que abarcaba parte del Valle del Danubio y se extendía hasta los Cárpatos, situándose su capital, Helis, en la llanura de Valaquia. Estos getas guerreaban dinámicamente contra todo aquel que atravesase sus dominios, en cierta ocasión Dromiquetes consiguió vencer en batalla a Lisímaco, uno de los sucesores del gran Alejandro, y hacerlo prisionero. En tierras de los getas, un humilde y diplomático Dromiquetes, mostró la pobreza de su pueblo y lo inoportuno de guerrear contra ellos, siendo más beneficioso establecer una alianza. Esta alianza se confirmó con la boda entre una hija de Lisímaco y el propio Dromiquetes.

ANTONIO LOREDAN



El poder económico de Venecia estuvo sustentado sobre los hombros de mercaderes y capitanes. Antonio Loredan fue uno de esos capitanes cuya actividad en el campo de las armas resultó imprescindible para la supervivencia del inmenso imperio comercial desarrollado por la República de San Marco. 

Antonio Loredan estuvo casi toda su vida destinado o bien a la Venecia Adriática o bien a la Albania Veneciana, y fue sucesivamente gobernador de la ciudad de Morea, gobernador de Split y capitán general de la fortaleza albanesa de Scutari (Shkodra). Precisamente dirigió la defensa de la ciudad durante el fracasado asedio al que fue sometida por los turcos en el año 1474.

Tras su éxito en la defensa de Scutari fue reconocido como héroe de guerra y galardonado con el título honorífico de Caballero de San Marco. Posteriormente trabajó para que los genoveses no conquistaran la isla de Chipre y finalmente, en 1482, contrajo una fiebre mortal durante la Guerra de Ferrara. 

sábado, 6 de junio de 2015

FLAUTA DE DIVJE BABE.



¿Imaginamos alguna vez a un hombre, o mujer, de Neandertal amenizando una velada, tras una dura jornada, con las suaves notas musicales de una flauta?. Pues esta escena pudo suceder en algún rincón de Europa Central hace 55.000 años.


Esta flauta de hueso, uno de los instrumentos musicales más antiguos que se conocen, fue descubierta en 1995 en la cueva de Divje Babe (Eslovenia) durante una campaña de excavación dirigida por Ivan Turk. La cueva era frecuentada durante época glacial tanto por osos como por neandertales, y posteriormente por los primeros cromañones. La cronología de la flauta, unos 55.000 años, es algunos milenios anterior a la llegada de los sapiens, de ahí que sea atribuida al (¿genio creador?) Neandertal. Existen ciertos investigadores que se niegan a reconocer que el Hombre de Neandertal está más próximo a nosotros de lo que hace un siglo pudiése parecer, e inventan hipótesis para explicar el origen de los agujeros en el hueso, como que sean causados por las dentelladas de algún carnívoro, como por ejemplo una hiena. Situado frente a la vitrina del Museo Nacional de Eslovenia, donde se expone el objeto, observo su simetría, y me resisto a creer que sea algo fortuito, y que el instrumento musical no haya sido confeccionado con total intencionalidad. Pero claro, concederle a los neandertales la capacidad de abstracción necesaria para crear música, y un instrumento para producirla, significaría tener que replantearnos demasiados aspectos sobre nuestra propia esencia. Algo a lo que pocos están dispuestos. 


La flauta fue fabricada a partir de la sección tubular de un fémur de un cachorro de oso de las cavernas. El musicólogo Bobi Fink y su descubridor Ivan Turk, son los principales defensores de considerar este objeto como una auténtica flauta utilizada por los neandertales.


CATEDRAL DE GRANADA



1492, Granada se hizo definitivamente cristiana y durante las siguientes centurias fue edificada su catedral, un auténtico crisol de estilos arquitectónicos; planta gótica, alzado renacentista y ornamentación barroca y neoclásica. En las obras trabajaron dos grandísimos artistas: Alonso Cano y Diego de Siloé.  


BASTÓN DEL MAGDALENIENSE.



Este bastón perforado del Magdaleniense, maravilloso ejemplo del arte mueble del Paleolítico Superior, hallado en la Cueva del Castillo (Puente Viesgo), está adornado con el grabado de un ciervo del que son perfectamente visibles todas su partes, destacando su enorme cornamenta. Aunque se desconoce su funcionalidad exacta, se han interpretado como objetos empleados para enderezar en caliente los soportes óseos antes de su transformación en azagayas y arpones.

viernes, 5 de junio de 2015

LOS SÍMBOLOS ESENCIALES.



El hombre en su infrenable lucha por la supervivencia de su identidad ha establecido o identificado diversos símbolos. Algunos, como el Cielo y la Tierra, se remontan a al antigüedad. El Génesis comienza diciendo: "Al principio creó Dios el Cielo y la Tierra". Así pues la división entre Cielo y Tierra, Arriba y Abajo es remotamente ancestral y parece asociada a la propia realidad física del hombre.

El más antiguo de estos conceptos opuestos que tenemos noticias fue la visión de una Gran Madre, de cuya fertilidad dependía el hombre. Su opuesto y consorte era el Padre Celestial, cuyos poderes ostentados eran el sol y el trueno que proporcionaban el calor y la lluvia, necesarios para la fertilización y crecimiento de la Madre Tierra.

El Cielo es el gran Macho Universal, principio masculino, estimulador de la construcción y de la evolución: el Padre. Y la Tierra es la gran Hembra Universal, el principio femenino constructora de forma: la Madre. El Padre es dador de vida, la Madre de la Muerte puesto que su vientre es la puerta de ingreso en la materia, y a través de ella la vida se anima en la forma, entrando en la mecánica temporal, y por tanto con principio y final.

La figura del Padre, y no del varón virgen que debe demostrar su virilidad, se corresponde con el lingam de Siva, el falo de las bacantes y el menhir simbólico. Pero no ha sido entendido como una sublimación sino como esencia dinámica y positiva: la fuerza masculina que implanta la vida el óvulo y transforma su latencia en construcción. El Padre es omnipotente, pero no puede dar a luz, por ello necesita la Madre.

A la Gran Madre se la ha asociado con el mar y la tierra, es la madre de todo lo que vive. Es el vientre arquetípico a través del cual es posible la manifestación. La madre es omnipotencial pero inerte; precisa del Padre. Las diosas madres son así ambiguamente percibidas: capaces de dar y tomar, personifican la tierra, creadoras de animales y vegetación, son diosas del amor, del matrimonio y de la maternidad, de la vida....y de la muerte. Aparecen con alguna o con todas esas características ostentando diversos nombres. Recordemos algunos: Kalia (India), Innana (Sumeria), Ishtar (Babilonia), Astarté (Fenicia), Cibeles (Anatolia, Frigia y Roma), Afrodita, Demeter, Artemisa (Grecia), Venus, Ceres, Diana (Roma), Isis (Egipto), Ma (Anatolia), Freya (Escandinavia), Marcha (Irlanda), María, Santa Ana (Cristianismo).

La Madre constituye en fin la fuente de vida, medio de purificación, centro de regeneración. Es por tanto iniciadora, puerta de la sabiduría, y receptáculo de los secretos.

Estas dos fuerzas simbólicas esenciales constituyen los dos paradigmas o patrones básicos que tiñen cualquier acción trascendente de los humanos. Así es. Padre y Madre, Cielo y Tierra son los dos polos de manifestación de lo sutil. Constituyen propuestas diferentes. Dos vías de alcanzar aquello que está más allá de la consciencia ordinaria. Pero no han tenido ambas igual fortuna.

La mayor parte de culturas que se ha extendido en época alguna sobre el orbe han inclinado su preferencia hacia el Cielo. Diversas son las causas, algunas de la cuales podemos establecer aquí.

Nacer para morir. Extraña paradoja. No parece haber escapado este fenómeno a los primeros hombres con capacidad para discernir. Aquello que comienza acaba. Y las hembras son las culpables; responsables de parir, de poblar este "valle de lágrimas". Culpables además de seducir con sus encantos a los mejores machos de la especia, que riñan hasta la muerte entre ellos, en pos de nos bellos senos. Tan inculpable como misteriosa: poseída por el don de la fecundidad.

De la generosidad de la Madre Tierra depende el hombre primitivo - y aquellos que no somos tan altivos sabemos que eso no lo cambia la tecnología -. De la fertilidad de la madre, de los frutos que florezcan depende la supervivencia de nuestros ancestros. Es por tanto imprescindible atenderla. Toscas diosas de la fecundidad son después de las pinturas rupestres animalistas, la primera manifestación artística conocida del hombre. En los oscuros bosques de la Dordoña tiempo ha que están olvidados los viejos cultos. Aquellos primeros ritos de los que apenas nos queda la sospecha en forma de piedra, los bloques en alto relieve de Laussel, y su famosa Venus del cuerno.

Pero la Madre Tierra pese a sus misterios y encantos es oscura y fría. La luz, el calor, la misma lluvia que necesitamos para beber viene del cielo. El hombre mira hacia arriba con esperanza. Su vista no alcanza límite alguno. La luz del sol durante el día. La tenue luz de las estrellas y de la luna en la vigilia. Siguen ciclos prácticamente invariables. Es posible medir el tiempo y establecer calendarios.

El Sol, la luz significa seguridad. Con el amanecer la mayor parte de la vida animal despierta tras sobrevivir a los peligros de la noche. El hombre se pregunta sober la eterna seguridad. Alcanzar al Padre. La Madre, aunque seductora implica riesgo, incertidumbre. Hay que esperar, implorar que la tierra ofrezca sin retraso sus frutos siguiendo el desarrollo de las estaciones. Se hacen ritos propiciatorios, pero aparece inequívocamente la noción de Paraíso, donde nunca hace frío, abunda la comida, y jamás aparecen las tinieblas. Es un rechazo a la Madre. Alcanzar al lejano Padre que está arriba. La Madre Tierra, nos es bien conocida, está a nuestros pies, la pisamos cada día, y nos resulta excesivamente contingente. Las cavernas, tumbas, pozos y abismos son demasiado oscuros. Ni siquiera el invento de las lámparas con combustible animal hace 40.000 años consiguió que el hombre realmente habitara en el interior de las cavidades. Solamente usaba como refugio los primeros metros, y las partes más profundas, salvo sucesos aislados, se reservaron, cuando se usaron, para extraños ritos a la Madre. Y los abismos marinos resultan aun hoy casi insondables.

Fuera por estas causas, fuera por otras, el hombre se ha orientado hacia el padre. En su pretensión de elevarses, de volverse sutil como el aire, de renunciar a su forma material, vil y temporal, ha establecido un conjunto de ritos y mitos que premian este ascenso y que castigan el descenso. Es el triunfo de las aves (palomas) sobre los reptiles (serpientes). En muchas culturas, y la cristiana es para nosotros el mejor ejemplo, la Gran Madre se ha convertido en emblema de todos los vicios y corrupciones: negación del mundo espiritual, sutil, ajeno a la realidad material transitoria pero satisfactoria: "el imperio de los sentidos". Es también Maia, el mundo de la ilusión del hinduismo.

Para otras culturas, no tan deseosas de reprimir los placeres de la carne, establecen una morada más abajo. Es el Hades, el infierno cristiano o musulmán. Claro que para reconfortarse, estos últimos a sabiendas de que "del dicho al hecho hay un trecho", establecieron un habitat temporal intermadio para lo que no son demasiado malos. Es decir, para una inmensa mayoría de anodinos humanos. Así existen conceptos como el de Purgatorio, infiernos temporales y El-araf.

Pero no es posible renunciar completamente a ese sentimiento y valor que aporta la Gran Madre. El mismo cristianismo, vaciándolo eso sí de toda denotación relacionada con el mundo de los sentidos, ha prestado gran atención a María, la Virgen, que en sus innumerables advocaciones ha recogido la mayor parte de esa tradición. Porque la tradición va ligada a los sentimientos, a la propia vida del hombre, y no es fruto de una especulación intelectual más o menos esotérica. Es curioso observar que la consolidación del cristianismo como sentimiento real en la población significara que - amén de las nuevas doctrinas oficiales de Roma - , a partir del siglo XI, las apariciones marianas superaran por abrumadora mayoría a cualquier otro personaje sagrado. Con anterioridad habían sido prácticamente inexistentes.

Como se ha dicho más arriba la Madre es fuente de vida, un medio de purificación, centro de regeneración (vida y muerte, principio y fin); iniciadora, puerta de la sabiduría, u receptáculo de los secretos. Pero se la ha considerado solamente un vehículo, una puerta para acceder al espíritu, al padre. Una puerta peligrosa, puesto que si en el laberinto oscuro de la Madre se perdía el referente luminosa del resplandor que procede del lado diurno del portal, significaba la muerte física, o lo que se estima peor, la corrupción, el mal - pero también el éxito material -, según el sistema iniciático empleado.

Por tanto, se ha empleado a la Madre como purificación, óbito simbólico, retorno a las fuentes, al Padre. Sumergirse en las aguas o enterrarse para salir de nuevo sin disolverse en ella, enlace entre lo humano y lo Inefable. Por ello es a pesar de no ser la meta a alcanzar, el símbolo al que más doctrinas, sistemas mágicos, leyendas, amores, esperanzas y devociones se le dedica.

Gran parte de los rituales de iniciación de las más diversas culturas implican una muerte ritual, un tránsito a los umbrales de la Gran Madre. Una muerte que significa purificación, y romper con el pasado (la niñez en los ritos de tránsito, la virginidad en las doncellas que son desposadas, la oscuridad en el neófito que es iniciado....)

En estos momentos el lector debe haber entendido que existen dos formas de trascendencia diferentes. Una la vía, la de la derecha, diestra, paterna, celestial y transparente. En ascenso a las alturas, la energía divina, y luminosa: el albor.

La otra es la vía de la izquierda, siniestra, materna, terrenal y opaca. El descenso a las moradas interiores, la energía tónica. Tomada por perversa o simplemente peligrosa o insegura. Por ello en tantas ocasiones maldita.

Ambos paradigmas han establecido dos formas diferentes de percibir los demás símbolos y mitos. Aun existe más riqueza, puesto que la mayor parte de sistemas de creencias aun siendo predominantemente celestiales han bebido en la leche de los senos maternos.

Jordi Ardanuy 
Mitos, ritos y arquetipos.


jueves, 4 de junio de 2015

BLANCA I DE NAVARRA



Onecca Fortúnez, Toda, Urraca, Juana I, Navarra ha sido cuna de grandes mujeres, y por ende de grandes reinas, y Blanca I no desmerece en absoluto de esta tradición, aunque es cierto, que su actuación en lo relativo a su testamento vital, es cuanto menos, cuestionable y origen de una controvertido debate.

Segunda hija de Carlos III el Noble, uno de los monarcas más queridos en la historia de Navarra, y de Leonor de Trastámara, Blanca se convirtió pronto en una pieza más del engranaje que hacen funcionar la entrevesada política matrimonial de la época. Su padre la prometió a Martín el Joven, heredero de Aragón (su padre era Martín I el Humano) y rey de Sicilia. La joven infanta se oponía al enlace, y para quebrar su voluntad, el rey Carlos consideró recluirla en un solitario castillo en medio de las inhóspitas Bárdenas Reales. Aislada del mundo, Blanca cambió de idea y accedió al matromonio. Se mudó a Sicilia, y cambió las frías tierras navarras por las soleadas playas del mar Mediterráneo.

De entrada, la princesa navarra, no contó con el apoyo en la corte, algo muy lógico si pensamos que venía a sustituir a la reina legítima, y apenas tenía influencia en los asuntos relevantes, pero Blanca era obstinada y consciente de su posición, y en ocasión de una prolongada ausencia de su esposo, no tuvo inconveniente en ejercer la regencia con la prestanza y la fortaleza necesarias.

Tres muertes, más o menos sucesivas, iban a marcar la vida de Blanca. Primero muere su esposo (que no llegó a convertirse en rey de Aragón) aunque ella seguirá siendo regente de Sicilia, apadrinada por su suegro. Pero su suegro no tardaría en morir, dejando además un vacío de poder en la Corona de Aragón y convocados los compromisarios en Caspe deciden coronar a Fernado de Antequera, que no tardará en lanzarse a dominar el Reino de Sicilia. Finalmente fallece su hermana mayor, Juana, la que deja a Blanca como legítima heredera del Reino de Navarra. Su padre no tardó en reclamarla a su lado, y en 1415 tras más de una década morando en Sicilia, abandonará la isla para no regresar jamás.

Las Cortes de Olite la confirman como legítima heredera y poco después se anuncia su boda con el infante de Aragón, futuro Juan II, celebrándose la boda en Pamplona, como manda la tradición, en la iglesia de la novia.

Blanca era una apetecible viuda madurita de 35 años y Juan un apuesto y fogoso joven de 22 años, y a pesar de la evidente diferencia de edad, parece ser que se impuso el fuerte carácter del aragonés. Una vez oficializado el enlace, Blanca y Juan se metieron en la cama y su pusieron manos a la obra, había que engendrar un heredero. Unos meses después nacía Carlos, para el que su abuelo materno creo un nuevo título, Príncipe de Viana.
La historia se refiere a Blanca como residente habitual del maravilloso palacio de Olite, poseedora de una religiosidad exaltada, rozando el misticismo, y con fuertes tendencias hacia las peregrinaciones piadosas y la entrega y ayuda a los más necesitados.

En septiembre del año 1425 moría en Olite, sede de la Corte, Carlos III y doña Blanca se convertía en Reina de Navarra, pero debido a las injerencias e intereses de Juan en Castilla, la coronación se pospuso hasta el domingo de Pentecostés de 1429, ceremonia celebrada en la Catedral de Pamplona, cuya nave central está presidida por los inmaculados sepulcros de los padres de Blanca.

La actuación de Blanca I de Navarra ha generado debates y controversias sin solución. Para la historiografía tradicional, su fragilidad de carácter, el desinterés por los asuntos políticos, y el actuar cegada por el amor, dejaron las riendas de Navarra en manos de su ambicioso esposo, que incluso llegó a perder territorios en favor de Castilla, como inevitable consecuencia de la intromisión de Juan en los asuntos meseteños.
Sin embargo, si tratamos de olvidar tópicos y desterrar clichés, y realizamos un análisis mása profundo del contexto (yo y mis circunstancias), es posible encontrar sustento a otras explicaciones e hipótesis, que quizás, solo quizás, se acerquen un poco más a la verdad. Blanca recibirá un reino amarrado irremediablemente a una serie de compromisos ineludibles, de tal forma que Castilla, Aragón y Navarra, funcionarían como un todo, una madeja donde quedan enredados los destinos de los tres reinos. Lo que ocurra en algunas de sus partes, acabará influeyendo, de una u otra forma, y con más o menos intensidad, en el resto. Todo este entramado había sido dibujado por su padre mucho tiempo atrás, y gracias a esta actuación, pudo enderezar el rumbo de un reino que zozobraba en manos de su abuelo Carlos II.

La ciencia histórica, a la que tanto cuesta dejar atrás la tradición, ha presentado a la reina Blanca como némesis de Juan II, por otra parte, una de las personalidades más arrolladoras del siglo XV occidental. Un carácter que heredará su hijo Fernado el Católico. De cualquier modo, Blanca era la reina propietaria y legítima, y Juan únicamente el consorte, por tanto, siempre va a necesitar de una cobertura legal. Sin perder de vista tampoco, el bagaje político que fue ganando la reina durante su estancia en la corte siciliana, donde nunca lo tuvo fácil, y tuvo que superar toda una serie de circunstancias adversas. Por tanto, y para alcanzar a comprender la realidad política del Reino de Navarra en estos momentos es necesario desestimar el tópico de un rey Juan haciendo lo que le salía de las pelotas, sus actuaciones debían estar rubricadas por la firma de Blanca.

Posiblemente el mayor de los debates gira en torno al testamento de la reina, un testamento que originó una guerra civil entre su hijo Carlos, y su viudo, Juan II. La peor decisión que puede tomar una madre es lanzar a su hijo contra su propio padre, como hizo Gea con Urano y Cronos. Según las capitulaciones matrimoniales su hijo Carlos, debía heredar el Reino a la muerte de Blanca Sin embargo, y aquí está el quid de la cuestión, la reina pedía a su hijo que no tomara la Corona de Aragón sin el consentimiento de su padre, una decisión que convertía en la práctica, a Juan II en lugarteniente de Navarra.

¿Fue el amor por su marido lo que impulsó a Blanca a tomar esta determinación? o ¿por el contrario una avispada madre intuyó el peligro que suponía cercenar el poder de Juan II?. No podemos perder de vista que Carlos era también heredero en Aragón, y alejar a Juan del trono navarro, significaba debilitar la posición de Aragón frente a Francia y Castilla. ¿Fue Blanca una pitonisa que veía inevitable la fusión de las tres coronas?. Nunca lo sabremos.


En 1441, un día después se celebrar la boda de su hija, también llamada Blanca, con el heredero castellano, futuro Enrique IV, la Reina fallecía mientras participaba en una romería en honor de la Virgen de Soterraña, recibiendo cristiana sepultura en Santa María de Nieva. Del mismo modo que su primogénito Carlos nunca se convirtió en rey de Navarra, su hija Blanca tampoco llegó a ser reina en Castilla, pues su esposo la repudió una año antes de ser proclamado rey.  

ENTRE ELEFANTES Y OTRAS BESTIAS, LA FAUNA DEL PLEISTOCENO.



El Pleistoceno es, por definición, un periodo sumamente inestable, con alternancia de ciclos climáticos fríos y cálidos, que van transformando el paisaje y la fauna asociada a ellos. En la Península Ibérica la mayoría de los restos faunísticos corresponden a épocas templadas y están relacionados con un predador muy eficaz, Homo heidelbergensis. El estudio de estos restos nos permite conocer la existencia de animales hoy extintos en nuestro suelo, como elefantes, uros, rinocerontes, además de caballos y cérvidos. En la fotografía el fémur de un elefante antiguo (Palaeodoxodan antiquus) procedente de Ambrona (Soria) asociado a industria del Achelense.

ANFITEATRO ROMANO DE EMERITA AUGUSTA.



Hace dos mil años rugían los estadios jaleando a sus ídolos. En esos campos de la muerte no había ni balones, ni porterías, ni césped, solo acero, dolor y sangre. No obstante, imagino que el fanatismo y la función pública poco debían diferir de los deportes de masas actuales. Al fin y al cabo, fueron los romanos los que inventaron aquello de Pan y Circo.

La construcción del coliseo emeritense se planificó de manera conjunta al teatro, iniciándose las obras pocos años después. A partir de unas inscripciones halladas en su interior, sabemos que el edificio se inauguró en el año 8 a.C. Emérita Augusta comenzaba a ser una gran ciudad, aunque en estos momentos ya era la capital administrativa de la provincia Lusitania, antigua patria del famoso bandolero Viriato.


En la arena del anfiteatro, al igual que sucede en la actualidad en las Plazas de Toros, se celebraban combates a muerte; juegos de gladiadores o combates entre hombres (normalmente vencedores) y animales, conocidos como venetiones. Sin lugar a dudas, pasaban por ser los espectáculos preferidos por el público.


Con el triunfo del Cristianismo, el anfiteatro fue abandonado, y parte de la estructura arquitectónica fue quedando oculta bajo tierra, mientras que las zonas que no fueron sepultadas, se utilizaron como cantera para realizar otras obras.

Durante mucho tiempo el edificio se denominaba Naumaquia, en la suposición que en el recinto se celebraban batallas navales (naumaquias), pero las campañas arqueológicas iniciadas en la década de los '20 del siglo XX, subsanaron el error.




El anfiteatro estuvo rodeado por una calle que se adaptaba a la forma curva del edificio, en uno de cuyos laterales se levantaba una acera porticada.


Los albañiles romanos utilizaron opus caementicium (hormigón) a base de cal, cantos y arena del río, para construir el núcleo sólido del anfiteatro. Poco podían imaginar esos esforzados trabajadores que dos milenios después su obra permanecerían en pie, siendo además, admirada por la gente del futuro.



El graderío - cavea - se construyó en parte sobre la misma colina que el teatro. El acceso a esta zona se podía realizar a través de alguna de las dieciséis puertas abiertas a lo largo del perímetro de la fachada. La más importante se situaba en el extremo del eje occidental. El graderío se divide en tres sectores, ima, media y summa cavea, inferior, media y superior.

En los extremos del eje menor del edificio, sobre las mismas gradas, se construyeron dos tribunas, lo que vienen a ser palcos de honor, enfrentados, una reservada a las autoridades y la otra para la persona que financiaba el espectáculo.



La Tribuna de Editores, era el lugar que ocupaba el magistrado o particular que sufragaba los gastos del espectáculo. La inscripción en latín y grabada en el dintel de granito hace referencia a la conmemoración de la construcción del teatro.

Algunos restos hacen suponer la existencia de otros dos palcos de honor situados sobre cada una de las dos puertas de acceso a la arena, que se abren en ambos extremos del eje mayor.




A través de este pasillo, mediante escaleras, se accedía a las gradas media y superior. El uso del ladrillo facilitó su forma abocinada hacia el interior.

Este anfiteatro se construyó bajo el mandato de Augusto, que asignó las gradas más altas (el gallinero) a los esclavos y los pobres, el escalón más bajo de una opulenta y decadente sociedad romana. A diferencia del teatro, aquí, en el anfiteatro, damas y caballeros podían sentarse juntos para disfrutar del espectáculo.

La arena, que tiene forma de elipse (64'5 metros en su eje mayor y 41'2 en el eje menor) , era la zona donde se desarrollaba el espectáculo. Un alto y robusto podio, que servía para proteger al público, separa la arena del graderío. Este muro estaba recubierto de mármol y rematado por una cornisa.



En esta zona estaban situadas las pinturas murales referentes a los espectáculos circenses y que se conservan en el Museo Nacional de Arte Romano.



La gran fosa en forma de cruz que se abre en medio de la arena, estaba cubierta por un entarimado de madera, y su interior debía utilizarse para almacenar las jaulas de las fieras y el atrezzo escénico.


A los lados de las galerías que atraviesan las gradas por el eje mayor, se abren dos habitaciones, el lugar donde los gladiadores se preparaban para el combate. De escasa altura, el gladiador debía agacharse antes de saltar a la arena.



Una de estas habitaciones, situada en la galería norte, estaba dedicada al culto de la diosa Némesis. Los gladiadores se encomendaban a este deidad de origen griego de la venganza, pero también de la justicia y la fortuna. Antes de saltar a la arena le dedicaban un oración, "A Némesis para que salga con los mismos pies con los que he entrado".



La inscripción reza lo siguiente: "Dedicado a la invicta diosa Némesis Celeste por Marcus Aurelius Felicius romano que cumplió su promesa de buen grado".



En el anfiteatro de Mérida, a través de una de las grandes puertas monumentales se iniciaba el desfile que inauguraba los juegos, mientras que los gladiadores triunfadores, los que cortaban orejas y rabo, salían en volandas por una especie de Puerta Grande, situada justo enfrente de la puerta de entrada. La tercera de las entradas monumentales era utilizada por las autoridades.



Los combates en pareja, o en grupo, solían celebrarse por la tarde, como el fútbol y los toros. Un árbitro, ayudado por un auxiliar, hacía cumplir las reglas de la lucha y si era necesario, empleaba una vara para poner orden.

La música era un elemento fundamental para marcar las fases del espectáculo, que solía comenzar con un duelo entre dos jinetes a caballo, para que después pasasen a combatir el resto de gladiadores, según las armas y la experiencia.

Se conocen más de quince tipos diferentes de gladiadores caracterizados por su armamento y su forma de lucha. Generalizando es posible distinguir dos grandes grupos de gladiadores, aquellos fuertemente armados con un equipo pesado, y los que armados a la ligera, sacrificaban los aspectos defensivos en favor de una mayor movilidad. Entre los tipos más frecuentes y populares en la Hispania romana, tenemos a los que siguen.


El retiarius intentará inmovilizar a su contrincante, un secutor, lanzándole una red de tres metros que llevaba atada a la muñeca, para después trincharlo con un tridente, y si es necesario rematarlo con una daga. Esta misma daga le servía para cortar la red de su muñeca en caso de necesidad. Un largo brazalete que se prolongaba sobre el hombro le protegía uno de los brazos.


El secutor, o perseguidor, iba bien pertrechado, protegido con casto y gran escudo para soportar las embestidas del tridente. El caso carecía de viseras y adornos para evitar que la red del retiarius se enganche. Su arma de ataque era una espada muy similar a la que utilizaban los soldados de la legión. Buscaba la lucha cuerpo a cuerpo, donde podía sacar ventaja de su superioridad armamentística, aunque el pesado armamento dificultaba sus movimientos. Unos movimientos que irían siendo torpes conforme el cansancio y la fatiga atacasen el cuerpo del secutor.


El venator, aunque no era propiamente un gladiador, participaba también en los juegos. Su especialidad, la cacería de animales salvajes. Su entrenamiento incluía diferentes artes cinegéticas: el tiro con arco, la jabalina y el venablo. En la arena de Mérida las piezas más frecuentes eran jabalíes, ciervos y toros.


El nombre "dimachaerus" significa en griego, el que utiliza dos cuchillos. Su cabeza estaba cubierta por un casco, las piernas con espinilleras y el torso por una cota de malla metálica. Armado con daga o espada corta, su especialidad era la lucha cuerpo a cuerpo.


El tracio presenta un casco adornado con un grifo, se protege con un pequeño escudo o rodela, y se arma con una espada corta de hoja curvada. Sus rivales más habituales eran el myrmillo y el hoplomachus.


La cresta sobre su casco es el identificativo del myrmillo, un luchador que cubría su brazo derecho con un brazalete y la pierna izquierda con un espinillera corta. Se protegía desde las rodillas hasta la barbilla con un gran escudo rectangular que utilizaba para empujar a su oponente y atacarlo con una espada corta.


Hoplomachus deriva del griego y significa "el que lucha con armas". Su armamento y su forma de combatir imitaba al hoplita griego. Portaba lanza, espada corta y utilizaba varios elementos de protección; casco, espinillera y escudo (hoplón). Su adversario solía ser el mirmillo, aunque también se han conservado escenas en que aparece combatiendo a un tracio.




Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...