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jueves, 4 de junio de 2015

ANFITEATRO ROMANO DE EMERITA AUGUSTA.



Hace dos mil años rugían los estadios jaleando a sus ídolos. En esos campos de la muerte no había ni balones, ni porterías, ni césped, solo acero, dolor y sangre. No obstante, imagino que el fanatismo y la función pública poco debían diferir de los deportes de masas actuales. Al fin y al cabo, fueron los romanos los que inventaron aquello de Pan y Circo.

La construcción del coliseo emeritense se planificó de manera conjunta al teatro, iniciándose las obras pocos años después. A partir de unas inscripciones halladas en su interior, sabemos que el edificio se inauguró en el año 8 a.C. Emérita Augusta comenzaba a ser una gran ciudad, aunque en estos momentos ya era la capital administrativa de la provincia Lusitania, antigua patria del famoso bandolero Viriato.


En la arena del anfiteatro, al igual que sucede en la actualidad en las Plazas de Toros, se celebraban combates a muerte; juegos de gladiadores o combates entre hombres (normalmente vencedores) y animales, conocidos como venetiones. Sin lugar a dudas, pasaban por ser los espectáculos preferidos por el público.


Con el triunfo del Cristianismo, el anfiteatro fue abandonado, y parte de la estructura arquitectónica fue quedando oculta bajo tierra, mientras que las zonas que no fueron sepultadas, se utilizaron como cantera para realizar otras obras.

Durante mucho tiempo el edificio se denominaba Naumaquia, en la suposición que en el recinto se celebraban batallas navales (naumaquias), pero las campañas arqueológicas iniciadas en la década de los '20 del siglo XX, subsanaron el error.




El anfiteatro estuvo rodeado por una calle que se adaptaba a la forma curva del edificio, en uno de cuyos laterales se levantaba una acera porticada.


Los albañiles romanos utilizaron opus caementicium (hormigón) a base de cal, cantos y arena del río, para construir el núcleo sólido del anfiteatro. Poco podían imaginar esos esforzados trabajadores que dos milenios después su obra permanecerían en pie, siendo además, admirada por la gente del futuro.



El graderío - cavea - se construyó en parte sobre la misma colina que el teatro. El acceso a esta zona se podía realizar a través de alguna de las dieciséis puertas abiertas a lo largo del perímetro de la fachada. La más importante se situaba en el extremo del eje occidental. El graderío se divide en tres sectores, ima, media y summa cavea, inferior, media y superior.

En los extremos del eje menor del edificio, sobre las mismas gradas, se construyeron dos tribunas, lo que vienen a ser palcos de honor, enfrentados, una reservada a las autoridades y la otra para la persona que financiaba el espectáculo.



La Tribuna de Editores, era el lugar que ocupaba el magistrado o particular que sufragaba los gastos del espectáculo. La inscripción en latín y grabada en el dintel de granito hace referencia a la conmemoración de la construcción del teatro.

Algunos restos hacen suponer la existencia de otros dos palcos de honor situados sobre cada una de las dos puertas de acceso a la arena, que se abren en ambos extremos del eje mayor.




A través de este pasillo, mediante escaleras, se accedía a las gradas media y superior. El uso del ladrillo facilitó su forma abocinada hacia el interior.

Este anfiteatro se construyó bajo el mandato de Augusto, que asignó las gradas más altas (el gallinero) a los esclavos y los pobres, el escalón más bajo de una opulenta y decadente sociedad romana. A diferencia del teatro, aquí, en el anfiteatro, damas y caballeros podían sentarse juntos para disfrutar del espectáculo.

La arena, que tiene forma de elipse (64'5 metros en su eje mayor y 41'2 en el eje menor) , era la zona donde se desarrollaba el espectáculo. Un alto y robusto podio, que servía para proteger al público, separa la arena del graderío. Este muro estaba recubierto de mármol y rematado por una cornisa.



En esta zona estaban situadas las pinturas murales referentes a los espectáculos circenses y que se conservan en el Museo Nacional de Arte Romano.



La gran fosa en forma de cruz que se abre en medio de la arena, estaba cubierta por un entarimado de madera, y su interior debía utilizarse para almacenar las jaulas de las fieras y el atrezzo escénico.


A los lados de las galerías que atraviesan las gradas por el eje mayor, se abren dos habitaciones, el lugar donde los gladiadores se preparaban para el combate. De escasa altura, el gladiador debía agacharse antes de saltar a la arena.



Una de estas habitaciones, situada en la galería norte, estaba dedicada al culto de la diosa Némesis. Los gladiadores se encomendaban a este deidad de origen griego de la venganza, pero también de la justicia y la fortuna. Antes de saltar a la arena le dedicaban un oración, "A Némesis para que salga con los mismos pies con los que he entrado".



La inscripción reza lo siguiente: "Dedicado a la invicta diosa Némesis Celeste por Marcus Aurelius Felicius romano que cumplió su promesa de buen grado".



En el anfiteatro de Mérida, a través de una de las grandes puertas monumentales se iniciaba el desfile que inauguraba los juegos, mientras que los gladiadores triunfadores, los que cortaban orejas y rabo, salían en volandas por una especie de Puerta Grande, situada justo enfrente de la puerta de entrada. La tercera de las entradas monumentales era utilizada por las autoridades.



Los combates en pareja, o en grupo, solían celebrarse por la tarde, como el fútbol y los toros. Un árbitro, ayudado por un auxiliar, hacía cumplir las reglas de la lucha y si era necesario, empleaba una vara para poner orden.

La música era un elemento fundamental para marcar las fases del espectáculo, que solía comenzar con un duelo entre dos jinetes a caballo, para que después pasasen a combatir el resto de gladiadores, según las armas y la experiencia.

Se conocen más de quince tipos diferentes de gladiadores caracterizados por su armamento y su forma de lucha. Generalizando es posible distinguir dos grandes grupos de gladiadores, aquellos fuertemente armados con un equipo pesado, y los que armados a la ligera, sacrificaban los aspectos defensivos en favor de una mayor movilidad. Entre los tipos más frecuentes y populares en la Hispania romana, tenemos a los que siguen.


El retiarius intentará inmovilizar a su contrincante, un secutor, lanzándole una red de tres metros que llevaba atada a la muñeca, para después trincharlo con un tridente, y si es necesario rematarlo con una daga. Esta misma daga le servía para cortar la red de su muñeca en caso de necesidad. Un largo brazalete que se prolongaba sobre el hombro le protegía uno de los brazos.


El secutor, o perseguidor, iba bien pertrechado, protegido con casto y gran escudo para soportar las embestidas del tridente. El caso carecía de viseras y adornos para evitar que la red del retiarius se enganche. Su arma de ataque era una espada muy similar a la que utilizaban los soldados de la legión. Buscaba la lucha cuerpo a cuerpo, donde podía sacar ventaja de su superioridad armamentística, aunque el pesado armamento dificultaba sus movimientos. Unos movimientos que irían siendo torpes conforme el cansancio y la fatiga atacasen el cuerpo del secutor.


El venator, aunque no era propiamente un gladiador, participaba también en los juegos. Su especialidad, la cacería de animales salvajes. Su entrenamiento incluía diferentes artes cinegéticas: el tiro con arco, la jabalina y el venablo. En la arena de Mérida las piezas más frecuentes eran jabalíes, ciervos y toros.


El nombre "dimachaerus" significa en griego, el que utiliza dos cuchillos. Su cabeza estaba cubierta por un casco, las piernas con espinilleras y el torso por una cota de malla metálica. Armado con daga o espada corta, su especialidad era la lucha cuerpo a cuerpo.


El tracio presenta un casco adornado con un grifo, se protege con un pequeño escudo o rodela, y se arma con una espada corta de hoja curvada. Sus rivales más habituales eran el myrmillo y el hoplomachus.


La cresta sobre su casco es el identificativo del myrmillo, un luchador que cubría su brazo derecho con un brazalete y la pierna izquierda con un espinillera corta. Se protegía desde las rodillas hasta la barbilla con un gran escudo rectangular que utilizaba para empujar a su oponente y atacarlo con una espada corta.


Hoplomachus deriva del griego y significa "el que lucha con armas". Su armamento y su forma de combatir imitaba al hoplita griego. Portaba lanza, espada corta y utilizaba varios elementos de protección; casco, espinillera y escudo (hoplón). Su adversario solía ser el mirmillo, aunque también se han conservado escenas en que aparece combatiendo a un tracio.




miércoles, 5 de noviembre de 2014

LES ARENES DE NIMES.



Dónde antes morían fieras salvajes, ahora son reses las que mueren en la arena. Gladius y estoque, yelmo y capote, combate y tauromaquia. El anfiteatro de Nimes, construido a finales del siglo I es uno de los más grandes de la Galia Romana. Y como algunos otros de la Francia Meridional actualmente acoge corridas de toros.



Dos niveles de 60 arcos componen una impresionante fachada de 21 mtros de altura. En la Antigua Roma los ciudadanos acudían al anfiteatro con el mismo ánimo que hoy se asiste a partidos de fútbol. Al de Nimes podían asistir unas 20.000 personas a disfrutar de sangrientos espectáculos como la caza de fieras y los combates de gladiadores.  


lunes, 14 de enero de 2013

COLISEO DE ROMA

Dos mil años de pan y circo 



"Mientras el Coliseo permanezca en pie,
Roma permanecerá en pie.
Cuando el Coliseo caiga,
Roma caerá
y cuando Roma caiga
el mundo caerá . . . " 

Lord Byron (1818)




Comenzado a construir por Vespasiano, e inaugurado por su hijo y sucesor Tito en el 80 d.C., el Anfiteatro Flavio se convirtió en el orgullo de la capital imperial. 



Nos encontramos en las auténticas entrañas del Coliseo de Roma.

Una gran cruz metálica recuerda a los miles de cristianos masacrados en la arena de este anfiteatro para regocijo de las masas.

A través de este largo pasillo subterráneo, gladiadores y fieras saltaban al terreno de juego.


El Anfiteatro Flavio está construido por tres cuerpos de graderío, o anillos, sustentados en el exterior por filas de columnas dóricas, jónicas y corintias, dispuestas desde la primera a la tercera planta. 

Columnas vista desde el exterior





. . . Pan y Circo. . . al igual que los grandes estadios de nuestros días, Roma tenía su Coliseo, a él acudían miles de romanos a disfrutar y evadirse de los tan pesados problemas cotidianos . . .cónsules, dictadores y emperadores, además de diversión, ofrecían pan para la gente del pueblo y de esta manera conseguían el aplauso fácil, de la misma forma que en la actualidad se le otorgan a Mariano Rajoy o a Andrés Iniesta . . . aunque ahora ya si siquiera se reparta el pan.


Los combates de gladiadores en su origen, se celebraban como parte del ritual funerario. Cuando fallecía alguien relevante de la sociedad, en su honor tenían lugar luchas a muerte, normalmente por parte de hombres vinculados al difunto por medio de algún juramento de fidelidad, llamado también devotio. Los combates gladiatorios eran práctica común en buena parte del Mediterráneo. Ejemplo de ellos son los Guerreros de Porcuna o los combates celebrados junto a la pira funeraria de Viriato.



. . sangre sobre la arena,
muchedumbre en violenta efervescencia,
llantos y gritos atronan en el graderío,
espada contra abdomen,
hueso contra tridente,
afilado metal hace trizas la carne. . . 

. . . la pupila inerte
mira hacia la nada,
el olor dulzón de la muerte 
impregna la atmósfera,
el vencedor, herido, sudoroso y jadeante
eleva sus fornidos brazos al cielo,
orgulloso de su éxito,
recibe la inmerecida ovación
de un público entregado . . . 

. . . el verdugo podrá luchar otro día
y así alargar su agonía . . .
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