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martes, 26 de febrero de 2019

LOS NEANDERTALES EN ATAPUERCA.




Hace unos 160.000 años los neandertales se extendieron por gran parte de Europa, Oriente Próximo y el extremo más occidental de Asia. Estos grupos se cazadores y recolectores también vivían en la Sierra de Atapuerca (provincia de Burgos) donde alternaban sus ocupaciones en cuevas con otros asentamientos al aire libre. Estos últimos solían visitarlo de forma continuada para cazar, recoger leña o abastecerse de sílex para fabricar sus herramientas. Conocían y controlaban perfectamente el territorio, desarrollaron un tecnología basada en el trabajo de la madera y de la piedra y construyeron un universo simbólico. Los restos encontrados en Atapuerca se limitan a herramientas de pequeño tamaño, adaptadas para cortar, curtir pieles o trabajar la madera. Hace algo más de 40.000 años otra humanidad procedente de África llegó a Europa, el Homo sapiens. Misteriosamente 10.000 años después los neandertales desaparecieron. De la transición entre estas dos humanidades tenemos también noticia en yacimientos de la Sierra de Atapuerca como el Valle de las Orquídeas.


sábado, 16 de febrero de 2019

LA SIMA DE LOS HUESOS.




La Sima de los Huesos es el mayor yacimiento de fósiles humanos del mundo. Contiene esqueletos completos de al menos 28 personas, de ambos sexos y diferentes edades de muerte, que están datados en más de 530.000 años de antigüedad y pertenecen al Homo heidelbergensis, la especie antepasada de los neandertales. Toda la evidencia disponible apoya la idea de que nos encontramos ante la primera acumulación intencional de cadáveres de la historia.

Los estudios llevados a cabo hasta la fecha en esta extraordinaria colección ha permitido conocer aspectos relevantes de aquellas personas: su estatura era parecida a la nuestra, aunque fueron más anchos y robustos; eran preferentemente diestros; las diferencias de tamaño entre mujeres y varones eran como las que se encuentran en nuestra especie; el parto era algo más sencillo que en la actualidad; se ocupaban de las personas discapacitadas; y eran capaces de hablar como nosotros. (Museo de la Evolución Humana de Burgos).

miércoles, 13 de febrero de 2019

FUNDACIÓN DEL FUEGO.




En la escuela me enseñaron que en el tiempo de las cavernas descubrimos el fuego frotando piedras o ramas.

Desde entonces, lo vengo intentando. Nunca conseguí arrancar ni una humilde chispita.

Mi fracaso personal no me ha impedido agradecer los favores que el fuego nos hizo. Nos defendió del frío y de las bestias enemigas, nos cocinó la comida, nos alumbró la noche y nos invitó a sentarnos, juntos, a su lado.

Espejos. Eduardo Galeano.

jueves, 16 de agosto de 2018

PLEISTOCENO.




El hielo se extendió en forma de glaciares sobre más de una cuarta parte de la superficie terrestre. En las regiones libres de hielo la flora y la fauna eran, esencialmente, las mismas que en el periodo anterior, el Plioceno.

Un sistema glaciar estaba centrado en Escandinavia, e irradiaba hacia el este a través del norte de Alemania y el oeste de Rusia, y hacia el Suroeste de las islas Británicas. El segundo gran sistema glaciar del Hemisferio Norte cubría la mayor parte de Siberia. Otro sistema glaciar cubría Canadá y se extendió hasta Estados Unidos.

Las regiones ártica y antártica estaban completamente cubiertas de hielo, como la mayoría de los picos más elevados de todo el mundo. Los efectos topográficos de la acción de los glaciares durante el Pleistoceno son perceptibles todavía en buena parte del mundo.


A finales del Pleistoceno en América del Norte se habían extinguido muchas especies de mamíferos, incluyendo llama, camello, tapir, caballo y yak. Otros grandes mamíferos como el mastodonte, el tigre diente de sable y el perezoso gigante se extinguieron en todo el mundo.

Mientras se acumulaba hielo y nieve en las latitudes altas, en las más bajas aumentaban las lluvias, lo que permitió que toda la vida vegetal y animal floreciera en áreas del Norte y Este de África que hoy son yermas y áridas. Se han encontrado pruebas de que el Sahara estuvo ocupado por cazadores nómadas, así como por jirafas y otros rumiantes durante el Pleistoceno Tardío.


El Hombre de Neandertal se extiende por todo el continente europeo. 


jueves, 15 de diciembre de 2016

URSUS DENINGERI



Hace unos 430.000 años muchos osos, huyendo del frío y buscando refugio penetraron en la Cueva Mayor de Atapuerca para pasar plácidamente el invierno. Algunos de ellos se precipitaron al fondo de la Sima de los Huesos y allí esperaron pacientemente hasta que el equipo multidisciplinar de Arsuaga los rescatase del olvido. El ejemplar de mayor tamaño encontrado fue bautizado con el nombre de Isidro. Este Ursus deningeri es el antepasado del mítico oso de las cavernas que conocieron los neandertales y los cromañones.  


sábado, 6 de junio de 2015

FLAUTA DE DIVJE BABE.



¿Imaginamos alguna vez a un hombre, o mujer, de Neandertal amenizando una velada, tras una dura jornada, con las suaves notas musicales de una flauta?. Pues esta escena pudo suceder en algún rincón de Europa Central hace 55.000 años.


Esta flauta de hueso, uno de los instrumentos musicales más antiguos que se conocen, fue descubierta en 1995 en la cueva de Divje Babe (Eslovenia) durante una campaña de excavación dirigida por Ivan Turk. La cueva era frecuentada durante época glacial tanto por osos como por neandertales, y posteriormente por los primeros cromañones. La cronología de la flauta, unos 55.000 años, es algunos milenios anterior a la llegada de los sapiens, de ahí que sea atribuida al (¿genio creador?) Neandertal. Existen ciertos investigadores que se niegan a reconocer que el Hombre de Neandertal está más próximo a nosotros de lo que hace un siglo pudiése parecer, e inventan hipótesis para explicar el origen de los agujeros en el hueso, como que sean causados por las dentelladas de algún carnívoro, como por ejemplo una hiena. Situado frente a la vitrina del Museo Nacional de Eslovenia, donde se expone el objeto, observo su simetría, y me resisto a creer que sea algo fortuito, y que el instrumento musical no haya sido confeccionado con total intencionalidad. Pero claro, concederle a los neandertales la capacidad de abstracción necesaria para crear música, y un instrumento para producirla, significaría tener que replantearnos demasiados aspectos sobre nuestra propia esencia. Algo a lo que pocos están dispuestos. 


La flauta fue fabricada a partir de la sección tubular de un fémur de un cachorro de oso de las cavernas. El musicólogo Bobi Fink y su descubridor Ivan Turk, son los principales defensores de considerar este objeto como una auténtica flauta utilizada por los neandertales.


domingo, 10 de mayo de 2015

PUNTA DE TAYAC.



Una preciosa pieza tallada por algún habilidoso artesano neandertal del Musteriense. Las puntas como estas eran enmangadas, utilizando fibra vegetal o animal, y pegamentos como la brea, en los extremos de las lanzas de madera para hacerlas más eficaces. Esta Punta de Tayac asociada al Tecnocomplejo Musteriense fue descubierta en la Cueva de Perneras (Lorca, Murcia).    

lunes, 6 de abril de 2015

¿JOYEROS NEANDERTALES?



Ocho garras de águila, suavemente pulimentadas y dispuestas, tal vez, para ser engastadas, son la muestra más antigua de joyería, pero con 130.000 años de antigüedad no es obra humana, sino neandertal. La paleoantropóloga Davorka Radovcic, tras estudiar detenidamente la pieza, hallada en Kaprina (Croacia) hace algo más de cien años, ha llegado a la conclusión, que estos huesos, demuestran que los neandertales, coquetos y presumidos ellos, fabricaban joyas, abalorios y adornos, 80.000 años antes de la aparición de los humanos modernos en Europa. La investigadora declara que no tienen muy claro si las garras formaban parte de un collar, pero que de lo que no tiene dudas, es que fue algún tipo de adorno. 

Muchos expertos opinan que Neandertal no tenía la capacidad mental simbólica necesaria para confeccionar este tipo de abstracciones, pero, la presencia de estas piezas en Kaprina, parecen indicar que los neandertales las utilizaron con alguna finalidad simbólica y/o ritual. Por otro lado, es generalmente aceptado que el Hombre de Neandertal enterraba a sus muertos y celebraba alguna forma de ritual.

Cada descubrimiento arqueológico nos aproxima un poco más a nuestros parientes más cercanos y los va haciendo más humanos. El tosco neandertal, salvaje y bruto del siglo pasado, se va transformando en un ser inteligente y sensible, y hasta cierto punto entrañable. Pero que no se nos olvide nunca, que en la lucha por la supervivencia, Neandertal perdió la batalla y Sapiens sigue aquí. Aunque no sepamos por cuanto tiempo. No obstante, dentro de unas décadas, empezarán los iluminados a proclamar que los auténticos humanos eran ellos. Al tiempo. 

domingo, 15 de febrero de 2015

MEGALOCERO



El Megalocero, conocido también como alce irlandés, es el mayor cérvido de la historia y pastaba en las frías llanuras del Plioceno en tierras de Asia y Europa. Leones de las cavernas, Neandertales y Humanos modernos se disputaban esta suculenta pieza de caza. El resto de depredadores no se atrevía con esta criatura de gran tamaño. 


El Megalocero compartió espacio y hábitat con el hombre del Cuaternario, convirtiéndose en uno de los animales más cazados. Según algunos autores, esta caza continuada, llevaría al Ciervo Gigante a la extinción. Un estudio realizado por la Universidad de Portland ha concluido que el Megalocero, murió de hambre, como consecuencia de un brusco cambio climático acaecido hace 11.000 años. 

domingo, 27 de abril de 2014

EL BÍPEDO MISTERIOSO



Así pues, teniendo en cuenta que hay poco que puedas decir sobre la prehistoria humana que no haya alguien en algún sitio que lo discuta, aparte del hecho de que es seguro que tuvimos una, lo que creemos saber sobre quiénes somos y de dónde venimos es más o menos esto. Durante el primer 99,999 % de nuestra historia como organismos, estuvimos en la misma línea ancestral que los chimpancés." No se sabe prácticamente nada de la prehistoria de los chimpancés, pero, fuesen lo que fuesen, lo éramos nosotros. Luego, hace unos siete millones de años sucedió algo importante. Un grupo de nuevos seres salió de los bosques tropicales de África y empezó a moverse por la sabana.

Se trataba de los australopitecinos y, durante los cinco millones de años siguientes, serían la especie de homínidos dominante en el mundo. (Austral significa en latín «del sur» y no tiene ninguna relación en este contexto con Australia.) Había diversas variedades de australopitecinos, unos esbeltos y gráciles, como el niño de Taung de Raymond Dart, otros más fornidos y corpulentos, pero todos eran capaces de caminar erguidos. Algunas de estas especies vivieron durante más de un millón de años, otras durante un periodo más modesto de unos pocos cientos de miles, pero conviene no olvidar que hasta los que tuvieron menos éxito, contaron con historias mucho más prolongadas de la que hemos tenido nosotros hasta ahora. 

Los restos de homínidos más famosos del mundo son los de un australopitecino de hace 3,18 millones de años hallados en Hadar, Etiopía, en 1974, por un equipo dirigido por Donald Johanson. El esqueleto, conocido oficialmente como A. L. (Localidad de Afar) 288-1, pasó a conocerse más familiarmente como Lucy, por la canción de los Beatles «Lucy in the Sky with Diamonds». Johanson nunca ha dudado de su importancia. «Es nuestro ancestro más antiguo, el eslabón perdido entre simios y humanos »,se ha dicho. 

Lucy era pequeña, de sólo 1,05 metros de estatura. Podía caminar, aunque es motivo de cierta polémica lo bien que podía hacerlo. Es evidente que era también buena trepadora. No sabemos mucho más. No tenemos casi nada del cráneo, por lo que se puede decir poco con seguridad del tamaño de su cerebro, aunque los escasos fragmentos de que disponemos parecen indicar que era pequeño. La mayoría de los libros dicen que disponemos de un 40 % del esqueleto, pero algunos hablan de casi la mitad y uno publicado por el Museo Americano de Historia Natural de Nueva York dice que disponemos de dos tercios de él. La serie de televisión de la BBC Ape Man llega a decir que se trata de «un esqueleto completo», aunque mostraba que no era así ni mucho menos. 

El cuerpo humano tiene 206 huesos, pero muchos de ellos están repetidos. Si tienes el fémur izquierdo de un espécimen, no necesitas el derecho para conocer sus dimensiones. Si prescindes de todos los huesos superfluos, el total son 122, que es lo que se llama medio esqueleto. Incluso con este criterio bastante acomodaticio, considerando el más pequeño fragmento como un hueso completo, Lucy constituye sólo el 28 % de medio esqueleto (y sólo aproximadamente el 20 % de uno entero). 

Alan Walker cuenta, en The Wisdom of the Bones [La sabiduría de los huesos], que le preguntó una vez a Johanson de dónde había sacado la cifra del 40 % y éste replicó tranquilamente que había descontado los 106 huesos de las manos y de los pies... más de la mitad del total del cuerpo, y una mitad bastante importante, además, sin lugar a dudas, ya que el principal atributo definitorio de Lucy era el uso de manos y pies para lidiar con un mundo cambiante. Lo cierto es que se sabe de Lucy bastante menos de lo que generalmente se supone. Ni siquiera se sabe en realidad si era una hembra. Su sexo es una suposición basada en su diminuto tamaño. 

Dos años después del descubrimiento de Lucy, Mary Leakey encontró en Laetoli, Tanzania, las huellas dejadas por dos individuos de (se supone) la misma familia de homínidos. Las huellas las habían dejado dos australopitecinos que habían caminado sobre ceniza cenagosa tras una erupción volcánica. La ceniza se había endurecido más tarde, conservando las impresiones de sus pies a lo largo de unos 2.3 metros. 

El Museo Americano de Historia Natural de Nueva York tiene un fascinante diorama que reseña el momento del paso de las dos criaturas por la ceniza cenagosa. Aparecen en él reproducciones de tamaño natural de un macho y una hembra caminando, uno al lado del otro, por la antigua llanura africana. Son peludos, parecidos a chimpancés en las dimensiones, pero tienen un porte y un paso que sugieren la condición humana. El rasgo más sorprendente es que el macho tiene echado el brazo izquierdo protectoramente sobre los hombros de la hembra. Es un gesto tierno y afectuoso, que sugiere un estrecho vínculo. 

Este cuadro vivo se representa con tal convicción que es fácil no acordarse de que prácticamente todo lo que hay por encima de las pisadas es imaginario. Casi todos los aspectos externos de los dos personajes, la densidad del vello, los apéndices faciales (si tenían narices humanas o de chimpancés), las expresiones, el color de la piel, el tamaño y la forma de los pechos de la hembra, son inevitablemente hipotéticos. Ni siquiera podemos saber si eran una pareja. El personaje femenino podría haber sido, en realidad, un niño. Tampoco podemos estar seguros de que fuesen australopitecinos. Se supone que lo son porque no hay ningún otro candidato conocido. Me habían dicho que se les representó así porque, durante la elaboración del diorama, el personaje femenino no hacía más que caerse, pero Ian Tattersall insistió con una carcajada en que esa historia es falsa. 

Es evidente que no sabemos si el macho le tenía el brazo echado por encima del hombro a la hembra o no, pero sabemos, por las mediciones del paso, que caminaban uno al lado del otro y muy juntos... lo suficiente para que estuvieran tocándose. Era una zona bastante expuesta, así que es probable que se sintieran vulnerables. Por eso procuramos que tuvieran expresiones que reflejasen cierta preocupación. 

Le pregunté si le preocupaba a él lo de que se hubiesen tomado tantas libertades en la reconstrucción de los personajes. Hacer reproducciones es siempre un problema —aceptó sin reparos—. No te haces idea de lo que hay que discutir para llegar a decidir detalles como si los neandertales tenían cejas o no las tenían. Y lo mismo pasó con las imágenes de Laetoli. La cuestión es que no podemos conocer los detalles de su apariencia, pero podemos transmitir su talla y su porte. Si tuviese que hacerlo otra vez, creo que tal vez los habría hecho un poquito más simios y menos humanos. Esas criaturas no eran humanas. Eran simios bípedos. 

Hasta hace muy poco se consideraba que éramos descendientes de Lucy y de las criaturas de Laetoli, pero ahora muchas autoridades en la materia no están tan seguras. Aunque ciertos rasgos físicos (por ejemplo, los dientes) sugieran un posible vínculo entre nosotros, otras partes de la anatomía de los australopitecinos son más problemáticas. Tattersall y Schwartz señalan en su libro Extinct Humans [Humanos extintos] que la porción superior del fémur humano es muy parecida a la de los monos, pero no es como la de los australopitecinos; así que, si está en una línea directa entre los monos y los humanos modernos, eso significa que debemos de haber adoptado un fémur de australopitecino durante un millón de años o así y que, luego, volvimos a un fémur de simio al pasar a la fase siguiente de nuestro desarrollo. No sólo creen que Lucy no fue antepasada nuestra, sino que ni siquiera caminaba demasiado bien. —Lucy y su género no tenían una locomoción que se pareciese en nada a la forma humana moderna —insiste Tattersall—. Esos homínidos sólo caminaban como bípedos cuando tenían que desplazarse entre un hábitat arbóreo y otro, viéndose «forzados» a hacerlo por su propia anatomía.

Johanson no acepta esto. «Las caderas de Lucy y la disposición de los músculos de su pelvis —ha escrito— le habrían hecho tan difícil trepar a los árboles como lo es para los humanos modernos.» La confusión aumentó aún más en los años 2.001 y 2002 en que se hallaron unos especímenes nuevos y excepcionales. Uno de ellos, descubierto por Meave Leakey, de la famosa familia de buscadores de fósiles, en el lago Turkana, en Kenia, recibió el nombre de Kenyanthropus platyops («hombre de Kenia de rostro-plano» ), es aproximadamente de la misma época que Lucy y se plantea la posibilidad de que fuese ancestro nuestro y Lucy sólo una rama lateral fallida. También se encontraron en 2001 Ardipithecus ramidus kadabba, al que se atribuye una antigüedad de entre 5,2 y 5,8 millones de años y Onorin turegensis, al que se le atribuyeron 6 millones de años, con lo que se convirtió en el homínido más antiguo... aunque lo sería por poco tiempo. En el verano de 2002, un equipo francés que trabajaba en el desierto de Djurab, en el Chad (una zona que no había proporcionado nunca huesos antiguos), halló un homínido de casi siete millones de años de antigüedad, al que llamaron Sahelanthropus tchadensis. (Algunos críticos creen que no era humano sino un mono primitivo y, que por ello, debería llamarse Sahelpithecus.) Se trataba, en todos los casos, de criaturas antiguas y muy primitivas, pero caminaban erguidas y lo hacían mucho antes de lo que anteriormente se pensaba. 

El bipedalismo es una estrategia exigente y arriesgada. Significa modificar la pelvis, convirtiéndola en un instrumento capaz de soportar toda la carga. Para preservar la fuerza necesaria, el canal del nacimiento de la hembra ha de ser relativamente estrecho. Eso tiene dos consecuencias inmediatas, muy importantes, y otra a largo plazo. Significa en primer lugar mucho dolor para cualquier madre que dé a luz y un peligro mucho mayor de muerte, tanto para la madre como para el niño. Además, para que la cabeza del bebé pueda pasar por un espacio tan pequeño, tiene que nacer cuando el cerebro es aún pequeño y, por tanto, mientras el bebé es aún un ser desvalido. Eso significa que hay que cuidarlo durante mucho tiempo, lo que exige a su vez un sólido vínculo varón-hembra. Todo esto resulta bastante problemático cuando eres el dueño intelectual del planeta, pero, cuando eres un a ustralopitecino pequeño y vulnerable, con un cerebro del tamaño de una naranja, el riesgo debe de haber sido enorme. 

¿Por qué, pues, Lucy y los de su género bajaron de los árboles y salieron del bosque? Probablemente no tuviesen otra elección. El lento afloramiento del istmo de Panamá había cortado el flujo de las aguas del Pacífico al Atlántico, desviando las corrientes cálidas del Ártico y haciendo que se iniciase un periodo glacial extremadamente intenso en las latitudes septentrionales. Esto habría producido en África una sequía y un frío estacionales que habría ido convirtiendo gradualmente la selva en sabana. «No se trató tanto de que Lucy y los suyos quisieran abandonar los bosques —ha escrito John Gribbin—, como de que los bosques los abandonaron a ellos.» 

Pero salir a la sabana despejada de árboles dejó también claramente mucho más expuestos a los homínidos. Un homínido en posición erguida podía ver mejor, pero también se le podía ver mejor a él. Ahora, incluso, somos una especie casi ridículamente vulnerable en campo abierto. Casi todos los animales grandes que puedas mencionar son más fuertes, más rápidos y tienen mejores dientes que nosotros. El hombre moderno sólo tiene dos ventajas en caso de ataque. Un buen cerebro, con el que podemos idear estrategias, y las manos, con las que podemos tirar o blandir objetos que hagan daño. Somos la única criatura capaz de hacer daño a distancia. Podemos permitirnos por ello ser físicamente vulnerables. 

Da la impresión de que todos los elementos hubiesen estado dispuestos para la rápida evolución de un cerebro potente y, sin embargo, no parece haber sucedido así. Durante más de tres millones de años, Lucy y sus compañeros australopitecinos apenas cambiaron. Su cerebro no aumentó de tamaño y no hay indicio alguno de que se valiesen ni siquiera de los útiles más simples. Y lo que resulta más extraño aún es que sabemos ahora que, durante aproximadamente un millón de años, vivieron a su lado otros homínidos primitivos que utilizaban herramientas, pero los australopitecinos nunca sacaron provecho de esa tecnología tan útil que estaba presente en su medio.

En un momento concreto situado entre hace tres y dos millones de años, parece haber habido hasta seis tipos de homínidos coexistiendo en África. Pero sólo uno estaba destinado a perdurar: Homo, que emergió de las brumas hace unos dos millones de años. Nadie sabe exactamente qué relaciones había entre los australopitecinos y Homo, pero lo que sí se sabe es que coexistieron algo más de un millón de años, hasta que todos los australopitecinos, los robustos y los gráciles, se esfumaron misteriosa y puede que bruscamente hace más de un millón de años. Nadie sabe por qué desaparecieron. «Tal vez nos los comiésemos», sugiere Matt Ridley.

La línea Homo se inicia convencionalmente con Homo habilis, una criatura sobre la que no sabemos casi nada, y concluye con nosotros, Homo sapiens (literalmente «hombre que sabe»). En medio, y dependiendo de las opiniones que tengas en cuenta, ha habido media docena de otras especies de Homo: ergaster, neanderthalensis, rudolfensis, heidelbergensis, erectus y antecessor. Homo habilis («hombre hábil») es una denominación que introdujeron Louis Leakey y sus colegas en 1964, por tratarse del primer homínido que utilizaba herramientas, aunque muy simples. Era una criatura bastante primitiva, con mucho más de chimpancé que de humano, pero con un cerebro un 5o % mayor que el de Lucy en términos absolutos y no mucho menos grande proporcionalmente, por lo que era el Einstein de su época. Aún no se ha aducido ninguna razón persuasiva que explique por qué los cerebros humanos empezaron a crecer hace dos millones de años. Se consideró durante mucho tiempo que había una relación directa entre los grandes cerebros y el bipedalismo (que el abandono de los bosques exigía astutas y nuevas estrategias que alimentaron o estimularon el desarrollo cerebral), así que constituyó toda una sorpresa, después de los repetidos descubrimientos de tantos zoquetes bípedos, comprobar que no había absolutamente ninguna conexión apreciable entre ambas cosas. —No hay sencillamente, que sepamos, ninguna razón convincente que explique por qué los cerebros humanos se hicieron grandes —dice Tattersall. 

Un cerebro enorme es un órgano exigente: constituye sólo el 2 % de la masa corporal, pero devora el 20 % de su energía." Si no volvieses a comer nunca otro bocado de grasa, tu cerebro no se quejaría porque no toca la grasa. Lo que quiere es glucosa, y en grandes cantidades, aunque eso signifique una injusticia para otros órganos. Como dice Guy Brown: «El cuerpo corre constantemente el peligro de que lo consuma un cerebro ávido» pero no puede permitirse dejar que el cerebro pase hambre porque eso lleva enseguida a la muerte». Un cerebro grande necesita más alimento y más alimento significa un mayor peligro. Tattersall cree que la aparición de un cerebro grande puede haber sido simplemente un accidente evolutivo. Piensa, como Stephen Jay Gould, que si hicieses volver atrás la cinta de la vida (incluso si la hicieses retroceder sólo un poco, hasta la aparición de los homínidos) hay «muy pocas» posibilidades de que hubiese aquí y ahora humanos modernos ni nada que se les pareciese. 

«Una de las ideas que más les cuesta aceptar a los seres humanos —dice Jay Gould— es que no seamos la culminación de algo. No hay nada inevitable en el hecho de que estemos aquí. Es parte de nuestra vanidad como humanos que tendamos a concebir la evolución como un proceso que estaba, en realidad, programado para producirnos. Hasta los antropólogos tendían a pensar así hasta la década de 1970.» De hecho, en una fecha tan reciente como 1991, C. Loring Brace se aferraba tozudamente en el texto divulgativo Los estadios de la evolución humana a la concepción lineal, aceptando sólo un callejón sin salida evolutivo, los australopitecinos robustos. Todo lo demás constituía una progresión en línea recta, en la que cada especie de homínido iba portando el testigo de la evolución un trecho y se lo pasaba luego a un corredor más joven y fresco. Ahora, sin embargo, parece seguro que muchas de esas primeras formas siguieron senderos laterales que no llevaban a ningún sitio. 

Por suerte para nosotros, una acertó, un grupo de usuarios de herramientas que pareció surgir de la nada y coincidió con el impreciso y muy discutido Homo habilis. Se trata de Homo erectus, la especie que descubrió Eugéne Dubois en Java en 1891. Vivió, según la fuente que se consulte, entre hace aproximadamente 1,8 millones de años y una fecha tan reciente como 20.000 años atrás. 

Según los autores de Java Man, Homo erectus es la línea divisoria: todo lo que llegó antes que él era de carácter simiesco; todo lo que llegó después de él era de carácter humano. Homo erectus fue el primero que cazó, el primero que utilizó el fuego, el primero que fabricó utensilios complejos, el primero que dejó pruebas de campamentos, el primero que se cuidó de los débiles y frágiles. Comparado con todos los que lo habían precedido, esa especie era extremadamente humana tanto en la forma como en el comportamiento, sus miembros tenían largas extremidades y eran delgados, muy fuertes (mucho más que los humanos modernos) y poseían el empuje y la inteligencia necesarios para expandirse con éxito por regiones enormes. Debían de parecer a los otros homínidos aterradoramente grandes, vigorosos, veloces y dotados. Su cerebro era muchísimo más refinado que todo lo que el mundo había visto hasta entonces. 

Erectus era «el velocirraptor de su época », según Alan Walker, de la Universidad de Penn State, una de las primeras autoridades del mundo en este campo. Si le mirase a uno a los ojos, podría parecer superficialmente humano, pero «no conectarías: serías una presa ». Según Walker, tenía el cuerpo de un humano adulto pero el cerebro de un bebé. 

Aunque Homo erectus ya era conocido desde hace casi un siglo lo era sólo por fragmentos dispersos, insuficientes para aproximarse siquiera a poder construir un esqueleto entero. Así que su importancia (o su posible importancia al menos) como precursor de los humanos modernos no pudo apreciarse hasta que no se efectuó un descubrimiento extraordinario en África en los años ochenta. El remoto valle del lago Turkana (antiguamente lago Rodolfo) de Kenia es uno de los yacimientos de restos humanos primitivos más productivos del mundo, pero durante muchísimo tiempo nadie había pensado en mirar allí. Richard Leakey se dio cuenta de que podría ser un lugar más prometedor de lo que se había pensado, porque iba en un vuelo que se desvió y pasó por encima del valle. Se envió un equipo a investigar y al principio no encontró nada. Un buen día, al final de la tarde, Kamoya Kimeu, el buscador de fósiles más renombrado de Leakey, encontró una pequeña pieza de frente de homínido en una colina a bastante distancia del lago. No era probable que aquel lugar concreto proporcionase mucho, pero cavaron de todos modos por respeto a los instintos de Kimeu y se quedaron asombrados cuando encontraron un esqueleto casi completo de Homo erectus. Era de un niño de entre nueve y doce años que había muerto 1,54 millones de años atrás. El esqueleto tenía «una estructura corporal completamente moderna», dice Tattersall, lo que en cierto modo no tenía precedente. El niño de Turkana era «muy enfáticamente uno de nosotros».

Kimeu encontró también en el lago Turkana a KNM-EP, 8o8, una hembra de 1,7 millones de años de antigüedad, lo que dio a los científicos su primera clave de que Homo erectus era más interesante y complejo de lo que se había pensado anteriormente. Los huesos de la mujer estaban deformados y cubiertos de toscos bultos, consecuencia de un mal torturante llamado hipervitaminosis A, que sólo podía deberse a haber comido el hígado de un carnívoro. Esto nos indicaba, en primer lugar, que Homo erectus comía carne. Era aún más sorprendente el hecho de que la cantidad de bultos indicase que llevaba semanas o incluso meses viviendo con la enfermedad. Alguien había cuidado de ella. Era el primer indicio de ternura en la evolución homínida. 

Se descubrió también que en los cráneos de Homo erectus había (o, en opinión de algunos, posiblemente había) un área de Broca, una región del lóbulo frontal del cerebro relacionada con el lenguaje. Los chimpancés no tienen esa característica. Alan Walker considera que el canal espinal no tenía el tamaño y la complejidad necesarios para permitir el habla, lo más probable era que Homo erectus se hubiese comunicado más o menos del modo en que lo hacen los chimpancés modernos. Otros, especialmente Richard Leakey, están convencidos de que podían hablar. 

Parece ser que, durante un tiempo, Homo erectus fue la única especie homínida. Se trataba de unas criaturas con un espíritu aventurero sin precedentes que se esparcieron por el globo aparentemente con lo que parece haber sido una rapidez pasmosa. El testimonio fósil, si se interpreta literalmente, indica que algunos miembros de la especie llegaron a Java al mismo tiempo que dejaban África, o incluso un poco antes. Esto ha llevado a algunos científicos optimistas a decir que tal vez el hombre moderno no surgió ni mucho menos en África, sino en Asia... lo que sería notable, por no decir milagroso, pues nunca se ha hallado ninguna especie precursora posible nunca fuera de África. Los homínidos asiáticos habrían tenido que aparecer por generación espontánea, como si dijésemos. Y de todos modos, un inicio asiático no haría más que invertir el problema de su expansión; aún habría que explicar cómo la gente de Java llegó luego tan deprisa a África. 

Hay varias alternativas más plausibles para explicar cómo Homo erectus se las arregló para aparecer tan pronto en Asia después de su primera aparición en África. En primer lugar, hay sus más y sus menos en la datación de restos humanos primitivos. Si la antigüedad real de los huesos africanos es el extremo más elevado del ámbito de estimaciones o la de los de Java el extremo más bajo, habría habido tiempo de sobra para qué el Homo erectus africano pudiese llegar hasta Asia. Es también muy posible que aún puedan descubrirse huesos de Homo erectus más antiguos en África. Además, las fechas de Java podrían ser completamente erróneas. 

Lo que es seguro es que en un momento de hace bastante más de un millón de años, algunos seres nuevos, relativamente modernos y que caminaban erguidos abandonaron África y se esparcieron audazmente por gran parte del globo. Es posible que lo hiciesen muy deprisa, aumentando su ámbito de ocupación hasta 40 kilómetros al año como media, todo ello teniendo que salvar cadenas de montañas, ríos, desiertos y otros obstáculos y que adaptarse a diferencias de clima y de fuentes de alimentación. Es especialmente misterioso cómo pasaron por la orilla occidental del mar Rojo, una zona famosa por su terrible aridez hoy, pero aún más seca en el pasado. Es una curiosa ironía que las condiciones que les impulsaron a dejar África hiciesen que les resultase mucho más difícil hacerlo. Pero lo cierto es que consiguieron dar con una ruta que les permitió sortear todos los obstáculos y poder prosperar en las tierras que había más allá. Y me temo que es ahí donde se acaban las coincidencias. Lo que pasó después en la historia del desarrollo humano es tema de largo y rencoroso debate, como veremos en el capítulo siguiente. 

Pero, antes de continuar, conviene que recordemos que todos esos tejemanejes evolutivos, a lo largo de 5.000 millones de años, desde el lejano y desconcertado australopitecino al humano plenamente moderno, produjeron una criatura que aún es genéticamente indiferenciable en un 98,4 % del chimpancé moderno. Hay más diferencias entre una cebra y un caballo, o entre un delfín y una marsopa, que la que hay entre tú y las criaturas peludas que dejaron atrás tus lejanos ancestros cuando se disponían a apoderarse del mundo.
Bill Bryson
Una breve historia de casi todo

martes, 21 de enero de 2014

EVOLUCIÓN HUMANA EN COSMOCAIXA



COSMOCAIXA es el Museo de las Ciencias de Barcelona y es una auténtica aventura a través del conocimiento científico en todos sus ámbitos. Y por supuesto no podía faltar la Evolución Humana. 


Australopithecus, el bípedo. Del bosque a la sabana. Las pisadas de Laetoli son un complemento perfecto de otros restos. De todos los fósiles hallados hasta el día de hoy, el más famoso es el de Lucy. Lucy tiene una antigüedad de 3`4 millones de años y pertenecía a la especie Australopithecus afarensis, con una altura aproximada de 105 cm, un peso liviano de 30 kg, una capacidad craneana de 400 cc, muy similar a los chimpancés. Lucy y sus congéneres empezaron a abandonar el bosque para penetrar poco a poco en la sabana. A pesar de poseer locomoción bípeda, aún no había perdido la capacidad de subir a los árboles. 


Cráneo de Australopithecus africanus procedente de Taung (Sudáfrica) del Paleolítico inferior (3 - 2'5 millones de años). 


Las herramientas, prolongación de la mano. La aparición de las herramientas supuso otro paso decisivo en la evolución humana. Los útiles permiten aprovechar mejor la carne de los animales muertos y la dieta pasa a ser omnívora. El protagonista de este trascendental momento fue el Homo habilis, "el Hombre habilidoso", siendo las herramientas más antiguas, con 2'5 millones de años, las halladas Kada Goria (Etiopía) y Lokalelei (Kenya). De todas formas en la misma época también vivía otro homínido, el Australopithecus robustus, que también pudo ser el responsable de la fabricación de este instrumental lítico. 

                                          

El Homo hábilis fue el responsable de la "Primera Revolución Industrial" de la Historia de la Humanidad Aunque las primeras herramientas eran muy sencillas, para concebirlas (en la mente) y fabricarlas era necesario un importante grado de complejidad cerebral, un conocimiento, al menos intuitivo, de geometría tridimensional y la capacidad motora para su realización. 


Endocráneo de Homo habilis procedente del lago Turkana y una antigüedad de 1'9 millones de años. Habilis vivió en la sabanas del este de África. 


Homo erectus, el primero en salir del continente africano y en dominar completamente el fuego. El primer emigrante llegó a Asia hace 1'8 millones de años y a Europa hace 500.000 años. En el continente Europeo evolucionó hacia el Homo heidelbergensis (para algunos prehistoriadores erectus y heidelbergensis pertenecen a la misma especie de homínido). Su apariencia física era robusta y musculosa, con un dimorfismo sexual similar al nuestro. Su capacidad craneal ya era bastante considerable, entre 1.100 y 1.300 cc. El arpón que utiliza erectus tiene la punta endurecida al fuego y ya no se quiebra con facilidad. 



Cráneo del Homo heidelbergensis que vivió en Europa durante el Paleolítico Inferior (580.000 años). El cráneo es réplica del hallado en Cueva del Aragó en Francia. (vistas lateral y frontal). Heidelbergensis evolucionó en Europa hacia formas neandertales y por tanto (según opiniones) no estaría entre los ancestros de Homo sapiens. 


Homo neanderthalensis, "la otra humanidad". Pasados ya los tiempos, en que neandertal era sinónimo de bruto, salvaje y atrasado, ha quedado constatada su inteligencia y su capacidad para sentir compasión por sus congéneres. Pero aún quedan muchas dudas por resolver ¿porqué se extinguieron?, ¿queda ADN neandertal en la humanidad moderna?, ¿cómo fueron las relaciones neandertal-sapiens?. Quizás, sólo quizás, algún día conozcamos algunas respuestas. 


Cráneo de Homo neanderthalensis. Procedente de La Chapelle-aux-Saints (Francia), con una antigüedad de 60.000 años. 


Homo sapiens procedente de Cromagnon, en Francia. 30.000 años. A partir de aquí hemos evolucionado poco como especie. Ahora nuestros genes están prisioneros de la tecnología. 



. . y al ser humano se le ocurrió aparecer en la Tierra, se emparentó con Neandertales y Australopitecos, se obsesionó por buscar explicación a todo, a darle nombre y clasificar todo cuanto existía, y de esa manera el Caos se convirtió en Cosmos . . . . y como en lo más recóndito de la esencia humana se encuentra el gen de la insatisfacción, comenzó a explorar el Universo (que antes era un auténtico desorden), intentando hallar otras formas de vida, preferentemente inteligente, para preguntarle por el origen y el sentido de la vida ...

domingo, 3 de noviembre de 2013

DELFÍN ALIMENTO DE NEANDERTALES



Los cetáceos siempre han estado muy vinculados a las costas andaluzas, especialmente en las inmediaciones del Estrecho de Gibraltar. 


Desde hace más de 20.000 años los Hombres de Neandertal que vivían a ambos lados del estrecho, cazaban y se alimentaban de estos cetáceos, sobretodo de delfines mulares y comunes.

jueves, 24 de octubre de 2013

ALTAMIRA

la Capilla Sixtina del Arte Rupestre 


Altamira o la Capilla Sixtina del Arte Rupestre, hace unos 30.000 años, en lugares como este, en la franja francocantábrica, nació el arte. En las entrañas de la tierra, en las más profundas paredes de cuevas y cavernas los primeros seres humanos plasmaron figuras de animales, manos y antropomorfos dando con ello origen al arte;  lástima que nos tengamos que conformar con visitar la Neocueva, una especie de réplica de las pinturas de Altamira. En la Neocueva podemos disfrutar de fieles representaciones de los famosos bisontes, aunque carece de la magia de la caverna.  

Para algunos paleoantropólogos, el desarrollo de la mentalidad simbólica, representada en este caso por las manifestaciones artísticas, marcó la diferencia fundamental, que hizo que el Homo sapiens sobreviviese y el Hombre de Neandertal se extinguiese.

Podemos considerar la capacidad para el arte, una de las características que nos hizo humanos, y nos separó definitivamente del resto de los homínidos que nos precedieron, y uno de los más maravillosos ejemplos de esas primeras manifestaciones artísticas, se encuentra en las paredes y techos de la Cueva de Altamira, en Santilla del Mar, en Cantabria. 

Artista anónimo, representa fielmente al bisonte, al caballo y a la cierva, en el lugar donde no llega la luz, el rincón profundo y propicio para la realización de ritos propiciatorios, su impronta quedó grabada en techos y paredes, donde durmieron miles de años, para despertar de su sueño en pleno siglo XX. 


Las excavaciones realizadas en la Cueva de Altamira han proporcionado una sucesión de niveles arqueológicos (y de ocupación) formados entre hace 18.500 y 14.000 años . . 

Altamira ¿un lugar de agregación?, las amplias dimensiones del yacimiento, la riqueza de los objetos decorados, así como la importancia de su arte rupestre, han servido para plantear la hipótesis que la cueva de Altamira fuera para los habitantes de una amplia zona, un punto de reunión al que acudirían periódicamente para celebrar ritos, alianzas o matrimonios; es decir, lo que la ciencia prehistórica conoce como Lugar de Agregación.



martes, 1 de octubre de 2013

NARODNI MUZEJ SLOVENIJE

MUSEO NACIONAL DE ESLOVENIA 


En Ljubliana, capital de Eslovenia, y una de las más coquetas y hermosas ciudades de Europa, se ubica el Museo Nacional de Eslovenia. 


El Museo está situado en calle Presernova 20, muy cerca del parque Tívoli, siendo su sede un edificio clásico y señorial, que recuerda la vinculación de la ciudad con el Imperio de los Habsburgo. El precio de la entrada es de 3 euros, subiendo a 5 euros si además se quiere visitar el Museo de Historia Natural. 


El Museo Nacional es la institución científica y cultural más antigua de este joven, aunque con siglos de historia a sus espaldas, estado centroeuropeo. 

Investiguemos un poco sobre el pasado material de esta región.


La pieza más famosa que se conserva en este museo es la Flauta neandertal de Divje Babe. ¿Estamos ante el instrumento musical más antiguo? Quizás nunca lo sepamos, pero el debate continuará abierto. 


Herramientas líticas.



Instrumental lítico y en metal. 


Primeros arados del Neolítico.


Mujer ¿artífice del Neolítico? 


Artefactos de Bronce, datados entre los milenios XII - XI a.C. 


Maqueta de una aldea palafítica.


Palafito. 


Coraza, umbos de escudo y espada de bronce.


Casco de hierro y bronce. Siglos VI - V a.C. 


Precioso ejemplo de joyería en oro. Posible origen celtoilirio.


Conjunto de espadas de hierro del primer milenio a. C.


Líder tribal de la Primera Edad del Hierro. 


Ornamentación lujosa en las élites de la Primera Edad del Hierro. 


Torques o brazalete, como el que utilizaban los guerreros de la Edad del Hierro. En el caso de esta región muy posiblemente relacionado con los pueblos ilirios. 


Cuerno para libaciones rituales.


Gurú hacia la embriaguez.


Casco con orejeras y protección para la nuca.


Colección numismática. 


Ícaro, escultura funeraria procedente de la ciudad romana de Emona (la misma Ljubliana). Las almas de los difuntos se elevarán a los cielos de la misma forma en que lo hizo Ícaro. 


Exvotos y dioses de época romana. 


Herramientas y armas de hierro y madera. Alta Edad Media. 


Joyas de oro y perlas del siglo VI.


Los primeros pueblos eslavos llegaron a estas tierras a partir del siglo VI.


Freno y estribos. Inventado posiblemente por los ávaros, el estribo revolucionó las tácticas militares y posibilitó el desarrollo del guerrero medieval por antonomasia; el Caballero. 


Reconstrucción de un arado de los primeros siglos medievales, como los utilizados por los eslavos para roturar tierras y ponerlas en cultivo. 


Las vitrinas de este museo son una auténtica gozada.


Muchas de estas piezas se han rescatado de las aguas del río Ljubljanica, que ha sido considerado sagrado a lo largo del tiempo, y por ello, durante siglos, los sucesivos habitantes de la región arrojaron sus ofrendas que desaparecieron bajo su superficie.


Viajero en el Tiempo.
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