En esta esquinita del mar Adriático se fusiona lo mercantil y lo artístico, lo veneciano y lo austríaco, los eslavo con lo mediterráneo. Un destacado puerto comercial en que las huellas de tres estados desaparecidos, la República de Venecia, el Imperio Austrohúngaro y Yugoslavia, son bien visibles. Especialmente las venecianas.

Desde la Edad Media Koper se convirtió en un destacado enclave en la península de Istria, por ese motivo los venecianos, que lo controlaron desde 1278, la denominaron Caput Histriae o Capo d’Istria. En 2024 celebraron su 1500 aniversario (524 – 2024). Dice Robert Kaplan que los romanos la conocieron como Capris, de ahí que los eslavos la llamen Koper. Durante el tiempo que duró su control en Italia, los bizantinos la bautizaron Justinópolis.
Entre Italia y Yugoslavia. Tras el final de la Segunda Guerra Mundial, y durante los primeros compases de la Guerra Fría, el norte de Istria se convirtió en un zona conflictiva. La región fue objeto de agrias disputas entre yugoslavos e italianos, y no se integró en Yugoslavia hasta 1954. Hasta ese momento (y desde 1947) había sido dividida por los aliados en dos zonas: la Zona A, que comprendía Trieste y los alrededores, bajo una administración temporal anglo-estadounidense, y la Zona B, en la que se integraban Koper, Piran, Umag y Novigrad, que quedó bajo control yugoslavo.

En un compromiso, ideado para apaciguar a ambas partes, la Zona A fue finalmente entregada a Italia (principalmente para evitar que el puerto de Trieste cayera bajo control y/o influencia soviética) y la Zona B pasó formalmente a integrarse en Yugoslavia. Un acuerdo diplomático que no terminó de satisfacer a ninguna de las dos partes, pues cada una de ellas se mostró indignada por perder territorios sobre los que creían poseer derechos históricos. Tito siempre había considerado a Trieste como una ciudad yugoslava, y a los italianos les resultó difícil renunciar a sus reclamos sobre Istria en su conjunto.
Con la absorción del norte de Istria en Yugoslavia, Umag y Novigrad se unieron a la República de Croacia como el resto de la península; los pueblos de la costa norte, sin embargo, pasaron a formar parte de Eslovenia. fue, quizás, para dar a la república una salida al mar.
Una ciudad a la que tenía ganas desde hace algún tiempo. La estancia ha sido breve pero placentera e interesante. Tres plazas emblemáticas – Presernov, Tito, Carpaccio – tres espacios abiertos para conocer parte de la historia de Koper. Una ciudad menos turística que otras ciudades istrianas como Pirán o Rovinj, pero no por ello menos interesante.

Viniendo por carretera desde Italia, Koper es la primera ciudad de cierta importancia que encuentra el viajero. Se trata de uno de los centros urbanos más grandes de Istria, situado en lo que originalmente era una pequeña isla pero ahora está incorporado a la tierra firme. Las torres y las grúas del puerto se elevan por encima de un abigarrado casco viejo de esencia veneciana. La falta de playas y su ajetreado puerto comercial la han mantenido relativamente libre de turistas. Ahí radica, precisamente, parte de su atractivo.
Más allá del casco histórico de Koper se trazan carreteras y autovías, se extienden zonas de aparcamiento y se levantan oficinas y bloques de pisos. Lo habitual en cualquier ciudad del mundo. El edificio donde nos hospedamos, de grandes dimensiones, recuerda, por su forma, a un enorme transatlántico. Podríamos recorrer el mundo sin salir de su interior.
Vrata Muda. Lo mejor es comenzar las cosas (y las casas) por el principio, así que ingresamos al casco histórico de Koper a través de la Vrata Muda. Ya pasaron los tiempos de los portazgos, así que no es necesario abonar nada para entrar en la ciudad.
Una puerta de estilo renacentista, con algunos soles con rostro humano en su decoración.
Presernov trg. Iniciamos nuestro recorrido por la plaza Preseren, inmediatamente después de cruzar la Vrata Muda. Nos encontramos en una típica plaza mediterránea con aires venecianos. En la ciudad de los canales, estas plazas reciben el nombre de campo. Y si son más pequeños, campiellos. En Venecia solo hay una plaza denominada piazza, San Marco. Pero hoy estamos lejos de ella.
Vodnjak De Ponte. La plaza Preseren, cuyo nombre evoca a una de las más celebradas figuras literarias de Eslovenia, está presidida por una ornamentada fuente barroca, la fuente Da Ponte.
Zupanciceva ulica. El empedrado de las calles comienza a ascender suavemente hacia el corazón histórico, político y religioso de Koper.
Palača Carli. Un palacio barroco del siglo XVIII. Un restaurante que se ubica en sus inmediaciones provoca que pase casi inadvertido para el caminante despistado. El edificio es uno de los palacios barrocos más representativos de Koper, su planta irregular recuerda a un diseño medieval. La fuente que preside el patio interior, del siglo XV, está documentada como una de las más antiguas de Eslovenia.
El palacio pasó a ser propiedad de la familia Carli famosos en el ámbito cultural y político. Entre ellos destaca Gian Rinaldo Carli (1720–1795), personaje ilustrado que hizo incursiones en varias áreas del conocimiento; historiador, economista y comerciante de antigüedades Después de haber dejado la cátedra de astronomía y náutica en la Universidad de Padua, gestionó durante algunos años la propiedad heredada en Capodistria; pronto aprovechó el gran éxito de su libro sobre los modos para conservar el valor del dinero en el comercio, para emprender una carrera política.
Palača Barbabianca. Otro bonito ejemplo de la arquitectura barroca de la ciudad, escondido en un callejón sin salida.
Cevijarska ulica. La calle de los señores y sus palacios. Pero también de los gremios y de los comercios. Una calla sombreada y fresca, ideal para pasear en verano. No se como será en invierno. A través de un arco, que se abre en la parte inferior del Palacio Pretoriano, llegamos a la plaza Tito.
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| Una plaza veneciana de nombre yugoslavo. |
Plaza Tito. Koper – Capodistria fue veneciana, austríaca, italiana y también yugoslava. La marca más palpable de su pasado en la vieja Yugoslavia, es el nombre de su plaza más destacada, la Plaza Tito. En homenaje al marical que diseñó y gobernó la República Federativa Socialista de Yugoslavia. Un espacio que recuerda, como no, a Venecia. Pero también a Florencia. E incluso a alguna de esas pintorescas ciudades de Baviera, como la célebre Rothenburg. Tiene mucho de italiano, pero no podemos ignorar la impronta germana. Alrededor de la plaza se colocan estratégicamente algunos de los edificios más emblemáticos de Koper. Son la materialización de los poderes inmemoriales que han regido los destinos del mundo: la política, la religión y la economía.
Pretorska palača. Me sitúo frente al palacio Pretoriano, de formas horizontales, con esos merlones tan característicos, los relives, y por supuesto, el León alado. No cabe duda que estamos en Venecia.

El gótico veneciano se desparramó por todo el Adriático, para que ni el tiempo, ni la historia pueden olvidar, ni dudar, de su presencia. Un imperio basado en el comercio, los mercados y los establecimientos costeros. Cuantas cosas nos enseñaron los fenicios. Para la República de Venecia la península de Istria era una línea de defensa frente al imperio de los Habsburgo y los otomanos. Sus diplomáticos fueron capaces de mantener buenas relaciones con ambos. Este edificio recuerda a otros, con la misma marca veneciana, que hemos podido ver en Pula, en Troggir y en Malamocco.
El palacio del Pretor empezó a construirse a finales el siglo XIV, cuando se consolido el dominio de la República en la ciudad. Los blasones y las efigies de los podestá esculpidos con gran belleza en la fachada, resumen la esencia del poder veneciano en Koper. Los merlones fueron en realidad añadidas en 1664 y solo sirvieron para un propósito decorativo.
Junto a un escudo, coronado por el León Alado, otro de los dominadores de la ciudad, colocó al Águila Imperial Austriaca.
La justicia coronada, con espada y balanza, en este caso sin la venda en los ojos, corona la fachada principal del edificio. En la antigua República de Venecia la justicia no era ciega, sino que debe ver claramente la verdad para poder juzgarla con sabiduría.