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domingo, 8 de abril de 2018

LOS MONTES DEL LOBO.


Erase una vez un bosque tan antiguo como el tiempo nuestros antepasados creían que era un milagro de contemplar, era un reino misterioso, tan inmenso que nadie sabía donde empezaba ni donde acababa, un mar infinito de verdor se extendía hasta los picos más elevados, aguas cristalinas fluían desde las cumbres para regar los valles de abajo, y donde hay agua hay vida. Miles de millones de criaturas colonizaron estas tierras vírgenes, los ríos llevaban infinidad de peces en sus aguas, y el cielo estaba repleto de aves, estas tierras albergaban las criaturas más espectaculares que pisaban el planeta , así era la Europa de hace milenios. Y nosotros éramos parte de esa Naturaleza. Pero con el tiempo ese mundo indómito se convirtió en un enemigo a conquistar y explotar. Hoy, como en el milagro de antaño, la vida salvaje resurge poco a poco de sus cenizas, en un territorio conocido como los montes del lobo. 

Esta región en los límites de Eslovaquia, Polonia y Ucrania forma parte de la cadena montañosa de los Cárpatos Orientales, su nombre data de la época medieval, y se debe a uno de sus moradores más antiguos, el lobo. Pocos seres humanos se aventuran a entrar aquí, es un reino de depredadores y presas, el hogar de formas únicas de vida silvestre, animales que dominan uno de los ecosistemas más complejos de Europa.

domingo, 8 de octubre de 2017

TAIGA O BOSQUE BOREAL.



Allí donde acaba el mundo de las ciudades, en los límites de la región templada, comienza la profunda taiga o bosque boreal. El lejano septentrión, tierras ajenas y extrañas para el mundo mediterráneo, se extiende la silenciosa taiga, enormes bosques de coníferas (pinos, abetos, cedros), árboles cuyas hojas tienen forma de aguja y desarrollan una gruesa cubierta que se adapta a las escasas precipitaciones. También evita la pérdida excesiva de agua, escasa precisamente por las pocas lluvias (concentradas en época estival) y las heladas invernales. La forma cónica de las copas de los árboles permite que la nieve resbale por ellas. Raíces largas y poco profundas para aprovechar mejor los nutrientes de las hojas y restos vegetales que caen al suelo (muy delgado y pobre). Estos árboles crecen apiñados entre sí para protegerse de las fuertes ventiscas. Una masa vegetal de aspecto gris, monótono y sombrío.


Las temperaturas extremas de un riguroso clima continental, con un verano corto y cálido, y un invierno muy largo y extremadamente frío, condicionan el medio físico y las formas de vida.


Suelos pobres, ásperos, casi sin vida. El deshielo primaveral pudre las plantas y enriquece el suelo. Las bajas temperaturas inhiben la acción bacteriana de los hongos, por lo que la descomposición es muy lenta. Por otra parte se trata de suelos muy ácidos para que puedan vivir las lombrices, por lo que el humos no se mezcla bien con la materia mineral. Resultado: suelos muy pobres, tipo “podzol”.


La vida es muy dura para los animales que habitan la taiga, como el oso pardo, el lobo, el zorro, la marta, el glotón, el visón, el alce y el ciervo, así como los ganados de renos semidomésticos. En invierno las aves emigran a latitudes más cálidas. Muchos de estos animales tienen la capacidad de cambiar de color su piel en función de la estación, como es el caso del armiño. En verano, con las temperaturas cálidas y los días de 24 horas, proliferan los insectos voladores, especialmente los molestos mosquitos.


sábado, 11 de marzo de 2017

INARI



El zorro Inari es el dios japonés de la fertilidad, del arroz, de la risa y del éxito en general. Según la tradición sintoista esta deidad siempre iba acompañado de un zorro de color blanco. 

jueves, 17 de marzo de 2016

EL ZORRO ÁRTICO Y LA AURORA BOREAL.



La aurora boreal – revontulet – es uno de los fenómenos más espectaculares que ofrece la Naturaleza, en el escenario incomparable (e inimitable) del cielo invernal septentrional. Los saamis, ancestrales habitantes de esas lejanas latitudes tienen en su acervo cultural un sencilla leyenda para explicar este mágico prodigio. En las eternas noches invernales, cuando la calma se apodera de la bóveda celeste, un zorro rojo recorre incansable todo el norte del país, cruza las gélidas mesetas árticas, su cola roza las montañas nevadas y lanza chispas que dibujan en el cielo un hermoso juego de luces. Para los habitantes de Laponia, estas luces tenían efectos balsámicos en las personas, pues eran capaces de resolver cualquier conflicto.

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