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sábado, 23 de marzo de 2019

LAS COLONIAS ANDALUZAS DE POBLAMIENTO.




La baja densidad de población en España llamaba la atención a los extranjeros que visitaban el país. El problema se acentuaba en algunas zonas que constituían verdaderos desiertos, como la comprendida entre la ladera sur de Sierra Morena y el margen derecho del río Guadalquivir. Durante el reinado de Carlos III se planteó la posibilidad de repoblar y colonizar estas comarcas de Andalucía.

Como no sobraban habitantes en otras zonas de España, el marqués de la Ensenada elaboró un proyecto de repoblación con colonos procedentes de otros países europeos con exceso de población, a condición de que fuesen católicos. En 1766 se llegó a un acuerdo con el coronel alemán Von Thürriegel, quien ofreció traer a España 6000 colonos bávaros con sus familias.

Después de una serie de consultas, en las que desempeñó un papel fundamental el intendente de Andalucía Pablo de Olavide, se concretaron los detalles para la colonización y se eligió la zona comprendida entre los términos del Viso del Marqués y Écija, pasando por Bailén y Córdoba.

Hacia 1775 había asentados más de 3000 colonos en una serie de localidades conocidas como “Nuevas Poblaciones o Poblaciones Carolinas”, entre las que se encontraban las actuales La Carolina, La Carlota, Guarromán y La Luisiana.

El proceso de colonizadores de Sierra Morena tuvo detractores y entusiastas defensores. Para las primeras, este proceso constituyó un fracaso, y las poblaciones fundadas eran lugares de vivio y corrupción. Por el contrario, los defensores de la colonizacíon señalaban que Sierra Morena se había convertido en un lugar paradisíaco, donde artesanos y campesinos habían constituido sociedad laboriosas. Para ellos, la colonización era un magnífico ejemplo práctico de la bondad de las teorías ilustradas.

La colonización hubo de hacer frente a numerosos problemas, y no fue una tarea fácil. Sin embargo, era ya una realidad de finales del reinado de Carlos III. A los inmigrantes alemanes se habían unido algunos españoles, y por esas fechas vivían en las nuevas poblaciones 1500 familias.


jueves, 21 de marzo de 2019

PABLO DE OLAVIDE.




Pablo de Olavide es uno de los protagonistas de las medidas ilustradas que puso en marcha el gobierno de Carlos III. Nació en Lima (Virreinato del Perú) donde inició su carrera política, vivió luego en Francia, donde entro en contacto con las ideas filósofos ilustrados. Una vez en España ocupó el cargo de intendente en Andalucía, un puesto desde el que dirigió la política de explotación de nuevas tierras y creación de colonias de poblamiento en Sierra Morena.

Su política de reformas lo enfrentó a las fuerzas más conservadoras, incluyendo a la Inquisición que lo acusó de hereje, y lo juzgó, hallándolo culpable. Cumplió dos años en prisión y luego huyó a Francia.

En Sevilla (cuya Universidad lleva su nombre) Pablo de Olavide mejoró las obras de defensa frente a las inundaciones y el alumbrado público. Además realizó obras de desecación y saneamiento de zonas inundadas.

lunes, 18 de marzo de 2019

GASPAR MELCHOR DE JOVELLANOS.




En el siglo XVIII, en el contexto de la Ilustración Europea, surgió en España un grupo de pensadores ilustrados preocupados por modernizar la sociedad y la economía españoleas. Entre todos ellos destacó Jovellanos.

Gaspar Melcho de Jovellanos fue un político miembro de la Sociedad Económica Matritense y de la Junta de Gobierno y Moneda, para las que realizó importantes trabajos, como su Informe en el expediente de la Ley Agraria, donde analizaba los problemas de la agricultura española.

En sus escritos criticó los privilegios del Antiguo Régimen, fustigó a la nobleza ociosa, se opuso a los prejuicios de la Iglesia y justificó la necesidad de una reforma agraria. Jovellanos estuvo en contacto y polemizó con otros ilustrados de la época como el conde de Floridablanca, el conde Campomanes, Pablo de Olavide, el marqués de Ensenada y el conde de Aranda.

Jovellanos defendió que la modernización económica de España debía iniciarse con una reforma agraria que liberalizarse la propiedad de la tierra.

“Dígnese vuestra alteza a derogar las bárbaras leyes que condenan a perpetua esterilidad tantas tierras comunes; (…) las que prefieirndo las ovejas a los hombres, han cuidado más de las lanas que los visten que de los granos que los alimentan; las que estancando la propiedad privada en las eternas manos de pocas familias poderosas, encarecen la propiedad libre y sus productos, y alejan de ellas los capitales y la industria de la nación (…).
Gaspar M. de Jovellanos: Informe sobre la ley Agraria, 1794.


jueves, 14 de marzo de 2019

LA ILUSTRACIÓN EN ESPAÑA.




La Ilustración y el Despotismo Ilustrado en España tienen nombre propio Carlos III. El monarca (hijo de Felipe V y que había sido rey de Nápoles) depositó su confianza en una serie de ilustrados reformistas como Campomanes, Floridablanca, Olvaide o Jovellanos para poner en marcha un ambicioso proyecto renovador:

Se potenciaron todos los sectores de la economía, establecimiento de la fisiocracia en el campo español y la creación de fábricas protegidas por el estado llamadas manufacturas reales.

Primeros intentos de Desamortización: expropiar las tierras que no estaban siendo explotadas. No se llegó a poner en práctica.

Se reformó la educación que estaba en manos del clero. Pretendían generalizar la educación y que fuera accesible a todos los sectores de la sociedad, y combatir a la Inquisición, que seguía siendo una infranqueable barrera para el progreso. Se crearon escuelas de Primaria y se renovaron los estudios universitarios, hasta entonces controlados por la Iglesia.

Se intentó acabar con los privilegios de la nobleza y el clero. En este aspecto lo más destacado fue la expulsión de los jesuitas de España.

Se fomentó el contacto con las nuevas corrientes culturales y se desarrolló (o al menos se pretendió) la investigación científica. Para ello se fundaron las Sociedades de Amigos del País para potenciar los nuevos saberes y difundir las ideas ilustradas.

“Los acompañantes de Carlos III darían vida a un proyecto modernizador que durante treinta años consumió las energías de la burocracia y el pensamiento. Procedente de Francia, el despotismo ilustrado, forma de gobierno por la cual un rey absoluto se rodeaba de una minoría culta para proyectar las reformas encaminadas al progreso cultural y material del país, irrumpía en la corte madrileña.
Una oleada de expectación acompañaba la llegada a España de Carlos III. La obra realizada bajo su tutela en el reino de Nápoles había erigido al hijo de Felipe V en un monarca ilustrado a los ojos de las clases más cultas y emprendedoras de España. Hombres de Estado, a veces filósofos o economistas, a veces poetas, los ilustrados españoles soñaban con sacar al país de su atraso y confiaban en que el monarca se convirtiera en el ariete con el que derribar las murallas del inmovilismo. En permanente conflicto con la Iglesia y los tribunales de la Inquisición, Campomanes, Floridablanca, Olavide, Cabarrús o Jovellanos creyeron encontrar en la monarquía la palanca ideal para levantar España. Todos defendían una política de reformas dentro de los márgenes del Antiguo Régimen. Nunca se imaginaron, sin embargo, que el absolutismo por ellos defendido acabaría siendo una rémora del tan buscado progreso”.
Historia de España. De Atapuerca al Estatut. Fernando García de Cortázar.

A pesar de la ilusión generada las políticas puestas en marcha por Carlos III y sus consejeros dieron pocos resultados. No se consiguió una reactivación significativa de la economía, nobleza y clero se oponían a cualquier medida que afectase al mantenimiento de sus privilegios. Las ideas ilustradas tampoco calaron en la sociedad, pues muchos aspectos se contradecían con el absolutismo monárquico.

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