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viernes, 19 de febrero de 2016

OVIDIO, EL POETA DESTERRADO



¿Acaso la más exquisita pluma de la Antigüedad Clásica? El poeta Ovidio gozó de fama y prestigio en vida, demostró profundos conocimientos del alma humana y las turbias pasiones que la dominan en el Ars Amandi e hizo gala de una gran cultura y esmerada erudición en las Metamorfosis.

Enemistado con el emperador Augusto, el hombre más poderoso de su tiempo, que lo expulsó de Roma, el poeta acabó exiliado en las orilla del Ponto (mar Negro), en los confines del Imperio y del mundo civilizado, donde le cantó a la desesperación y la incurable tristeza humanas.



Lejos de la opulenta y ajetreada vida de la urbe “caput mundi”, Ovidio lloró amargamente su mala fortuna desterrado en la llanura póntica, con la salvaje Escitia en el horizonte, y su apesadumbrada figura permanecerá hasta el final de los tiempos contemplando la salida del sol sobre el mar Negro.

lunes, 7 de septiembre de 2015

LA LEYENDA DE MAMAIA.



Mamaia es a Rumanía, lo que Ibiza a España, aunque su fisonomía es más similar a la Manga del mar Menor. A orillas del mar Negro, situada varios kilómetros al norte de la histórica Constanza, Mamaia es un moderno complejo turístico de primer nivel, con playa, hoteles, casinos, varios campings, discotecas y parques acuáticos, y toda las estructuras necesarias para el ocio y la diversión, sin ningún género de dudas, un lugar muy apetecible para veranear. Una antigua leyenda cuenta el origen de su nombre.



Hace mucho tiempo, en época de la dominación otomana, un oficial del ejército turco que visitaba con frecuencia Constanza, solía parar habitualmente en una pequeña taberna a orillas del mar. En uno de esos viajes, el hijo del oficial quedó prendado de la hermosura y sencillez de la hija del tabernero, enamorándose locamente de ella. La religión, siempre la religión, con ella cristiana y él musulmán, prohibía el amor e imposibilitaba esa unión. El joven turco, audaz y decidido, raptó a la bella tabernera y se hizo a la mar en un pequeño bajel. La cristiana cautiva pedía auxilio, llamaba a su madre y clamaba a voz en grito: “¡Mamaia, mamaia!”. Entre gritos, lágrimas y sollozos, la desafortunada cayó al agua y murió ahogada. El enamorado turco, con el alma rota en mil pedazos y el cuerpo de su amada en brazos, decide quitarse la vida, poniendo punto y final a la trágica e incompleta historia de amor. Desde aquel fatídico día el pequeño pueblo marinero donde estaba la taberna empezó a ser conocido como Mamaia.  
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