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martes, 2 de abril de 2013

LAS EDADES DE LA HUMANIDAD


"Por tanto, afirmé, en vista de que es una necesidad de la naturaleza que los hombres y los animales hayan existido siempre, ya sea, en efecto, que exista un principio generador de los seres vivos, como creyeron Tales de Mileto y Zenón de Citio, o por el contrario que no haya principio alguno de éstos, como estimaron Pitágoras de Samos y Aristóteles de Estagira, es preciso que se haya descendido paulatinamente desde la época primigenia de la vida humana hasta el momento actual, como escribe Dicearco, y que el estadio más primigenio haya sido el estadio natural, cuando los hombres vivían de los bienes que la tierra virgen producía espontáneamente; y que de esta forma de vida se descendió a una segunda, la vida pastoril, y, del mismo modo que, al arrancar la bellota, el madroño y las moras de los árboles y arbustos silvestres y sin cultivar, recogían las frutas para su consumo, así también de entre los animales, a causa de su utilidad, capturaban en estado salvaje a los que podían, los encerraban y los domesticaban. Entre ellos se cree, no sin razón, que en primer lugar fueron domeñadas las ovejas tanto por su utilidad como por su mansedumbre. Éstas, en efecto, son dóciles en grado extremo y absolutamente idóneas para la vida de los hombres. En efecto, para la alimentación, proporcionaron leche y queso, y, para el cuerpo, vestido y pieles. Finalmente, en un tercer estadio, pasaron de la vida pastoril al cultivo del campo, forma de vida en la que conservaron muchas cosas de los dos estadios anteriores, y allí donde habían descendido, avanzaron mucho hasta llegar a nosotros"
Los Trabajos del Campo, II, 1, 3- 5.
Marco Terencio Varrón. 

lunes, 10 de diciembre de 2012

GEOGRAFÍA DE IBERIA ESTRABÓN (XVI)


7 Montañeses del Norte.
Todos los montañeses son austeros, beben normalmente agua, duermen en el suelo y dejan que el cabello les llegue muy abajo, como mujeres, pero luchan ciñéndose la frente con una banda. Comen principalmente chivos, y sacrifican a Ares un chivo, cautivos de guerra y caballos. Hacen tambien hecatombes de cada especie al modo griego, como dice Píndaro:

de todo sacrificar cien.

Realizan también competiciones gimnásticas, de hoplitas e hípicas, con pugilato, carrera, escaramuza y combate en formación. Los montañeses, durante dos tercios del año, se alimentan de bellotas de encina, dejándolas secar, triturándolas y luego moliéndolas y fabricando con ellas un pan que se conserva un tiempo. Conocen también la cerveza. El vino lo beben en raras ocasiones, pero el que tienen lo consumen pronto en festines con los parientes. Usan mantequilla en vez de aceite. Comen sentados en bancos construidos contra el muro y se sientan en orden a la edad y el rango. Los manjares se pasan en círculo, y a la hora de la bebida danzan en corro al son de flauta y trompeta, pero también dando saltos y agachándose, y en Bastetania danzan también las mujeres junto con los hombres cogiéndose de las manos. 

Todos los hombres visten de negro, sayos la mayoría, con los que se acuestan también sobre jergones de paja. Utilizan vasos de madera, igual que los celtas. Las mujeres van con vestidos y trajes floreados. En vez de moneda, unos <...> y los que viven muy al interior se sirven del trueque de mercancías, o cortan una lasca de plata y la dan. A los condenados a muerte los despeñan y a los parricidas los lapidan más allá de las montañas o de los ríos. Se casan igual que los griegos. A los enfermos, como antiguamente los egipcios, los exponen en los caminos para que los que la han pasado les den consejos sobre su enfermedad. Para las subidas del mar y los pantanos usaban, hasta la época de Bruto, embarcaciones de cuero, pero hoy día incluso las talladas a partir de un solo tronco son ya raras. Su sal es púrpura, pero blanca una vez molida. Este, como he expuesto, es el género de vida de los montañeses, y me refiero a los que jalonan el flanco norte de Iberia: calaicos, astures y cántabros hasta llegar a los vascones y el Pirene; pues el modo de vida de todos ellos es semejante. Pero temo dar demasiados nombres, rehuyendo lo fastidioso de su transcripción, a no ser que a alguien le agrade oír hablar de los pleutauros, bardietas, alotriges y otros nombres peores y más ininteligibles que éstos.

8 La Paz Romana.
 Pero su ferocidad y salvajismo no se deben sólo al andar guerreando, sino también a lo apartado de su situación; pues tanto la travesía por mar como los caminos para llegar hasta ellos son largos, y debido a la dificultad en las comunicaciones han perdido la sociabilidad y los sentimientos humanitarios. Actualmente padecen en menor medida esto gracias a la paz y la presencia de los romanos, pero los que gozan menos de esta situación son más duros y brutales. Y por otra parte, existiendo como existe en algunos pueblos una miseria derivada de los lugares y montañas donde viven, es natural que se acentúe tan extraño carácter; pero ahora, como dije, han dejado todos de luchar: pues con los que aún persistían en los bandidajes, los cántabros y sus vecinos, terminó el César Augusto, y los coniacos y los que viven junto a las fuentes del Íber, los plentuisos, en vez de saquear a los aliados de los romanos, luchan ahora a favor de éstos. Y Tiberio, sucesor de aquél, apostando un cuerpo de tres legiones en estos lugares por indicación de César Augusto, no sólo los ha pacificado, sino que incluso ha civilizado ya a algunos de ellos.

jueves, 22 de noviembre de 2012

GEOGRAFÍA DE IBERIA ESTRABÓN (VIII)



7 La pesca
    Mas, con ser tan rico el interior de Turdetania, podría hallarse su rival en la región costera, por los bienes procedentes del mar; porque todas las ostras y almejas destacan en general por su cantidad y tamaño en todo el Mar Exterior, pero más que nada allí debido a que en esa zona las pleamares y bajamares son mayores, las cuales son, verosímilmente, las causantes de su número y su tamaño gracias al ejercicio a que las someten. Lo mismo ocurre con los cetáceos de todo tipo, orcas, ballenas y cachalotes, de los cuales parece surgir cuando espiran una especie de columna nebulosa si se mira desde lejos. Y los congrios parecen monstruos por lo mucho que sobrepasan en tamaño a los nuestros, así como las murenas y otros muchos peces de este género. Dicen que en Carteya se encuentran buccinas y púrpuras de diez cótilas, y que en puntos de más allá de las Columnas la murena y el congrio pesan hasta más de ochenta minas, el pulpo un talento, y que los calamares y especies afines miden dos codos.

    Se reúnen también en esta zona muchos atunes que vienen de otras partes de la costa exterior, gordos y voluminosos. Se alimentan con la bellota de una encina que se cría en el mar y es enana en extremo, que produce un fruto muy suculento. En Iberia se da también con profusión en tierra firme, tiene raíces grandes como las de una encina crecida, pero de tronco se levanta menos que una pequeña. Produce tanto fruto que después de su sazón aparece cubierta de bellota la costa, tanto la del lado de acá como la del de más allá de las Columnas, que arrojan las mareas; pero la de la costa de más acá de las Columnas es siempre más pequeña y se encuentra en mayor cantidad. Polibio afirma que esta bellota llega hasta la costa latina, "a no ser, dice, que la produzcan también Sardon y las comarcas vecinas". Y los atunes, cuanto más se aproximan a las Columnas viniendo desde el exterior, tanto más adelgazan por falta de alimento. Es por tanto un cerdo marino este animal, porque disfruta con la bellota y engorda especialmente con ella, y si hay abundancia de bellotas hay también abundancia de atunes.

8 La minería. Obtención del oro.
      Pero, a pesar de estar dotada dicha región de tantos bienes, no se maravillaría uno menos, sino todo lo contrario, al conocer la generosidad de sus minas; porque de ellas está repleta toda la tierra de los iberos, aunque no toda sea tan fértil y próspera, especialmente la que proporciona minerales. Raro es gozar de ambos recursos, pero raro es también que la misma tierra esté llena de minerales diversos en un territorio reducido. La Turdetania y comarcas limítrofes no dejan, a los que quieren ensalzarlas por sus bondades, palabras que las reflejen adecuadamente. Pues ni el oro, ni la plata, ni el cobre, ni el hierro, en ningún lugar de la tierra se ha comprobado hasta ahora que se produzcan en tan gran cantidad ni de tan alta calidad. 

    El oro no se extrae sólo en las minas, también se recoge en los cursos de agua. Los ríos y torrentes arrastran la arena aurífera, que se da en muchos lugares incluso en sitios sin agua, pero mientras que en éstos es invisible, en los terrenos anegados el polvo de oro refulge. Y cubriendo los lugares secos con agua que acarrean, hacen brillar el polvo, y excavando pozos e ideando otras técnicas separan, mediante lavado, de la arena el oro, e incluso más numerosos que las minas de este metal son hoy los llamados lavaderos de oro. Los gálatas estiman que son parejas sus minas del monte Cemeno y las emplazafas bajo el mismo Pirene, pero en realidad tienen más fama las de aquí. Cuentan que entre el polvo de oro se han encontrado a veces pepitas de media lira, que llaman palas, que tan sólo necesitan una leve purificación. Dicen también que al partirse las piedras se hallan pepitas semejantes a tetillas, que de la cocción y purificación del oro con un mineral astrigente queda como residuo el électron, y que al cocer de nuevo éste, que tiene una aleación de oro y mercurio, se consume el mercurio y subsiste el oro, porque el mercurio es fácil de volatilizar y el mineral a la vez. Por ello se derrite mejor el oro con fuego de paja, porque la llama, al ser sueave, es proporcionada a una sustancia que cede y se volatiliza fácilmente, y en cambio el carbón, al derretirlo demasiado y evaporarlo con su violencia, consume gran parte del oro. En las corrientes se recoge y se lava allí cerca en pilas; o bien se excava un pozo y se lava la tierra extraída. Los hornos del mercurio los construyen elevados para que la fulígine que se desprende de los trozos del mineral se eleve en el aire, pues es pesada y nociva. Algunas de las minas de cobre son conocidas como minas de oro, de lo que se infiere que anteriormente se extraía de ellas oro.
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