viernes, 26 de abril de 2019

CUERVOS.




Negro y vigilante. No hay lugar donde no encontremos a esta enigmática, y a ratos, inquietante ave. De Septentrión al Mediterráneo, del Occidente al Oriente europeo. Para algunos un pájaro de mal agüero, para Edgar Allan Poe la materalización de la desesperación y el miedo.

En un trono de Asgard permanece sentado el tuerto Odín, dos cuervos vigilan para él y le cuentan todo lo que acontece en el mundo de los hombres. Cuando veo un cuervo revoloteando a mi alrededor, me siento observado.

JOHN STARK.




Estados Unidos forjó su independencia en el campo de batalla, y son muchos los que derramaron sus sangre por la causa. Algunos, unos pocos, alcanzaron en el combate el estatus de héroe. John Stark había combatido a los franceses y a los indios como general británico, pero al estallar la Guerra de Independencia tuvo claro cual era su bando. Militar valiente y con capacidad para motivar a sus tropas, tuvo una destacada actuación en el conflicto bélico que enfrentó a los colonos contra la Corona Inglesa, siendo uno de los principales protagonistas en la decisiva victoria de Saratoga. Después de servir durante toda la guerra, se retiró a su granja, donde vivió hasta los 93 años.

jueves, 25 de abril de 2019

CUEVA MEDRANO ¿PRISÓN DE CERVANTES?.




¿Cuántas grandes obras literarias habrían sido gestadas en privación de libertad?. En Argamasilla de Alba se encuentra la Cueva de Medrano, en la que, según tradición popular, Miguel de Cervantes se encontró con su criatura, el caballero Don Quijote de la Mancha.

En la actualidad, la fachada del Centro Cultural Casa de Medrano, de arquitectura moderna, aunque con rasgos de la arquitectura tradicional manchega, esconde en su interior la rústica bodega, en realidad una cueva, que ha sido identificada, con más o menos fortuna, con la prisión en que Miguel de Cervantes concibió a su Don Quijote. La torturada imaginación del escritor atravesó los bastos muros de cal y canto, y voló por la inmensa llanura manchega, donde imaginó a un caballero andante fuera de su tiempo.


Aquellos que defienden la estancia de Cervantes en Argamasilla de Alba basan su hipótesis en unas palabras del prólogo de la novela:

¿Qué podrá engendrar el esteril y mal cultivado ingenio mío, sino la historia de un hijo seco, avellanado, antojadizo y lleno de pensamientos varios y nunca imaginados de otro alguno, bien como quién engendró en una cárcel, dónde toda incomodidad tiene su asiento y donde todo triste ruido hace su habitación?


La casa perteneció a la influyente familia de los Medrano y entre 1600 y 1603 transcurre el período en el que fue encarcelado aquí el autor del Quijote. En la centuria siguiente (1762) el edificio es adquirido para fines culturales por el infante Gabriel de Borbón (uno de los hijos de Carlos III), prior de la Orden de San Juan, instalada desde el Medievo en estas tierras. En el año 1863 el editor Manuel Rivadeneyra traslada a este lugar parte de su imprenta y edita su célebre Quijote de Argamasilla de Alba, prologado y comentado por J. L. Hartzenbusch.


Precisamente Hartzenbusch siempre estuvo convencido que Cervantes sufrió presidio en esta cueva (algo que no está documentado en papel, que al final es lo que parece importar) y por ese motivo pergeñó la romántica idea de imprimir un Quijote en el mismo lugar donde fue alumbrada la criatura: En aquel tenebroso encierro, en aquel angustiado cofre de cal y canto, concibió la fecunda mente de Cervantes la idea vastísima, triste alguna, regocijada casi siempre de su Don Quijote.




A pesar de la creencia popular, que alimenta a la moderna industria turística de tours organizados y rutas con encanto por el medio rural, no se conocen los motivos de la posible (y supuesta) estancia de don Miguel de Cervantes en la prisión de Argamasilla de Alba. La tradición (siempre la tradición) cuenta que Miguel de Cervantes habría llegado a esta villa manchega en su condición de recaudador de alcabalas (impuesto que gravaba el comercio) y habría sido detenido por motivos fiscales.


No obstante, existe otra versión más jugosa y literaria; la causa del arresto fue un piropo que el ilustre literato dedicó a la sobrina de don Rodrigo Pacheco. Ese desencuentro entre escritor y aristócrata venido a menos, tuvo una gran repercusión posterior, pues no son pocos los que opinan, que este tal Rodrigo sirvió de inspiración a Cervantes para insuflar vida a su Don Quijote.

José Martínez Ruíz Azorín visitó Argamasilla de Alba en 1905, con motivo del centenario de la publicación de la novela, y nos relató de forma magistral lo que pudo averiguar en relación al presidio de Cervantes en este lugar de la Mancha:

Yo no he conocido jamás hombres más discretos, más amables, más sencillos que estos buenos hidalgos don Cándido, don Luis, don Francisco, don Juan Alfonso y don Carlos. Cervantes, al final de la primera parte de su libro, habla de los académicos de Argamasilla; don Cándido, don Luis, don Francisco, don Juan Alfonso y don Carlos pueden ser considerados como los actuales académicos de Argamasilla. Son las diez de la mañana; yo me voy a casa de don Cándido. Don Cándido es clérigo; don Cándido tiene una casa amplia, clara, nueva y limpia; en el centro hay un patio con un zócalo de relucientes azulejos; todo en torno corre una galería. Y cuando he subido por unas escaleras, fregadas y refregadas por la aljofifa, yo entro en el comedor.

-Buenos días, don Cándido.


-Buenos nos los dé Dios, señor Azorín.


Cuatro balcones dejan entrar raudales de sol tibio, esplendente, confortador; en las paredes cuelgan copias de cuadros de Velázquez y soberbios platos antiguos; un fornido aparador de roble destaca en un testero; enfrente aparece una chimenea de mármol negro, en que las llamas se mueven rojas; encima de ella se ve un claro espejo encuadrado en rico marco de patinosa talla; ante el espejo, esbelta, primorosa, se yergue una estatuilla de la Virgen. Y en el suelo, extendida por todo el pavimento, se muestra una antigua y maravillosa alfombra gualda, de un gualdo intenso, con intensas flores bermejas, con intensos ramajes verdes.

-Señor Azorín -me dice el discretísimo don Cándido- acérquese usted al fuego.


Yo me acerco al fuego.


-Señor Azorín, ¿ha visto usted ya las antigüedades de nuestro pueblo?


Yo he visto ya las antigüedades de Argamasilla de Alba.


-Don Cándido -me atrevo yo a decir- he estado esta mañana en la casa que sirvió de prisión a Cervantes; pero...


Al llegar aquí me detengo un momento; don Cándido -este clérigo tan limpio, tan afable- me mira con una vaga ansia. Yo continúo:


-Pero respecto de esta prisión dicen ahora los eruditos que...


Otra vez me vuelvo a detener en una breve pausa; las miradas de don Cándido son más ansiosas, más angustiosas. Yo prosigo:

-Dicen ahora los eruditos que no estuvo encerrado en ella Cervantes.


Yo no sé con entera certeza si dicen tal cosa los eruditos; mas el rostro de don Cándido se llena de sorpresa, de asombro, de estupefacción.


-¡Jesús! ¡Jesús! -exclama don Cándido llevándose las manos a la cabeza escandalizado-. ¡No diga usted tales cosas, señor Azorín! ¡Señor, señor, que tenga uno que oír unas cosas tan enormes! Pero, ¿qué más, señor Azorín? ¡Si se ha dicho que Cervantes era gallego! ¿Ha oído usted nunca algo más estupendo?

Yo no he oído, en efecto, nada más estupendo; así se lo confieso lealmente a don Cándido. Pero si estoy dispuesto a creer firmemente que Cervantes era manchego y estuvo encerrado en Argamasilla, en cambio -perdonadme mi incredulidad- me resisto a secundar la idea de que Don Quijote vivió en este lugar manchego. Y entonces, cuando he acabado de exponer tímidamente, con toda cortesía, esta proposición, don Cándido me mira con ojos de un mayor espanto, de una más profunda estupefacción y grita extendiendo hacia mí los brazos:

-¡No, no, por Dios! ¡No, no, señor Azorín! ¡Llévese usted a Cervantes; lléveselo usted en buena hora; pero déjenos usted a Don Quijote!

Don Cándido se ha levantado a impulsos de su emoción; yo pienso que he cometido una indiscreción enorme.

-Ya sé, señor Azorín, de dónde viene todo eso -dice don Cándido-; ya sé que hay ahora una corriente en contra de Argamasilla; pero no se me oculta que estas ideas arrancan de cuando Cánovas iba al Tomelloso y allí le llenaban la cabeza de cosas en perjuicio de nosotros. ¿Usted no conoce la enemiga que los del Tomelloso tienen a Argamasilla? Pues yo digo que Don Quijote era de aquí; Don Quijote era el propio don Rodrigo de Pacheco, el que está retratado en nuestra iglesia, y no podrá nadie, nadie, por mucha que sea su ciencia, destruir esta tradición en que todos han creído y que se ha mantenido siempre tan fuerte y tan constante...

¿Qué voy a decirle yo a don Cándido, a este buen clérigo, modelo de afabilidad y de discreción, que vive en esta casa tan confortable, que viste estos hábitos tan limpios? Ya creo yo también a pies juntillas que don Alonso Quijano el Bueno era de este insigne pueblo manchego.


 Poco antes que Azorín, y por el mismo motivo, el poeta nicaragüensa Rubén Darío también visitó la localidad y por supuesto la cueva: “En verdad os digo que causa pena y disgusto el ver el estado en que se mantiene esa propiedad, que debía pertenecer al estado y ser visitado como se visita la casa de Shakespeare en Stanford-on-Avon y la casa de Víctor Hugo en París (…) Descendí guiado por un chico, entre polvo y suciedad. Es aquello un palomar y un reino de ratones. Allí hay plumas, fiemo, zapatos viejos. Se ve el agujero del cepo a que estuvo atado Cide Hamete Benengeli… en cuanto al cepo mismo, me dijeron que “lo quemó la tía Martina para hacer arrope”. 


Fernando García de Cortázar en su Viaje al corazón de España nos regala una preciosa descripción de la estancia: Una cama de piedra, una mesa de madera con un tintero y dos plumas de ganso, dos ventanucos que dan a la calle . . . Lo que uno imagina en la Cueva de Medrano es el momento en que aquel veterano de Lepanto inválido de la mano izquierda concibió una de las obras literarias más grandes de todos los tiempos. Sentado a esa mesa, Cervantes escribió por primera vez el nombre de Alonso Quijano. No hay documentos que demuestren que esto fuera así, pero el pueblo aprovecha lo que asegura la tradición más fundada y reclama el honer de ser la cuna de la novela . . .





GUERRILLAS EN LA GUERRA DE INDEPENDENCIA AMERICANA.




La forma de combatir de los colonos. Conocedores del terreno, cualquier colono se convertía en un combatiente y hostigaba al ejército británico en cualquier lugar. El bosque y la montaña les otorgaban la ventaja, cuando la hueste podía reaccionar, los atacantes huían rápidamente, y desaparecían sin dejar huellas.

AGROS.




Los agros fueron, según Estrabón, un pueblo de los meotas. Su hogar estaba situado en las inmediaciones del mar de Azov, conocido antaño como el lago Meótide. 

DE REDONDELA A PONTEVEDRA. UN TRAMO DEL CAMINO PORTUGUÉS.




Una de las etapas más bonitas de todos los caminos, con dos subidas más exigentes de lo que aparece en cualquier guía, en papel o en web. Con la costa siempre presente, aunque no visualmente, atravesamos Cesante y Arcade, la capital gallega de la Ostra. El lugar más bonito, sin duda, Pontesampaio.



El perfil es muy sugerente, una subida por medio del bosque desde la que se veía, escondida tras los árboles, la impresionante ría de Vigo, para rápidamente descender hasta tocar el mar con los pies. Entre Cesante y Arcade subimos una montaña desde la que disfrutamos de una maravillosa vista panorámica de la ría de Vigo.


Después de atravesar el Puente Sampaio, una nueva subida, primero entre los hórreos y las casas de piedra a través de estrechos callejones, y a continuación por un tupido bosque.


Desde ahí una prolongada bajada y llaneo hasta entrar en Pontevedra. Un bocadillo de calamares y unos pimientos de Padrón la recompensa en casa Pepe.




El Camino de Santiago te lleva a adquirir un profundo conocimiento sobre Galicia, sus paisajes, su gente, su historia y sus formas de vida. Muy diversas e interesantes, y a pesar de la diversidad comparten el mismo espíritu.





miércoles, 24 de abril de 2019

ABÁNTICOS.



Población celto-íbero-ligur (lo mismo que no decir nada), que habitaba la Galia Transalpina en el actual departamento de los Alpes.

BATALLA DE SARATOGA.




En el año 1777 el general británico John Burgoyne pretendía aplastar definitivamente el levantamiento de las colonias, borrando del mapa cualquier intento de resistencia por parte de los valientes colonos. Con un ejército compuesto por una fuerza de regulares británicos, indios y mercenarios alemanes, diseñó una ambiciosa campaña cuyo objetivo era dar el golpe de gracia a la guerra; una ofensiva coordinada desde tres direcciones con la intención de aislar Nueva Inglaterra del resto de colonias.

Dividir sus tropas fue un tremendo error de cálculo que el ejército británico pagó muy caro. Burgoyne partiría desde Canadá en dirección a Albany. El segundo cuerpo de ejército, con Barry St. Leger al frente avanzaría hacia el sudoeste para reunirse con Burgoyne en Albany. El tercer avance sería dirigido por William Howe que desde Nueva York avanzaría hacia el norte a lo largo del Hudson con la intención de inmovilizar cualquier tropa estadounidense.

Burgoyne logró superar el primer obstáculo que encontró, el fuerte Ticonderoga, aunque la columna avanzaba a duras penas, continuamente hostigada por los guerrillas coloniales. Además el ejército británico comenzaba a sufrir la escasez de alimentos y de pertrechos.


Durante ese tiempo el coronel John Stark había reunido un ejército rebelde de unos 1500 hombres en Bennington. La plana mayor inglesa ordenó cavar trincheras y preparse a defender la posición. El 16 de agosto Stark lanzó un temerario ataque al grito de ¡Los derrotaremos antes de esta noche o Molly Stark se quedará viuda!. Los americanos cargaron y obligaron a retroceder a los flancos británicos. El caos se apoderó de la posición inglesa, muchos merecenarios huyeron en desbandada, 200 británicos murieron y 700 hechos prisioneros. Burgoyne empezaba a sospechar que su plan empezaba a deshacerse. No obstante continuó avanzando.

Lo peor para Burgoyne estaba por llegar. El ejército de St. Leger era derrotado y detenido en la batalla de Oriskany, y sir William Howe, que no tenía la intención de seguir al pie de la letra el plan original, perdió demasiado tiempo combatiendo a George Washington. Nunca lograría llegar a tiempo para ayudar a Burgoyne.


Los momentos clave de esta campaña estaban a punto de acontecer. Horatio Gates ocupó una posición segura en Bemis Heights, un risco elevado sobre el río Hudson, que le otorgaba el contro de la situación y la superioridad táctica sobre Burgoyne. El primer choque tuvo lugar en la Granja Freeman. Benedict Arnold y Daniel Morgan comandaban el ala izquierda. Los fusileros de Morgan encabezaron al devastadora ofensiva sobre el ala británica y Benedict Arnold dirigió el cuerpo de reserva para aumentar la presión sobre los británicos. Esa noche un apesadumbrado Burgoyne cifró las bajas en 600 hombres.

La situación era desesperada, escaseaban los suministros, su fuerza menguaba día a día por las deserciones y la enfermedad, y los esperados refuerzos nunca llegarían. Sin embargo un golpe decisivo sobre Gates podría salvar la campaña. El animoso general británico lanzó un ataque con 1500 soldados que fue detenido por Morgan y Enoch Poor. Durante el contragolpe, Benedict Arnold volvió a cargar con vehemencia y cuando terminó el combate los británicos habían perdido a otros 600 hombres.


El 17 de octubre de 1777, el general Burgoyne se rendía en Saratoga. Esta batalla supuso un punto de inflexión en la guerra en favor de los colonos. El pintor John Trumbull capturó la rendición del general británico John Burgoyne en Saratoga ante el ejército continental.


VALDEPEÑAS, TIERRA DE VINOS.




En la Mancha soleada maduran las vides que acaban envejeciendo pacientemente en las barricas que cuidan con mimo en las bodegas de Valdepeñas, una pequeña localidad conocida mundialmente gracias a sus caldos. Una ciudad que vincula su existencia al vino y su origen, y desarrollo, a la Orden militar de Calatrava.


El edificio más destacado de la población es la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, en la que destaca la Puerta del Sol, de estilo gótico isabelino. Se trata de la antigua fortificación de los caballeros calatravos. Alrededor de este edificio fue creciendo la villa fundada por la reina Berenguela de Castilla, después de la celebrada victoria de las Navas de Tolosa. Para dar forma a la nueva villa, se agrupó aquí a los pobladores de varias aldeas cercanas.



martes, 23 de abril de 2019

MUNIA, LA HIJA DE ASTOLPAS.



Durante el verano llevábamos los rebaños de Astolpas hacia los verdes pastos del norte, y en invierno marchábamos hacia el sur, en busca de zonas menos frías donde pudiésemos pacer al ganado, en algunas ocasiones llegamos a las fértiles tierras de Turdetania, donde solíamos chocar con algunas patrullas romanas, y en esas pequeñas escaramuzas salía a relucir todo el ardor guerrero y el genio militar de Viriato. Cuando llegaba la primavera y volvíamos a “nuestras” tierras, algunos hombres sin nada como nosotros, enterados de nuestros enfrentamientos con las legiones, y con deseos de venganza pedían unirse a nosotros en la temporada siguiente de pastoreo.

Pero lo que hacía más feliz a Viriato cuando regresábamos a Lusitania, era el reencontrarse con Munia, la hija de Astolpas, pues ambos estaban perdidamente enamorados. Un día Astolpas los encontró juntos, y dijo que nunca permitiría que su hija se casase con un andrajoso pastor de cabras. En ese momento le comunicó a Viriato que no volvería a trabajar para él, y que se marchase de sus tierras o sino serían denunciado la pretor de la Citerior. Viriato marchó, pero le prometió a Munia que volvería a casarse con ella, y que entonces su padre no se podría negar.

BARÓN VON STEUBEN.




El barón prusiano Von Steuben contribuyó a la organización del ejército de las Trece Colonias que derrotó al poderoso y laureado ejército inglés en la Guerra de Independencia Americana. Friedrich Wilhem Von Steuben, que combatió en la Guerra de los Siete Años viajo hasta el continente americano para ponerse al lado de George Washington en el conflicto que les enfrentaba a la Corona Británica. El militar prusiano inculcó a las tropas formadas por colonos las ideas de disciplina militar que imperaban en Europa.


EN UN LUGAR DE LA MANCHA . . .



lunes, 22 de abril de 2019

HISTORIA DE ESTADOS UNIDOS: GUERRA DE INDEPENDENCIA TERCERA PARTE.


COMBARRO, LA VILLA DE LOS HÓRREOS.




Combarro mantiene la esencia marinera que configuró su pequeño casco urbano y sus famosos hórreos. Los hórreos levantados frente al mar, llevan ahí varias décadas viendo pasar el tiempo, y cada día subir y bajar la marea.



A orillas de la ría de Pontevedra, a los pies de la montaña, surge entre la bruma del Océano Tenebroso, Combarro, el pueblo de los hórreos.



Esta bella localidad en 1972 fue declarada, con todo merecimiento, Conjunto de interés artísticos y pintoresco. Esta considerado una de las expresiones más genuinas de la arquitectura popular gallega, que bascula entre el huerto y el mar.


Parece ser que su denominación está relacionada con la raíz comb- que significa valle u hondonada.


Combarro se dispone formando una media luna frente a la dinámica ría de Pontevedra.



El pueblo se adapta perfectamente al entorno natural optimizando siempre los recursos disponibles. En ese sentido las casas se levantaron sobre el borde litoral granítico y detrás quedaban, sin edificar, las tierras de cultivo. Los topónimos O Campo, As Veigas y A Chousa se refieren a tierra de labranza próxima a la vivienda.


Las viviendas se disponen en torno a un gran eje longitudinal, la rúa de San Roque en un lado, y la Rúa (así sin más) en otro. Desde este eje parten varios callejones que descienden hacia el mar.



En definitiva es el propio mar quien ordena la vida del pueblo. También podemos observar las casas que se disponen en dos cotas, o niveles, y unas sobrepasan a las otras, de forma que maximizan la visión sobre la ría.


La Iglesia parroquial de San Roque se alza en el centro del pueblo. Cuenta con una sola nave, una tipología habitual en los pueblos marineros. En el interior surge el escudo de la Corona de Castilla, pues Combarro estaba vinculado al cercano Monasterio de Poio. Sus monjes benedictinos estaban ligados a la Congregación de Valladolid.


Según la leyenda que ha pasado de generación en generación, la iglesia de San Roque fue levantada encima de un antiguo oratorio en el que se veneraba a San Roque, santo protector contra males y enfermedades cuya imagen aparece representada en el reverso del cruceiro situado en el atrio de la iglesia.



Está documentado por la propia iglesia que tanto Combarro, como la cercana isla de Tambó estuvieron vinculadas desde el siglo XII al monasterio benedictino de Poio, mediante donación de la reina Urraca. Con San Roque los vecinos de Combarro lograron independizarse del control de la parroquia de San Xoan de Poio y de su monasterio, y se constituyeron como parroquia principal.



El hórreo es una construcción que sirven para complementar las dependencias de la vivienda. En ellos se guardan los productos del campo, especialmente el maíz, el cereal más importantes desde el siglo XVII. Los hórreos más suntuosos son del siglo XVIII y los más modernos del XX.



Existen unos sesenta hórreos y los de mayor tamaño se sitúan al borde del mar. Esta estampa es la carta de presentación de Combarro.



Junto al hórreo el Cruceiro es el otro elemento característico del medio rural gallego. Los antropólogos vinculan su existencia a cultos precristianos a las deidades protectoras del Camino (o los caminos). Y es ahí donde los encontramos, en el borde de los caminos. Las mesas suelen aparecer junto a algunos cruceiros eran engalanadas por las mujeres para la procesión de Corpus.





El puerto, O Peirao, es el punto neurálgico de la villa litoral de Combarro. En origen fue un puerto de pescadores donde no sólo se desarrollaban las tareas de descarga del pescado, sino que también era el punto de encuentro para el intercambio de productos alimenticios. A este punto acudían diariamente las mujeres, las auténticas administradoras de la economía familiar, para comprar, vender o canjear pescado y productos agrícolas. Como espacio central de la vida cotidiana de Combarro, O Peirao, servía además como espacio para la celebración de fiestas populares.


La tradición marinera de Combarro dio lugar a una de las construcciones más vistosas de la villa; las casas marineras. Se trata de pequeñas viviendas adosadas, con elaborados trabajos de cantería, en las que destacas sus balconadas de piedra, llamadas solainas, de estilo barroco. Todas las viviendas se orientan al mar y poseen una planta baja dedicada al almacén de utensilios de pesca y aperos de labranza. 



 La arquitectura de estos edificios revelaba la posición social de la familia propietaria. Las balconadas de piedra eran un signo indicativo de la buena situación económica que disfrutaban sus moradores. Por otro lado los marineros solían construirlas de madera o de hierro forjado, pintado de colores muy vivos con la pintura que les sobraba de sus barcas.



Las mareas atlánticas diarias (pleamar y bajamar) vivifican el entorno y marcan el ritmo vital de hombres y mujeres que se dedican en cuerpo y alma al mar. Cuando se retiran las aguas comienza la jornada de las mariscadoras.




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