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sábado, 19 de abril de 2014

MUSEO BRITÁNICO.



El Museo Británico es uno de los museos más grandes del mundo y sus fondos de los más numerosos. Su fachada de inspiración griega es un adelanto de todo lo que nos espera en su interior. Es una visita imprescindible para todos los amantes de la historia y de la cultura general, aunque también es recomendable para aquellas personas curiosas que quieran seguir aprendiendo. 

Como muchos museos británicos, la entrada es gratuita (en ocasiones se celebran exposiciones temporales, que suelen ser de pago.) Tras visitar varios museos en Londres he descubierto un concepto totalmente diferente del nuestro aquí en España. En Inglaterra los museos son visitados por familias completas con niños, tienen múltiples espacios comunes y cuentan con variadas actividades para los más pequeños. La cultura accesible a todo el mundo y una forma de aprender y divertirse en familia.

En cuanto a los objetos expuestos abarcan la mayor parte de la historia de la Humanidad, ofreciendo la cultura material de cuatro continentes: Europa, Asia, África y América.


Su colección de antigüedades egipcias es de las más aclamadas del mundo. Entre sus piezas más destacadas se encuentra la Piedra Roseta.


La civilización egipcia gira en torno al postrero viaje. 


Ofrece algunas de las más exquisitas obras del arte mesopotámico. 


Delicada joyería sumeria.


El estandarte real de Ur. 


Las extrañas y lejanas esculturas de las Islas de Pascua.


Las culturas americanas precolombinas.


El lejano oriente también tiene cabida en el Museo Británico.


Para muchos expertos Grecia supone el culmen del Arte.

En definitiva, un recorrido por la historia material de la Humanidad desde la Prehistoria antes de ayer.

Accede a al museo https://www.britishmuseum.org/ 


domingo, 20 de enero de 2013

PIEDRA QUE DICE



Cuando Napoleón invadió Egipto, uno de sus soldados encontró, a orillas del Nilo, una gran piedra negra, toda grabada de signos.
La llamaron Rosetta.
Jean François Champollion, estudioso de lenguas perdidas, pasó sus años mozos dando vueltas alrededor de esa piedra.
Rosetta hablaba en tres lenguas. Dos habían sido descifradas. Los jeroglíficos egipcios, no.
Seguía siendo un enigma la escritura de los creadores de las pirámides. Una escritura muy mentida: Heródoto, Estrabón, Diodoro y Horapolo habían traducido lo que habían inventado, y el sacerdote jesuita Athanasius Kircher había publicado cuatro volúmenes de disparates. Todos habían partido de la certeza de que los jeroglíficos eran imágenes que integraban un sistema de símbolos, y sus significados dependían de la fantasía de cada traductor.
¿Signos mudos? ¿Hombres sordos? Champollion interrogó a la piedra Rosetta, durante toda su juventud, sin recibir más respuesta que un obstinado silencio. Ya el pobre estaba comido por el hambre y el desaliento, cuando un día se planteó una posibilidad que nadie nunca se había planteado: ¿Y si los jeroglíficos fueran sonidos, además de ser símbolos? ¿Si fueran también algo así como letras de un abecedario?
Ese día se abrieron las tumbas, y el reino muerto habló.
Eduardo Galeano.Espejos, Una historia casi universal.
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