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miércoles, 5 de septiembre de 2018

CUANDO EL HÍGADO ERA LA CASA DEL ALMA.



En otros tiempos, mucho antes de que nacieran los cardiólogos y los  letristas de boleros, las revistas del corazón bien pudieron llamarse revistas del  hígado. 

El hígado era el centro de todo. 

Según la tradición china, el hígado era el lugar donde el alma dormía y  soñaba.  En Egipto, la custodia del hígado estaba a cargo de Amset, hijo del dios  Horus, y en Roma quien se ocupaba de cuidarlo era nada menos que Júpiter, el  padre de los dioses.  Los etruscos leían el destino en el hígado de los animales que sacrificaban. 

Según la tradición griega, Prometeo robó para nosotros, los humanos, el  fuego de los dioses. Y Zeus, el mandamás del Olimpo, lo castigó encadenándolo  a una roca, donde un buitre le comía el hígado cada día.  No el corazón: el hígado. Pero cada día el hígado de Prometeo renacía, y  ésa era la prueba de su inmortalidad. 
Eduardo Galeano. 
Espejos. 


lunes, 12 de marzo de 2018

NATURALEZA Y HECHOS DE HESTIA



La gloria de Hestia consiste en que es la única de los grandes olímpicos que nunca interviene en guerras o disputas. Además, como Artemis y Atenea, ha resistido siempre todas las invitaciones amorosas de los dioses, Titanes y otros, pues después del destronamiento de Crono, cuando Posidón y Apolo surgieron como pretendientes rivales, juró por la cabeza de Zeus permanecer siempre virgen. Por ello Zeus, agradecido, le concedió la primera víctima en todos los sacrificios públicos80, pues había mantenido la paz del Olimpo.

Príapo, borracho, trató en una ocasión de violarla en una fiesta campestre a la que asistían los dioses, cuando todos se habían quedado dormidos por hallarse ahítos; pero un asno rebuznó fuertemente, Hestia se despertó, gritó al ver que Príapo estaba a punto de echarse sobre ella y le hizo huir corriendo presa de un terror cómico.

Es la diosa del Hogar y en todas las viviendas particulares y casas municipales protege a los suplicantes que acuden a ella en busca de protección. Hestia es objeto de una veneración universal, no sólo por ser la deidad más benigna, recta y caritativa de todas las olímpicas, sino también por haber inventado el arte de la construcción de casas; su fuego es tan sagrado que si se enfría un hogar, ya sea por accidente o en señal de duelo, se reavivan las llamas con la ayuda de una rueda de encender. Robert Graves. Los Mitos Griegos.


miércoles, 31 de enero de 2018

TIFÓN.



En venganza por la destrucción de los gigantes, la Madre Tierra yació con Tártaro y poco tiempo después, en la Cueva Coriciana de Cilicia, dio a luz a su hijo menor, Tifón, el monstruo más grande que jamás haya existido. Desde los muslos para abajo no era más que serpientes enroscadas, y sus brazos, cuando los extendía, llegaban a centenares de leguas de distancia en cada dirección, y en vez de manos tenía innumerables cabezas de serpientes. Su cabeza de asno bestial tocaba las estrellas, sus enormes alas oscurecían el sol, arrojaba fuego por los ojos y de su boca salían rocas inflamadas. Cuando echó a correr hacia el Olimpo, los dioses huyeron aterrados a Egipto, donde se transformaron en animales: Zeus en un macho cabrío, Apolo en un cuervo, Dioniso en una cabra, Hera en una vaca blanca, Artemis en un gato, Afrodita en un pez, Ares en un oso, Hermes en un ibis, etc.

Sólo Atenea se mantuvo en su puesto y se mofó de la cobardía de Zeus, hasta que éste, reasumiendo su verdadera forma, lanzó contra Tifón un rayo seguido de un golpe con la misma hoz de pedernal que le había servido para castrar a su padre Urano. Herido y gritando, Tifón huyó al monte Casio que se alza sobre Siria por el norte, y allí los dos se trabaron en lucha. Tifón envolvió a Zeus en sus millares de enroscamientos, le despojó de la hoz y, después de cortarle los tendones de las manos y pies con ella, lo arrastró a la Cueva Coriciana. Zeus es inmortal, pero no podía mover ni un dedo, y Tifón había escondido los tendones en una piel de oso que vigilaba Delfine, una hermana monstruo con cola de serpiente.

La noticia de la derrota de Zeus sembró la consternación entre los dioses, pero Hermes y Pan fueron secretamente a la cueva, donde Pan asustó a Delfine con un grito súbito y horrible, mientras Hermes sustraía hábilmente los tendones y volvía a colocarlos en los miembros de Zeus.

Pero algunos dicen que fue Cadmo quien engatusó a Delfine para que le entregara los tendones, alegando que los necesitaba para hacer con ellos las cuerdas para una lira con la que iba a tocarle una música deliciosa.

Zeus volvió al Olimpo y, montado en un carro tirado por caballos alados, persiguió una vez más a Tifón con sus rayos. Tifón había ido al monte Nisa, donde las tres Parcas le ofrecieron frutos efímeros, alegando que con ellos recobraría su vigor, aunque, en realidad, le condenaron a una muerte cierta. Llegó al monte Hemo en Tracia y, levantando montañas enteras, las lanzó contra Zeus, quien interpuso sus rayos, de modo que rebotaban contra el monstruo causándole espantosas heridas. Los chorros de la sangre de Tifón dieron su nombre al monte Hemo. El monstruo huyó a Sicilia, donde Zeus puso fin a la lucha en retirada arrojando sobre él el monte Etna, cuyo cráter vomita fuego hasta nuestros días.

Robert Graves. 
Los Mitos Griegos.
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