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martes, 28 de octubre de 2025

JEHAN BOINEBROKE, MERCADER SIN ESCRÚPULOS.


Ausencia de escrúpulos en un hombre de negocios en los albores del sistema capitalista. Jehan Boinebroke fue un patricio y pañero flamenco que vivió en la ciudad de Douai, en la que falleció en el año 1286. Codicioso hombre de negocios capaz de cualquier acto deleznable con tal de incrementar su fortuna. Cuando no podía conseguir lo que se propone amenaza con acudir a la justicia. ¿Tenía un juez comprado o algún amigo en el juzgado?. Causó daño a muchas personas y sus viudas reclamaron justicia tras la muerte del odioso personaje. No dudaba en utilizar la fuerza, la extorsión y la amenaza, tanto verbal como física. Obligaba a la gente a aceptar tratos injustos y desfavorables para ellos. Los asalariados de sus talleres de paños se llevaban siempre la peor parte, sufrían castigos y vejaciones por parte de su jefe. Vendía mercancías de mala calidad, hacía trampas con los pesos, compraba a un precio inferior a la cotización, y por supuesto, vendía más caro que nadie. A los trabajadores, o les pagaba mal, o directamente no les pagaba. Muchos convecinos eran asalariados, arrendatarios o dedudores. No daba a sus asalariados un sueldo que les permitiese pagar el alquiler, por tanto, siempre los tenía a su merced. Nunca se sintió en la obligación de pagar las deudas contraídas. Jehan Boinebroke solo conoce una cosa; el negocio. Solo le mueve un deseo; el dinero.

viernes, 22 de febrero de 2019

ADAM SMITH.




Este filósofo y economista escocés es uno de los pensadores más influyentes de la Edad Moderna. Adam Smith está considerado el fundador del liberalismo económico, una doctrina llamada a imponerse al mercantilismo absolutista, al feudalismo residual, a la fisiocracia ilustrada y al marxismo en sus múltiples variantes.

Smith, autor de La riqueza de las naciones – 1776 – defendía que la economía se regulaba únicamente por las leyes del mercado, basadas en la libre competencia entre las empresas y el libre juego de la oferta y la demanda.

jueves, 21 de febrero de 2019

LIBERALISMO ECONÓMICO.




Es la doctrina económica de las revoluciones burguesas, y tiene su origen (como no) en Gran Bretaña. Las bases teóricas del liberalismo económico están en el libro “La Riqueza de las Naciones” escrito por Adam Smith. Según Adam Smith la economía debe organizarse por un principio de libertad económica, en el que sea el mercado el que establezca precios y salarios, y que el estado únicamente intervenga para asegurar esa libertad.

“Todo ser humano, siempre que no viole las leyes de la justicia, debe ser completamente libre para elegir el medio que le parezca más adecuado para lograr el ideal de vida y sus intereses. Los productos que crea tienen que poder salir a competir con los de cualquier otro individuo del género humano […].
Según el sistema de libertad de negocio, el soberano únicamente tiene tres obligaciones principales por las cuales debe preocuparse: la primera, proteger a la sociedad de la violencia y de la invasión de otras sociedades independientes; la segunda, proteger de la injusticia y la opresión a un miembro de la república ante cualquiera que también sea ciudadano de esta, y establecer una justicia exacta entre sus pueblos; y la tercera, crear ciertas obras y establecimientos públicos y mantenerlos”.
Adam Smith, La riqueza de las naciones, 1776.

La economía se organiza en virtud de la ley de la oferta y la demanda, sin necesidad de que el estado la controlase. En ese sentido, cualquier persona que lo deseara y tuviera los medios adecuados puede poner en marcha un negocio o empresa, y es la encargada de tomar todas las decisiones relacionadas con él.


miércoles, 4 de noviembre de 2015

EL FEUDALISMO DEL SIGLO XXI.



Durante la Plena Edad Media, el periodo cronológico donde surge la monarquía feudal en Europa, el rey no podía reinar sin el apoyo de la nobleza, simplemente era un “primus inter pares”, un primero entre iguales, y para el ejercicio del poder necesitaba mantener el equilibrio entre todos ellos. Han pasado varios siglos desde aquello, pero algunas cosas (aunque parezca lo contrario) no han cambiado en lo sustancial; en la actualidad los gobernantes tampoco pueden desempeñar el poder sin el soporte de la nueva aristocracia. Ahora la aristocracia no depende de la sangre, sino del dinero. Banqueros, grandes empresarios (no confundir con el ciudadano humilde y emprendedor que bastante tiene con lo que tiene) y medios de comunicación conforman esa nobleza. En la Edad Media el rey debía someterse a los caprichos y arbitrios de la Alta Nobleza (y por supuesto del Clero). Si un noble necesitaba ayuda o protección el monarca debía acudir en su ayuda, tal como hacen actualmente nuestros políticos doblegándose ante los empresarios, salvando a los banqueros, riéndole las gracias a los periodistas y dejando al pueblo con el culo al aire.

Hace años que murió la Sociedad Estamental (en 1789, 1812, o cuando ustedes prefieran) y los derechos señoriales (incluyendo la pernada) fueron abolidos, pero en el fondo, seguimos viviendo como siervos (y vasallos en el mejor de los casos). La mayoría rendimos vasallaje a los bancos (los señores) que nos conceden un pequeño feudo (llámase hogar), una viviendo en usufructo (en la práctica nunca llega ser nuestra del todo, pues nunca dejamos de contribuir por ella) y nosotros pagamos una renta (casi) vitalicia. Del mismo modo que sucedía con los siervos de la Edad Media, no podremos abandonarla cuando nos plazca, si no contamos con el beneplácito del señor. Y si morimos antes de tiempo, nuestros descendientes tampoco podrán abandonar la tierra antes de saldar la deuda.

En algo si que hemos mejorado (y mucho), los señores feudales no nos convocan para ir a la guerra, simplemente nos piden introducir una papeleta en una cajita cada cuatro años, y de esta manera queremos sentirnos participativos y libres. Cambiamos los blasones de nuestros señores por los colores de nuestro partido, los estandartes por la zamarra de nuestro equipo y el feudalismo por el capitalismo.


martes, 24 de junio de 2014

LA REVUELTA DE WAT TYLER.




Los antisistemas no son algo nuevo de este bendito siglo XXI. A lo largo de la historia, y ya van siglos, han existido personas que, por uno u otro motivo, mostraron su total desacuerdo con la organización política y socioeconómica en la que se hallaban inmersos. Y muchas de estas personas se pusieron manos a la obra, y enfocaron sus vidas y energías a luchar por derribar el sistema de los oprimía. De Espartaco a Lenin, revolucionarios los ha habido en todo tiempo y lugar. Wat Tyler soliviantó a los campesinos ingleses y la liaron de tal forma que terminaron arrasando Londres. 

Durante la Baja Edad Media una oleada de revueltas populares recorre Europa. Las masas más humildes protagonizan insurrecciones antiseñoriales, que las más de las veces acaban en auténticos baños de sangre. Quizás se exagerado hablar de "oleadas revolucionarias", pero no deja de ser cierto que las revueltas campesinas pertenecen al régimen señorial (y feudal) tanto como las huelgas y manifestaciones al Capitalista. Dos modos de organizad la producción y distribución de bienes, y una misma manera de enfrentarlos; desde la humilde base trabajadora y productora.

Una de estas revueltas bajomedievales fue la acaudillada en Inglaterra por Wat Tyler en 1381, que además es uno de los movimientos populares mejor documentados de toda la historia medieval inglesa. Y aunque la insurrección fue un fracaso, significó el principio del fin de la servidumbre en Inglaterra. En  ese sentido sirvió para sensibilizar a las clases altas de lo apremiante y necesario que era afrontar un reforma del feudalismo y de las condiciones miserables en las que vivía un campesinado que se veía obligado a trabajar bajo un régimen de casi esclavitud. 


Las palabras se encargan de espolear los corazones oprimidos. El clérigo John Ball predicó ante el campesinado inglés, animándolos a resistir utilizando toda la fuerza y recursos, a cualquier opresión por parte del Estado. Además, las noticias de insurrecciones populares llegadas del otro lado del Canal, de Francia y Flandes, alentaban a las clases bajas inglesas. 

Este fue el caldo de cultivo para que se gestara un motín antifiscal. El 30 de mayo de 1391 recaudadores reales llegaron a una pequeña aldea de nombre Fobbing, y se encuentran con la férrea oposición del terrateniente local Thomas Baker. Los funcionarios del tesoro regio abandonaron el pueblo con las manos vacías y el rabo entre las piernas. 

Rápidamente cundió el ejemplo y estalló una revuelta en Essex, que se propagó como una llama sobre pólvora, iniciándose una marcha hacia Londres. Los sublevados entraron en la capital el 13 de junio. Wat Tyler se puso al frente de los rebeldes de Kent y se dirigieron hacia Londres para unirse y prestar apoyo a la revuelta. 


El populacho se organizó y demostró un gran sentido de la colaboración y ciertas dotes para la guerra, abriéndose paso hacia Londres. Se toparon con una compañía fuertemente armada con el rey Ricardo II y el Lord Mayor (o alcalde de Londres), William Walworth al frente. Se avinieron a parlamentar, Tyler desmontó, bajó la guardia, la vil mano del Lord Mayor apuñaló el cuello del rebelde y la espada del caballero John Cavendish atravesó su abdomen. Esa era precisamente la señal indicada para comenzar la masacre.

¡Han matado al capitán!, gritaron los campesinos, que se aferraron a la vida, blandieron sus armas y vendieron muy cara su inevitable derrota.
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