domingo, 26 de enero de 2025

PONTEDEUME. DE LA RÍA A LA MONTAÑA.

 




Desde la otra orilla del río Eume, son perfectamente visibles y reconocibles los dos signos identitarios de Pontedeume, el puente (que da nombre a la localidad) y el torreón de los Andrade, transformado en museo, oficina de turismo y centro de recepción de peregrinos. Una ciudad que estaba en mi agenda viajera desde hacía mucho tiempo. Es preciosa, las fotografías, como sucede muchas veces, no le hacen justicia.




El puente que otorga nombre a la villa, es un elemento esencial en el asentamiento. El puente de piedra, de origen medieval, data del siglo XIV. Actualmente está formado por 15 arcos, durante el Medievo, fueron 78.





Fernán Pérez Andrade, destacado miembro de la aristocracia terrateniente gallega, se convirtió en el siglo XIV, en primer señor de Pontedeume, Ferrol y Vilalba. El torreón, construido en el siglo XIV es lo único que queda en pie del Pazo Fortificado de la familia Andrade. El Pazo fue derribado en el siglo XIX, y ocupaba el espacio del actual mercado.




El jabalí y el oso, animales totémicos de los Andrade se encuentran grabados en algunos puntos de la ciudad. La sombra de los Andrade se alarga sobre Pontedeume. Fue Enrique de Trastámara el benefactor de Fernán Pérez, a cambio de los servicios prestados por el señor gallego, en su guerra fratricida contra Pedro el Cruel.




La Praza Real, anteriormente conocida como Praza do Roio, existe desde la fundación de la villa en 1270, siendo ampliada en 1671. Un espacio bullicioso y alegre durante las largas tardes estivales.





El paseo marítimo que discurre paralelo a la ría permite observar la abundante avifauna de la región; andarríos, cormorán, gaviota reidora, martín pescador (me encanta el nombre que le dan por estas tierras, Pica Peixe), moritos, garzas . . . que hacen las delicias de los aficinados a la ornitología.



Noches de verano, las plazas están atestadas de terrazas y las calles empinadas, llenas de bares de tapas. Las de pescado y marisco son las más demandadas. Sin olvidar la insuperable tortilla de patatas. Todo acompañado de un vino de la tierra o una cerveza bien fría.





Pontedeume nace a orillas de la ría y sus calles escalan con parsimonia buscando asiento en la montaña, un enclave donde monte y mar se dan la mano. Y se besan con pasión durante los luminosos atardeceres del estío.


DE RÍA A RÍA. DEL FERROL A ARES.

 


Quince kilómetros de marcha para ir desde Neda, en la ría del Ferrol, a Pontedeume, en la ría de Ares. A mitad de camino, más o menos, se encuentra Fene. Al abandonar Fene comenzamos un ascenso a un monte sembrado de eucaliptos, sin perder en ningún momento de nuestro horizonte, el eterno mar.






Avanzamos hacia el sur, cruzamos el monte y nos lanzamos en un vertiginoso descenso hasta alcanzar al ría de Ares. Cruzamos el puente histórico y entramos en Pontedeume, villa medieval y uno de los dominios de la poderosa e influyente familia Andrade.




FENE, A ORILLAS DE LA RÍA.


 


El Camino de los Ingleses regala unas espectaculares vistas a las rías, como no sucede en ningún otro camino. El tramo Neda – Fene, sin perder nunca de vista la ría de Ferrol, es muy interesante; las marismas, las iglesias, la torre del reloj, los soportales del casco viejo de Neda, la subida, la panorámica de la ría y el suave descenso al corazón de Fene. Situada enfrente de Ferrol también cuenta con sus astilleros. Parada en Fene, tortilla de patatas y una Estrella Galicia. Son alucinantes los precios y la calidad de esta región de Galicia. Se nota que no es el camino más transitado, y bares, cafeterías y restaurantes no practican el sablazo al peregrino. Además, encontramos un clima más fresco que en el resto de España. A orillas de la ría se hace más soportable la ola de calor que azota a la mayor parte de la vieja Iberia.

VERRACO DE SOLOSANCHO.

 




Situados en rotondas, plazas y otros lugares destacados de la geografía urbana (frente a un castillo o una iglesia), esta reubicación parece recordar una función primigenia de demarcación de pastos. He de reconocer que solo llegué a Solosancho para conocer al verraco. De las bondades de la localidad no tengo nada que decir (por desconocimiento). Quizás algún día esto último cambie.



Estamos ante un ejemplar al que le falta el hocico y que a pesar de la amputación de las extremidades por encima de la rodilla, siegue presentando grandes dimensiones (más de dos metros de longitud). Se localiza en la plaza de Santo Tomás, junto a la iglesia del mismo nombre. Lo más interesante es el lugar de su hallazgo, junto al manantial la Fuente del Oso en la ladera norte del castro de Ulaca. Su presencia allí podría estar relacionada con la señalización de un punto de agua destacado para abrevar al ganado. Otra posible interpretación es la relación del manantial con un ambiente sacro, y en ese caso, la función del verraco iría más allá que la de simple hito, mojón o señal. El debate y las propuestas hipótesis alrededor de estas esculturas de piedra es ciertamente fascinante. En la mayoría de las ocasiones, las nuevas hipótesis, vienen a enriquecer, aún más, el propio concepto de la cultura de los verracos. Los artesanos vettones que los esculpieron nunca pudieron imaginar cuanto daría de sí sus creaciones.




¿Logró el chamán atrapar el espíritu del jabalí o del toro en la piedra?. ¿Consiguió el experto cantero llenar de vida el bloque de granito esculpido con maestría y esmero?. El verraco de Solosancho siente la soledad y la incomprensión, le duele ser ignorado por los vecinos que cada día pasan por su lado, e incomprendido por aquellos que detenemos el coche cinco minutos (algunos ni siquiera apagan el motor), damos un par de vueltas a su alrededor y le sacamos diez o doce fotografías. ¿Sabe tú, humano demasiado humano, el propósito, el sentido auténtico de tu propia vida?. ¿Cómo atreverse por tanto a afirmar que era esta o aquella la función auténtica de la tosca escultura de piedra?.



Si pudiéramos preguntar al propio zoomorfo de granito, y en el supuesto caso de que el verraco tuviese la capacidad de responder, a lo mejor tampoco tendría respuesta para resolver el interrogante. Y a lo peor, la respuesta no nos gustaría, no colmaría nuestras aspiraciones. Mi existencia no tiene sentido, simplemente me tallaron así, sin un plan, ni un objetivo preconcebido.



Pero claro, el verraco es de piedra, no fue concebido para preguntarse del porqué de las cosas. Los seres humanos no solo buscamos respuestas a todo, sino que cuando pasa el tiempo, y aún cuando se hubiesen encontrado buenas respuestas, decidimos que esas no valen, y nos lanzamos a buscar, o inventar nuevas respuestas, para las mismas preguntas.




Llevo tanto tiempo persiguiendo verracos por la piel de toro, al menos diez años, que ya se me olvidó en que justo momento comenzó mi fascinación por ellos. Se trata de una de las manifestaciones de cultura material más genuinas de toda Europa. Esta tarde (2 de abril, domingo de Ramos de 2023) he conocido a dos de ellos. Este de Solosancho y el cercano de Villaviciosa.


ALTAR DE SACRIFICIOS DE ULACA.

 



Altar de sacrificios del castro vettón de Ulaca. La sangre de la víctima, animal o humana, desciende cálida y viscosa por los escalones de granito. ¿Costumbre ritual en la Edad del Hierro o invención de las mentes más morbosas de los siglos XIX y XX?.




Un monumento a cielo abierto, una gran estancia rectangular tallada en granito, que consta de una pequeña plataforma y dos escaleras paralelas de nueve escalones. Una serie de cavidades permitían recoger los líquidos que se derramaban durante las libaciones.




El enclave está situado en un paraje sobrecogedor de rocas desnudas que se elevan formando una enorme mole granítica que controla los extensos pastos que se abren a los pies del castro de Ulaca. Nos encontramos en la Sierra de la Paramera, situada en el Sistema Central (que divide a la gran Meseta española en submeseta norte y submeseta sur). Esta sierra de la Paramera se ubica al sur del Valle del Amblés, un espacio rico en zoomorfos vettones. Desde este castro de Ulaca es posible controlar todo el valle.




El altar, directamente tallado en la roca, tendría funciones relacionadas con el sacrificio de animales, e incluso de personas. El morbo humano, que se deleita imaginando truculentas escenas de cadáveres con la garganta abierta, de la que brota sangre caliente, viscosa y espesa, que se derrama por los escalones construidos a tal fin.




Rodeado de montañas pedregosas y bajo el inmaculado cielo azul, se alza el recinto sagrado. Su espacio central es ocupado por el altar de sacrificios construido a partir de la posición de los astros en el cielo, relacionado con solsticios y equinoccios. No tengo muy claro que es más poderosa, la existencia de sacrificios humanos en la lejana Edad de Hierro o la construcción ideal de esos sacrificios pergeñada en los siglos XIX y XX. Nunca llegaremos a comprender enteramente ese pasado. Tan difícil es dejar caer las lentes de nuestro propio tiempo.




Los vettones, sus castros y sus verracos, forman parte de mis pequeñas obsesiones. Paisaje duro, frío y agreste. El valle es todo lo contrario, feraz y fértil. Los ganados pastan aquí bajo la atenta vigilancia de zagales, mayorales y pastores. De los vettones a La Mesta, de Alfonso X al chuletón de Ávila. Nadie recuerda cuando comenzaron a pastar las primeras vacas por estas tierras.


AGAETE Y EL DIOS DE LOS OCÉANOS.

 



Un pueblo que mira al mar, y que reza, de cuando en cuando, para aplacar la ira de Poseidón, que después de repartirse el mundo con sus hermanos, Zeus y Hades, provocó la destrucción de la Atlántida. De la misma erupción que sepultó bajo las aguas el mítico continente atlante, surgieron las Islas Afortunadas.





Si no creen lo que digo, dense una vuelta por Agaete y un chapuzón en sus piscinas del mar. Mientras te refrescas en sus aguas, sentirás todo el poder del Océano desencadenado.




Tal vez para contener al dios de los Océanos, los vecinos de Agaete levantaron frente al mar una pequeña ermita, blanca e inmaculada, dedicada a Nuestra Señora de las Nieves. La mujer, la Gran Madre original, siempre presta a aplacar la ira del Dios.




sábado, 25 de enero de 2025

FITERO Y EL MONASTERIO DE SANTA MARÍA LA REAL.




Fitero es una localidad navarra que encaja a la perfección en un monasterio medieval del siglo XII. El ayuntamiento actual y la biblioteca pública ocupan dependencias del antiguo conjunto monacal. El resto del pueblo fue configurándose alrededor del monasterio.





Población y monasterio se ubican junto al río Alhama. Muy cerca está situado el balneario de Fitero, que cuenta con aguas termales que manan de la tierra a más de 50ºC.





El río Alhama, un topónimo que encontramos en Almería, Aragón, Murcia o Granada, lleva poca agua en estos días, pero suficiente para generar un hábitat ideal para los pequeños paseriformes de ribera. Un ejemplo, la elegante e inquieta lavandera blanca (Motacilla alba).





En el año 1140, en una región prácticamente deshabitada, surgió el monasterio de Fitero, uno de los primeros que el Císter instala en la península Ibérica. Fitero surge y se desarrolla en un intestable territorio, frontera entre tres reinos, Castilla, Aragón y Navarra. Disputado por unos y por otros, pasó de unas manos a otras, hasta que en 1373 quedó definitivamente incorporado al Reino de Navarra. De aquí partió hacia la Mancha el abad San Raimundo para fundar la orden militar de Calatrava.





La cabecera, con un precioso conjunto de ábsides, que se apelotonan alrededor de un eje central, es lo más destacado de este monumento arquitectónico. Es el románico el estilo que más genuinamente se relaciona con el mundo feudal. Gracias a edificios como este, la Edad Media ha conseguido llegar hasta el siglo XXI.





Con el paso del tiempo, el monasterio de Fitero dejó de ser un lugar solitario, poco a poco los lugareños se fueron apiñando a su alrededor, contribuyendo a su crecimiento y desarrollo. De esta manera llegó a convertirse en uno de los pocos conjuntos monacales del Císter que no se ubica ni en un desierto, ni aislado en medio de las montañas, como les gustaba predicar a los padres del Císter. En Dalmacia, del palacio de Diocleciano surgió la ciudad de Split. Salvando las distancias en lo relativo a las dimensiones de la ciudad, en Fitero ocurrió los mismo. Hasta el punto de que el casco histórico o el centro urbano (por definirlo de alguna manera) de Fitero es su monasterio. De esto que acabo de escribir es un esclarecedor ejemplo la Plaza de las Malvas.





El estado liberal decimonónico declaro la guerra al clero. La sociedad estamental estaba herida de muerte y el marco constitucional pretendía establecer la igualdad de todos los individuos ante la ley. Algunos ministros reformistas pusieron en marcha una serie de desamortizaciones de los bienes eclesiásticos, aquellas manos muertas improductivas, un auténtico lastre para un estado que intentaba avanzar en pos de la democracia y la modernidad (en el sentido más amplio de la palabra). Las Cortes de Cádiz y la Constitución de 1812 abolieron el Régimen Señorial, y en 1835, la desamortización de Mendizábal obliga a los mones a abandonar su casa, el monasterio de Fitero. Con la nueva titularidad, la iglesia se transformó en parroquia, y las antiguas dependencia, que se abrían a la Plaza de las Malvas, fueron ocupadas para otros menesteres: un cine, una residencia de ancianos, la biblioteca y el ayuntamiento. En la Edad Media un monasterio era una unidad de producción que gozaba de gran autonomía. En el siglo XXI Fitero es un pueblo que vive y existe en el interior de los muros de lo que fue un monasterio.





Raimundo de Fitero (Un Quijote navarro en la Mancha). Quijote es un espíritu, un alma, que a lo largo la historia se ha ido apoderandol de ciertas personas. La famosa, y dicen, poderosa Orden del Temple, decide abandonar Calatrava, por verse incapaz de defender la plaza frente a las tropas almohades. En estas, Raimundo, abad de Fitero, abandona Navarra, se presenta en La Mancha y al frente de unos pocos y voluntariosos hombres de armas, consigue salvar la fortaleza. De aquella acción militar, teñida con tintes de cruzada, nacerá la Orden de Calatrava.





Al amanecer, los pajarillos del río Alhama se muestran muy activos. Llevan a cabo una actividad frenética, movidos por sus pequeños corazones. Mirlos, lavanderas, papamoscas gris (fotografía), jilgueros, verderones, incluso un martín pescador que voló raudo muy cerca, a un velocidad imposible para la cámara.




Las cigüeñas surcan los cielos de Fitero. Las viñas se extienden alrededor de las villa. Las que hoy son uvas mañana serán mosto, y poco después, vino. Navarra es una de las mejores tierras vitivinícolas de España. La primera sensación al contemplar Fitero fue la de haber llegado a Francia. Conforme Navarra se fue alejando de Castilla, fue aumentando la influencia francesa en la corte pamplonesa. Y es que la Navarra histórica se extiende a ambos márgenes de los montes Pirineos.





CAZEAUX DE LARBOUST. MODESTO ROMÁNICO PIRENAICO.

 



Estos valles pirenaicos están repletos de pequeñas joyas del románico que suelen pasar desapercibidas y son desconocidas para el gran público. Pequeños pueblos que viven agazapados en la ladera de la montaña, enclaves semiaislados cuyas gentes se dedican a las típicas actividades del sector primario.





De un lado la montaña y el bosque, del otro los campos de cultivo y los pastos para el ganado. Y como testigo de su historia, la iglesia y el camposanto.





Una sacudida a mi yo curioso, los ojos abiertos como el dos de oros al pasar al interior de la iglesia de Santa Anne de Cazeaux de Larboust, en la vertiente francesa de lo Pirineos, construida en el siglo XIII. Interesante ejemplo de románico pirenaico.




Se trata de un templo de pequeñas dimensiones, construido alrededor de una capilla del siglo XII. La iglesia está catalogada como de estilo lombardo que se extendió por esta región del Pirineo.




Las pinturas de su interior, datadas en el siglo XV, son una auténtica maravilla. Estuvieron ocultas varios siglos. Hoy asombran a los visitantes, que como yo, exploran estos valles.





Las maravillosas pinturas murales fueron redescubiertas en 1873. Durante dos siglos habían permanecido ocultas bajo una espesa capa de cal. Podemos imaginar la sorpresa que causó en las personas que las descubrieron y las volvieron a sacar a la luz del mundo.



Las pinturas murales de sus viejos muros nos trasladan al Medievo.




En el ábside, justo encima del altar, aparece representada la Asunción de la Virgen. Todo el conjunto pictórico ,de inspiración, y simbolismo medieval, ha sido fechado en la segunda mitad del siglo XV.




En la cima de la bóveda el Pantocrátor en el interior de la mandorla mística rodeada de los tetramorfos y los Evangelistas, mortales que pusieron por escrito la vida y obra del Nazareno.




Estas pinturas murales recuerdan lejanamente a las realizadas en las catacumbas por los primeros cristianos.




El Crucificado es coetáneo a las pinturas murales.




Esta pequeña iglesia es una auténtica joya del arte sacro rural pirenaico.




Luz de la Creación. La Creación de Eva, pintura mural datada en la segunda mitad del siglo XV.





San Jorge, patrón de la caballería andante, vistiendo los hábitos de la Orden de Malta.




El arcángel Miguel, guerrero y espada de Dios, también luce el hábito de los caballeros de Malta.




El pecado original y la expulsión del Edén.




El Juicio Final, segunda mitad siglo XV, representado en tres niveles. En el Cielo (superior) los ángeles tañen sus instrumentos y llaman a los muertos. En el medio Cristo enviado a la Tierra establece el vínculo entre los dos mundos.





En el plano inferior, el arcángel San Miguel pesa las almas y arroja al Averno a los pecadores. Los condenados son engullidos por un enorme Dragón, la puerta a los Infiernos, donde sufrirán tormentos por toda la eternidad.





Cazeaux en el valle de Larboust, naturaleza, arte y gastronomía. A través de esta cordillera, estos pasos naturales de montaña, llegó el arte románico a Iberia.




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