martes, 16 de junio de 2026

ITALIA 90. INGLATERRA 0 - PAÍSES BAJOS 0.

 

  

16 de Junio de 1990. Stadio Sant'Elia de Cagliari. Países Bajos 0 - Inglaterra 0. Grupo F. Un partido soso y dos selecciones que no encuentran su camino. El grupo F empieza a llenarse de empates. 

 


Los capitales Bryan Robson y Rudd Gullit intercambian banderines. Dos de los grandes futbolistas europeos de los '80s. 

 


Las hinchadas holandesa y inglesa eran de las más problemáticas de cuantas acudieron a la cita Italiana. El encuentro Países Bajos - Inglaterra declarado de alto riesgo. 

 


Ni Van Basten, ni Gary Lineker, ni Gullit, ni nadie fue capaz de marcar un gol . Para Inglaterra, después de no ganar a Irlanda, no ser derrotado por los campeones de Europa, no era mal resultado. 

 


Dos años atrás, en la Eurocopa celebrada en Alemania, Países Bajos ganó con claridad a Inglaterra por un 1 -3 , con un triplete de Marco Van Basten. En esta ocasión, prácticamente los mismos 22 jugadores, empataron a cero. 

 


El habilidoso centrocampista del PSV Vanenburg, que llegó tocado al mundial, fue una de las bajas más sensibles del lado holandés. En Inglaterra era su capitán, Bryan Robson, el jugador que sufrió problemas físicos. El técnico inglés rediseñó su defensa, Mark Wright entró en el equipo para jugar de líbero, cubriendo las espaldas de Walker y Butcher, y el joven Paul Parker ocupó el lateral derecho en detrimento de Stevens. 

 


Paul Gascoigne, Ruud Gullit y Ronald Koeman, cuanta calidad futbolística en una instantánea. 

 


Cuerpo a cuerpo Waddle Gullit, esencia del fútbol ochentero. 

 


Gary Lineker frente a Van Breukelen. Las defensas ganaron la partida a las vanguardias.  

 


Peter Shilton dominador del espacio aéreo.  

 


Paul Gascogine supera a Ronald Koeman. Los jugadores holandeses no pudieron esconder un bajo estado de forma a lo largo de todo el campeonato. 

 


Inglaterra - Holanda, un clásico europeo a nivel de selecciones. Nada más grande que enfrentarse en un mundial.  

 


Otro partido se jugaba en las calles. La policia italiana tuvo que emplearse a fondo para evitar los enfrentamientos entre los sectores más violentos de ambas aficiones. Inglaterra tenía un serio problema de paro, violencia y alcoholismo que confluyeron en el movimiento hoolingan. En estos momentos los clubes ingleses tenían prohibido jugar en competiciones europeas.  «Usaremos el puño de hierro, como nos ha aconsejado el propio ministro de deporte británico: parece que estos hooligans no son tan insensibles a las maneras fuertes...». Así había amenazado el subsecretario de Interior, Giuseppe Ruffino, presidente del Comité de Seguridad para los estadios de Italia 90, en la víspera del Mundial. A pesar de los disturbios el control sobre los hooligans ingleses estaba funcionando. Los hooligans ingleses han ocupado cada día las crónicas de los periódicos por pedradas, escaramuzas y pequeñas peleas. Pero un buen número ha terminado en la cárcel, otros han sido enviados de vuelta al otro lado del canal, humillados en su orgullo de «guerreros», quizá fuertemente apaleados y también un poco sedientos debido a las copas faltantes. «Estoy agradecido a las fuerzas del orden italianas», comentó Colin Moynihan, ministro de deporte inglés, «por su rápido, firme y decidido compromiso».

 



El partido entre Inglaterra y Países Bajos en Cagliari, había sido anunciado como una ocasión propicia para el choque violento entre las dos aficiones. Exactamente a las 18.00 se produjo el intento por parte de los ingleses se burlar a la estrecha vigilancia que ejercía la policía y lanzarse sobre la afición orange. Los naranjas no aceptaron el desafío y los ingleses se estrellaron contra el muro formado por las fuerzas del orden: las pedradas y lanzamientos de botellas fueron respondidas a golpe de porra y gases lacrimógenos.

 


Hubo guerrilla durante dos horas, con coches dañados, persecuciones hombre a hombre, unos cuarenta heridos y 5 arrestos. Uno de los arrestados estaba ebrio, 400 aficionados ingleses estaban sin entrada, 150 eran identificables como hooligans de marca. Las crónicas cuentan también que mucha de la rabia que anima a los bull-dogs ingleses deriva del control al que son sometidos, de la atmósfera de desconfianza que rodea a cualquiera que hable la lengua de Albión, de ser el blanco de la intolerancia de vándalos sardos que, por un malentendido espíritu regionalista, buscan su momento de gloria transformándose en «hunters», cazadores de hooligans. 



Gigi Riva, antes del Mundial, dijo: «Todos están muy preocupados por la llegada de los hooligans. Yo solo querría decir una cosa: los sardos son hospitalarios y muy cordiales, pero no permiten a nadie arrollar sus tradiciones. He aquí que quien llegue a Cagliari sepa que el estadio para los sardos es respetado, no representa una ocasión de violencia y de caos, sino que es casi un lugar sagrado». Seguramente los jóvenes sardos han exagerado en la defensa de sus sentimientos, pero también esto debía tenerse en cuenta: la violencia atrae más violencia. 

 


El choque entre ingleses y holandeses concluyó con consecuencias menos graves de las previsibles. Sin embargo, el peligro no ha pasado aún, perdurará mientras Inglaterra siga en liza.  Y entonces se impone una consideración: ya no es admisible que una ciudad, una región, una Nación deban vivir días de tensión, si no de terror, porque un grupo de inadaptados tome como pretexto un partido para sus locuras. No es admisible que ingentes fuerzas de policía deban ser movilizadas para un evento deportivo. He aquí que, al menos, el Mundial ya ha evidenciado esta realidad, si es que alguna vez hubo necesidad de una contraprueba.

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