INTRODUCCIÓN:
¿QUÉ ES EL ANTIGUO RÉGIMEN?
Llamamos
Antiguo Régimen al conjunto de elementos políticos, sociales,
económicos y culturales que caracterizaron Europa durante la Edad
Moderna. Este Antiguo Régimen estaba basado en:
Monarquía
Absoluta con un rey a la cabeza que concentraba todos los poderes. Su
poder era de origen divino y únicamente Dios podía juzgar sus
actos.
Sociedad
Estamental, heredera de la Sociedad Feudal medieval, se dividía en
estamentos privilegiados (nobleza y clero) y no privilegiados
(campesinos, burgueses y clases populares)
Una
economía de base agraria organizada según los principios del
mercantilismo (proteccionismo del estado)
Principio
de autoridad, en virtud del cual el conocimiento se sometía a la
autoridad de los maestros antiguos. Una afirmación en un texto
antiguo se consideraba válida sin necesidad de demostración ni
experimentación.
1.
LA SOCIEDAD ESTAMENTAL.
El
modelo social predominante durante la Edad Moderna en Europa es la
Sociedad Estamental que tiene su origen en la sociedad feudal de la
Edad Media, y que aparece organizada en tres estamentos (o grupos
sociales); la nobelza, el clero y el estado llano.
Esta sociedad estamental se articula a partir de dos características
fundamentales: el inmovilismo vertical y la desigualdad jurídica.
- Inmovilismo
vertical. Un representante del pueblo llano no podía ascender y
convertirse en noble, ni un párroco de pueblo tenía la posibilidad
de llegar a obispo.
- Desigualdad
jurídica. No todas las personas son iguales ante la ley (existen
leyes para los privilegiados y leyes diferentes para los no
privilegiados). Los estamentos tenían diferentes consideraciones
legales.
En
la práctica la sociedad estamental aparece dividida en dos grupos:
PRIVILEGIADOS
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NO PRIVILEGIADOS
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Nobleza y Clero.
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Campesinos, burgueses
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Terratenientes.
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Siervos, jornaleros y pequeños
propietarios.
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No producen, no trabajan.
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Forman la base productiva de la
sociedad.
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No pagan impuestos.
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En ellos recae todo el peso de la
hacienda.
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Reciben rentas (alquileres).
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Pagan rentas, y además el diezmo.
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Son señores.
|
Están sometidos al régimen
señorial.
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Tienen poder político.
|
No pueden participar en política.
|
|
|
1.1.
JUSTIFICACIÓN DE LA SOCIEDAD ESTAMENTAL.
Desde
Adalberón de Laón y Gerardo de Cambrai en la Edad Media, muchos
intelectuales (más o menos vinculados al poder) han justificado la
existencia de privilegiados y de no privilegiados, legitimando una
sociedad tremendamente desigual.
“Es
necesario que haya orden en todas las cosas (…), es imprescindible
que unos ordenen y otros obedezcan. Los que mandan tienen varios
niveles: los soberanos señores dirigen a todos los de su Estado,
dirigiendo su dominio de los grandes, los grandes a los mediocres,
los mediocres a los pequeños y los pequeños al pueblo (…). Unos
están dedicados al servicio de Dios; los otros a conservar el Estado
por medio de las armas, otros a alimentarlo y a mantenerlo mediante
los ejercicios de la paz. Esas son nuestras tres órdenes de
Francia”.
Charles
Loyseau, Tratado de órdenes y simples dignidades, 1610.
1.2.
LAS TRANSFORMACIONES DENTRO DE LA SOCIEDAD.
Las
sociedades no son estáticas, están en continua evolución, de tal
forma que una cosa es la teoría, y otra (muy diferente) la realidad.
Aunque el modelo teórico establece tres grupos, estos no son
homogéneos y cada uno de ellos presenta notables diferencias entre
sus miembros.
A.
Nobleza. La nobleza era un grupo muy heterogéneo donde se incluye la
Alta Nobleza, poderosos terratenientes que ostentaban grandes títulos
(Marqueses, Duques, Condes), que suelen estar muy cerca del rey y
una Baja Nobleza, compuesta por Barones, Caballeros e Hidalgos, que
en ocasiones vivían al límite de la pobreza económica (recuérdese
al ingenioso hidalgo Alonso Quijano).
B.
Clero. La situación en el seno del clero era más variada, pues es
necesario diferenciar entre el alto clero y el bajo clero, y entre
clero regular (órdenes religiosas) y el clero secular. El Alto Clero
lo componían Papa, Obispos, Cardenales, Abades y Priores, y el bajo
clero por curas, monjes, frailes y monjas.
C.
Pueblo llano, o Tercer Estado. Los miembros del Estado Llano
incluyen al pueblo propiamente dicho, los no privilegiados. Para
estudiar este estamento debemos diferenciar entre el ámbito rural y
el ámbito urbano.
Ámbito
Rural: en el siglo XVIII la mayor parte de la población europea
vive en el campo y se dedica a las actividades del sector primario.
Dentro del campesinado europeo podemos distinguir diferentes
situaciones:
Siervos.
Sometidos a un régimen señorial. En un régimen señorial, el señor
(puede ser noble o clérigo) es propietario de una gran extensión
de tierra y tiene bajo su dominio a un enorme número de siervos. En
el señorío el señor es la ley.
Jornalero.
El jornalero es un campesino que trabaja a cambio de un jornal, su
trabajo dependerá de la cosecha, estación del año, situación
económica.
Pequeños
propietarios. Se trata de campesinos que son propietarios de un
pequeño terreno, suelen tener más prosperidad que siervos y
jornaleros, y en algunos casos pueden amasar pequeñas fortunas.
Ámbito
Urbano: El ámbito urbano se refiere a la ciudad. En las ciudades
también encontramos situaciones diferentes en sus habitantes,
mendigos, sirvientes, pequeños artesanos y la burguesía.
La
burguesía es un grupo social que surge durante la Edad Media, que se
dedicaba a la artesanía y al comercio. Gracias a estas dos
actividades la burguesía se convierte en el grupo dominante en las
ciudades y el que posee la riqueza económica.
Durante
el siglo XVIII la burguesía controla el poder económico, pero
seguía siendo un grupo no privilegiado, y por tanto no tenía acceso
al poder político. A lo largo del siglo XVII y el siglo XIX los
burgueses van a protagonizar una serie de revoluciones con el
objetivo de alcanzar el poder político.
Los
burgueses se oponen a la Sociedad Estamental (a la que ven como un
freno para su desarrollo) y reclama participación en la toma de
decisiones. Este es el motivo del estallido de las revoluciones
liberales (políticas o burguesas).
1.3.
LA POBLACIÓN EUROPEA EN EL SIGLO XVIII.
A
lo largo del siglo XVIII (y en especial durante la segunda mitad) la
población europea experimentó un rápido crecimiento demográfico,
pasando aproximadamente de 115 a 190 millones de habitantes (un
aumento del 65%). Este cambio de tendencia fue debido al descenso de
la mortalidad a causa de la menor virulencia de las epidemias, la
mejora de la dieta y la menor incidencia de la guerra sobre la
población civil.
No
obstante, este crecimiento de la población no fue uniforme. Mientras
en Reino Unido, Prusia y Rusia el crecimiento fue muy alto, en
Francia, España y la península Ibérica fue más modesto. En otras
áreas, como las Provincias Unidas, se produjo un estancamiento.
Durante
esta centuria el 90% de la población seguía viviendo en el campo,
aunque la población urbana aumentó mucho su tamaño. Las
principales ciudades europeas eran Londres (que alcanzó la cifra de
800.000 habitantes) y París (con 600.000), las dos metrópolis más
destacadas de Europa Occidental. Otras urbes importantes eran Moscú,
Nápoles, Viena, Madrid, Lisboa, Milán y Roma, que contaban con
poblaciones entre 100.000 y 500.000 habitantes.
En
el siglo XVIII se produjeron grandes oleadas migratorias. El flujo de
emigrantes europeos hacia los imperios coloniales fue constante.
Además de América y Asia, nuevos territorios comenzaron a
incorporarse a este flujo, como Australia que comenzó a poblarse a
finales del siglo XVIII con presos de las cárceles británicas. El
tráfico de esclavos se intensificó y supuso el desplazamiento
forzado de millones de africanos hacia el continente americano.
2.-
UN MUNDO BÁSICAMENTE RURAL. LA ECONOMÍA DEL ANTIGUO RÉGIMEN.
La
principal característica de la economía del Antiguo Régimen era el
predominio de las actividades del sector primario, en especial la
agricultura y la ganadería, y el crecimiento paulatino y constante
del comercio y de la industria.
Todo
el entramado económico se encontraba sometido a las directrices que
marcaba el mercantilismo, basado en la acumulación de los metales
precioso y el proteccionismo por parte del estado de toda la
producción.
La
aldea era la célula básica de la organización socioeconómica
(como venía sucediendo desde la Edad Media), núcleo esencial de
residencia de las familias campesinas y el eje a partir del cual se
ordena la vida cotidiana de hombres y mujeres, desde la faena en el
campo o la distribución de los cultivos (rotaciones, uso de los
pastos . . . ) hasta la regulación de toda la vida familiar y
comunitaria.
2.1.-
HEGEMONÍA DEL SECTOR PRIMARIO.
En
el siglo XVIII la mayor parte de la población europea se dedicaba a
la agricultura, aproximadamente 80% del total. Una agricultura de
subsistencia muy dependiente del clima. La mayor parte de las tierras
se dedicaban al cereal, aunque también tienen cierta importancia la
vid y el olivo (en especial por parte de los monasterios).
La
propiedad de la tierra estaba en manos de los privilegiados. Esta
propiedad se ejercía en virtud de dos instituciones: mayorazgo y
manos muertas.
La
propiedad de la tierra estaba vinculada, puesto que no se podía
comprar, ni vender, ni dividir, y estaba concentrada en manos de la
nobleza e iglesia. Para que la familia siga manteniendo su nivel de
riqueza se establece el mayorazgo (hereda únicamente el hijo mayor).
La consecuencia es que la economía es estática, no avanza, y su
desarrollo se ralentiza.
Las
manos muertas eran parte de las tierras del clero, que tampoco se
podían vender y que en muchas ocasiones no eran explotadas.
2.1.1.
RÉGIMEN SEÑORIAL
Aquellos
campesinoes que no poseían tierras (la inmensa mayoría) estaban
sometidos al régimen señorial (una rémora de la Europa Feudal), es
decir, eran siervos de un señor, que actuaban sobre ellos como un
auténico monarca absoluto. El señor les permitía trabajar una
parte de sus tierras para su sustento, a cambio, los campesinos
tenían la obligación de trabajar gratuitamente las tierras del
señor ciertos días de la semana y pagarle una renta.
Además
estos campesinos debían pagar muchos otros impuestos, a la Iglesia
(diezmo) y a la Monarquía. Esta situación generaba gran descontendo
entre la población campesina, que avanzaba en paralelo al
descontento de la burguesía.
2.1.2.
TRANSFORMACIONES EN EL CAMPO.
A
partir del siglo XVII se fueron introduciendo en el campo una serie
de novedades como la rotación trienal, la mejora técnica de los
útiles de labranza y la siembra de nuevos cultivos como el maíz, el
tomate, la patata y la remolacha.
En
Inglaterra se inició un proceso de privatización y cerramientos de
tierras, denominado enclosure, que favoreció que los propietarios
buscasen mayor rentabilidad introduciendo nuevas técnicas e
intensificando los cultivos.
Por
otro lado, en las colonias europeas tanto de América como de las
Indias Orientales, se extendió el sistema de plantaciones dedicadas
al monocultivo de productos como el algodón, tabaco, cacao o azúcar,
de los que obtenían abundantes cosechas destinadas a su exportación
a Europa.
2.2.-
ARTESANÍA Y MANUFACTURA.
Si
nos referimos a la artesanía y a la actividad manufacturera, tenemos
que señalar el predominio casi absoluto de la organización gremial
que ejercía un auténtico monopolió sobre la producción.
En
ese sentido, la actividad productiva fue impulsada princialmente por
los monarcas, ya que quienes concentraban el capital, nobleza y
clero, preferían seguir invirtiéndolo en la tierra. Tampoco la
burguesía podía invertir con facilidad su dinero en la artesanía
que, como hemos señalado, estaba controlada por los gremios, que
además dificultaban las innovaciones.
Con
la idea de renovar el sector secundario, la monarquía diseñó las
Reales Fábricas, aunque estas instalaciones eran más bien grandes
talleres artesanales que propiamente industrias. Las Reales Fábricas
estaban centradas en la producción de armas o de artículos de lujo
para el consumo de las élites y no se empleaba la maquinaria que
caracteriza a la industria moderna.
2.2.1.-
DOMESTIC SYSTEM.
Los
burgueses ingleses y holandeses idearon un nuevo método para
escapar del férreo control que los gremios ejercían sobre la
producción, el Domestic System. En las zonas rurales, y coincidiendo
con las épocas de menos actividad agraria, los campesinos
compensaban su miseria elaborando productos textiles en talleres
familiares, en los que con pocos medios técnicos, participaban la
mayor parte de los miembros del hogar, proporcionando unos ingresos
suplementarios a la familia. Las materias primas eran proporcionadas
por los grandes comerciantes, que controlaban toda la producción y
que destinaban fundamentalmente al comercio de ultramar.
2.3.-
COMERCIO EN EL SIGLO XVIII.
Para
describir el comercio durante el siglo XVIII debemos hacer una clara
diferenciación entre comercio exterior y comercio interior.
Gracias
al desarrollo de los intercambios entre América y Europa el comercio
exterior había crecido mucho. Las monarquías concedían el
monopolio de todo el comercio en una determinada región a una
compañía comercial; así la Compañía de las Indias Orientanles
británica disfrutaba del derecho de explotación de la ruta entre
Gran Bretaña y Asia. Este negocio aportaba grande beneficios tanto
al propietario de la compañía como al propio monarca.
Por
el contrario, el comercio interior tenía problemas que impedían su
total desarrollo; el control de los gremios, la pervivencia de pesos
y medidas diferentes en cada región y la pervivencia de aduanas
interior. Todo esto complicaba mucho el intercambio de productos
entre las regiones de un mismo país.
2.4.-
MERCANTILISMO.
El
Mercantilismo es el sistema económico vinculado al Absolutismo
Monárquico de los siglos XVII y XVIII. Los pilares son la
acumulación de oro y el proteccionismo de la producción interior.
Íntimamente relacionado con la monarquía absoluta existe un sistema
económico llamado mercantilismo. El mercantilismo consiste en
acumular metales preciosos (oro y plata) y vender más de lo que se
compra. Para llevar a cao este mercantilismo, los monarcas absolutos
desarrollan una política que protege los productos nacionales y
gravan con impuestos los productos extranjeros. Jean Colbert,
ministro de Hacienda de Luis XIV es uno de los principales impulsores
de esta doctrina económica.
“Existe
una única cantidad de dinero que circula por toda Europa [de tal
modo que] no se puede aumentar el dinero en el reino sin arrebatar al
tiempo la misma cantidad a los Estados vecinos.
Es
necesario aumentar el dinero en el comercio público, obteniéndolo
de los países de donde proviene, conservándolo en el interior del
reino, impidiendo que salga y ofreciendo medios a los hombres para
que saquen de él un provecho […]. Solo el comercio, y todo lo que
de él depende, puede producir este gran efecto”.
Jean
Baptiste Colbert, Memorias, 1693. Ministro de Luis XIV.
3.-
LAS FORMAS DE GOBIERNO.
En
el siglo XVII la Monarquía Absoluta se ha impuesto en la Europa
continental, mientras que en Inglaterra se está virando hacia la
implantación de una Monarquía Parlamentaria. Este absolutismo
monárquico pervivió practicamente todo el siglo XVIII y en algunos
estados europeos sobrevivió hasta bien entrado el siglo XIX.
3.1.-
MONARQUÍA ABSOLUTA.
La
Monarquía Absoluta nace en Francia, su principal teórico es
Bossuet. El poder del monarca procede directamente de Dios, y solo
ante Dios debe rendir cuentas. El rey acumula todos los poderes
(ejecutivo, legislativo y judicial), el ejército y la
administración. Estereotipo de monarca absoluto Luis XIV de
Francia, el Rey Sol, al que se le atribuye la frase “El Estado
Soy Yo”.
“Es
solo en mi persona donde reside el poder soberano, cuyo carácter
propio es el espíritu de consejo, de justicia y de razón; es a mí
a quien deben mis cortesanos su existencia y su autoridad; la
plenitud de su autoridad que ellos no ejercen más que en mi nombre
reside siempre en mí y no puede volverse nunca contra mí; solo a mí
pertenece el poder legislativo sin dependencia y sin división; es
por mi autoridad que los oficiales de mi corte proceden no a la
formación, sino al registro, a la publicación y a la ejecución de
la ley; el orden pública emana de mí, y los derechos y los
intereses de la nación, de los que se suele hacer un cuerpo separado
del monarca, están unidos necesariamente al mío y no descansan más
que en mis manos”
Discurso
de Luis XV al Parlamento de París, 3 de marzo de 1766.
El
reinado de Luis XIV en Francia es el mejor ejemplo del absolutismo
monárquico. El soberano consigue reforzar el poder del rey frente a
los demás poderes del Estado y para conseguirlo usó todos los
medios a su alcance:
Decidió prescindir de un valido
(figura típica de reinados anteriores) y gobernar personalmente.
Distribuyó subsidios y pensiones
entre la nobleza para hacerlos depender directamente del rey y no
su opusiesen a sus deseos.
Instaló en la corte toda la
administración del Estado y la convirtió en el centro cultural y
político del país.
Impulsó la centralización
política, quitando el poder a los parlamentos locales y unificando
las leyes y los impuestos de toda Francia. Creó, además, un
cuerpo de funcionarios, los intendentes, que tenían como cometido
asegurar el cumplimiento de las órdenes del rey en todas las
provincias del reino.
Acabó con la disidencia religiosa y
sometio la iglesia francesa a la autoridad de la corona.
Reclutó un poderoso ejército
estatal que dependía directamente del monarca.
Sacralizó la figura del rey con una
potente campaña de propaganda que presentaba al monarca como el
representante de Dios en la tierra.
El
absolutismo desarrollado por Luis XIV se convirtió en el modelo a
imitar por el resto de monarcas europeos.
3.2.-
LAS BASES TEÓRICAS DEL ABSOLUTISMO.
El
Absolutismo necesitaba una base teórica que justificase su
existencia. Dos pensadores desarrollan el cuerpo teórico de la
Monarquía Absoluta, eso sí, desde puntos de partida diferentes, el
francés Bossuet y el inglés Thomas Hobbes.
Thomas
Hobbes justifica un poder absoluto que sea capaz de reunir las
funciones ejecutivas, legislativas, judiciales y también
espirituales. Testigo directo de la revolución de 1688 y del régimen
republicano de Oliver Cromwell, este contexto le inspiró para
escribir Leviatán, una obra en que postula la necesidad de un
soberano (o en su defecto una asamblea) que reuna todo el poder
necesario para garantizar la paz, el orden y el progreso del Estado,
ante la amenaza permanente que se materializa en una criatura
monstruosa: el Leviatán. El planteamiento de Hobber es el siguiente:
el ser humano es malo por naturaleza, homo
homini lupus (el hombre
es un lobo para el hombre), y para evitar que la sociedad caiga en el
caos, provocando la disolución de la misma, se necesita un poder
fuerte capaz de mantener ese orden.
Bossuet parte de otra premisa para
defender el mismo concepto del poder. El autor francés, muy ligado a
la cara real borbónica en tiempos de Luis XIV escribre “La
política sacada de las mismas palabras de la Sagrada Escritura”.
En esta obra elabora una teología política en la que el monarca es
elegido por Dios para gobernar a su pueblo, un origen divino para el
poder político. Esta idea justifica el poder absoluto y omnímodo
del monarca que tan solo debe rendir cuentas ante el Todopoderoso.
3.3.
LA ALTERNATIVA PARLAMENTARIA.
Aunque
el Absolutismo monárquico era la forma de gobierno más extendida
por Europa, existía un sistema alternativo, el Parlamentarismo.
Inglaterra y las Provincias Unidas (Países Bajos) fueron los dos
estados que implantaron un sistema parlamentario que suponía una
alternativa al Absolutismo Monárquico. Se estaban dando los primeros
pasos hacia la democracia.
3.3.1.-
MONARQUÍA PARLAMENTARIA. INGLATERRA Y EL CAMBIO DE PARADIGMA.
A
mediados del siglo XVII tiene lugar en Inglaterra un ciclo
revolucionario que tuvo como consecuencia el final de la monarquía
absoluta y el origen de una monarquía parlamentaria. A partir de
esta revolución, el rey de Inglaterra, quedaba sometido a las leyes
del Parlamento. Asistimos por primera vez a la separación de
poderes. El pensador John Locke fue el principal defensor del
parlamentarismo.
En
Inglaterra (Reino Unido a partir de 1707 con la firma del Acta de
Unión) el absolutismo monárquico fue un fracaso. El monarca Carlos
I quiso gobernar sin tener en cuenta al Parlamento y la burguesía
aprovechó para, con el apoyo de algunos sectores populares y
levantiscos, radicalizar la oposición política. En este contexto se
desencadenó la Primera Revolución Inglesa y en el año 1642 estalló
un guerra civil entre realistas y parlamentarios. El rey Carlos fue
derrotado y ejecutado por traición.
Tras
la disolución de la monarquía se instauró un república en
Inglaterra que sería dirigida por Oliver Cromwell. Tras once años
de gobierno republicano las aguas tornaron a su cauce y la monarquía
fue restaurada en 1660 en la persona del rey Carlos II, que fue
sucedido por Jacobo II. Este último monarca era católico
practicante y puso en marcha una política absolutista, un hecho que
provocó que gran parte de sus súbditos ofrecieran la corona a su
hija María, casada con Guillermo de Orange, ambos protestantes.
En
1688 estalló la segunda y definitiva Revolución Inglesa, conocida
como la “Gloriosa” que concluyó cuando los monarcas Guillermo y
María juraron la Declaración de Derechos (1969), un solemne acto
que los convirtió en monarcas parlamentarios (y de paso salvaban a
la propia instirución monárquica), de manera que se comprometían a
gobernar de acuerdo con lo establecido por el Parlamento. La ley se
colocaba así por encima del rey. Por otro lado un sistema económico
liberal se irán imponiendo en las Islas.
En
el sistema parlamentario inglés el rey desempeña el poder ejecutivo
y comparte con el parlamento el poder legislativo. El Parlamento que
ejerce el poder legislativo está formado por la cámara de los lores
y la cámara de los comunes. La cámara de los lores está formada
por nobles y la cámara de los comunes por ciudadanos elegidos
mediante sufragio censitario (únicamente pueden votar los más
ricos). Además de todo esto, el sistema parlamentario desarrolla
derechos y libertades individuales y un liberalismo económico.
Desde
los primeros momentos en el Parlamento inglés se fueron configurando
dos tendencias; los tories, partidarios de defender los privilegios
reales (que con el tiempo se convertirían en el partido conservador)
y los whigs, que defendían la supremacía del Parlamento sobre los
reyes (y que evolucionaría hacia el partido liberal).
3.3.2.
LAS PROVINCIAS UNIDAS. UNA ALTERNATIVA PARLAMENTARIA.
La
independencia declarada en 1579 no fue reconocida por España hasta
el año 1648 (después de la Guerra de los Treinta Años, un
conflicto nefasto para los intereses españoles). Los holandeses
cimentaron su sistema republicano recurriendo a las viejas
instituciones medievales (al contrario de lo que ocurrió en otras
regiones de Europa), y contra la tendencia absolutista generalizada
los Países Bajos fueron capaces de gobernarse mediante un sistema
próximo a la democracia, en el que la soberanía recaía sobre los
Parlamentos de cada una de las Siete Provincias (Frisia, Zelanda,
Groninga, Overijssel, Güeldres, Utrecht y Holanda) y cuyos diputados
eran elegidos por los ciudadanos con el mandato de regir los asuntos
políticos y también los militares.
Para
decidir las políticas comunes a todas las provincias se elegían
unos Estados Generales y sus decisiones debían ser ratificadas por
cada una de las cortes provinciales. Al frente del poder central se
situaba un estatúder, un cargo que terminó recayendo en la familia
Orange-Nassau con carácter hereditario (la casa real).
Entre
los períodos 1650 – 1672 y 1702 – 1748, no hubo estatúder, de
modo que la autoridad fue ejercida en exclusiva por los Estados
Generales. Estos dos períodos se conocen como Primera y Segunda
Repúblicas Neerlandesas, y en ellos Holanda se aproximó al modelo
político contemporáneo.
3.4.
RELACIONES INTERNACIONALES: EL EQUILIBRIO EUROPEO.
Después
de la Guerra de Sucesión Española (1701 – 1714), la paz firmada
en Utrecht estableció un nuevo orden internacional, caracterizado
por el equilibrio, que había de durar un siglo.
Inglaterra
consiguió reforzar su poderío marítimo y colonial, y logró
imponer un principio de equilibrio continental, según el cual ningún
estado debía ejercer la hegemonía sobre el resto (en su fuero
interno, Inglaterra se reservaba ese papel para sí misma) en el
continente y los estados debían equilibrarse mutuamente.
España
perdió todas sus posesiones europeas y su monarca Felipe V renunció
a sus derechos al trono francés. De esta forma se hacía imposible
una eventual unión de ambas coronas. Una circunstancia que
tranquilizaba a los inquietos vecinos.
A
la tradicional rivalidad entre Inglaterra y Francia se suma ahora la
de Austria y Prusia. Suecia y el Imperio Otomano fueron perdiendo
importancia entre las potencias europeas. Polonia se llevó la peor
parte, y quedó fragmentada y repartida entre Austria, Prusia y
Rusia.
Siguiendo
con Rusia, Pedro I y Catalina II consiguieron incorpor al Imperio
Rusa plenamente en la política europea.
Como
hemos visto esta centuria se caracterizó por un equilibrio de
fuerzas entre las potencias europeas, ninguna conseguía dominar con
claridad al resto. Las rivalidades y las ansias de poder desmbocaron
en varios conflictos bélicos. Estas guerras fueron el resultado de
una doble rivalidad, la pugna entre Austria y Prusia por controlar el
espacio alemán, y el enfrentamiento entre Francia y Gran Bretaña en
sus colonias de ultramar. La Guerra de Sucesión de Austria y la
Guerra de los Siete Años fueron los conflictos más importantes de
ese siglo XVIII.
La Guerra de Sucesión de Austria
(1740 – 1748) enfrentó a María Teresa de Austria con Federico
II de Prusia. Francia y España se aliaron con Prusia, mientras que
Gran Bretaña y Saboya ayudaron a Austria. La paza de Aquisgrán
(1748) puso fin a la guerra, Prusia obtuvo de Austria el territorio
de Silesia y María Teresa el reconocimiento como reina de los
territorios austríacos de los Habsburgo.
La Guerra de los Siete Años (1756 –
1763) enfrentó a Gran Bretaña y a Francia (con sus respectivos
aliados) por el control del comercio colonial, una actividad que
proporcionaba enormes ganancias. Ambas potencias se enfrentaron en
suelo europeo y también en las colonias que poseían tanto en
América como en Asia. La Paz de París puso final al conflicto.
Francia tuvo que ceder a Gran Bretaña los territorios de Canadá y
muchos de sus enclaves comerciales de la India. Estos acuerdos
marcaron el comienzo del declive Francés y el inicio de la enorme
expansión británica.
Hacia
1770 la situación internacional se caracterizaba por la existencia
de una potencia hegemónica en el mar, Gran Bretaña, y tres
potencias continentales que luchaban por la supremacia: Francia,
Austria y Prusia.
4.-
LA ILUSTRACIÓN.
La
Ilustración es el movimiento cultural e intelectual que se
desarrolla en la Europa del siglo XVIII. El alemán Inmanuel Kant
marca su punto culminante.
“La
Ilustración es la liberación del hombre de su culpable incapacidad.
La incapacidad significa la imposibilidad de servirse de su
inteligencia sin la guía de otro. Esta incapacidad es culpable
porque su causa no reside en la falta de inteligencia, sino de
decisión y valor para servirse por sí mismo de ella sin la tutela
de otro. ¡Sapere aude! ¡Ten el valor de servirte de tu propia
razón!: he aquí el lema de la Ilustración”.
Inmanuel
Kant, ¿Qué es la Ilustración?.
4.1.-
EL SIGLO DE LAS LUCES.
La
luz de la razón iluminó a los hombres. La ilustración supuso un
profundo cambio de mentalidad respecto a la etapa anterior, y su
principal característica es el uso de la razón. Los ilustrados
explicarán todo lo que existe a partir de la razón, pensarán que
la luz de la razón ilumina al hombre, por este motivo, al siglo
XVIII se le conoce como el siglo de las luces.
Otras
características de la Ilustración son la tolerancia, el respeto por
la Naturaleza, el progreso de la sociedad humana y colocar al ser
humano en el centro del universo (antropocentrismo).
Razón.
Los ilustrados estaban convencidos de que era posible analizar la
sociedad aplicando única, y exclusivamente, los dictados de la
razón. Los sistemas de gobierno debían regirse por aquello que era
más razonable y adecuado, y no por el mero mantenimiento de la
tradición. Por supuesto tampoco se puede basar el poder político en
un origen divino de la monarquía.
Progreso.
La aplicación de la razón a la organización de las sociedades
humanas llevaría al progreso continuo de la humanidad, de forma que
la historia se concibe como un proceso constante de mejora y
extensión de los derechos ciudadanos. Las palabras del Marqués de
Condorcet resumen a la perfección la idea de progreso de los
pensadores ilustrados.
Y
este cuadro de la especie humana, liberada de todas esas cadenas,
sustraída al imperio del azar, así como al de los enemigos de sus
progresos, y avanzando con paso firme y seguro por la ruta de la
verdad, de la virtud y de la felicidad, presenta al filósofo un
espectáculo que le consuela de los errores, de los crímenes, de las
injusticias que aún ensucian la tierra, y de los que el hombre es
muchas veces víctima. Es con la contemplación de ese cuadro como
recibe el premio de sus esfuerzos por los progresos de la razón y
por la defensa de la libertad […] Llegará un momento en que el Sol
no alumbrará sobre la tierra más que a hombres libres, los cuales
no reconocen más señora y maestra que la Razón y en que los
tiranos y los esclavos, los sacerdotes y sus estúpidos e hipócritas
instrumentos no existirán más que en la historia y en los teatros
(Condorcet).
El
optimismo y las esperanzas de los ilustrados terminaron chocando con
la realidad. Las crisis económicas (recurrentes) y sus consecuencias
de desindustrialización, paro, inflación, etc y la perspectiva de
agotamiento de recursos, han originado gran pesimismo respecto al
futuro.
Antropocentrismo.
Al igual que sucedió en el Renacimiento, cuando el antropocentrismo
se impuso al tradicional teocentrismo medieval, los ilustrados
convirtieron al Ser Humano en el centro y motivo de todas sus
reflexiones.
Tolerancia.
Se afirmaba que la tolerancia debería guiar las relacionas humanas
en cualquier ámbito.
Derechos
naturales. Los filósofos ilustrados defendían la existencia de unos
derechos naturales que ningún poder pueden suprimir. Libertad
individual y propiedad son dos de estos derechos básicos. El
iusnaturalismo es la teoría ético-filosófica por la que los
derechos se hallan en la naturaleza del ser humano, y no en un origen
divino.
“Si
se busca en qué consiste el bien más preciado de todos, que ha de
ser objeto de toda legislación, se encontrará que todo se reduce a
dos cuestiones principales: la libertad y la igualdad, sin la cual la
libertad no puede existir. Renunciar a la libertad es renunciar a ser
hombre, a los derechos y a los deberes de la humanidad”
J.J.
Rousseau, El Contrato Social, 1762.
4.2.-
CRÍTICA AL ANTIGUO RÉGIMEN.
Los
ilustrados se oponen al Antiguo Régimen y van a realizar una serie
de críticas encaminadas a destruir ese Antiguo Régimen. Defienden
un sistema basado en la libertad y en la igualdad legal y social.
También piensan que la existencia de privilegios es un freno y un
obstáculo para el desarrollo de la sociedad.
“El
comercio, que ha enriquecido a los ciudadanos en Inglaterra, ha
contribuido a hacerles libres, y esta libertad ha extendido a su vez
el comercio, así se ha formado la grandeza del Estado . . . Todo
esto da un justo orgullo a un mercader inglés . . .
En
Francia un noble es muy superior a un negociante. El negociante oye
hablar tan a menudo con desprecio de su profesión que es lo
suficientemente tonto como para enorojecerse de ello. No sé, empero,
quién es más útil a un Estado, un señor bien empolvado que sabe
precisamente a qué hora el rey se levanta, a qué hora se acuesta, y
que se da aires de grandeza haciendo el papel de esclavo en la
antecámara de un ministro, o un negociante que enriquece a su país,
da desde su despacho órdenes a Surate o a El Cairo, y contribuye a
la felicidad del mundo”.
Voltaire,
Cartas filosóficas, 1734.
4.3.-
DIFUSIÓN DE LAS IDEAS ILUSTRADAS.
La
Ilustración alcanzó su mayor fuerza en Francia, donde destacaron
numerosos pensadores como Rousseau, Voltaire y Montesquieu. Desde
este país las ideas ilustradas se propagaron por Europa y cruzaron
el Atlántico desembarcando en América.
La
difusión del pensamiento ilustrado se hizo a través de tres vías:
la Enciclopedia, los nuevos medios de comunicación, como revistas,
folletos, pasquines, periódicos y panfletos y tertulias y salones
celebradas en casas particulares como las de Madame Geoffrin.
4.4.-
LA ENCICLOPEDIA.
Diderot
y D'Alambert promovieron y dirigieron, entre 1751 y 1772 esta magna
obra, que contiene unos 72.000 artículos. La Enciclopedia consiguió
amplia difusión y un elevado número de suscriptores en Francia y
también en otros países de Europa.
La
Enciclopedia es (y sigue siendo) una obra que recoge todo el saber
acumulado por la humanidad a lo largo de su historia, pero también
fue reflejo fiel del espíritu ilustrado. En ese sentido los
diferentes autores que trabajaron en su redacción, exponían sus
ideas críticas con la sociedad estamental, el absolutismo y el
mercantilismo. Para evitar la censura real estos artículos debían
ser presentados de forma muy sutil (los entendían aquellos que
tenían que entenderla.
En la elaboración de la Enciclopedia
participaron ciento treinta redactores, incluidos los más
importantes pensadores y científicos de la época. Diderot se ocupó
de las materias técnicas y profesionales, D'Alambert escribió sobre
matemáticas y ciencias; Buffon se encargó de las ciencias
naturales, mientras que Voltaire, Rousseau y Montesquieu escribieron
sobre política y filosofía.
La obra, símbolo de ideas liberales
y del progreso, empezó a publicarse en el año 1751, y por su
carácter antiabsolutista fue prohíbida por Luis XV cuando acababa
de ver la luz el segundo volúmen. A pesar de todo siguió
publicándose.
5.-
EL DESPOTISMO ILUSTRADO.
Los
monarcas absolutos querían controla el proceso de evolución social
y se inventaron eso del Despotismo Ilustrado. Muchos monarcas
absolutos, ante la crítica que les estaban haciendo los pensadores
ilustrados, decidieron actuar. El objetivo era controlar desde dentro
las reformas políticas y sociales. A este proceso se le llama
Despotismo Ilustrado. En el fondo no fue más que un maquillaje de
la realidad, pues nunca hicieron nada para solucionar los auténticos
problemas de la gente. Las reformas consistían en embellecer las
ciudades construyendo parques, fuentes, jardines y monumentos (la
Puerta de Alcalá de Madrid), mejorar los caminos y los puertos,
extender (en lo posible) la educación y rodearse de intelectuales,
eso sí, manteniendo intactos sus privilegios.
Lema
del despotismo ilustrado resume perfectamente la esencia de este
movimiento: “Todo para el pueblo, pero sin el pueblo”. El pueblo
propiamente dicho no participa en nada.
Entre
los monarcas ilustrados más destacados de Europa tenemos a Federico
II de Prusia, María Teresa de Austria, Gustavo de Suecia, Catalina
la Grande de Rusia y Carlos III en España.
Las
reformas que pusieron en marcha los monarcas absolutos se basaban en
las teorías de filósofos y científicos y tenían como objetivo
fortalecer el estado. Entre las actuaciones que se llevaron a cabo
podemos enumerar las siguientes:
Potenciar
la industria nacional por medio del apoyo estatal y la creación de
fábricas públicas.
Impulsar
el comericio mejorando los medios de transporte, las infraestucturas
y las vías de comunicación como carreteras y canales.
Favorecer
el desarrollo científico y la modernización del sistema educativo,
potenciando a su vez los estudios relacionados con la economía.
Centralizar
la administración , ampliando los poderes del gobierno central para
restar competencias a los gobiernos locales y provinciales.
Incrementar
y profesionalizar el ejército, dotándolo de un mando unificado, una
instrucción común y el establecimiento de uniformes.
5.1.
LA FISIOCRACIA.
Esta
escuela de pensamiento económico se relaciona directamente con la
Ilustración y el Despotismo Ilustrado. La idea principal de la
fisiocracia es que la riqueza está en la tierra, sólo por medio de
la agricultura puede un estado generar riqueza. En ese sentido la
fisiocracia se opone al mercantilismo.
“Nunca
dejen de tener presente, ni el soberano ni la nación, que la tierra
es la única fuente de riquezas y que la agricultura es quien la
multiplica. Pues el aumento de la riqueza afianza el de la población;
los hombres y las riquezas hacen prosperar la agricultura, amplían
el comercio, vivifican la industria, aumentan y perpetúan las
riquezas. De esta fuente copiosa depende el buen éxito de todas las
partes de la administración del reino”.
Francois
Quesnay.
En
Francia el político Turgot intentó llevar a la práctica las ideas
de la fisiocracia, pero fracasó por la fuete oposición de los
privilegiados.
6.-
EL FINAL DEL SIGLO XVIII: LA QUIEBRA DEL ANTIGUO RÉGIMEN.
El
rechazo a la monarquía absoluta, a la economía mercantilista y a la
sociedad estamental, a fines del siglo XVIII, dará lugar a nuevas
formas de organización política, económica y social, Estamos
hablando del liberalismo. Objetivo de los liberales ilustrados:
suprimir los privilegios.
6.1.-
LIBERALISMO POLÍTICO.
El
liberalismo político se opone a la monarquía absoluta y propone
otras formas de organización política. Basándose en este
liberalismo político, los burgueses iniciarán un proceso de
conquista del poder, conocido como revoluciones liberales (o
burguesas).
Entre
estas revoluciones burguesas podemos citar la Independencia de los
Estados Unidos, la revolución francesa, la emancipación de América
Latina y las revoluciones de 1848.
Partiendo
del ejemplo británico, las principales ideas del liberalismo
político proceden de los siguientes autores:
*
Voltaire. Voltaire era partidario de la tolerancia como base de las
relaciones humanas y propone la existencia de un parlamento fuerte
que limitarse el poder del rey. (Ejemplo, el Parlamentarismo inglés)
*
Montesquieu. Escribió el Espíritu de las Leyes, obra en la que
plasma su idea de División de Poderes, en ejecutivo, legislativo y
judicial, y pone especial énfasis en la completa independencia de
cada uno de ellos.
*
J.J. Rousseau. Escribió el Contraso Social, una obra en la que
expone su teoría política. Rousseau piensa que se establece un
contrato entre gobernadores y gobernados (el citado contrato social),
de tal forma que el poder nace del pueblo y se lo entrega libremente
a su gobernante. Este concepto recibe el nombre de soberanía
nacional y Rousseau se convierte en uno de los pensadores políticos
más influyentes de la Edad Moderna y precursor de la Edad
Contemporánea.
6.2.-
LIBERALISMO ECONÓMICO.
Es
la doctrina económica de las revoluciones burguesas, y tiene su
origen (como no) en Gran Bretaña. Las bases teóricas del
liberalismo económico están en el libro “La Riqueza de las
Naciones” escrito por Adam Smith. Según Adam Smith la economía
debe organizarse por un principio de libertad económica, en el que
sea el mercado el que establezca precios y salarios, y que el estado
únicamente intervenga para asegurar esa libertad.
“Todo
ser humano, siempre que no viole las leyes de la justicia, debe ser
completamente libre para elegir el medio que le parezca más adecuado
para lograr el ideal de vida y sus intereses. Los productos que crea
tienen que poder salir a competir con los de cualquier otro individuo
del género humano […].
Según
el sistema de libertad de negocio, el soberano únicamente tiene tres
obligaciones principales por las cuales debe preocuparse: la primera,
proteger a la sociedad de la violencia y de la invasión de otras
sociedades independientes; la segunda, proteger de la injusticia y la
opresión a un miembro de la república ante cualquiera que también
sea ciudadano de esta, y establecer una justicia exacta entre sus
pueblos; y la tercera, crear ciertas obras y establecimientos
públicos y mantenerlos”.
Adam
Smith, La riqueza de las naciones, 1776.
La
economía se organiza en virtud de la ley de la oferta y la demanda,
sin necesidad de que el estado la controlase. En ese sentido,
cualquier persona que lo deseara y tuviera los medios adecuados puede
poner en marcha un negocio o empresa, y es la encargada de tomar
todas las decisiones relacionadas con él.
7.-
LA CIENCIA EN EL SIGLO XVIII.
El
siglo XVIII fue continuación y consolidación de la Revolución
Científica de la centuria anterior. En esta época la ciencia vivió
un gran desarrollo, gracias a la aplicación de la razón ilustrada y
el espíritu crítico a la investigación y a la búsqueda constante
del conocimiento. Por otro lado, algunos monarcas ilustrados
fomentaron la investigación científica mediante la creación de
centros de saber como museos, observatorios y jardines botánicos,
así como la realización de expediciones científicas. Una etapa de
la historia en que se produjeron importantes avances y adelantos
técnicos.
Durante
el siglo XVIII vivieron, y trabajaron numerosos científicos que
sentaron las bases de la ciencia moderna, como Lavoisier, Linneo o
Jenner. El campo del saber que concentró el mayor interés fueron
las Ciencias Naturales en su totalidad; Astronomía, Química,
Física, Botánica . . .
La
sombra de Isaac Newton, el gran genio del Barroco, es alargada, y sus
decisivas contribuciones a la mecánica y la gravitación tuvieron su
continuación en este siglo XVIII. Maupertuis y La Condamine
confirmaron las ideas de Newton sobre la atracción universal, así
como la tesis de que la Tierra es una esfera achatada por los polos.
El astrónomo William Herschel, que también fue músico, descubrió
el planeta Urano.
En
física se inventó el termómetro gracias a los trabajos de Réaumur,
Celsius y Fahrenheit. Papin estudio la presión del vapor. Galvani y
Volta iniciaron el conocimiento de la electricidad y Benjamin
Franklin inventó el pararrayos en 1750.
En
química tuvo una trascendencia capital Lavoisier, creador de la
química moderna, que enunció la ley de conservación de la materia.
En
el campo de la biología, el sueco Carl von Linneo llevó a cabo la
primera clasificación sistemática de especies animales y vegetales,
ideando para ello el sistema binomial (género y especie) que aún
seguimos utilizando. La obra Historia Natural del conde Buffon tuvo
una gran influencia en las generaciones posteriores de naturalistas.
El
inglés James Edward, está considerado el padre de la inmunología.
Gracias al desarrollo de la primera vacuna contra la viruela, se pudo
salvar a miles de personas de una muerte casi segura.
A
todos estos científicos habría que sumar a los exploradores que
posibilitaron un conocimiento más detallado y profundo de nuestro
mundo.
8.-
LOS EXPLORADORES EUROPEOS.
A
principios del siglo XVIII los estados europeos ya habían explorado
el continente Americano, las costas africanas y las lejanas tierras
de Asia (el danés Bering recorrió el estrecho que bautizó con su
nombre), sin embargo, nadie se había adentrado en las desconocidas
aguas de los mares del sur, el vasto Océano Pacífico. Durante las
centurias anteriores los científicos pensaban que al sur de esas
tierras conocidas existía una gigantesca masa continental a la que
llamaban Terra Australis Nodum Cognita, algo así como Tierra del Sur
Desconocida.
A
lo largo del siglo XVIII se organizarán desde Francia e Inglaterra,
la mayoría de las veces por parte de los respectivos gobiernos,
varias expediciones con el objetivo de explorar y cartografíar esta
desconocida región. En ese sentido destacan los franceses
Bougainville y La Pérouse, y el inglés James Cook. Parte de la
tripulación estaba formada por científicos que tenía como cometido
estudiar la flora, la fauna y las costumbres de los grupos humanos
que encontraran. A finales de este siglo los europeos descubrieron
Oceanía y las costas de la Antártida.
Las
enconadas rivalidades entre las compañías comerciales impulsaron
expediciones hacia otros territorios inexplorados, como las de
Alexander MacKenzie por Canadá o la del francés La Condamine por
Sudamérica. Por otro lado, el lucrativo tráfico de esclavos alentó
las incursiones hacia el interior del continente africano, como las
protegonizadas por Mungo Park. Con estas expediciones Europa asentaba
las bases para su dominio absoluto del mundo.
En
España la expedición más célebre y más recordada fue la
capitaneada por Alejandro Malspina, que en 1789 emprendió un viaje
político-científico por América, Asia y Oceanía.
9.
EL ARTE DEL SIGLO XVIII.
En
el arte del siglo XVIII convivieron dos mundos que se enfrentaron en
diferentes ámbitos a lo largo de toda la centuria. Frente al Rococó,
aristocrático, estético y algo superficial, se terminó por imponer
el Neoclásicismo, un estilo más racional y equilibrado, que venía
a celebrar el triunfo de las revoluciones burguesas. El Barroco se
termina transformando en Rococó, que será sustituido por una nueva
vuelta al Clasicismo de la Antigüedad grecorromana.
9.
1. EL DELIRIO ROCOCÓ.
En
la primera mitad del siglo XVIII triunfo en los círculos cortesanos,
el Rococó, una exageración del Barroco, caracterizado por una
estética elegante y refinada, que busca esencialmente la belleza
sensual y el placer sensual (del observador), más que la expresión
de sentimientos o de la espiritualidad.
La
arquitectura se caracterizó por las formas irregulares y curvas, y
por una excesiva y fastuosa decoración interior en techos y paredes
de los palacios, un horror vacui llevado hasta la desesperacion. En
ese sentido la aristocracia convirtió la decoración de sus palacios
y residencias en una muestra de ostentación y riqueza.
Los
pintores retrataron escenas cortesanas y aristocráticas (reflejo del
ambiente refinado y despreocupado de las clases privilegiadas) aunque
también temas exóticos y orientales, alejándose de los típicos
temas religiosos.
Los
cuadros se llenan de colores claros como el gris y el verde manzana,
el azul cielo y el rosa pálido, y de formas naturales. El predominio
del color sobre el dibujo favoreció el desarrollo de una nueva
técnica: el pastel.
Pintores
destacados fueron los italianos Canaletto y Tiépolo, los franceses
Fragonard, Watteau y Boucher, y los británicos Gainsborough y Joshua
Reynolds.
Obra,
El Columpio de Fragonard.
La
carta de amor de J.H. Fragonard refleja la vida cortesana de la
nobleza francesa del siglo XVIII.
En
el Gran Canal desde San Vio, Canaletto muestra vistas idílicas de la
ciudad de Venecia, el centro de la próspera República veneciana.
9.2.
NEOCLÁSICISMO. LA VUELTA A LOS ORÍGENES.
En
la segunda mitad del siglo XVIII el arte vuelve a sus orígenes,
superando los excesos decorativos del Rococó y rememorando la
Antigüedad Clásica de Grecia y Roma. El agotamiento del Barroco, el
impacto causado por el descubrimiento de las ruinas de Pompeya y los
ideales nacionalistas de la Ilustración, acabaron gestando un nuevo
estilo, el Neoclasicismo.
El
nuevo estilo se basó en tratado y reglas que pretendían transmirit
la renovada forma de pensar. El uso de la razón, como único medio
para la interpretación del mundo, impuso el alejamiento de las
exgeradas formas decorativas del Barroco. La abundancia decorativa se
abandonó para buscar el equilibrio, la armonía y la serenidad del
arte del primer Renacimiento y de sus orígenes grecorromanos.
9.2.1.
PINTURA NEOCLÁSICA.
Los
pintores mostraron gran interés por los temas de carácter heroico,
patriótico y de la perdida rectitud moral de la Antigüedad, aunque
también se ocuparon del retrato, de la vida cotidiana y las escenas
de salones. Como nombres propios despuntan dos franceses, Ingres y
David.
Jean
Ingres, La Apoteósis de Homero.
Los
pintores se inspiraron en el orden y el equilibrio de la Antigüedad
y mostraron predileccíon por la temática mitológica e histórica
para transmitir valores moralizantes, como hace J.L. David en la
Muerte de Sócrates.
9.2.2.
ESCULTURA NEOCLÁSICA.
Los
escultores regresaron a los modelos de la Antigüedad, tanto en la
sencillez de las formas como en la temática. Las figuras buscaban la
geometría. Destacó un artista italiano llamado Antonio Cánova.
Antonio
Cánova esculpió a Paulina Borghese como Venus Vencedora y la
maravillosa Eros y Psique.
Los
escultores se centraron especialmente en los temas mitológicos,
aunque también desarrollaron el retrato y el monumento funerario.
Los artistas buscaban conseguir la belleza y la perfección y usaban
materiales como el mármol y, en menor medida, el bronce.
El
León de Lucerna de B. Thorvaldsen es otro bello ejemplo de escultura
neoclásica.
9.2.3.
ARQUITECTURA NEOCLÁSICA.
Los
arquitectos que trabajaron durante la época del Neoclasicismo
aplicaban a los edificios que levantaban los principios racionalistas
ilustrados de pureza y monumentalidad, inspirado esencialmente en los
modelos grigos y romanos. Destacó la construcción de edificios
públicos como bibliotecas, panteones, puertas, museos, cárceles y
mercados.
Pureza:
Las formas se hicieron simples y libres de decoraciones innecesarias.
Se van a utilizar elementos decorativos clásicos, como las columnas
y los frontones.
Monumentalidad:
Se levantan nuevas construcciones de grandes dimensiones, y
transmiten sensaciones de elegancia y equilibrio.
Jacques
Germain Soufflot es el autor del Panteón de París, un templo
dedicado a la Ilustración. Fue erigida con planta de cruz griega,
con una gran columnata interior y una gran cúpula sobre un tambor
rodeado de columnas.
También
en Paris se encuentra la Iglesia de la Madeleine, una obra de Pierre
Vignon. Encargo de Napoleón, fue ideado con la forma de un templo
romano clásico, elevado sobre un podio, con grandes columnas de
orden compuesto y un frontón con relieves.
Karl
Langhans construyó la Puerta de Brandenburgo. Destaca la simetría
de todo el conjunto, la entrada recuerda la fachada del Partenón, el
friso está decorado con triglifos y metopas, en la ampliación se
incluyeron frontones clásicos y una cuádriga conducida por la
victoria alada remata todo el conjunto.
En
el Reino Unido una de las construcciones más destacadas de esta
época es el impresionante Museo Británico.
Los
déspotas ilustrados patrocinaron la cultura y el arte como forma de
exaltación de su poder. Ciudades como Viena, París o Madrid fueron
embellecidas con edificios y se convirtieron en importantes focos
culturales.
9.3.
LA MÚSICA DEL CLASICISMO.
Se
conoce como Clasicismo a una etapa de creación musical que se
desarrolla entre 1750 y 1820, y que coincide en el tiempo con la
Ilustración y el Neoclasicismo. Viena fue el centro motor del
Clasicismo Musical. Tras grandes compositores dominaron este periodo,
y los tres vivieron en Viena: Haydn, Mozart y Beethoven.
Entre
el Barroco y el Romanticismo, esto es, la segunda mitad del siglo
XVIII, hasta comienzos del siglo XIX, se desarrolla en Europa la
época del clasicismo. Los ideales de la ilustración también
influyeron en el mundo musical, y se concentraron en un música
racional, es decir, lógica, de estructura formal, clara y
comprensible.
La
música del clasicismo tomó como objetivos la sencilles melódica
(huyendo de los artificios del Barroco), la claridad, la proporción
y la elegancia. Por otro lado perdió la afinidad que hasta entonces
había mantenido con la arquitectura y buscó el paralelismo con el
drama y la poesía.
Aunque
durante el clasicismo los músicos continuaron componiendo misas y
oratorios, tan del gusto barroco, se produjo un notable auge de la
música instrumental. En esta época también se sentaron las bases
para el posterior desarrollo de la ópera (debido a la relación que
se establece entre la música y las formas dramáticas). Las
principales formas musicales que se desarrollaron durante el
clasicismo fueron la sonata, la sinfonía y el concierto.
En
esta época convivieron tres gigantes de la historia de la música (y
de la cultura europea en general) Franz Joseph Haydn que perfeccionó
la sinfonía, Wolfgang Amaedus Mozart, auténtico prodigio de la
creación musical, quien sintetiza la vivacidad de la tradición
italiana y la fuerza dramática alemana y Ludwig van Beethoven, cuyas
composiciones marcan la transición al Romanticismo.