Astrónomos, astrofísicos, científicos en general, y algún que otro aficionado curioso en particular han comprobado (o eso parece) que el Universo se encuentra en continua expansión, y por tanto en permanente estado de cambio. Devenir cósmico, el Panta rei que decía el jonio Heráclito el Oscuro, el sabio griego nacido en la cosmopolita ciudad de Éfeso.
“Hace diez mil o veinte mil millones de años, sucedió algo, la Gran Explosión (big bang), el acontecimiento que inició nuestro universo. Por qué sucedió esto es el misterio mayor que conocemos. Lo que está razonablemente claro es que sucedió. Toda la materia y la energía presentes actualmente en el universo estaba concentrada con una densidad muy elevada una especie de huevo cósmico, que recuerda los mitos de la creación de muchas culturas quizás en un punto matemático sin ninguna dimensión. No es que toda la materia y la energía del universo estuvieran apretadas en un pequeño rincón del universo actual, sino que el universo entero, materia y energía y el espacio que llenan, ocupaba un volumen muy pequeño. No quedaba mucho espacio para que sucedieran cosas allí. El universo inició con aquella titánica explosión cósmica una expansión que ya no ha cesado (Carl Sagan)”.
13.500 millones de años atrás en el tiempo. La teoría más aceptada sobre el origen del Universo (amén de Cosmogonías religiosas y mitologías varias) es la del Big Bang (o Gran Explosión). Según esta hipótesis, hace 13.500 millones de años, toda la materia y energía existentes se concentraban en un único punto (nos podemos imaginar un balón de fútbol, un juego que mueve el mundo). Este balón (pelota o canica) en un momento determinado (singularidad) explotó y proyectó todo su contenido, en forma de pequeñas partículas, en todas las direcciones posibles. Posteriormente, estas partículas se fueron agrupando entre sí, debido a la gravedad, constituyendo el polvo cósmico. Este polvo cósmico dio lugar a las estrellas, que al agruparse entre sí formaron las galaxias. El Big Bang creo la materia, la energía y el tiempo. Hace 13.500 millones años (millón arriba, millón abajo) nuestro Universo comenzó a caminar. (Si algún físico, astrónomo o astrofísico lee esto, pido humildemente que perdone mis palabras).
El Cosmos careció de forma, durante un número desconocido de eras que siguieron a la efusión explosiva de materia y energía del big bang. No había galaxias, ni planetas, ni vida. En todas partes había una oscuridad profunda e impenetrable, átomos de hidrógeno en el vacío. Aquí y allí estaban creciendo imperceptiblemente acumulaciones más densas de gas, se estaban condensando globos de materia: gotas de hidrógeno de masa superior a soles. Dentro de estos globos de gas se encendió por primera vez el fuego nuclear latente en la materia. Nació una primera generación de estrellas que inundó el Cosmos de luz. No había todavía en aquellos tiempos planetas que pudieran recibir la luz, ni seres vivientes que admiraran el resplandor de los cielos. En el profundo interior de los hornos estelares la alquimia de la fusión nuclear creó elementos pesados, las cenizas de la combustión del hidrógeno, los materiales atómicos para construir futuros planetas y formas vivas. Las estrellas de gran masa agotaron pronto sus reservas de combustible nuclear. Sacudidas por explosiones colosales, retornaron la mayor parte de su sustancia al tenue gas de donde se habían condensado. Allí, en las nubes oscuras y exuberantes entre las estrellas, se estaban formando nuevas gotas constituidas por muchos elementos, generaciones posteriores de estrellas que estaban naciendo. Cerca de ellas crecieron gotas más pequeñas, cuerpos demasiado pequeños para encender el fuego nuclear, pequeñas gotas en la niebla estelar que seguían su camino para formar los planetas. Y entre ellos había un mundo pequeño de piedra y de hierro, la Tierra primitiva. (Carl Sagan)


No hay comentarios:
Publicar un comentario