Al pequeño cuerpo que se movía rápidamente alrededor del Sol, pusieron por nombre Mercurio, el dios del comercio, protector de los caminos, de los caminantes y de los negocios, y veloz mensajero alado de los dioses. En Grecia lo llamaron Hermes.
El planeta Mercurio bautizado así en honor al heraldo de los olímpicos, debido a su aparente velocidad al trazar su órbita alrededor del Sol, es un planeta pequeño abrasado por los rayos del astro rey. Carece de satélites y presenta un período de rotación muy, muy lento, 59 días. Es tan lento que un giro recorre dos tercios de su órbita alrededor del Sol, mostrándole mientras tanto la misma cara durante mucho tiempo. Mercurio tarda únicamente 88 días en completar una vuelta completa al Sol.
Mercurio es el planeta más cercano al Sol y el aspecto de su superficie, sembrado de cráteres por el impacto de numerosos meteoritos, es muy similar a nuestra Luna. Si nos situásemos en su superficie el Sol nos parecería dos veces y media más grande que observado desde nuestro planeta. Un mundo extraño y apasionante. El desierto eterno, la desolación absoluta.
Un planeta del tamaño de Mercurio posee una gravedad muy débil, muy inferior a la de la Tierra, incapaz de retener gases en su entorno y formar una atmósfera consistente. Esta debilidad atmosférica (prácticamente inexistente) provoca dos efectos que caracterizan a Mercurio; al no existir ni gases, ni fenómenos que alteren el paisaje, las huellas de los impactos no se borran, y tampoco se produce el efecto invernadero que suaviza las temperaturas, de ahí que existan marcados contrastes entre la parte oscura y la iluminada por el Sol. En ese sentido Mercurio es el planeta del Sistema Solar con mayor diferente entre las temperaturas máximas y las mínimas, entre el día (450ºC) y la noche (- 180ºC). Aunque no tiene atmósfera, está rodeado por una tenue exosfera compuesta por hidrógeno, helio y oxígeno, entre otros gases. Además carece de satélites. Esa falta de atmósfera es la responsable de que el cielo de Mercurio aparezca oscuro incluso durante el día.
Por otro lado, la densidad de Mercurio es muy elevada, el segundo planeta más denso del Sistema Solar después de la Tierra, lo que ha llevado a pensar que posee un núcleo muy extenso en relación con el tamaño del planeta, compuesto por metales pesados. Las capas más externas, corteza y manto, en las que predominan los silicatos, serían muy similares a las terrestres. Esta composición química con predominio de los metales explica la existencia de un campo gravitatorio global (aunque más débil que el terrestre).
Por su proximidad al Sol, siempre ha sido un planeta difícil de observar. Para observar Mercurio desde la Tierra el mejor momento es durante el Crepúsculo (o al amanecer) y únicamente es visible cerca del horizonte. Se puede ver un diminuto punto que aparece intermitente antes que el Sol o se oculta justo después de él.
Mercurio es el planeta más cercano al Sol y se encuentra a unos 80 millones de kilómetros de la Tierra en su punto más próximo a nuestro planeta. En un hipotético viaje espacial los cosmonautas, después de una larga travesía de unos ocho años, podrían descender sobre la superficie de Mercurio en el lado nocturno y podrían explorar su superficie durante varias semanas, antes de la llegada del alba, que obligaría a los viajeros a abandonar el planeta.
Mercurio es una extraña y pesada bola de hierro muy caliente, con una muy fina piel de roca, y un interior muy similar al de la Tierra. Para los astrofísicos el pequeño planeta es uno de los grandes desconocidos del Sistema Solar. Cuanto más leo sobre Mercurio, más me intriga este planeta.








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